Comer pipas, un vicio con historia

Parte diferencial del paisaje español bajo los bancos de las plazas y en los estadios de fútbol, las pipas de girasol son uno de los pasatiempos más sabrosos de nuestro país que suelen sorprender incluso a nuestros vecinos: ni Portugal, ni Italia, ni Francia consumen las pipas de la forma en que lo hacemos en España.

Sin embargo, compartimos el pasatiempo con Ucrania, Rusia y Bulgaria, que también las consumen como snack salado, así como con China, donde no solo se disfrutan al punto de sal, sino que también se consumen ligeramente dulces y perfumadas con distintas especias, como el anís estrellado, el jengibre o la canela, e incluso en sabores como la leche, la sandía, la nuez o el cangrejo.

Sea como sea, la pipa de girasol llegó de Centroamérica, donde Francisco Pizarro dijo haber encontrado su flor en tierras incas, donde era venerada, en su tercer viaje. De España partiría al resto del mundo y, como tantos otros vegetales, su primer destino serían los jardines ornamentales, donde sus pétalos amarillos se dirigirían hacia el sol -un fenómeno conocido como heliotropismo- sin ninguna otra finalidad que la decorativa.

No fue hasta los años 60 cuando el cultivo de girasol se extendería por Andalucía. Eso sí: para entonces, el consumo de pipas ya se había popularizado. Se dice que las hambrunas de la Guerra Civil motivaron el consumo mimético: los participantes de las brigadas internacionales que provenían de la URSS y combatieron en la Guerra Civil habrían traído la costumbre de comer esta semilla nutritiva y energética. No queda claro si a partir de este hecho se implantaría el cultivo de girasol, tal vez a nivel doméstico, puesto que en un origen habrían ocupado terrenos en barbecho, lo cual resultaría en calorías o beneficios económicos incluso con los más bajos rendimientos, que compensarían tanto costes de implantación como de mantenimiento, tal y como informó el ingeniero agrónomo Jaime Gómez-Arnau en una hoja divulgadora del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en 1988.

A día de hoy, España es uno de los países que más importan y consumen pipas de girasol. Y si bien es un país productor, siendo el principal cultivo de oleaginosas, con un 90% de la superficie -en particular en Andalucía y Castilla-La Mancha, con la reciente incorporación de Castilla-León-, la semilla de girasol autóctona no llega a nuestros paquetes de pipas.


Para saber otras teorías sobre el inicio de las famosas pipas de girasol accede a este enlace: https://www.lavanguardia.com/comer/tendencias/20220929/8547122/comer-pipas-vicio-historia.html

¿La kombucha es buena para ti?

En las redes sociales, algunos dicen que la bebida puede ayudar a perder peso y controlar la diabetes, pero la investigación sobre sus beneficios es limitada.

Gabriela Fraiz, estudiante de doctorado en Brasil, dijo que ha notado mejoras en su salud intestinal desde que empezó a beber un poco de kombucha con la comida. Dijo que está menos hinchada y tiene menos gases, y que su tránsito intestinal es más regular. También le encanta el sabor “efervescente, ligeramente cítrico y dulce” del té fermentado, que ella misma prepara.

La kombucha se elabora con té, azúcar y un cultivo simbiótico de bacterias y levaduras (llamado SCOBY, por su sigla en inglés).

A medida que la mezcla fermenta, la levadura convierte el azúcar en alcohol y dióxido de carbono, lo que le da a la kombucha una textura burbujeante. A continuación, las bacterias convierten la mayor parte del alcohol en ácidos y eso le da a la bebida un sabor avinagrado.

El brebaje resultante contiene cafeína, compuestos vegetales saludables (llamados polifenoles) y algo de alcohol, aunque las versiones comerciales deben tener menos de un 0,5 por ciento de alcohol o llevar la etiqueta de bebida alcohólica.

La kombucha es naturalmente baja en azúcar, pero algunos fabricantes añaden más azúcar o jugo de fruta para hacerla más dulce, dijo Heather Hallen-Adams, profesora asociada de ciencia y tecnología de los alimentos de la Universidad de Nebraska-Lincoln. También se puede saborizar con frutas enteras, hierbas o especias.

La mayoría de la kombucha contiene levaduras y bacterias vivas, aunque algunos productos comerciales se pasteurizan o filtran para eliminar esos microbios, lo que la hace menos perecedera, dijo Justin Sonnenburg, profesor de microbiología e inmunología de Stanford.

Algunos estudios con animales han relacionado la kombucha con una serie de beneficios para la salud, como la reducción de la inflamación y un mejor control del azúcar en sangre. Pero los investigadores solo han realizado un puñado de ensayos clínicos en humanos, y suelen ser pequeños, con resultados limitados y a veces mediocres.

En un ensayo controlado aleatorio que se llevó a cabo en 2024 con unas 60 personas con sobrepeso, Fraiz y sus colegas descubrieron que quienes bebieron aproximadamente 200 mililitros de kombucha al día durante 10 semanas no perdieron más peso que quienes no lo hicieron. El grupo que ingirió kombucha tampoco tuvo cambios significativos en su microbiota intestinal, aunque sí experimentaron menos reflujo ácido, hinchazón y heces duras, afirmó Fraiz.

En otro ensayo limitado de 2024, 16 participantes que consumieron dos tazas de kombucha al día durante cuatro semanas no mostraron ninguna mejora en sus niveles de presión arterial, colesterol o inflamación, en comparación con ocho participantes que no la bebieron.

Otros estudios en humanos han sugerido que la kombucha puede ayudar a controlar el azúcar en sangre, pero se necesita más investigación. En un estudio de 2023, 11 adultos sanos consumieron una comida de arroz, guisantes y salsa de soja tres días distintos, con una bebida diferente cada día: agua carbonatada, un refresco dietético de limonada sin azúcar o kombucha. Cuando los participantes bebieron kombucha, sus respuestas de azúcar en sangre después de la comida fueron aproximadamente un 20 por ciento más bajas que con las otras bebidas.

Un ensayo de 2023 también descubrió que beber una taza de kombucha al día durante cuatro semanas reducía significativamente los niveles de azúcar en sangre en ayunas en personas con diabetes de tipo 2. Estos resultados eran prometedores, pero el estudio era demasiado pequeño (solo participaron 12 personas) para extraer conclusiones firmes, dijo Dan Merenstein, profesor de medicina familiar en Georgetown, quien fue coautor del estudio.

No disponemos de suficientes investigaciones de alta calidad para decir si beber kombucha es beneficioso por sí mismo, dijo Sonnenburg. Pero algunos estudios limitados sugieren que comer una variedad de alimentos fermentados —como kombucha, yogur, kéfir, kimchi y chucrut— está relacionado con un microbioma más sano y una menor inflamación en todo el organismo.