Plátanos modificados genéticamente con alto contenido en vitamina A para luchar contra la ceguera infantil en África 

 

Científicos australianos de la Universidad de Tecnología de Queensland (QUT) han desarrollado plátanos modificados genéticamente que contienen una mayor cantidad de betacaroteno, precursor de la vitamina A. Un proyecto que lleva en marcha desde hace nueve años y que busca luchar contra la ceguera y las muertes a causa de la deficiencia de la vitamina A en niños de países en vías de desarrollo de África.

Según recoge Agro-Bio, James Dale, líder del equipo de investigadores, espera que en el año 2020 estas variedades de plátano enriquecidas con vitamina A puedan ser sembradas por los agricultores en Uganda, donde alrededor del 70% de la población sobrevive con esta fruta y cerca del 30% de los niños menores de cinco años sufren de deficiencia clínica de vitamina A.

“En el Este de África esta fruta se corta y se cuece al vapor y es uno de los alimentos básicos en muchos países de esta región, pero tiene unos niveles de micronutrientes muy bajos, particularmente de pro-vitamina A y de hierro”, explica Dale. La deficiencia de la vitamina A es la causa principal de ceguera infantil y es un problema especialmente en grave en África donde la gente tiene menos recursos

El investigador espera que después de que se realicen las pruebas de campo en Uganda, esta tecnología podría transferirse a países como Ruanda, algunas partes de la república democrática del Congo, Kenia y Tanzania. La biotecnología agraria no sólo permite la producción sostenible de alimentos, sino también permite ofrecer alimentos con mayor contenido nutricional para los consumidores

https://biotech-spain.com/es/articles/plátanos-modificados-genéticamente-con-alto-contenido-en-vitamina-a-para-luchar-contra-la-ceguera-infantil-en-África-

De nueces a algas marinas: los alimentos «carbono-negativos» que ayudan a revertir el cambio climático

Todos sabemos que la producción de la mayoría de los alimentos genera emisiones de gases de efecto invernadero, que impulsan el cambio climático. Estas emisiones proceden de cientos de fuentes distintas, como los tractores que queman combustible, la fabricación de fertilizantes y las bacterias de las tripas de las vacas.

En total, la producción de alimentos contribuye con una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el hombre.Sin embargo, hay algunos alimentos que eliminan del aire más gases de efecto invernadero de los que emiten, por lo que se los conoce como alimentos «carbono-negativos». Estos dejan el clima mejor de lo que lo encontraron.

Producir y consumir más de estos alimentos podría ayudar a reducir el impacto de carbono de nuestra alimentación y, en algunos casos, a restaurar los ecosistemas en el proceso.

Cuando las plantas crecen, toman dióxido de carbono (CO2) del aire, pero cuando nosotros (o los animales) las metabolizamos, este CO2 suele volver directamente a la atmósfera.

Sin embargo, debido a las continuas emisiones, necesitamos eliminar permanentemente el carbono de la atmósfera, almacenándolo en las profundidades del mar, en las rocas, en el suelo o en los árboles.

Hay algunos productos alimenticios y prácticas de producción que lo consiguen. De hecho, ya es posible hacer que toda tu dieta sea carbono-negativa, aunque en el mundo actual requeriría cambios sustanciales en la forma de comer de la mayoría de la gente.

Quelpos (laminariales). Al crecer, los quelpos y otras macroalgas absorben CO2. Algunas partes de estas algas se desprenden y descienden al fondo del océano, donde se almacena parte de ese carbono.

Estas cantidades son relativamente pequeñas por kilogramo de algas, por lo que para que los alimentos a base de algas sean carbono-negativos, la cadena de suministro tiene que ser muy eficiente en cuanto al carbono, con un mínimo de transporte, envasado y procesamiento.

Por lo tanto, los quelpos de origen local tienen el potencial de ser carbono-negativo (aunque esto representa la minoría de los casos hoy en día). Sin embargo, la compra de algas puede suponer un incentivo para restaurar las vastas zonas de bosques de algas que han sido destruidas; un beneficio medioambiental que va más allá de la mitigación del cambio climático.

Productos bacterianos. Las metanotróficas son un grupo de bacterias que se encuentran en diversos entornos y que consumen metano para obtener energía. Esto es muy útil porque el metano es un potente gas de efecto invernadero, y cada kilogramo provoca un calentamiento 30 veces superior al del CO2 en una escala temporal de 100 años.

Si comemos estas bacterias, las metabolizamos, y liberamos CO2. Por tanto, comer productos que contengan estas bacterias convertiría un potente gas de efecto invernadero (metano) en otro mucho menos potente (CO2).

Las bacterias también necesitan otros nutrientes, como nitrógeno y fósforo, pero las investigaciones demuestran que se pueden utilizar flujos de residuos ricos en nutrientes, como residuos alimentarios o estiércol animal, como fuente de nutrientes.

Es muy probable que los productos derivados de estas bacterias -como las proteínas en polvo o los sustitutos de la carne- sean carbono-negativos, aunque hoy en día no hay ninguno en las tiendas.

Sin embargo, en 2023, la finlandesa Solar Foods lanzó en Singapur un helado que incluye una proteína elaborada a partir de otro tipo de bacteria, lo que demuestra que podría existir un mercado para los productos alimentarios de origen bacteriano.

Arándanos y apio. En las turberas húmedas, el carbono orgánico puede acumularse más rápido de lo que se descompone. Allí pueden cultivarse algunos productos, como distintos tipos de arándanos y apio. Por tanto, los alimentos cultivados de este modo tienen el potencial de ser carbono-negativos, si sus cadenas de suministro también se hacen muy eficientes en cuanto al carbono.

Este no suele ser el caso de los arándanos frescos, que a menudo se envasan en plástico y se transportan por avión desde países como Perú, lo que los convierte en alimentos con un alto contenido de carbono. Aunque existen productos de turbera con emisiones negativas de carbono, por el momento son muy raros y difíciles de encontrar en las tiendas.

Frutos secos, aceitunas y cítricos. Plantar árboles en tierras de cultivo almacena carbono. En los últimos 20 años, la superficie mundial de frutos secos se ha duplicado, y gran parte de esta expansión se ha producido en tierras de cultivo.

Incluso teniendo en cuenta toda la cadena de suministro, el típico producto de frutos secos que se compra hoy en las tiendas elimina alrededor de 1,3 kg de CO2 por kg.

Estas absorciones duran hasta que los árboles alcanzan la madurez, normalmente a los 20 años. Si los árboles se utilizan para fabricar productos de madera duraderos al final de su vida útil, este carbono puede permanecer almacenado durante mucho más tiempo.

Alimentos cultivados de forma regenerativa. Muchas prácticas regenerativas, como no labrar el suelo o plantar setos, pueden aumentar la cantidad de carbono almacenado en el suelo o en la vegetación. Por ejemplo, la empresa británica de agricultura regenerativa Wildfarmed informa de la eliminación de 1,5 kg de CO2 por cada kg de trigo producido por los agricultores con los que trabaja.

Algunas empresas con cadenas de suministro eficientes en carbono afirman ya haber convertido sus productos en carbono-negativos. La cervecera londinense Gipsy Hill, por ejemplo, dice que produce cerveza carbono negativa, y ha realizado una sólida evaluación del ciclo de vida que lo avala.

Sin embargo, en el caso de los alimentos con altas emisiones, como la carne vacuna, las investigaciones han demostrado que es poco probable que las prácticas regenerativas logren la negatividad de carbono. Además, algunas de esas prácticas pueden aumentar las emisiones en otras partes del sistema alimentario.

Por ejemplo, una granja argentina, donde el ganado pasta a baja intensidad entre matorrales, certificó que su carne vacuna eliminaba 0,3 kg de CO2 por kg. Para conseguirlo, necesitó 500 metros cuadrados de pastos y tierras de cultivo por kilo de carne.Si todas las granjas de carne de vacuno utilizaran tanta tierra, tendríamos que convertir en tierras de cultivo otros 3.000 millones de hectáreas (una superficie del tamaño de África) para satisfacer nuestra demanda actual de carne vacuna.

La necesidad de etiquetas de carbono. En general, hoy en día es muy difícil identificar los alimentos con emisiones negativas de carbono. Pero eso se está solucionando. En todo el mundo se están implantando sistemas sólidos de seguimiento y etiquetado del carbono, que tienen en cuenta el ciclo de vida completo de los productos.

Por ejemplo, en Nueva Zelanda, las explotaciones agrícolas deben cuantificar sus emisiones de gases de efecto invernadero, y en Francia, el gobierno está planeando implementar a nivel nacional el etiquetado del carbono. Una vez que estos sistemas estén funcionando plenamente y estén respaldados por la normativa, debería ser mucho más fácil para todos identificar los alimentos con emisiones negativas de carbono.

Alimentos que ahorran tierra. A pesar de todo el potencial de los alimentos carbono-negativos, es posible que siempre constituyan sólo una pequeña parte de nuestra dieta; simplemente no hay suficientes productos con potencial carbono-negativo, y las prácticas regenerativas probablemente no puedan compensar los alimentos con altas emisiones. Así que también necesitamos otras estrategias para la negatividad de carbono.

Si dejamos de cultivar la tierra, lo más probable es que vuelva a convertirse en bosque o pradera natural. Así que si se puede producir la misma cantidad de alimentos con menos tierra, la tierra que se libere probablemente absorberá carbono.

Una forma de ahorrar tierra es aumentar el rendimiento: producir más en la misma cantidad de terreno. Sin embargo, los aumentos de rendimiento suelen ser de unos pocos puntos porcentuales al año como máximo, y ni de lejos bastan para ahorrar suficiente tierra como para que un producto sea carbono-negativo. Hace falta algo mucho más potente.Algunos productos utilizan más tierra en comparación con sus alternativas que su sustitución puede generar emisiones negativas. Esto se debe a que, al ahorrar tierra, se libera terreno para la revegetación, que absorbería el carbono del aire.

Por ejemplo, la carne de vacuno ocupa una media de 100 metros cuadrados de tierra por cada 100 gramos de proteína, mientras que los alimentos vegetales, como los frijoles o el tofu, ocupan unos 5 metros cuadrados por la misma cantidad de proteína.

Un análisis realizado con un importante modelo climático reveló que si todos dejáramos de consumir animales y nos pasáramos de forma permanente a la alimentación vegetal, podríamos devolver 3.100 millones de hectáreas de tierras de cultivo a bosques y praderas naturales.

Se trata de una superficie del tamaño de Estados Unidos, China, la Unión Europea y Australia juntos.Si miráramos nuestro planeta desde el espacio, se transformaría. Se eliminarían 8.000 millones de toneladas de CO2 al año durante unos 100 años, a medida que la vegetación volviera a crecer y el carbono de los suelos se reacumulara.

Esta enorme cantidad de carbono eliminado compensaría todas las emisiones de los alimentos y haría que nuestras dietas fueran carbono-negativas. Por persona, de media mundial, nuestras emisiones medias relacionadas con la alimentación pasarían de unos 2.000 kg de CO2 equivalente (CO2eq) al año a 160 kg de CO2eq al año.

Aunque el etiquetado con información sobre el carbono y las nuevas tecnologías son vitales para nuestro cambio hacia la negatividad de carbono, cambiar de productos que utilizan mucha tierra (generalmente carne y lácteos) a productos que utilizan poca tierra (generalmente alimentos vegetales) es probablemente la forma más eficaz de hacer que nuestras dietas sean negativas en carbono.

https://www.bbc.com/mundo/articles/c8dqz7q13m4o

Ingeniería genética y la producción de alimentos

Desde el comienzo de la agricultura, el ser humano ha intervenido en la línea evolutiva de varias especies de plantas, siendo este el determinante de la selección, en vez de cual planta esté más preparada para la supervivencia, el ser humano solo cultivaba aquellas que tuvieran mejor producción (sea de fruto, de grano, de hojas, o cualquier parte destinada al consumo). Lo mismo ocurre en la ganadería, los ejemplares con más carne se emplean en reproducción. Esta se puede llegar a considerar una manipulación génica indirecta, pues aunque es el humano el que actúa como selección natural y favorece un gen sobre otro, este no manipula directamente el material genético.

Por otra parte, la ingeniería genética manipula directamente el material genético para el beneficio del humano, surgiendo organismos más fuertes, que destinan más energía a sus frutos o tejidos de interés culinario. Esto plantea una cuestión moral sobre si esto se debería hacer, llegando a ponerse varias leyes que no permiten el uso de ingeniería genética en humanos.

Aún así, la ingeniería genética no es una técnica negativa, de hecho, hay bastantes ejemplos donde esta puede resultar positiva, pues si se manipula para mayor producción, se podría alimentar a la población que sufre de hambrunas, se podría implementar la síntesis de vitaminas en ciertos alimentos para añadir dichos nutrientes en la dieta sin cambiar los hábitos alimenticios (como se trató de hacer con el Arroz Dorado contra el déficit de vitamina A).

Si bien es cierto que los alimentos transgénicos pueden parecer como algo a combatir, existe el potencial de crear opciones para mejorar el mundo de la industria alimentaria (siempre y cuando estos se regulen por ley).

https://www.dw.com/es/la-ingenier%C3%ADa-gen%C3%A9tica-un-camino-para-la-producci%C3%B3n-sostenible-de-alimentos/a-65798748

El superalimento que equilibra tu sistema inmune: El caso del Kimchi

El kimchi, alimento fermentado característico de Corea del Sur, ocupa un lugar central en la dieta y la cultura del país, así como en las investigaciones científicas más recientes sobreinmunidad. Considerado un símbolo nacional, este plato a base de verdurascomo la col china y el repollo, fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2013, y su historia supera los 1.500 años.

Un ensayo clínico liderado por el Instituto Mundial del Kimchi demostró que el consumo regular de kimchi actúa como un “regulador de precisión” del sistema inmunológico.

Durante 12 semanas, adultos con sobrepeso divididos en tres grupos recibieron, respectivamente, placebo, kimchi en polvo fermentado de manera natural y kimchi fermentado con cultivo iniciador. El estudio utilizó secuenciación de ARN de una sola célula para analizar los efectos en la sangre, permitiendo identificar cambios sutiles en la respuesta inmunitaria.

Cómo el kimchi controla el equilibrio del sistema inmune

Investigadores detectaron que regula la acción de los linfocitos T, responsables de la protección frente a infecciones

Los resultados publicados en npj Science of Food confirmaron que quienes consumieron kimchi evidenciaron una mejor función de las células presentadoras de antígenos, responsables de reconocer y alertar sobre bacterias y virus. Además, los linfocitos T CD4+ se diferenciaron de forma equilibrada en células de defensa y reguladoras, lo que muestra que el kimchi no solo activa el sistema inmune, sino que también modula su respuesta para evitar excesos.

El método de fermentación fue un factor relevante: aunque tanto el kimchi fermentado naturalmente como el elaborado con cultivo iniciador mostraron beneficios, este último se asoció con una mayor capacidad inmunomoduladora. Para el equipo científico, esto abre la puerta a la optimización del kimchi mediante tecnologías de fermentación controlada.

El doctor Woo Jae Lee, director de la investigación, enfatizó que por primera vez se demostró que el kimchi puede activar las células de defensa al mismo tiempo que suprime respuestas excesivas. “Planeamos ampliar la investigación internacional sobre el kimchi y las bacterias lácticas en relación con la salud inmunitaria y metabólica”, señaló el experto.

Nutrición, salud digestiva y beneficios integrales

La receta, transmitida por generaciones en Corea del Sur, fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO en 2013 (Freepik)

El valor nutricional del kimchi fue reconocido por especialistas como Silvina Tasat, integrante de la Sociedad Argentina de Nutrición, quien en una nota a Infobae explicó que la combinación de col china, ajo, jengibre y su proceso de fermentación produce una alta concentración de probióticos y fibras prebióticas. Nadia Hrycyck, también nutricionista, coincidió en que consumir kimchi incorpora microorganismos vivos al sistema digestivo, lo que mejora la función intestinal y refuerza las defensas.

Las expertas señalaron que el kimchi equilibra la microbiota intestinal, mejora la digestión, previene el estreñimiento y reduce la inflamación. Además, destacaron sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, atribuidas a ingredientes como el ajo y el jengibre. Este alimento es fuente de fibra, vitaminas A y C, hierro, calcio y potasio, y su fermentación favorece la absorción de estos nutrientes.

Desde la perspectiva de la salud cerebral, la psiquiatra de la Escuela de Medicina de Harvard Uma Naidoo sostuvo que los alimentos fermentados como el kimchi pueden mejorar el estado de ánimo, la memoria y la eficiencia cerebral, y proteger funciones cognitivas en personas mayores.

Descubren en Gran Canaria un alimento de hace 2.000 años que podría salvar los cultivos del futuro

Los científicos creen que su legado genético podría servir para desarrollar cultivos más resistentes al calor y a la sequía

Un grupo de arqueólogos y genetistas ha descubierto en Gran Canaria unas lentejas de más de dos mil años de antigüedad que podrían cambiar el rumbo de la agricultura moderna. Los científicos han logrado secuenciar el ADN de semillas conservadas en antiguos silos excavados en roca volcánica, lo que ha revelado una historia de adaptación y supervivencia que conecta el pasado con el futuro.

El estudio, publicado en el Journal of Archaeological Science y liderado por la Linköping University (Suecia) junto a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, demuestra que las lentejas que hoy se cultivan en las islas descienden directamente de variedades traídas desde el norte de África alrededor del siglo III.

Las muestras proceden de antiguos silos excavados en roca volcánica por los primeros pobladores de la isla, usados para almacenar y proteger las cosechas en lugares tan inaccesibles que muchas quedaron olvidadas durante siglos. Las condiciones estables de humedad y temperatura permitieron conservar las semillas en perfecto estado, lo que ha hecho posible su análisis genético completo por primera vez.

Semillas que sobrevivieron al tiempo
Los investigadores confirman que estas plantas llegaron con agricultores bereberes entre los siglos I y III y que su cultivo no se interrumpió ni siquiera tras la conquista europea del siglo XV. La línea genética ha sobrevivido por su buena adaptación al clima cálido y seco.

El estudio demuestra que los cultivos actuales del archipiélago son descendientes directos de aquellas especies prehispánicas, una línea genética que ha sobrevivido durante dos milenios gracias a su adaptación al clima cálido y seco.

“El mismo tipo de cultivo se ha mantenido vivo durante casi 2.000 años”, explica Jenny Hagenblad, autora principal. El trabajo sugiere además que la continuidad pudo sostenerse gracias a la transmisión de conocimientos (a menudo en manos de mujeres) sobre qué sembrar y cómo conservar las semillas.

El ADN antiguo indica también aislamiento entre islas, lo que favoreció variantes locales. Incluso donde se pensaba que el cultivo se había perdido, los datos apuntan a continuidad gracias a intercambios cercanos y a los microclimas.

Esa diversidad interna, explican los investigadores, podría ser esencial para diseñar nuevas variedades más resistentes a la sequía, aprovechando la genética única de cada isla. “Cada una de ellas representa un pequeño laboratorio natural de adaptación”, señala Jonathan Santana, de la Universidad de Las Palmas.

El estudio también sugiere que parte del material genético de estos cultivos canarios viajó a la Península Ibérica, posiblemente a través de las rutas comerciales entre Lanzarote y la España continental en los siglos XVII y XVIII. Las conocidas “variedades tipo Lanzarote”, presentes hoy en el mercado peninsular, podrían haber heredado parte de esa genética resistente al calor.

La ciencia descubre un sexto sentido en el intestino que influye en el comportamiento alimentario

No todo lo que pasa por tu mente nace en el cerebro. En los últimos años, los científicos han demostrado que el intestino juega un papel clave en nuestras decisiones y emociones. De hecho, se habla cada vez más del «segundo cerebro» cuando nos referimos al sistema digestivo. Un nuevo estudio ha identificado un sistema sensorial en el colon que conecta directamente con el cerebro.

Este sistema está formado por células llamadas neuropodos, capaces de detectar señales químicas de las bacterias intestinales. Estas células envían información a través del nervio vago hasta el cerebro, avisando, por ejemplo, de cuándo es hora de dejar de comer. Este proceso activa la sensación de saciedad e influye en funciones clave del metabolismo.

Cuando este sistema no funciona correctamente, como se ha comprobado en algunos estudios con ratones, el cerebro no recibe bien las señales de saciedad, lo que puede provocar que se coma más de lo necesario y se gane peso. Pero su influencia va mucho más allá de lo que comemos.

Información extraída de: https://www.lasexta.com/tecnologia-tecnoxplora/ciencia/ciencia-descubre-sexto-sentido-intestino-que-influye-comportamiento-alimentario-video_2025102468fb8111abed5e585bccdd90.html

Qué es la listeria y qué hacer en caso de alerta alimentaria

Hace unos días se notificó una alerta alimentaria que preocupó a mucha gente. Es lógico, si tenemos en cuenta que afectó a muchos productos diferentes (siete) de consumo cotidiano (mortadela, chóped, etcétera), que se vendían en dos cadenas de supermercados muy conocidas (Aldi y DIA). Además estaba involucrada una bacteria que arrastra merecida mala fama por la grave crisis que causó hace pocos años: la Listeria monocytogenes.

Afortunadamente, en esta ocasión de momento no ha afectado a ninguna persona. Pero esta alerta puede servirnos para hablar de dos temas importantes que todo el mundo debería conocer.

Si hablamos de comida y bacterias patógenas, lo primero que nos suele venir a la cabeza es la salmonela. No es para menos porque las autoridades sanitarias y algunas personas, entre las que me encuentro, llevamos años dando la turra con ella para advertir sobre sus riesgos y prevenir la salmonelosis. Pero esta bacteria no es la que provoca más casos de gastroenteritis transmitida por alimentos: ese honor corresponde a Campylobacter, que se asocia, sobre todo, al consumo de carne de pollo contaminada. Provocó 148.200 casos en la Unión Europea durante el año 2023 (frente a 77.500 casos de salmonelosis).

A pesar de su popularidad, Salmonella tampoco es la bacteria que suele producir más quebraderos de cabeza a la industria alimentaria o a las autoridades sanitarias. Ese papel sí corresponde a Listeria. No es la que causa más toxiinfecciones –ocupa el quinto puesto en la Unión Europea, con casi 3.000 casos en 2023–, pero estas pueden ser graves, sobre todo en grupos de riesgo, como veremos más adelante. Aunque lo más preocupante de esta bacteria es que es muy escurridiza.

Esta bacteria es capaz de formar biofilms, que son estructuras con las que se protege frente a agentes externos como el agua o los desinfectantes. Puede que nos empeñemos en limpiar un cuchillo o una picadora de carne, y no le hagamos ni cosquillas. De hecho, una limpieza convencional puede ser contraproducente porque daña esa película protectora, exponiendo a las bacterias que pueden contaminar los alimentos, hasta que de nuevo vuelven a formar el biofilm y dejan de hacerlo. Es decir, se podrían producir contaminaciones de forma intermitente a lo largo del tiempo.

El periodo de incubación de la bacteria puede ser muy largo: desde que comemos un alimento contaminado hasta que se muestran los síntomas pueden pasar hasta tres meses. Así que localizar el origen de un brote puede convertirse en una misión imposible. Esto explica casos como el que ocurrió en Sudáfrica hace unos años, que afectó a más de mil personas y causó 204 fallecidos: comenzó en enero de 2017 y hasta mayo de 2018 no se localizó el origen del brote, que resultó ser un producto cárnico parecido a la mortadela.

Accede a este enlace para conocer los riesgos y qué medidas tomar: https://elpais.com/gastronomia/el-comidista/2025-11-27/que-es-la-listeria-y-que-hacer-en-caso-de-alerta-alimentaria.html

Criogenia de alimentos en la industria alimentaria

La criogenia de alimentos se puede usar como herramienta estratégica, ya que mejora la seguridad, la estabilidad y la trazabilidad de los productos en cualquier de las fases de la cadena alimentaria. Además de mejorarse la calidad final del producto, las empresas pueden cumplir con las normativas de seguridad alimentaria con mayor facilidad y sin correr riesgos.

Procesos de conservación y seguridad alimentaria

La criogenia mejora los estándares de seguridad y calidad. Al congelar casi de forma inmediata, se impide que los microorganismos proliferen y las propiedades organolépticas se mantienen intactas para exportación. Los gases inocuos también evitan el uso de los conservantes artificiales, que cada vez son más rechazados por los consumidores frente a los alimentos naturales y saludables.

Aplicaciones en distribución y exportación

En el comercio internacional también tiene aplicaciones, ya que los productos pueden recorrer distancias largas en buen estado. Es útil para alimentos delicados como pescados, mariscos, frutas exóticas o platos preparados. Se convierte en una oportunidad para los restaurantes de alta cocina, que pueden trabajar con ingredientes procedentes de cualquier parte del mundo sin poner en riesgo su calidad.

Conclusión
La criogenia alimentaria ya no pertenece únicamente al mundo de la ciencia, ya que ha encontrado una aplicación en el sector de la gastronomía. Ofrece multitud de ventajas en conservación, calidad y creatividad, y está cambiando tanto a la industria en sí como a las cocinas profesionales.

El alga que está siendo transformada en cremas para poder combatirla.

En el estado de Granada del Caribe encontramos un problema ambiental, sanitario y económico, y tiene un color marrón. El sargazo es una especie de alga invasora  que se ha estado encontrando estos últimos años en las orillas de las playas de estados como Granada o Mexico. Turistas y locales están aterrorizados por la presencia de esta alga, y con razón. Su descomposición emana gases tóxicos, causando problemas de salud serios como afecciones a pacientes asmáticos o fetos en desarrollo.

La presencia del Sargazo en las orillas de playa  está directamente relacionada con consecuencias del cambio climático, como el aumento de la temperatura del océano o la cantidad de nutrientes procedentes de actividades agrícolas residuales sin tratar.

Jane Nurse, consultora que trabaja para el Gobierno local de Granada con el objetivo de pensar nuevas técnicas y planes para la reutilización y aprovechamiento del Sargazo, señala que los locales no han provocado nada para justificar esta presencia, y que sufren directamente las consecuencias de la incompetencia humana. Por ello señala como “el sargazo es el elemento más representativo del cambio climático, está ahí molestando, no es abstracto”.

Debido a esto, el estado de Granada ha intentando atajar este problema como una oportunidad, por ello han contactado con empresas millonarias para poder pensar en ideas innovadoras para aprovechar este recurso. Jane nurse dice cómo se encuentran en un punto de inflexión importante, se le intenta sacar partido en vez de devolverlas al mar.

En este momento hay en marcha aproximadamente unos 30 proyectos para aprovechar el Sargazo, desde cometidos hasta materiales de construcción, llegando a manos incluso de la Unión Europea.

Mari Granström, fundadora y presidenta de la empresa Origin by Ocean, es una de las emprendedoras que ha conseguido una firma para sacar químicos del sargazo para producir productos como un sérum facial. Granström afirma como ha observado países como México también han empezado a  comprometerse también en saber métodos para aprovechar su sargazo, denominándolo como un “efecto dominó muy positivo”. Es por ello que no quiere que los locales simplemente recojan el Sargazo para entregar este producto  a Europa, su objetivo es poder construir biorrefinerías a estos países y que puedan hacerlos ellos mismos para aprovecharse de su producto.

El compromiso por estos países, tanto por Europa cómo Granada y México realmente representa un producto de la cooperación para poder mejorar el estado del mundo, y beneficiarse de ello orgullosamente y con todo el derecho , utilizando algo visto como un problema a primera vista y convertirlo en un potencial boom económico para los locales.

Si quiere saber más información pulse aquí:https://elpais.com/planeta-futuro/2025-11-15/transformar-algas-en-crema-facial-camisetas-y-fertilizante-para-dar-salida-al-sargazo-que-espanta-a-los-turistas-en-el-caribe.html

Alerta sobre los alimentos ultraprocesados: estas son las enfermedades asociadas

Un nuevo análisis internacional publicado en la revista The Lancet vuelve a encender las alarmas sobre los alimentos ultraprocesados. El estudio, elaborado por 43 expertos de varios países, concluye que el consumo de estos productos representa una amenaza global para la salud y lo vincula con un mayor riesgo de enfermedades crónicas como obesidad, diabetes, algunos tipos de cáncer y trastornos de salud mental.

Los investigadores revisaron 104 estudios de seguimiento y en 92 de ellos encontraron que quienes consumían más ultraprocesados tenían más probabilidades de desarrollar al menos una enfermedad crónica. Estos productos ya representan más de la mitad de las calorías en países como Estados Unidos o Reino Unido y están desplazando a los alimentos frescos o mínimamente procesados en gran parte del mundo.

Un gran estudio publicado en 2024 en The BMJ, que analizó casi 10 millones de personas, reforzó estos hallazgos. Según este trabajo, el consumo elevado de ultraprocesados se asocia con un 50% más de riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular, un 12% más de riesgo de diabetes tipo 2, un 21% más de mortalidad por cualquier causa y un 48-53% más de ansiedad y otros trastornos mentales comunes.

Los alimentos ultraprocesados, según la clasificación NOVA, son formulaciones industriales hechas con ingredientes refinados como harinas, azúcares, aceites y proteínas aisladas, además de numerosos aditivos. En esta categoría entran refrescos azucarados, bollería industrial, galletas, snacks, cereales de desayuno azucarados, embutidos muy transformados, platos listos para calentar y pizzas o postres industriales. Suelen tener mucho azúcar, grasas de baja calidad y muy poca fibra y micronutrientes.

Algunas investigaciones muestran que quienes siguen una dieta rica en ultraprocesados consumen unas 500 calorías más al día que quienes comen alimentos poco procesados, lo que favorece el aumento de peso y el deterioro de marcadores metabólicos en pocas semanas. Además, los datos apuntan a un mayor riesgo de ciertos cánceres, sobre todo colorrectal y de mama, de enfermedades digestivas e inflamatorias, y de problemas de salud mental como ansiedad, depresión, declive cognitivo más rápido y mayor riesgo de demencia en personas mayores.

La evidencia deja claro que el exceso de ultraprocesados puede afectar gravemente a la salud, y resalta la importancia de priorizar alimentos frescos y mínimamente procesados en la dieta diaria.

Fuente: https://www.larazon.es/salud/nuevo-estudio-alerta-alimentos-ultraprocesados-enfermedades-relacionadas-p7m_20251119691dfbc1eba8bc0ece098af3.html