La historia de los alimentos revela curiosas conexiones entre culturas y épocas. Muchos platos que hoy consideramos típicos tienen raíces lejanas y transformaciones a lo largo de los siglos. Algunos ejemplos destacados son:
Hamburguesas: Aunque se asocian con Estados Unidos, su origen está en Hamburgo, Alemania. La idea de carne picada y moldeada proviene de las tribus mongolas y turcas del siglo XIII, que preparaban filetes finos para comer mientras montaban a caballo. Esta técnica se difundió por Europa y luego llegó a América en el siglo XIX, apareciendo en menús de Nueva York en 1834.
Nachos: Surgieron en Piedras Negras, Coahuila, México, en 1943. Ignacio Anaya creó un plato improvisado con tortillas fritas, queso y jalapeños para mujeres de soldados estadounidenses cuando el restaurante estaba cerrado. Originalmente llamados “especiales de Nacho”, pronto se popularizaron y se difundieron por Texas y México.
Tortilla de patatas: Su ingrediente principal, la papa, proviene de Perú. Los españoles la llevaron a Europa y combinada con huevo, se transformó en la tortilla que conocemos hoy. Los primeros registros en España datan de finales del siglo XVIII, descritos por José Tena Godoy y Malfeito.
Barbacoa: Más que un alimento, es un método de cocción. Su origen está vinculado al Caribe y Latinoamérica antes de la llegada de los españoles. Ya en 1518 se documentaba la preparación de carne bajo tierra o sobre estructuras de madera, utilizando calor indirecto.
Estos ejemplos muestran cómo la gastronomía actual es el resultado de siglos de intercambio cultural, adaptación y creatividad culinaria, donde cada plato tiene una historia única que trasciende fronteras y generaciones.
Me parece fascinante cómo platos tan cotidianos como la hamburguesa, los nachos o la tortilla de patatas tienen historias tan diversas y lejanas. Esto demuestra que la gastronomía no solo es sabor, sino también cultura, historia y conexión entre pueblos.
La historia de la gastronomía refleja siglos de innovación, creatividad y transformación en la manera de entender la comida. Desde la Edad Media hasta la cocina contemporánea, distintos chefs han marcado hitos que explican por qué comemos y cocinamos como lo hacemos hoy. A continuación, se presentan algunos de los cocineros más influyentes de la historia:
Guillaume Tirel (c. 1314-1395): Cocinero del rey Felipe VI de Francia que sistematizó la cocina medieval en Viandier, el primer manual de recetas de su época, cuando las especias se usaban para camuflar alimentos poco frescos.
Bartolomeo Scappi (c. 1500-1577): Chef renacentista italiano que documentó casi mil recetas en Opera dell’arte del cucinare y representó por primera vez el tenedor, combinando innovación y racionalidad en la cocina.
François Pierre de La Varenne (c. 1615-1678): Introdujo el uso de productos frescos y menos especias agresivas, creando técnicas y recetas como la salsa bechamel que perduran hasta hoy.
Marie-Antoine Carême (1785-1833): Fundador de la alta cocina francesa, famoso por sus pasteles monumentales y presentaciones arquitectónicas que transformaron la comida en arte visual.
Alexis Soyer (1810-1858): Socializó la alta cocina en Inglaterra, introdujo electrodomésticos innovadores y promovió comedores sociales durante la hambruna irlandesa, combinando técnica y compromiso social.
Auguste Escoffier (1846-1935): Modernizó la alta cocina con jerarquías, servicio a la rusa y disciplina en la cocina, dignificando la profesión de chef y optimizando el funcionamiento de los restaurantes.
Eugénie Brazier (1895-1977): Primera persona en conseguir seis estrellas Michelin, destacando por su cocina sencilla, elegante y de gran calidad en Lyon, donde también formó a futuros grandes chefs como Paul Bocuse.
Paul Bocuse (1926-2018): Creador de la Nouvelle Cuisine, defendió la simplicidad, la elegancia y la armonía de sabores, revolucionando la gastronomía del siglo XX.
Julia Child (1912-2004): Introdujo la cocina francesa en Estados Unidos mediante libros y programas de televisión, enseñando técnicas profesionales a cocineros domésticos y profesionales.
Ferran Adrià (n. 1962): Pionero de la cocina molecular y experimental, llevó la gastronomía al arte con técnicas como esferificaciones, deconstrucciones y el uso de nitrógeno líquido, transformando la experiencia culinaria en un espectáculo sensorial.
A lo largo de los siglos, estos chefs no solo han innovado en sabores y técnicas, sino que también han influido en la cultura gastronómica, estableciendo bases que aún guían la cocina moderna. Su legado demuestra que la gastronomía es un arte en constante evolución, donde tradición, creatividad y tecnología se entrelazan para ofrecer nuevas experiencias a quienes disfrutan de la comida.
Muchos no lo sabréis, pero hoy 25 de noviembre es Santa Catalina, y yo lo sé porque en mi pueblo se celebra la tradición de “Les Catalinetes”. En Sueca es una costumbre muy querida, de esas que hemos vivido desde pequeños sin ser del todo conscientes de lo especial que es. Cada año, los colegios salen por la tarde hacia los secaderos d’arròs, los niños cantan la cancioncita típica y todos llevan su merienda preparada con cariño: el saquetet con el bocadillo, la fruta, el chocolate… y, por supuesto, el rollet de catalinetes, que nunca puede faltar.
Esta tradición no es exclusiva de Sueca; también se celebra en otros pueblos del sud de València, como Xàtiva, e incluso en algunas localidades de Castellón, como Vila-Real o Vinaròs, aunque en cada sitio tiene su propio sello y sus particularidades. Aun así, en todos los casos comparte ese espíritu que nos transporta directamente a la infancia. Porque cualquier niño de mi pueblo ha hecho esta merienda, ha cantado la canción y lo ha vivido con una ilusión enorme.
El famoso rollet de catalineta se elabora con una masa sencilla de harina, azúcar, aceite, anís y semillas de anís, aromatizada con ralladura de limón y esponjada con un poco de levadura química. En nuestra zona, además, se decoran con frutas confitadas por encima antes de hornearlos, quedando como pequeñas rosquillas doradas y crujientes que son parte imprescindible de esta festividad.
Es una tradición humilde, sí, pero con un encanto especial que nos conecta con nuestras raíces y con la gente del pueblo. Las abuelas y madrinas siguen preparando la merienda como siempre, los niños esperan con ilusión la salida al campo y los mayores revivimos, aunque sea por un momento, cómo lo disfrutábamos nosotros mismos.
Puede que no sea una fiesta muy conocida fuera de la Ribera, pero para quienes somos de aquí, Les Catalinetes es una parte preciosa de nuestra memoria: un momento para celebrar, para compartir y para mantener vivas las costumbres que nos hacen pueblo.
Feliç Santa Caterina a tots els catalinots i catalinetes!!
La alimentación humana ha cambiado mucho a lo largo de la historia. Al principio, los seres humanos eran cazadores-recolectores y consumían frutas, carne y alimentos crudos; el fuego permitió cocinar, mejorar el sabor y aprovechar mejor los nutrientes. Con la agricultura y la ganadería, los cereales integrales se convirtieron en la base de la dieta, acompañados de verduras, legumbres, frutas, carne y lácteos, aunque no siempre había suficiente variedad, lo que provocaba deficiencias y hambrunas.
Con la Revolución Industrial, la comida se hizo más abundante, se consumieron más productos animales y aparecieron los alimentos procesados para garantizar su conservación. En el siglo XX, la nutrición se consolidó como ciencia y se descubrió el efecto de la dieta en la salud, como los beneficios de la dieta mediterránea. Hoy, los problemas han cambiado: de la escasez se pasó al exceso, al aumento del consumo de ultraprocesados y al crecimiento del sobrepeso y la obesidad.
El pan, uno de los alimentos más importantes de nuestra dieta, también refleja estos cambios: desde sus primeras versiones hasta la producción de pan blanco y pan integral. Hoy se sabe que los cereales integrales son más saludables, mientras que el consumo excesivo de pan blanco se asocia con obesidad y diabetes tipo 2.
Viena se recorre también con el paladar. Sus calles y mercados reflejan siglos de historia, donde la tradición imperial convive con propuestas modernas y sostenibles.
Los würstelstand, quioscos de salchichas reconocidos por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial, son puntos de encuentro donde estudiantes, músicos y noctámbulos comparten el sabor de la ciudad. Entre los más conocidos están Zum Scharfen Rene, por sus salsas picantes; Mike Lanner, con opciones veganas y halal; y Leo, centenario y gestionado por la tercera generación familiar. La especialidad local, la käsekrainer, se reinventa según cada puesto.
La historia también se saborea en tabernas tradicionales, con platos como el schnitzel, el tafelspitz o el dulce kaiserschmarren, legado de los Habsburgo. Restaurantes como Meissl & Schadn mantienen viva esta tradición con cientos de raciones diarias.
Al mismo tiempo, la ciudad apuesta por la creatividad y la sostenibilidad. Meinklang, cerca del Naschmarkt, trabaja con productos de proximidad, mientras que en calles como Schleifmühlgasse surgen locales emergentes, algunos con estrella Michelin, como Z’Som, o el triestrellado Steirereck, referente de la alta cocina.
Viena sorprende con su tradición vitivinícola: dentro de la ciudad existen viñedos urbanos, sobre todo en el distrito 19, donde se produce el emblemático gemischter satz. En estas colinas se encuentran tabernas rústicas, las heurigen, y bodegas como Fuhrgassl-Huber, que ofrecen catas y comidas acompañadas de música folclórica.
La cerveza también tiene su espacio, con marcas históricas como Ottakringer, y apuestas innovadoras como Muschicraft, cerveza feminista, o Kein&Low, con cócteles y bebidas sin alcohol. En Viena, la gastronomía no solo se disfruta en platos de lujo, sino también en la diversidad de sabores, su historia viva y la capacidad de innovar sin perder la tradición.
Sara Sánchez López, integrante del grupo de Bacterias Lácticas y Probióticos del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA), instituto de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), participa el jueves 6 de marzo en una nueva edición del evento VLC Databeers, una jornada con charlas divulgativas sobre ciencia de datos. El evento tendrá lugar en el CCC Ocutbre (C/ Sant Ferran, 12, Valencia), a partir de las 19:00.
Con esta iniciativa, ambos colectivos pretenden fomentar la comunicación y la difusión de los beneficios y avances en el área de la ciencia de datos de una forma amena, relajada y divertida.
Esta edición se enmarca dentro de las actividades de difusión con motivo del Día de la Mujer y contará con referentes femeninos en la ciencia de datos. Se trata de un evento especial organizado en colaboración con el proyecto Girls4STEM de la Universitat de València.
El programa de ponencias incluye:
Datos ausentes, desigualdades presentes, presentada por Sara Sánchez (IATA – CSIC). Los datos no discriminan, pero la falta de ellos puede crear desigualdades. Manuela es una iniciativa de ciencia ciudadana que busca cerrar la brecha de género en la investigación biomédica, explorando cómo la microbiota, la dieta y el estilo de vida influyen en la salud de las mujeres.
Descifrando mujeres en el sector público, a cargo de Pilar Moreno (Secretaria-interventora de la administración local). Reflexionando sobre la igualdad entre mujeres y hombres en la administración pública nos podemos preguntar, ¿Existe la igualdad real en el sector público? A pesar de que el acceso a la función pública se materializa en condiciones de igualdad ¿Sufren brecha salarial las mujeres en el sector público? ¿Acceden a puestos de responsabilidad en igualdad de condiciones? Adentrémonos en un ámbito en el que la desigualdad de género tendría que estar desterrada desde hace años.
Como un virus puede salvarte la vida, con Pilar Domingo Calap (I2SysBio – UV – CSIC). Los virus son las entidades biológicas más abundantes del planeta, y aunque sólo una pequeña proporción de ellos causan enfermedades, se perciben como peligrosos. Sin embargo, la mayoría de los virus no nos hacen nada y solamente infectan bacterias, son los llamados bacteriófagos o fagos. En clínica, podemos hacer uso de ellos para combatir bacterias resistentes. Y es que la resistencia a antibióticos se ha convertido en un problema global, y muchas infecciones no son tratables con las terapias disponibles. En esta charla veremos cómo los virus son buenos, y cómo eligiendo el virus adecuado, mejoramos la calidad de vida de muchos pacientes.
Modelos integrados para la correcciónde la monitorización parcial en Ecología, impartida por Blanca Zarzo (FISABIO). Presentaremos el estudio de una base de datos de captura-recaptura-recuperación de la mayor colonia de arao común (Uria aalge), un ave marida del Mar Báltico (Suecia). Los resultados muestran que el uso de modelos integrados corrige el problema del monitoreo parcial, una solución que podría extenderse a otras poblaciones, favoreciendo así la conservación de las mismas.
El evento contará además con una previa musical a cargo de Daniela Perdomo y su sesión «Vivir sabroso».
El colectivo VLC Databeers está formado por personal investigador de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería (ETSE-UV), por profesorado del Grado de Ingeniería Informática y del Grado de Ciencia de Datos de la Universitat. Organizan charlas y sesiones de divulgación sobre Ciencia de Datos vinculada con diferentes temáticas.
Fidel Toldrá Vilardell, profesor de investigación del grupo de Alimentos Proteicos del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC), ha sido distinguido con el 2025 IFT Research & Development Award, un prestigioso reconocimiento internacional otorgado por el Institute of Food Technologists (IFT). Este galardón premia los logros innovadores en investigación y desarrollo que han tenido un impacto significativo en el sistema alimentario global, alineados con la visión de IFT de mejorar la alimentación para toda la sociedad.
El profesor Toldrá ha sido reconocido por su destacada labor en la ciencia de la carne, contribuyendo al avance en la industrialización de los productos cárnicos, la mejora de su calidad y valor nutritivo, y la revalorización de los subproductos generados, así como la promoción de la cooperación internacional en este ámbito. Este premio, junto con otros recientes galardones otorgados al investigador por la Asociación Americana de Ciencia de la Carne y la Sociedad Americana de Química, respaldan la destacada labor que Toldrá lleva a cabo en el laboratorio. “Este tipo de reconocimientos nos animan a seguir avanzando en la investigación hacia un futuro más sostenible, impulsando nuevos desarrollos e innovaciones tecnológicas”, agradece el investigador.
Actualmente, su trabajo se centra en la valorización de subproductos cárnicos y pesqueros, así como en la optimización de procesos para mejorar la sostenibilidad en el sector cárnico. Su trayectoria ha sido clave en la investigación de los procesos bioquímicos de la carne y en la fabricación de productos cárnicos, en especial el jamón curado, con innovaciones que han permitido mejorar su calidad, valor nutritivo y características sensoriales. “La industria alimentaria se enfrenta a grandes desafíos, y la sostenibilidad es uno de los más importantes. Estamos avanzando en el desarrollo de tecnologías innovadoras y sostenibles que aportan valor añadido a los subproductos generados, transformando lo que antes era un problema difícil de gestionar en productos de interés y relevancia económica para sectores clave como el alimentario, farmacéutico, químico y energético”, añade.
El premio será entregado durante la IFT Annual Meeting & Food Expo, el evento más importante del IFT, que reúne a más de 23.000 científicos y profesionales de la industria alimentaria de más de 90 países. Este congreso ofrece más de 100 sesiones científicas y una exposición con más de 1.000 empresas del sector.
El Institute of Food Technologists (IFT) es una organización global con más de 17.000 miembros, dedicada al avance de la ciencia de los alimentos. Desde 1939, IFT ha reunido a expertos de las instituciones académicas, el gobierno y la industria para abordar los mayores desafíos alimentarios del mundo, apostando por la innovación como clave para garantizar un suministro de alimentos seguro, sostenible, nutritivo y accesible.
Impacto global en la investigación alimentaria
Fidel Toldrá Vilardell es Profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y miembro del Grupo de Alimentos Proteicos en el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC) en Paterna, Valencia. Además, es Profesor Asociado de Tecnología de Alimentos en la Universidad Politécnica de Valencia. Su trayectoria científica ha estado dedicada al estudio de la bioquímica y la tecnología de la carne, con especial énfasis en la seguridad alimentaria, la calidad y el aprovechamiento sostenible de subproductos, campo de investigación en el que es uno de los autores más citados y más influyentes del mundo según el ranking de la Universidad de Stanford.
Ha publicado más de 370 artículos en revistas científicas internacionales, más de 163 capítulos de libros y ha sido editor de 65 libros y 2 enciclopedias. Además, es autor de 12 patentes de aplicación industrial. A lo largo de su trayectoria, Fidel Toldrá ha sido reconocido con numerosos galardones internacionales que avalan su impacto en la ciencia y tecnología de los alimentos. Entre sus distinciones destacan el Premio Internacional de Ciencia y Tecnología de la Carne otorgado por el International Meat Secretariat (2002), el Distinguished Research Award (2010), el Meat Processing Award (2014) y el International Lectureship Award (2023) de la American Meat Science Association, así como el Award for the Advancement of Agricultural and Food Chemistry de la American Chemical Society (2019). Además, ha recibido el prestigioso Premio DUPONT de la Ciencia (2015) y el Premio ANICE José Flores a la Innovación (2019) de la Asociación Nacional de Empresas Cárnicas de España (ANICE).
Su incansable dedicación a la investigación no solo ha generado un impacto significativo en la industria alimentaria, sino que también ha contribuido al avance de la seguridad alimentaria y a la mejora de la sostenibilidad de la producción de alimentos. Este reconocimiento, uno de los más prestigiosos en el campo de la Ciencia de Alimentos, refuerza la relevancia de su labor y reafirma su liderazgo en la búsqueda de soluciones innovadoras para los desafíos del sector agroalimentario.
Comemos lo que somos: un viaje por la historia y la cultura de la comida
La comida es mucho más que una necesidad vital: no solo nos nutre, sino que refleja quiénes somos. En su libro Comemos lo que somos, José Miguel Mulet, catedrático de Biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia, analiza cómo la cultura, la sociedad y la historia han moldeado lo que comemos.
¿Por qué en algunos países se comen insectos y en otros no? En Occidente, los insectos generan rechazo, mientras que en regiones tropicales forman parte de la dieta diaria. La explicación es antropológica: en climas cálidos, los insectos eran una fuente fácil de proteína, mientras que en climas fríos era más eficiente cazar animales grandes, como los mamuts.
Los primeros cultivos domesticados, como el trigo, la avena y la cebada, marcaron el inicio de la agricultura. Con el tiempo, los humanos se adaptaron a distintos climas, domesticando nuevas plantas y animales; el perro fue el primer animal domesticado, aunque no como alimento, sino como compañero.
La historia de la bebida alcohólica también tiene sus raíces en la antigüedad. El primer registro arqueológico se encontró en China, pero la bebida más antigua de la que se tiene constancia es el hidromiel, hecho a base de miel, agua y levaduras naturales. Incluso muchas palabras relacionadas con el vino, la borrachera y la fiesta en lenguas indoeuropeas provienen de la raíz de “miel”.
Y luego está la pizza, un alimento que ha conquistado al mundo por accidente. Durante la batalla de Montecassino, en la Segunda Guerra Mundial, los soldados estadounidenses estuvieron meses en Nápoles y comieron pizza casi a diario. Al regresar a Estados Unidos, buscaron ese sabor en los barrios italianos y lo adaptaron, añadiéndole ingredientes y haciendo la masa más gruesa. Así, un plato humilde se convirtió en un fenómeno global gracias a la historia y al cine.
El Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC) lamenta profundamente el fallecimiento de Rosa Montoro, científica del CSIC en el área de conservación y seguridad alimentaria, a los 85 años. Su trayectoria, estrechamente ligada al crecimiento y consolidación del IATA, la convierte en una figura imprescindible en la historia de nuestro centro.
Rosa Montoro, Rosita para sus seres queridos, formó parte del IATA desde sus primeros años, cuando el instituto tenía su sede en Calle Jaume Roig, 11, actual ubicación del Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV-CSIC). Vivió así todas las etapas del desarrollo institucional del IATA, desde sus inicios junto a figuras fundacionales como Eduardo Primo Yúfera, hasta el traslado al Parc Científic de la Universitat de València en 1995, donde continuó su labor investigadora hasta su jubilación.
Una pionera en la toxicología alimentaria
Durante décadas, Rosa Montoro dirigió el grupo de contaminación metálica del IATA-CSIC, precedente directo del actual grupo de Enfoques Integrativos en Toxicología Alimentaria, hoy coordinado por las Dras. Vicenta Devesa, Dinoraz Vélez, ambas formadas bajo su dirección, y Marta Arroyo. En un momento en que la investigación en seguridad alimentaria se centraba casi exclusivamente en la microbiología, Rosa Montoro supo anticipar el creciente papel de los riesgos químicos en los alimentos, orientando su investigación hacia un campo entonces emergente.
“Fue una gran luchadora y una pionera en el área de la toxicología alimentaria, especialmente en el estudio de metales”, recuerda Dinoraz Vélez. Vicenta Devesa añade: “Tanto en los ensayos de biodisponibilidad, como en la identificación y cuantificación de especies químicas de metales y en el estudio de cómo el procesado de los alimentos influye en la transferencia de contaminantes, su contribución científica ha sido extraordinaria”.
Compromiso internacional y ciencia con impacto social
Rosa Montoro creó numerosas redes de colaboración científica, con especial atención a la cooperación con países latinoamericanos. Buena parte de su trabajo estuvo dedicada al estudio de poblaciones expuestas a arsénico en diversas regiones de América del Sur, contribuyendo a comprender mejor sus efectos tóxicos y a diseñar estrategias preventivas.
Su vocación de servicio público se reflejó también en su papel durante el Desastre de Aznalcóllar (1998), uno de los episodios ambientales más graves de la historia reciente de España. Montoro fue una de las responsables del CSIC en la respuesta científica a la emergencia. El equipo, integrado por 17 doctores —entre ellos el microbiólogo César Nombela o el entonces director de la Estación Biológica de Doñana, Miguel Ferrer—, realizó una exhaustiva caracterización del nivel de contaminantes tóxicos en aguas, lodos, suelos y seres vivos afectados por el vertido tóxico. Sus aportaciones fueron esenciales para determinar el nivel de contaminación y orientar la gestión posterior del desastre.
Un legado que perdura
Rosa Montoro será recordada no solo por sus aportaciones científicas, sino también por su integridad, su capacidad de trabajo y su compromiso con la formación de nuevas generaciones. Su influencia continúa viva en el actual grupo de Enfoques Integrativos en Toxicología Aliemntaria, en los numerosos investigadores e investigadoras que formó y en el desarrollo histórico del IATA.
Su legado científico, humano e institucional es parte inseparable de la identidad de nuestro centro. Hoy la despedimos con profundo agradecimiento y admiración.
La historia de la alimentación demuestra que muchos productos que consideramos modernos tienen raíces que se hunden en civilizaciones muy antiguas. Técnicas como la fermentación, el asado o el uso de cereales y salsas han acompañado al ser humano durante milenios, y algunos de los alimentos más populares en la actualidad nacen de prácticas desarrolladas hace miles de años. Estos 4 ejemplos muestran cómo recetas que hoy parecen cotidianas tienen un pasado sorprendentemente remoto y revelan la continuidad cultural que existe entre las cocinas antiguas y las contemporáneas.
Las palomitas de maíz, tan habituales hoy como snack en una tarde de cine, tienen un origen que se remonta al año 3000 a.C en América. En esa época, los pueblos indígenas cultivaban maíz y ya sabían cómo reventar los granos calentándolos sobre las brasas o arena caliente, creando una versión muy primitiva de lo que hoy conocemos como palomitas.
Las crepes también tienen una antigüedad asombrosa: remontan a unos 2600 a.C. en el Antiguo Egipto, donde se preparaban tortas de harina de trigo sin levadura sobre piedras calientes. Estas primeras crepes eran simples empanadas planas, pero con el paso del tiempo se convirtieron en un alimento simbólico en fiestas cristianas como el Martes de Carnaval, en el que cada ingrediente adquiría un significado ritual.
Los perritos calienten tienen su raíz en el siglo XVI a.C., cuando en Babilonia ya se rellenaban intestinos animales con carne especiada. Más tarde, los romanos adaptaron la receta de las salchichas, llamándolas «salsus», y se convirtieron en una comida popular en sus celebraciones. Desde ahí han evolucionado hasta el hot dog moderno, pasando por diversas tradiciones europeas y americanas.
El kétchup actual tiene un pasado muy distinto al que conocemos: sus orígenes se remontan al año 300 a.C. en la Antigua Roma, pero no era de tomate sino una salsa llamada garum, hecha con vinagre, aceite, anchoas y especias. Con el tiempo, la idea viajó hasta el sudeste asiático, donde los chinos crearon una versión llamada ketsiap. Los cocineros británicos adaptaron esa receta usando ingredientes locales como setas, nueces o pepino, y fue solo siglos más tarde que los tomates se integraron en la receta que triunfó en el mundo moderno.