Vivimos rodeados de tecnología. Desde que nos despertamos hasta que nos acostamos, el móvil nos acompaña en casi todo: estudiar, entrenar, comprar, socializar… y también en algo tan cotidiano como decidir qué comer. Las aplicaciones móviles de nutrición han ganado terreno en los últimos años, y no es raro ver a alguien en el supermercado escaneando el código de barras de algún producto para saber si es “saludable” o no.
Estas apps prometen ayudarnos a tomar decisiones más informadas sobre nuestra alimentación. Nos muestran puntuaciones basadas en ingredientes, nivel de procesamiento, aditivos, calorías, azúcares… y pueden ser una herramienta útil para aprender a mirar más allá del envoltorio bonito o del eslogan llamativo.
Pero como todo en el mundo digital, hay que saber usar estas herramientas con criterio.
¿Qué tan fiables son realmente?
En un estudio realizado por un equipo del Departamento de medicina de la Universidad Complutense de Madrid, se analizaron 95 apps de nutrición y más de la mitad fueron calificadas como de baja calidad. Es decir, muchas de ellas no ofrecen información fiable ni segura. Por ejemplo, algunas valoran los productos únicamente por su contenido calórico o por si tienen azúcar añadido, sin tener en cuenta el contexto nutricional completo.
Además, estas apps no suelen ofrecer recomendaciones personalizadas. Lo que puede ser “bueno” para la mayoría, no necesariamente lo es para alguien con una condición específica, como insuficiencia renal, problemas digestivos o necesidades deportivas concretas.
El papel de los profesionales de la nutrición
Aquí es donde entra la importancia de contar con profesionales detrás del desarrollo y validación de estas aplicaciones. La nutrición es una ciencia, y como tal, requiere formación, experiencia y criterio. Los nutricionistas pueden garantizar que la información que se ofrece esté basada en evidencia científica, adaptada a cada persona y orientada a promover hábitos realmente saludables.
Entonces… ¿vale la pena usar estas apps?
Sí, mientras se utilicen con criterio. Las apps de nutrición pueden ser una buena herramienta para empezar a tomar conciencia sobre lo que comemos, comparar productos y aprender a leer etiquetas. Pero no deben sustituir la orientación profesional, solo deben funcionar como guía orientativa, pues no poseen la verdad absoluta ni tienen en cuenta las necesidades específicas de cada quién. Si se desarrollan bien, con respaldo científico y participación de expertos, pueden convertirse en aliadas valiosas para la salud pública, pero mientras no sean 100% fiables, debemos utilizarlas “con cabeza”.
https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0212-16112014000800002
