El origen del chocolate: de bebida sagrada a placer universal

El chocolate es uno de los sabores más apreciados en el mundo, presente en postres, bebidas, snacks, recetas y hasta productos nutricionales. Pero más allá de su popularidad, el chocolate tiene una historia milenaria y fascinante que conecta con rituales ancestrales, descubrimientos históricos y transformaciones culturales que lo convirtieron en el placer que conocemos hoy.

Los orígenes mesoamericanos

El chocolate proviene del cacao, fruto del árbol Theobroma cacao, que en griego significa literalmente “alimento de los dioses”. Su origen se remonta a las antiguas civilizaciones mesoamericanas, como los olmecas, mayas y aztecas, que fueron los primeros en cultivar y consumir el cacao hace más de 3.000 años.

Para estos pueblos, el cacao era sagrado. Se utilizaba en ceremonias religiosas, como moneda de cambio y también como bebida energizante. Pero no era dulce como la conocemos hoy: el cacao se preparaba como una bebida espesa, amarga y especiada, mezclada con chile, vainilla o maíz.

El cacao llega a Europa

Cuando los españoles llegaron a América en el siglo XVI, descubrieron el cacao y lo llevaron a Europa. Allí, los monjes y nobles comenzaron a experimentar con su sabor, agregándole azúcar, canela y leche. Poco a poco, el chocolate dejó de ser una bebida ritual y se transformó en un símbolo de estatus y sofisticación entre las cortes europeas.

Con el tiempo, gracias a los avances tecnológicos, el chocolate pasó de ser una bebida a convertirse en tabletas sólidas, bombones, coberturas y miles de formas que conocemos actualmente.

Del cacao al mundo moderno

Hoy en día, el chocolate forma parte de nuestras vidas de muchas formas: en repostería, confitería, productos gourmet, suplementos nutricionales y, por supuesto, en deliciosos batidos de chocolate, una forma moderna y saludable de disfrutar su sabor con beneficios añadidos como proteínas, fibra y vitaminas.

El batido de chocolate, por ejemplo, combina lo mejor del sabor clásico con la funcionalidad de un alimento equilibrado. Es ideal para quienes buscan una opción práctica, energética y sabrosa para después del entrenamiento o como reemplazo de una comida.

En resumen

El chocolate tiene un origen ancestral y simbólico que ha evolucionado junto a la humanidad. De bebida sagrada a producto de consumo masivo, su historia refleja cómo una semilla amarga se convirtió en uno de los placeres más deseados del mundo.

Y hoy, gracias a la innovación, puedes disfrutarlo en formatos funcionales como el batido de chocolate, manteniendo la esencia de su sabor y sumando nutrición a tu día.

La vuelta del vermut a España, un clásico.

Hace poco, un artículo del diario El País repasó cómo el vermut —esa bebida de aperitivo clásica— ha vuelto con fuerza al panorama gastronómico español. Lejos de ser algo pasado, el vermut se reinventa: con nuevas marcas, sabores actualizados y un público que redescubre el placer de “ir de vermut”.
Según el reportaje, muchos consumidores buscan autenticidad y tradición, y el vermut español artesanal se convierte en la mejor opción: con aromas intensos, matices junto a tapas o aperitivos, y una nostalgia reconvertida en tendencia.

Este resurgir no es solo nostalgia: representa un giro en la cultura gastronómica. Las nuevas generaciones disfrutan del vermut como una experiencia social —una excusa para juntarse, compartir una buena conversación y acompañarla con un aperitivo-tapeo. El vermut deja de ser algo de “abuelos” para transformarse en parte del ocio moderno, urbano y gastronómico.

Además, ese retorno presta atención al producto nacional: vermuts hechos en pueblos y zonas rurales, con ingredientes locales, elaboraciones cuidadas, identidad propia… Un guiño a lo nuestro, a lo auténtico, a lo cercano.

Para quienes vivimos en España —y más aún en una zona como la vuestra, con fácil acceso a buena materia prima—, este renacimiento del vermut puede ser una oportunidad ideal: para redescubrir sabores, reencontrarse con amigos, celebrar lo cotidiano. Porque a veces, lo simple —una copa de vermut y una tapa— vale tanto como la gran cena.

Para más información, visite: https://elpais.com/escaparate/estilo-de-vida/2025-07-25/vermuts-espanoles.html

El museo botánico interactivo de Italia, L’Orto Botanico Di Padova

Uno de los destinos que no te puedes saltar si acabas en Padua, Italia, es su hermoso museo botánico, el cual cuenta no solo con unos hermosos jardines llenos de ejemplares vivos de plantas de todo el mundo, si no que también cuenta con un museo repleto de especies conservadas a modo de herbario, conteniendo especies enteras, semillas y información de cada una de estas plantas todo en uno de los muchos cajones que presenta el museo.

Pero, que es lo que resulta tan impresionante de esta colección? Bien, estas semillas y plantas se empleaban en la medicina antigua, conteniendo una sala del museo que simula el equipaje de un apotecario, y en cada una de estas plantas se indicará su uso y efectos al ingerirse. Hay hasta un juego interactivo donde, a partir de algunos datos sobre la enfermedad del paciente, te toca a ti, como apotecario, recetar una cura para esto, o bien se te indica los síntomas de un individuo y hay que averiguar cual planta tóxica ha causado esto.

También hay un recorrido histórico de como los primeros humanos interaccionaron con las distintas especies de flora que había, una sección de la cual habla de su uso relajante (por ejemplo, el tabaco) o estimulante (como el café) y sus primeras formas de consumición, desde pipas primitivas para fumar hasta formas más modernas de consumir dicha sustancia.

https://www.turismopadova.it/es/lugares/el-museo-botanico

El pan como símbolo universal: reflexiones sobre su historia, su valor y sus desafíos

El 16 de octubre celebramos Día Mundial del Pan —una fecha proclamada por Unión Internacional de Panaderos y Pasteleros (UIBP) con el propósito de rendir homenaje a uno de los alimentos más antiguos y esenciales de la humanidad— coincidiendo con Día Mundial de la Alimentación. 

El pan nos acompaña desde tiempos inmemoriales: cuando nuestros antepasados comenzaron a cultivar cereales, molerlos y cocinarlos, nació la semilla de una tradición que aún hoy es vital. Culturas como las del antiguo Egipto innovaron con técnicas de fermentación que dieron lugar al pan tal como lo conocemos, y con el paso de los siglos el pan fue perfeccionándose hasta convertirse en alimento básico, símbolo de sustento, de comunidad, de identidad. 

Pero el valor del pan no es solo histórico o simbólico: su dimensión nutricional y social sigue siendo esencial. Elaborado con cereales como trigo —o en otras regiones con avena, cebada o mezclas locales— el pan proporciona carbohidratos complejos, proteínas vegetales, minerales y, especialmente en versiones integrales, fibra. Consumido con moderación y dentro de una dieta equilibrada, el pan puede aportar energía y contribuir a una dieta saludable. 

Además, en su papel social, el pan ha sido siempre un elemento que cruzaba clases y culturas. Es un alimento cotidiano en hogares humildes, igual que en mesas de familias con mayores recursos: su accesibilidad y su capacidad de adaptación lo han convertido en un vínculo universal. Por eso muchas comunidades lo consideran un derecho: el pan representa el sustento diario, la dignidad de alimentarse. 

Sin embargo, en un mundo cambiante, el sector del pan enfrenta retos importantes. Por un lado, la industrialización y la producción masiva han transformado la forma en que se elabora, distribuye y consume este alimento, lo que pone en riesgo técnicas artesanales y tradiciones centenarias. Por otro lado, cambios en los hábitos alimentarios, desafíos de sostenibilidad, variaciones en el costo de los cereales y competencia con productos ultraprocesados suponen amenazas para los pequeños productores y para quienes valoran el pan como algo más que un simple alimento. 

En los últimos años, ha surgido un resurgir del pan artesanal: versiones hechas con masa madre, harinas integrales, métodos tradicionales y fermentaciones naturales han ganado terreno. Este renacer reivindica la autenticidad, el sabor y el valor cultural del pan, al mismo tiempo que apuesta por una producción más consciente, sostenible y saludable. 

Para mí, el Día Mundial del Pan no es solo una fecha simbólica, sino una llamada a reflexionar: valorar lo sencillo, reconocer el esfuerzo de quienes producen lo que comemos y entender que un alimento como el pan —tan cotidiano, tan normalizado— lleva consigo una historia colectiva, vinculada a la tierra, al trabajo, a la cultura y al derecho a la alimentación.

En un contexto global donde la alimentación y la sostenibilidad están cada vez más presentes en el debate social, rescatar el pan como alimento esencial, con conciencia, respeto y memoria, me parece más importante que nunca.

https://www.infobae.com/peru/2025/10/15/dia-mundial-del-pan-historia-cultura-y-desafios-de-un-alimento-esencial

Día de muertos: origen y curiosidades de la tradición mexicana

El Día de Muertos es una tradición mexicana ancestral, que mezcla costumbres prehispánicas con rituales católicos, celebrada principalmente el 1 y 2 de noviembre. Durante estos días, las familias honran a sus seres queridos fallecidos construyendo altares u “ofrendas” llenas de flores (sobre todo cempasúchil), velas, incienso, comida y objetos que fueron queridos por los difuntos.

La idea detrás de esta celebración no es temer a la muerte, sino reconocerla como parte del ciclo de la vida. Se cree que las almas regresan temporalmente desde el “Mictlán” (el mundo de los muertos) para reunirse con sus familiares, compartir lo que se les ofrece y ser recordadas con cariño. Lo que predomina es la alegría, la memoria y el respeto; los cementerios se llenan de color, música, velas y vida durante estas fechas.

Aunque las bases son comunes altares, ofrendas, flores, comida y visitas al cementerio cada región de México lo vive de forma distinta: unas zonas destacan por sus desfiles de calaveras, otras por vigilias nocturnas, otras por música, comida tradicional o decoraciones particulares. Esa diversidad es parte del encanto: no hay un “modo único” de celebrar, sino muchas maneras de conectar con la memoria, la comunidad y las raíces.

Para mas información: https://viajes.nationalgeographic.com.es/a/tradiciones-mexicanas-dia-muertos_13355

Alimentación en Grecia

Uno de los aspectos de la vida cotidiana de los griegos antiguos que mejor conocemos es el relativo a la alimentación. La base de la comida diaria para la mayor parte de la población era de origen vegetal. Aunque en diversas partes de Grecia se elaboraban guisos con el grano de los cereales, lo más frecuente era que con el trigo y la cebada se hicieran panes y tortas que recibían nombres derivados del sistema de cocción (en ceniza, a la brasa o en los diversos tipos de horno), de la forma o de la calidad de la materia prima.

Los más apreciados eran el pan «puro», que se hacía con harina muy tamizada, y el de almidón, totalmente libre de salvado. Aunque se reconocían las buenas propiedades del pan integral, no por ello dejaba de ser considerado un alimento de pobres. La harina de cebada era la base de la mâza, una especie de gachas que se podían aromatizar con vino, miel u otros líquidos y eran consumidas diariamente por una buena parte de la población.

Una dieta verde y con poca carne

También eran fundamentales en la alimentación cotidiana los purés y guisos de legumbres como garbanzos, lentejas, habas o guisantes, que se empleaban secos y no frescos. Junto a ellas, verduras y hortalizas ocupaban un lugar destacado, aunque eran vistas como un alimento barato. Los textos mencionan una gran variedad de hortalizas, entre las que se cuentan, aparte de las más corrientes, algunas menos comunes, como la berrera, la cerraja, la malva o los bulbos de nazareno.

La carne, en cambio, era menos frecuente, pues se trataba de un alimento caro y minoritario. En los mercados había puestos dedicados a su venta, pero su consumo estaba relacionado en buena medida con el sacrificio de animales a los dioses. En estos ritos una parte de la víctima se quemaba para que el humo llegara al cielo y el resto del animal era troceado, cocinado y comido por los participantes.

Según muestran las fuentes antiguas, parece que sólo el cerdo era criado con el fin de servir de alimento, ya que en otros casos el objetivo buscado era la obtención de leche (con la que se elaboraba queso), lana o fuerza de trabajo. Por ello, se limitaba el número de ejemplares jóvenes, que consumían la leche de las madres pero todavía no producían, lo que explica las alusiones relativamente frecuentes al consumo de corderos y cabritos, que además eran apreciados por su carne más tierna.

Otra fuente de proteínas provenía de las aves, tanto de las de corral (gansos, gallinas, palomas, patos…), de las que se aprovechaban los huevos además de la carne, como de las que se cazaban de diversas maneras. Junto a la perdiz, la codorniz, la paloma torcaz o el pato salvaje, en las fuentes aparece una gran variedad de pajaritos, como zorzales, mirlos, gorriones, hortelanos o pinzones, que se capturaban con liga o con redes y podían ser vendidos en el mercado ensartados en tallos de mimbre. Entre la caza de pelo sólo parecen haber tenido un papel gastronómico destacable el jabalí y sobre todo la liebre.

También los animales procedentes del mar eran de gran importancia en la dieta y eran objeto de los mayores elogios. Entre los moluscos, consumidos en el entorno del Egeo desde una época muy antigua, eran muy apreciados las ostras, los mejillones, las conchas de peregrino, las navajas y diversos tipos de almejas, a los que se suman el pulpo, la sepia y el calamar. En cuanto a los crustáceos, no sorprende encontrar citados la langosta, el bogavante, el cangrejo y las gambas. Junto a estos mariscos las fuentes antiguas nos hablan también del consumo de erizos y ortigas de mar.

Las delicias de los griegos

El rey de la cocina griega era el pescado, que levantaba verdaderas pasiones, a pesar del precio exorbitante que podían llegar a alcanzar algunas especies. La primacía absoluta era para la anguila, en particular la del lago Copais (cerca de Tebas), a la que algunos autores se refieren como la «reina de los alimentos» o la «Helena de los banquetes». No podía faltar en la mesa de una persona refinada, como tampoco un buen trozo de atún, una cabeza de glaûkos (especie que no ha sido identificada) o una hermosa lubina.

Ante la imposibilidad de tener siempre disponible pescado fresco, los griegos también lo consumían en salazón. Entre los que se preparaban de esta manera destacan el esturión, la caballa y sobre todo el atún. Eran particularmente estimadas las salazones hechas con el cogote y la ventresca y la llamada mélandrys, probable antepasada de nuestra mojama. Las que procedían del mar Negro podían alcanzar precios muy altos; en época romana eran muy estimadas las de Cerdeña, Sicilia y sur de España. También entraban en la dieta otro tipo de animales, como cigarras y saltamontes, que, aunque de consumo común, eran considerados alimento de pobres.

para ver el artículo completo:https://historia.nationalgeographic.com.es/a/placeres-mesa-antigua-grecia_15980

Una sopa que se come con cuchillo y tenedor

Preguntando a mi padre sobre comida tradicional de su país me comentó está sopa tan distinta y decidí investigar un poco sobre ella

Su origen según datos orales transmitidos de generación en generación relatan que a Don Carlos Antonio López; primer presidente constitucional del Paraguay, le gustaba mucho el tykuetï o sopa blanca, la cual era elaborada a partir de leche, queso, harina de maíz y huevo. Sin embargo, un día la cocinera (machú) agregó demasiada harina de maíz resultando la preparación culinaria muy espesa y, al no contar con el tiempo suficiente para volver a elaborar el plato, decidió terminar la cocción en una sartén de hierro en un tatakuá (hoyo de fuego) resultando en una sopa sólida[i]. Cuando Don Carlos la probó, la encontró tan deliciosa que decidió nombrarla como “sopa paraguaya”[ii]. Así también, de las historias que datan de dicha época colonial es la sopa paraguaya “Palaciega” donde la variante es el ½ kg de cebolla cortada en ruedas y 4 a 5 huevos duros.

Otra versión del origen de la sopa paraguaya es aquella que menciona que al llegar los españoles a tierras guaraníes, estos últimos organizaron una gran celebración y ofrecieron carne de caza como agasajo a sus invitados; no obstante, la provisión de carne no fue suficiente y los españoles continuaban con hambre por lo cual los guaraníes decidieron servir lo que ellos habitualmente consumían que era una preparación hecha con harina de maíz envuelta en hojas de banana que era cocinada entre cenizas calientes. Al servir mencionaron que la carne se había acabado “So’o opa” en guaraní, de allí podría provenir el nombre de “Sopa”; que fue lo que aparentemente entendieron los extranjeros de lo expresado por los habitantes del pueblo originario[i].

En la receta tradicional se utilizan harina de maíz, cebolla, leche cuajada o natural, nata de leche, grasa de cerdo, huevos, queso fresco, agua y sal gruesa. Existen variantes como la “sopa paraguaya de estancia” o “sopa paraguaya Don Carlos”, donde se utilizan los mismos ingredientes, pero variando las cantidades para dar a la mezcla mayor o menor consistencia y que la misma sea más o menos grasienta, dependiendo el gusto del comensal. También está la variedad con relleno de carne vacuna, conocido como “sopa so’o” o relleno con carne de pollo “sopa ryguasú”, sazonado con locote rojo. Cuyas recetas las abordaremos en otro material sobre “Gastronomía paraguaya”.

Si quieres asber como prepararlas y más cosas pulsa aquí:https://www.inan.gov.py/site/?p=4581

La Increíble Historia de Patxi Bollos.

Hay muchas leyendas inspiradoras que nos permiten aprender sobre los valores de la vida, nos enseñan lecciones en forma de moraleja o directamente se escriben por el simple hecho de fantasía. Esta historia sin embargo no es ficción, es pura realidad, es la historia de Patxi Bollos, el hombre que “comió 236 croquetas y después cenó”.

Era el año 1936, Patxi Bollos era vasco, un asociado de una sociedad gastronómica, que se le había sido encomendado llevar un banquete a un domicilio, como un catering. Sin embargo, en propias palabras de Patxi Bollos, el “olorcillo” de las croquetas lo empezó a llamar, y como se las puso muy cerca, se comió una, y otra, y otra, y otra… Al final se acabó todas las croquetas del balquente, 236: “Yo no lo sabía, eso ya me los dijeron después”. Patxi llegó, las croquetas no.

Todo esto se sabe gracias a una publicación del relato en el periódico la Estampa, en la sección de “campeones vascos”, este fue redactado por José R.Ramos.

Patxi Bollos pasó a ser un personaje histórico, muchos escépticos no se creen que esto fuera cierto, y que ningún humano sería capaz de tomarse esa cantidad tan absurda. Por ello hubo un hombre que quiso demostrarlo, y no solo quería comprobarlo, quería superar a Patxi Bollos.

Valentín Carrasco, un creador de contenido cartaginés dedicado a retos de comida se propuso este desafío, superar a la leyenda de Patxi Bollos, hazaña que consiguió. En enero de 2024, Carrasco consiguió superar el récord de Patxi Bollos por una croqueta, 237 croquetas, por una solo pero lo superó.

La historia de Patxi Bollos y la influencia que tiene en el folklore español es realmente fascinante, y aunque en un principio no se sabe si es verdad, el simple hecho de pensar que es verdad tiene un tono mágico y muy divertido, y que alguien se lo a haya tomado en serio para superarlo me parece aún más mágico.

Si quieres saber más información pulse aquí:https://www.20minutos.es/gastronomia/productos/comer-mas-200-croquetas-record-menos-tres-horas-5211981/ | https://www.croquetarte.es/noticias/patxi-bollos/

El origen del bocadillo: Descubriendo al genio detrás de este icónico invento culinario

El origen del bocadillo se remonta al siglo XVIII en la ciudad de Salamanca, España, donde un mesonero llamado Gregorio de Rubín inventó esta deliciosa creación culinaria. La historia cuenta que Rubín, inspirado por la necesidad de ofrecer a sus clientes una alternativa rápida y sabrosa para alimentarse, decidió colocar trozos de jamón entre dos rebanadas de pan. Esta genial idea rápidamente se popularizó en toda la región, convirtiéndose en un símbolo de la gastronomía española y traspasando fronteras hasta convertirse en un plato conocido a nivel mundial.

El bocadillo es considerado uno de los inventos más relevantes en la historia culinaria, ya que su sencillez y versatilidad lo han convertido en un indispensable de la comida rápida y un referente de la dieta mediterránea. A través de los años, este icónico plato ha evolucionado con innumerables variantes y rellenos, adaptándose a diferentes culturas y gustos. La creatividad de cada persona al preparar un bocadillo le otorga un carácter único, manteniendo viva la esencia del ingenio de Gregorio de Rubín.

Para saber más sobre esto clique aquí: La historia del bocadillo: ¿quién inventó esta deliciosa creación culinaria? – quieninvento.es

Curiosidades históricas, que tal vez no sabías, sobre los alimentos

¿Por qué en algunos países se comen insectos y en otros no?

En los países occidentales existe el rechazo a la ingesta de insectos mientras que en otras regiones del mundo son considerados como un alimento más de su dieta. A pesar, de la aversión que preexiste hacia su consumo, los seres humanos lo llevan comiendo desde hace miles de años. ¿Cómo se explica esta diferencia?

Esto tiene una explicación antropológica, que se remonta a la Prehistoria, y explica José Miguel Mulet: “Los países donde los insectos forman parte de su dieta y su cultura son ecuatoriales tropicales. ¿Por qué? Si vives en un país cálido, le pegas una patada a un tocón podrido y te salen 20.000 larvas. Con eso ya has comido y ya puedes dedicarte el resto del tiempo a pintar las paredes de la cueva o hacer hachas de sílex. Mientras que en un país templado frío si tienes que buscar insectos para comer, echas todo el día. Por lo tanto, era más fácil ponerse todos de acuerdo y cazar un mamut. Y así tenían toda la proteína y todo el alimento que necesitaban”.

Para más información: https://www.rtve.es/television/20230506/curiosidades-historicas-alimentos-jose-miguel-mulet/2443837.shtml