La seguridad alimentaria, es decir, la disponibilidad y el acceso a los alimentos básicos, no solo dependerá de cómo se gestionan los efectos del cambio climático en las cosechas. Además del calentamiento, también habrá que tener en cuenta la contaminación, en concreto la del ozono troposférico.
De ello alertan investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), que publican en la revista Nature Climate Change cómo este tipo de contaminación puede, en los países en desarrollo, aumentar del 17% al 27% el porcentaje de malnutrición.
El ozono es un gas muy oxidante capaz de dañar a las especies vegetales. Muchos estudios se habían ocupado de los efectos del cambio climático en la producción agrícola, pero no se había estudiado este factor combinado con la contaminación ambiental, aseguran los autores del trabajo. El calentamiento podría reducir las cosechas globales en un 10% en 2050. Para entonces se estima que las necesidades de comida se incrementarán en un 50% debido, entre otras cosas, al crecimiento de la población, recuerdan.
Los autores estudiaron las predicciones de temperatura y contaminación, elaboraron dos posibles escenarios -uno más optimista y otro más pesimista- y sus futuros efectos en la producción de trigo, arroz, maíz y soja. «Los efectos de la contaminación por ozono dependen mucho del escenario», escriben. En el pesimista, con una contaminación por ozono es muy alta, las cosechas mundiales se reducirían un 3,6% de media.
Existen muchas diferencias en función del tipo de cosecha y la región. En el sudeste asiático, por ejemplo, donde los dos escenarios predicen más ozono, la producción de trigo podría caer un 40%. La producción de arroz y maíz en China es muy sensible al ozono. En cambio, el maíz, en zonas como Estados Unidos, Europea y Suramérica, así como la soja en Suramérica, acusan más los efectos de la temperatura. Los autores del estudio insisten en que es necesario adaptarse: reduciendo la contaminación y plantando cultivos que se adapten a temperaturas más altas.
Diciembre está a punto de comenzar, y con el, las celebraciones navideñas durante todo el mes. Es por ello, que grandes marcas y entidades han empezado a esparcir este espíritu a través de productos, campañas y noticias para captar la atención del público, y los creadores de contenido no son excepción. En este caso, hablaremos de Ibai Llanos (que siguiendo la tendencia del año pasado) y como su calendario de adviento de este año 2025 ha sorprendido a muchos por el buen trato que tiene hacia el público.
De primeras, debemos de analizar la estrategia con la que el influencer ha decidido presentar este producto al público, la cual es bastante cómica. En el vídeo promocional del producto se observa a Ibai vestido de Papá Noel, este empieza a leer en alto cartas de quejas que le llegaron sobre el calendario de adviento del año pasado; Precio demasiado excesivo, baja calidad de chocolate, figuras repetidas…Este anuncio realmente hace ver al consumidor como Ibai está aprendiendo de sus errores, y como se toma el feedback muy en serio.
Mientras avanza el vídeo, se observa la respuesta que tiene el creador de contenido a las quejas del público, a las cuales responde con soluciones totalmente directas. Baja el precio de 20 euros que costaba el año pasado a 15 euros, promete un chocolate con mucha mejor calidad y relleno, figuras únicas para cada día del mes, y lo más jugoso, cien mil euros en premio. Esto junto a la unión de titanes del mercado como Carrefour o Eroski para su distribución, ofrece al público una experiencia nueva, mejor y ahora con más disponibilidad.
El nuevo calendario de adviento de Ibai Llanos atrae a sus seguidores a comprarlos, no solo para apoyarle, sino por el simple hecho de probar una experiencia nueva y la posibilidad tal vez ganar un premio inesperado mientras disfrutan del producto.
Oppao ha lanzado una plataforma en línea que permite a mayoristas y minoristas acceder a la subasta de pescado fresco desde cualquier ubicación.
El pescado, un elemento esencial de una dieta saludable, sigue siendo un alimento fundamental en la gastronomía española. De acuerdo con el último informe sobre Hábitos de consumo en la Unión Europea, España presenta la tasa de consumo semanal más alta entre todos los países miembros, alcanzando un 64% de la población. El objetivo de Oppao, la Organización de Productores de Pesca de Altura de Ondárroa, es asegurar que este alimento, del cual la Organización Mundial de la Salud recomienda un consumo mínimo de tres raciones semanales, continúe presente en los hogares, mientras se garantiza que su pesca se realice de manera sostenible.
Entre las iniciativas de esta asociación, que agrupa a más de 350 trabajadores bajo una política pesquera común, se encuentra la creación de una plataforma en línea que permite a los profesionales de la alimentación de cualquier parte del país participar en sus subastas de pescado, tal como se llevan a cabo en la lonja de Ondárroa, en Vizcaya. A través de su sitio web, www.oppao.es, mayoristas, distribuidores, cadenas hoteleras y restaurantes pueden acceder en tiempo real a las ventas de pescado del día, que se realizan de lunes a jueves. De esta manera, es posible adquirir merluza, rape, gallo, calamar, salmonete o jurel, entre otros pescados y productos del mar, en las mismas condiciones que aquellos que están presentes físicamente. La propuesta de Oppao se enmarca dentro de su objetivo de facilitar el acceso al consumo de pescado de calidad y resaltar la labor de los trabajadores que la componen. Los productos que ofrece son pescados capturados en aguas del golfo de Vizcaya y en las costas de Francia, Escocia e Irlanda, siguiendo prácticas de sostenibilidad en la captura de los recursos marinos.
La calabaza es el fruto de la especie Curcubita maxima, el cual destaca del resto de Curcubitas por su gran tamaño y forma redondeada. Aún siendo considerada grande por comparación con el resto de especies de su familia, desde hace ya unos años los humanos han cultivado ejemplares extraordinariamente grandes con el fin de competir para ver cual calabaza es más grande. Esto ha ido evolucionando a medida que pasa el tiempo, pues hace 50 años el espectáculo se daba con calabazas de más de 20 kilos, pero con avances tecnológicos y en la industria agroalimentaria, las técnicas de cultivo han permitido la existencia de ejemplares realmente gigantes.
Pero, cómo se pasa de una calabaza normal a una gigante? Es biología simple, los órganos de una planta se separan en sumideros y fuentes de energía, las fuentes son los órganos fotosintéticos (hojas), y los sumideros son cualquier parte que requiera de energía para crecer, como son los meristemos, las flores o los frutos de la planta. Si se cortan el resto de sumideros, dejando solo el fruto, toda la energía de la planta se destinará al crecimiento de este órgano, y si además implementamos técnicas de manipulación genética y fertilizantes especializados, pasamos de una calabaza promedio a un asombrosos espécimen de mas de una tonelada.
Todo esto sucedió coincidentemente con el Halloween pasado, y este récord lo obtuvieron unos gemelos ingleses, los cuales comenzaron con esta actividad como un hobby que poco a poco tomó más y más tiempo, pero que al final dio sus frutos (literalmente).
Los países enmudecen ante la violación de los Convenios de Ginebra, mientras en la Franja palestina,71.000 niños y niñas menores de cinco años sufrirán desnutrición aguda si nada cambia.
En mayo de 2018, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó por unanimidad la Resolución 2417, dando un impulso político a las obligaciones contenidas en los Protocolos Adicionales a los Convenios de Ginebra de 1977, que prohíben el uso del hambre como arma de guerra. En la Resolución se hacía un llamamiento explícito a todas las partes en conflicto para que permitan el acceso sin trabas a la ayuda humanitaria y garanticen el suministro de alimentos a la población. Insta a que se investiguen y sancionen los actos que destruyan recursos esenciales para la supervivencia de la población civil.
Siete años después, los resultados son concluyentes: por primera vez, hay dos casos en los que se ha judicializado el hambre como arma de guerra —a través del Tribunal Internacional de Justicia y la Corte Penal Internacional—, pero en numerosas regiones en guerra y crisis, el hambre se sigue utilizando deliberadamente como arma, con consecuencias devastadoras y ante la mirada de una comunidad internacional en gran medida muda.
Cómo los conflictos destruyen la seguridad alimentaria:
Los conflictos armados obligan a millones de personas a abandonar sus hogares, a menudo sin posibilidad de regresar. No solo pierden sus casas, sino también sus trabajos, sus tierras y sus medios de vida. En las regiones rurales, donde mucha gente vive de la agricultura, los campos permanecen en barbecho y las cosechas fracasan. El resultado: el hambre y la malnutrición aumentan drásticamente, tanto entre quienes se quedan como entre quienes han huido. A esto se suman las minas, que a menudo permanecen en el suelo durante décadas y dificultan la producción local de alimentos.
La guerra no solo destruye los medios de subsistencia, sino también la infraestructura que es esencial para la supervivencia: hospitales, escuelas, suministros locales de agua y mercados. Como resultado, las enfermedades y el hambre aumentan.
La situación se ve agravada dramáticamente por el bloqueo de la ayuda humanitaria. En muchas zonas de conflicto, los trabajadores humanitarios no pueden acceder a las personas más afectadas. Los bloqueos de fronteras y puertos, la destrucción de rutas de transporte o los ataques selectivos contra el personal humanitario obstaculizan el suministro de medicamentos y alimentos vitales. Estas restricciones, en gran medida evitables, exacerban aún más la crisis alimentaria y se cobran cada vez más vidas, especialmente de las personas más vulnerables.
La situación en Sudán, una de las mayores crisis humanitarias del mundo:
Desde el estallido del conflicto en Sudán en abril de 2023, el país vive una de las peores crisis alimentarias de su historia. Más de la mitad de la población —más de 25 millones de personas— se ven afectadas por la inseguridad alimentaria aguda y necesitan ayuda humanitaria. Más de ocho millones de personas se encuentran actualmente al borde de la hambruna.
Este año, se espera que 3,2 millones de niños y niñas en Sudán sufran desnutrición aguda, más de 770.000 graves. Sin una ayuda que llegue rápido, muchos no sobrevivirán. Sin embargo, el acceso humanitario está siendo sistemáticamente bloqueado: se están denegando los permisos de entrada y las organizaciones de ayuda están en el punto de mira. 2024 fue el año más mortífero de la historia para los trabajadores de ayuda humanitaria en Sudán: 54 personas fueron asesinadas y muchas más fueron secuestradas. Muchas organizaciones humanitarias han tenido que cesar su trabajo en el terreno.
El año pasado, expertos de Naciones Unidas informaron sobre cómo las partes en el conflicto de Sudán están obstruyendo deliberadamente la ayuda humanitaria y pidieron el fin inmediato del uso del hambre como arma de guerra. Sin embargo, los mecanismos de la Resolución 2417 —alerta temprana, acceso sin trabas, rendición de cuentas— han sido anulados. Además, la falta de interés público significa que la comunidad internacional no ejerce suficiente presión, no impone sanciones o amenaza con consecuencias personales, lo que significa que la impunidad de los actores sigue siendo la regla.
Gaza: una crisis sin precedentes
La crisis en Gaza ha alcanzado proporciones sin precedentes: desde principios de marzo, no se ha permitido la entrada de suministros de ayuda en la Franja de Gaza. Hay escasez de alimentos, agua potable y medicinas. Según el último informe de la CIF (Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria) sobre la situación alimentaria, alrededor de 1,94 millones de personas en toda la Franja de Gaza están afectadas por una inseguridad alimentaria aguda grave, lo que corresponde al 93% de la población. Si las circunstancias no cambian drásticamente, alrededor de 71.000 niños y niñas menores de cinco años sufrirán desnutrición aguda, 14.100 de ellos desnutrición aguda severa. Decenas de miles de mujeres embarazadas y lactantes también se verán afectadas por la desnutrición aguda, y necesitarán tratamiento para evitar que los bebés se vean impactados.
El bloqueo de los suministros de alimentos se identifica claramente como la causa principal del hambre en el informe de la CIF. Desde el comienzo del asedio, más de 177 cocinas y panaderías comunitarias han sido destruidas o se han visto obligadas a cerrar. El precio de la harina de trigo ha subido más de un 3.000%. Todo esto dificulta aún más el acceso a los alimentos. Solo la presión internacional ha llevado a que hace unos días el Gobierno de Israel autorizara una reanudación limitada de la ayuda. Sin embargo, esto es solo una gota en el océano: las entregas de ayuda hasta la fecha están lejos de ser suficientes y las restricciones en curso deben levantarse para evitar una hambruna, al igual que un alto al fuego permanente.
Se necesita voluntad política y una aplicación coherente de la Resolución 2417 para combatir el uso del hambre como arma de guerra
Los intereses geopolíticos y las prioridades contradictorias han obstaculizado repetidamente la acción colectiva. En un momento en el que los poderes de veto ejercen regularmente sus derechos —por ejemplo, en el contexto de los conflictos en Ucrania u Oriente Próximo—, es aún más importante implicar a otros actores eficaces.
La UE y los gobiernos nacionales también deben aplicar el Derecho Internacional Humanitario, adaptar su política exterior y de seguridad al mismo y garantizar que la ayuda humanitaria no se vea obstaculizada. Los parlamentarios desempeñan un papel central en este sentido: a través de la legislación, el control presupuestario y los debates públicos, pueden hacer visible el problema del hambre en los conflictos y hacer que los Gobiernos rindan cuentas.
Ya es hora de poner fin a la instrumentalización del hambre por motivos políticos y garantizar la protección de la población civil.
Los científicos creen que su legado genético podría servir para desarrollar cultivos más resistentes al calor y a la sequía
Un grupo de arqueólogos y genetistas ha descubierto en Gran Canaria unas lentejas de más de dos mil años de antigüedad que podrían cambiar el rumbo de la agricultura moderna. Los científicos han logrado secuenciar el ADN de semillas conservadas en antiguos silos excavados en roca volcánica, lo que ha revelado una historia de adaptación y supervivencia que conecta el pasado con el futuro.
El estudio, publicado en el Journal of Archaeological Science y liderado por la Linköping University (Suecia) junto a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, demuestra que las lentejas que hoy se cultivan en las islas descienden directamente de variedades traídas desde el norte de África alrededor del siglo III.
Las muestras proceden de antiguos silos excavados en roca volcánica por los primeros pobladores de la isla, usados para almacenar y proteger las cosechas en lugares tan inaccesibles que muchas quedaron olvidadas durante siglos. Las condiciones estables de humedad y temperatura permitieron conservar las semillas en perfecto estado, lo que ha hecho posible su análisis genético completo por primera vez.
Semillas que sobrevivieron al tiempo Los investigadores confirman que estas plantas llegaron con agricultores bereberes entre los siglos I y III y que su cultivo no se interrumpió ni siquiera tras la conquista europea del siglo XV. La línea genética ha sobrevivido por su buena adaptación al clima cálido y seco.
El estudio demuestra que los cultivos actuales del archipiélago son descendientes directos de aquellas especies prehispánicas, una línea genética que ha sobrevivido durante dos milenios gracias a su adaptación al clima cálido y seco.
“El mismo tipo de cultivo se ha mantenido vivo durante casi 2.000 años”, explica Jenny Hagenblad, autora principal. El trabajo sugiere además que la continuidad pudo sostenerse gracias a la transmisión de conocimientos (a menudo en manos de mujeres) sobre qué sembrar y cómo conservar las semillas.
El ADN antiguo indica también aislamiento entre islas, lo que favoreció variantes locales. Incluso donde se pensaba que el cultivo se había perdido, los datos apuntan a continuidad gracias a intercambios cercanos y a los microclimas.
Esa diversidad interna, explican los investigadores, podría ser esencial para diseñar nuevas variedades más resistentes a la sequía, aprovechando la genética única de cada isla. “Cada una de ellas representa un pequeño laboratorio natural de adaptación”, señala Jonathan Santana, de la Universidad de Las Palmas.
El estudio también sugiere que parte del material genético de estos cultivos canarios viajó a la Península Ibérica, posiblemente a través de las rutas comerciales entre Lanzarote y la España continental en los siglos XVII y XVIII. Las conocidas “variedades tipo Lanzarote”, presentes hoy en el mercado peninsular, podrían haber heredado parte de esa genética resistente al calor.
Tomarlos de vez en cuando no es ningún drama. Una bolsa de ganchitos viendo una peli en el cine no nos matará. El problema es cuando su consumo es estructural
La prestigiosa revista médica británica The Lancet lanzó la semana pasada una serie especial de artículos sobre la industria de los ultraprocesados. La publicación pasó el monóculo por más de un centenar de estudios prospectivos, metaanálisis y ensayos clínicos, y vio la luz acompañada de las firmas de 43 expertos mundiales, una carta de la OMS y un editorial de UNICEF. Sus conclusiones son impactantes: “la industria alimentaria amenaza la salud pública”.
En las últimas décadas, este sector ha dejado de dedicarse a la conservación y mejora de los alimentos a gran escala, para convertirse en una maquinaria multinacional de fabricación de sustitutos de la comida a base de ingredientes baratos y de poca calidad, compensados con colorantes, saborizantes y todo tipo de aditivos: pienso para humanos. Productos que desplazan las dietas locales preparadas con ingredientes frescos y poco procesados, y que contribuyen a la pandemia global de obesidad, diabetes, enfermedades metabólicas o cardiovasculares… y plástico.
Tomarlos de vez en cuando no es ningún drama. Una bolsa de ganchitos viendo una peli en el cine no nos matará. El problema es cuando su consumo es estructural: en España, en tres décadas, las calorías que ingerimos en ultraprocesados han pasado del 11% al 32%. Somos uno de los países europeos con mayor aceleración en este cambio hacia dietas ultraprocesadas. En Estados Unidos, ya representan un 70%.
Según los estudios, hoy, este conglomerado de empresas ha ocupado el lugar que a mediados del siglo XX ostentaban las grandes tabacaleras en términos de músculo financiero, poder de influencia y capacidad de impactar en la salud de los consumidores. El reportaje, interesantísimo y acompañado de gráficos tan claros como inquietantes, muestra que no podemos cargar sobre la gente corriente la responsabilidad de frenar a estos gigantes. Es una tarea política.
Los seres humanos hemos procesado los alimentos desde que el primer homínido se comió la pulpa de una fruta y descartó la cáscara. Ahumar, confitar y secar son formas de procesar para conservar, como lo son cocer legumbres en un tarro de cristal o triturar, freír y envasar tomate en latas para que dure meses. Estas soluciones tecnológicas han facilitado la vida a millones de familias en todo el mundo. Pero esta clase de procesado no es el problema.
A finales de los sesenta, la industria vio que podía adaptar la ingeniería militar, que había alimentado a los soldados con comida ligera e incorruptible durante dos guerras mundiales, al consumo de masas. Tanto el café soluble como los ganchitos derivan de un proceso de liofilización del plasma sanguíneo usado en hospitales de campaña. En 1943, a los Cheetos se les llamaba Jungle Cheese y eran alimento para comandos y operaciones especiales en la selva.
Las innovaciones en fertilizantes, pesticidas y la tecnificación de cultivos de finales de los setenta, junto con las subvenciones agrarias, provocaron el excedente de grano capaz de hinchar los ultraprocesados de ingredientes baratos como el jarabe de maíz y los almidones modificados.
Las grandes tabacaleras se subieron al carro (el gigante Kraft es de Philip Morris) y aplicaron a los snacks y las galletas las mismas técnicas de marketing que antes sirvieron para vender cigarrillos. La televisión les dio línea directa con cada salita de estar del universo.
Con la desregulación de la inversión extranjera en 1980 y la globalización, las estanterías de los supermercados se terminaron de llenar de comida que era imposible que los consumidores pudiesen reproducir en sus casas. Era comida mágica, científica y tecnológica: la comida del futuro. Y la mejor amiga de la mujer, que podía incorporarse masivamente al mercado laboral sin miedo a dejar la mesa familiar desatendida. Teniendo varitas de pescado ultraprocesadas en el congelador y cereales de desayuno en la alacena, todo estaba controlado.
Hasta ahora, la industria de los ultraprocesados basaba su defensa en apuntar que la mayoría de los estudios realizados para encontrar vínculos directos entre sus productos y enfermedades como el cáncer o la depresión eran observacionales, es decir, basados en encuestas. En este tipo de investigación, los científicos no intervienen directamente, sino que observan lo que la gente hace de forma natural y después buscan asociaciones entre esos hábitos y ciertos resultados de salud. Esto permite detectar patrones, pero no puede demostrar relaciones de causa–efecto con certeza absoluta, porque no controla elementos como el nivel socioeconómico, el estrés, el sedentarismo o hasta la masticación. Realizar un estudio no observacional implicaría encarcelar a miles de participantes en un ambiente controlado y forzarles a alimentarse de fruta y verdura o de patatas chips durante años, violando unos cuantos derechos humanos y otros tantos tratados internacionales por el camino.
Pero esta misma estrategia científica permitió vincular el tabaco con el cáncer, el amianto con los tumores de pleura y la contaminación atmosférica con las enfermedades respiratorias. Y hoy el trabajo de The Lancet puede marcar un punto de inflexión y significar un cambio de paradigma. La fuerza del conjunto de análisis y estudios presentados es robustísima y llama a tratar el conglomerado de empresas de los ultraprocesados como se trató a las grandes tabacaleras: como una cuestión de salud pública. Regular no es atacar la libertad: es la única forma de recuperarla.
Hay muchas leyendas inspiradoras que nos permiten aprender sobre los valores de la vida, nos enseñan lecciones en forma de moraleja o directamente se escriben por el simple hecho de fantasía. Esta historia sin embargo no es ficción, es pura realidad, es la historia de Patxi Bollos, el hombre que “comió 236 croquetas y después cenó”.
Era el año 1936, Patxi Bollos era vasco, un asociado de una sociedad gastronómica, que se le había sido encomendado llevar un banquete a un domicilio, como un catering. Sin embargo, en propias palabras de Patxi Bollos, el “olorcillo” de las croquetas lo empezó a llamar, y como se las puso muy cerca, se comió una, y otra, y otra, y otra… Al final se acabó todas las croquetas del balquente, 236: “Yo no lo sabía, eso ya me los dijeron después”. Patxi llegó, las croquetas no.
Todo esto se sabe gracias a una publicación del relato en el periódico la Estampa, en la sección de “campeones vascos”, este fue redactado por José R.Ramos.
Patxi Bollos pasó a ser un personaje histórico, muchos escépticos no se creen que esto fuera cierto, y que ningún humano sería capaz de tomarse esa cantidad tan absurda. Por ello hubo un hombre que quiso demostrarlo, y no solo quería comprobarlo, quería superar a Patxi Bollos.
Valentín Carrasco, un creador de contenido cartaginés dedicado a retos de comida se propuso este desafío, superar a la leyenda de Patxi Bollos, hazaña que consiguió. En enero de 2024, Carrasco consiguió superar el récord de Patxi Bollos por una croqueta, 237 croquetas, por una solo pero lo superó.
La historia de Patxi Bollos y la influencia que tiene en el folklore español es realmente fascinante, y aunque en un principio no se sabe si es verdad, el simple hecho de pensar que es verdad tiene un tono mágico y muy divertido, y que alguien se lo a haya tomado en serio para superarlo me parece aún más mágico.
El presidente de la Asociación Carta Malacitana y profesor del Departamento de Hostelería y Turismo de la Universidad Laboral de Málaga, Manuel Maeso, afirmó este martes en los cursos de verano de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) que «falta cultura de la alimentación» y que «los malagueños no son conocedores de su patrimonio gastronómico».
Maeso, que dirige esta semana un encuentro sobre ‘Cultura alimentaria y patrimonio gastronómico de Málaga’ junto al catedrático de Historia y experto en gastronomía por la Universidad de Málaga (UMA), Jesús Moreno Gómez, lamentó que «Málaga es un auténtico vergel gastronómico, pero muy desconocido».
En una entrevista concedida a Europa Press, Maeso mantuvo que la gente tiene una imagen de la provincia basada en conceptos «como la Costa del Sol y el ‘pescaíto’ frito», mientras que «las realidades económicas cuantificables hablan de unas producciones impresionantes, por ejemplo, en carne y leche de la cabra malagueña».
Según explicó, uno de los objetivos de este encuentro es dar a conocer el patrimonio gastronómico de la provincia malagueña, «ya que hay una diferencia muy grande entre la realidades alimentarias y el conocimiento que la población tiene de ellas». En su opinión, es conveniente aprovechar que «en los últimos años se ha producido un gran impulso respecto a la idea de que Málaga tiene un patrimonio alimentario tradicional, que se ve acompañado por una moción institucional que así lo considera».
Para Maeso, la labor de la universidad debe pasar por romper la frontera entre «los mitos y las realidades». Así, asegura que «tenemos un modelo alimentario que fomenta que los turistas vengan a comer ‘pescaíto’ frito y algunas pocas cosas más, pero realmente se sabe poco sobre los activos gastronómicos». De hecho, el experto resaltó que «hay productos de altísima calidad reconocida oficialmente con Denominaciones de Origen y que, prácticamente, no están en los circuitos comerciales».
Bilbao Exhibition Centre volverá a convertirse, del 13 al 15 de marzo de 2026, en el punto de encuentro entre productores comprometidos con la calidad y el origen y quienes valoran el sabor de lo auténtico.
A poco menos de cuatro meses de su apertura, el certamen cuenta ya con alrededor de 100 firmas expositoras confirmadas, que pueden consultarse en el directorio de expositores/as disponible en su web. En él se pueden ver tanto los nombres de los/as expositores/as y las marcas participantes, como los productos que formarán parte de la próxima edición, como adelanto de la diversidad y calidad que caracterizan a esta cita.
Entre las participaciones agrupadas ya confirmadas están: Alimentos de Palencia, Alimentos Paraíso Natural (Asturias), Ávila Auténtica, Ayuntamiento de Mungia, Basque Beer, Burgos Alimenta, Denominación de Origen Baena (Córdoba), Extremadura Alimenta, INTIA (Navarra), La Ruta Slow y ODECA (Cantabria), con una selección de productos que representan la esencia de la gastronomía de sus territorios. En cuanto al resto del ámbito estatal, Gustoko reunirá productos procedentes de Álava, Alicante, Barcelona, Bizkaia, Cuenca, Gipuzkoa, Jaén, La Rioja, Madrid, Murcia, Salamanca y Zamora, un reflejo de la riqueza gastronómica del Estado.
En Gustoko el público encontrará una amplia representación de conservas, repostería y dulces, delicatessen, lácteos, licores, verduras, frutas y legumbres, vino, café y té, aceites, carnes y embutidos, pescado y mariscos, y sidra, entre otros. La feria volverá a ofrecer un espacio donde las y los visitantes podrán degustar, comprar y conocer de cerca el trabajo de quienes elaboran sus productos teniendo presente el cuidado por el producto, la calidad y su origen.
Además, Gustoko 2026 contará con una agenda de actividades muy completa, pensada tanto para el público general como para el profesional. Dentro de la programación habrá showcookings liderados por la Escuela Superior de Hostelería Bilbao (ESHBI), en los que ya se han inscrito más de 20 empresas, así como catas y presentaciones de producto que reunirán a empresas expositoras que compartirán con los/as asistentes su conocimiento sobre sus productos. El programa se completará con la Misión Inversa y los Open Meetings, que ya cuentan con la participación de varias empresas interesadas en reunirse con profesionales del canal HORECA, gran distribución y tiendas gourmet.
La feria tiene un marcado componente social y su propósito es, además de impulsar a productores/as que a través de su trabajo generan un arraigo en el territorio, apoyar proyectos sociales vinculados a la gastronomía. Para esta edición han confirmado ya su participación Oreka Circular Economy, que gestionará el excedente alimentario del certamen, Fundación ONCE, que organizará catas a ciegas abiertas al público e impartirá formaciones dirigidas a profesionales y BISUBI Fundazioa, que participará con iniciativas centradas en la inserción laboral y la formación en el ámbito de la alimentación. De este modo, Gustoko consolida su papel no solo como feria de producto, sino también como proyecto con impacto positivo, que une gastronomía y valores.