El secreto del huevo frito perfecto: ¿vinagre en la sartén?

Aunque el huevo frito es considerado una de las recetas más sencillas para quienes se inician en la cocina, lograr la perfección requiere atención a los detalles y conocimiento de técnicas profesionales. Chefs reconocidos como Karlos Arguiñano o el legendario Fernand Point han compartido a lo largo de los años métodos que marcan la diferencia en textura, sabor y presentación.

Uno de los trucos más destacados es la utilización del vinagre, tanto al freír como al preparar huevos pochés. Este ingrediente, habitual en ensaladas, aporta al huevo una mayor cremosidad y profundidad de sabor. En la práctica, se agregan unas gotas de vinagre al aceite caliente antes de incorporar el huevo, una técnica que evita que la clara se disperse y favorece una cocción uniforme. En Francia, el chef Nicolás Fontaine desarrolló la receta conocida como ‘huevos asesinos’, basada en esta misma técnica utilizando vinagre de vino tinto.

Existen también variantes en las que el vinagre se añade directamente al plato una vez cocinado el huevo, como hace la creadora de contenido Mari Carmen, quien mezcla el vinagre con el huevo antes de consumirlo. Además, en preparaciones como los huevos de codorniz cocidos, unas gotas de vinagre en el agua de cocción ayudan a mantener la integridad de la clara y facilitan la coagulación.

En resumen, el vinagre no solo es un condimento: es un recurso culinario que, bien utilizado, mejora la textura y realza el sabor de los huevos, contribuyendo a resultados consistentes y de calidad profesional.

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De insectos a pizza: un recorrido por la comida a través del tiempo

Comemos lo que somos: un viaje por la historia y la cultura de la comida

La comida es mucho más que una necesidad vital: no solo nos nutre, sino que refleja quiénes somos. En su libro Comemos lo que somos, José Miguel Mulet, catedrático de Biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia, analiza cómo la cultura, la sociedad y la historia han moldeado lo que comemos.

¿Por qué en algunos países se comen insectos y en otros no? En Occidente, los insectos generan rechazo, mientras que en regiones tropicales forman parte de la dieta diaria. La explicación es antropológica: en climas cálidos, los insectos eran una fuente fácil de proteína, mientras que en climas fríos era más eficiente cazar animales grandes, como los mamuts.

Los primeros cultivos domesticados, como el trigo, la avena y la cebada, marcaron el inicio de la agricultura. Con el tiempo, los humanos se adaptaron a distintos climas, domesticando nuevas plantas y animales; el perro fue el primer animal domesticado, aunque no como alimento, sino como compañero.

La historia de la bebida alcohólica también tiene sus raíces en la antigüedad. El primer registro arqueológico se encontró en China, pero la bebida más antigua de la que se tiene constancia es el hidromiel, hecho a base de miel, agua y levaduras naturales. Incluso muchas palabras relacionadas con el vino, la borrachera y la fiesta en lenguas indoeuropeas provienen de la raíz de “miel”.

Y luego está la pizza, un alimento que ha conquistado al mundo por accidente. Durante la batalla de Montecassino, en la Segunda Guerra Mundial, los soldados estadounidenses estuvieron meses en Nápoles y comieron pizza casi a diario. Al regresar a Estados Unidos, buscaron ese sabor en los barrios italianos y lo adaptaron, añadiéndole ingredientes y haciendo la masa más gruesa. Así, un plato humilde se convirtió en un fenómeno global gracias a la historia y al cine.

https://www.rtve.es/television/20230506/curiosidades-historicas-alimentos-jose-miguel-mulet/2443837.shtml

La inquietante realidad de las fobias a la comida: “El cerebro percibe un alimento como peligroso”

¿Crees que tener fobia a un alimento solo significa que no te gusta? Piénsalo mejor. Charlotte Cripps entrevista a personas cuya fobia alimentaria ha transformado sus vidas por completo.

Clare Dee tiene un miedo irracional hacia las naranjas. Esta madre de dos hijos no puede ni acercarse a ellas ni tocarlas. “No es solo el olor”, me dice. “Es todo: la pulpa, la cáscara, los gajos. Las evito a toda costa”.

Aunque Clare no tiene problemas para chupar un limón, le resulta imposible pelar una naranja para sus hijos, de dos y cinco años. En la empresa tecnológica de Londres donde trabaja, sus colegas evitan pelar naranjas cerca de ella en sus escritorios. Clare nunca ha sido fanática de las naranjas, pero cree que su fobia se originó en una experiencia de su infancia. Recuerda claramente cuando le ofrecieron gajos de naranja en una bolsa de plástico transparente tras un partido de baloncesto, un recuerdo que aún le causa malestar. “Sé que es irracional” —dice— “pero no tengo interés en superar mi fobia a las naranjas”. Añade que en Navidad se vuelve muy difícil, ya que las naranjas están por todas partes.

Las fobias a la comida son más comunes de lo que parece y pueden afectar diversos aspectos de la vida cotidiana. Por ejemplo, la estrella de Line of Duty, Anna Maxwell Martin, no puede acercarse a sándwiches, mayonesa e incluso a neveras desordenadas y abiertas. Por otra parte, Kendall Jenner sufre de tripofobia, un miedo intenso hacia los pequeños agujeros en patrones, como los que a veces se ven en los panqueques. Eddie Redmayne siente una aversión tan fuerte hacia los huevos que ni siquiera puede tocarlos. Sarah Jessica Parker, por otro lado, detesta el perejil y para garantizar evitarlo durante el rodaje, hizo que su personaje de Sex and the City, Carrie Bradshaw, también lo odiara. En mi caso, la mezcla de maíz dulce y atún me resulta insoportable, probablemente por haberla comido en exceso cuando era más joven.

Christopher Paul Jones, especialista en fobias con sede en Londres y autor de Face Your Fears: 7 Steps to Conquering Phobias and Anxiety, explica que la fobia alimentaria, también conocida como “cibofobia”, se caracteriza por un miedo o ansiedad intensos hacia ciertos alimentos. “Este temor puede surgir al ver, oler o incluso al pensar en la comida”, me explica. Según Jones, las fobias alimentarias suelen originarse a partir de malas experiencias en la infancia, un fenómeno que se conoce como “condicionamiento pavloviano”.

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Tomado de: independentespañol.com