CTA y CSIC analizan con empresas innovadoras los retos tecnológicos para reducir la huella de carbono en la industria alimentaria

La innnovación y sostenibilidad en la alimentación: el reto de reducir la huella de carbono

En el contexto actual de emergencia climática, la industria alimentaria se enfrenta a un desafío urgente: reducir su huella de carbono. Esta huella representa el conjunto de emisiones de gases de efecto invernadero generadas en todas las etapas del ciclo alimentario, desde la producción hasta el consumo.

Recientemente, el Centro Tecnológico Andaluz (CTA) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han unido fuerzas con empresas innovadoras para analizar los retos tecnológicos que permitan avanzar hacia una alimentación más sostenible. Esta colaboración busca identificar soluciones prácticas que reduzcan el impacto ambiental sin comprometer la calidad ni la accesibilidad de los alimentos.

Se están explorando varios tipos de tecnologías limpias en la producción agrícola y ganadera. También una optimización energética en fábricas y cadenas de frío, el uso de envases sostenibles y reciclables, una digitalización para mejorar la trazabilidad y eficiencia logística y un aprovechamiento de residuos para generar energía o nuevos productos.

Este tipo de iniciativas nos invita a reflexionar sobre cómo los avances científicos y tecnológicos pueden transformar nuestros hábitos alimentarios y contribuir a un modelo más respetuoso con el planeta.

Además, nos permite conectar la cultura alimentaria con temas como la innovación, la responsabilidad social y el futuro sostenible.

CTA y CSIC analizan con empresas innovadoras los retos tecnológicos para reducir la huella de carbono en la industria alimentaria – Corporación Tecnológica de Andalucía CTA

Cuando la carne deja de venir de un animal para salir de una impresora

La carne impresa en 3D, una tecnología que parecía sacada de la ciencia ficción, está comenzando a ocupar un lugar en nuestros platos. Empresas como Cocuus y Foody’s ya comercializan productos como el bacon vegetal impreso en 3D, disponible en supermercados como Carrefour por 3,49 euros la bandeja. Este avance no solo responde a la creciente demanda global de alimentos, sino que también apunta a reducir el impacto ambiental de la ganadería y mejorar la seguridad alimentaria.

¿Cómo se imprime carne?

La impresión de carne en 3D se realiza mediante dos enfoques principales:

  • Carne cultivada a partir de células animales: Este método implica el cultivo de células musculares en un laboratorio, utilizando técnicas de bioimpresión para replicar la estructura de la carne tradicional. Empresas como Aleph Farms han logrado imprimir filetes de ribeye utilizando esta tecnología .
  • Carne de origen vegetal: Utilizando ingredientes como proteínas de guisante y arroz, algas y jugo de remolacha, empresas como Novameat han desarrollado productos que imitan la textura y sabor de la carne animal. Su producción industrial alcanza los 500 kilos por hora, y su carne vegana impresa en 3D ya está disponible para el consumo a un precio aproximado de 20 euros por kilo.

Beneficios ambientales y éticos

La producción de carne impresa en 3D ofrece múltiples ventajas:

  • Reducción de la huella ecológica: La ganadería tradicional es responsable del 14,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero. La carne cultivada en laboratorio podría reducir el impacto climático de la producción de carne en un 92%, disminuir la contaminación en un 93%, usar un 95% menos de tierra y un 78% menos de agua.
  • Bienestar animal: Al eliminar la necesidad de criar y sacrificar animales, esta tecnología ofrece una alternativa ética y libre de crueldad.
  • Personalización nutricional: La impresión 3D permite ajustar la composición nutricional de los productos, enriqueciendo la carne con vitaminas, minerales y otros nutrientes esenciales.

El futuro ya está aquí

La carne impresa en 3D no es solo una promesa futura; es una realidad que está ganando terreno en España y en el mundo. Con beneficios ambientales, éticos y nutricionales, pero que aún despierta una fuerte animadversión en el consumidor final. A medida que superamos las barreras culturales y económicas, es probable que veamos una adopción más amplia de estos productos en el mercado. Y tú ¿Te animarías a probar un chuletón salido de una impresora?

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