Longevidad, salud y ayuno intermitente

Cuando comer menos alarga la vida

La edad es el principal factor de riesgo para múltiples enfermedades crónicas, desde el Alzheimer a los problemas cardiometabólicos, incluyendo la diabetes, ateroesclerosis, y otras condiciones inflamatorias. Por eso, desarrollar estrategias nutricionales para prevenir el envejecimiento es una oportunidad para retrasar la aparición de estas enfermedades y extender la expectativa de vida saludable.

Los beneficios de la restricción calórica (RC) sobre la longevidad se conocen desde hace mucho tiempo. El primero que la puso en práctica —por supuesto, de una forma totalmente intuitiva— fue un noble veneciano del siglo XVI, Luigi Cornaro, que llegó a vivir 102 años. En 1935, científicos de la Universidad de Cornell observaron que las ratas de laboratorio alimentadas con una dieta fuertemente reducida en calorías, pero que mantenía los nutrientes esenciales, aumentaban su longevidad más del doble de lo esperado. Desde entonces, diferentes investigaciones, la mayoría realizadas en modelos animales, han puesto de manifiesto que la RC es eficaz en extender la vida y, más importante aún, han podido describir los mecanismos moleculares implicados en ese proceso.

La evidencia apunta a que la RC permite controlar la respuesta inflamatoria asociada al envejecimiento, puede reajustar el epigenoma, y mejora la sensibilidad insulínica y el metabolismo de lípidos. De esta forma, funciona como un interruptor molecular capaz de detener diversos procesos de nuestra biología relacionados con el envejecimiento.

De la restricción calórica al ayuno intermitente o en días alternos

La RC crónica no es una intervención sencilla de implementar en humanos, pues conlleva una reducción de la ingesta alimentaria que va del 10% al 40%, al tiempo que se siguen satisfaciendo todos los requerimientos nutricionales. Por esto, la mayor cantidad de evidencia sobre los efectos de la RC en la longevidad procede de trabajos en modelos animales, especialmente en ratones y ratas.

Éstos son particularmente interesantes porque los roedores son modelos de envejecimiento de mamíferos bien conocidos y tienen el potencial de generar nuevos conocimientos sobre las relaciones entre biomarcadores de envejecimiento e intervenciones diseñadas para aumentar la expectativa de vida saludable, y que no pueden realizarse fácilmente en humanos.

Algunos científicos han propuesto al ayuno intermitente (AI) y al ayuno en días alternos (ADA) como sustitutos de la RC. Algunas variantes del AI incluyen ventanas de ayuno de van de las 12 a las 18 horas. En cambio, en el ADA, se ayuna un día y se come normalmente al día siguiente. En los días de ayuno, se puede consumir hasta un máximo de 450-500 calorías —equivalente más o menos a 1/4 de los requerimientos calóricos diarios en un adulto—, y es fundamental mantener buenos niveles de hidratación. No todos los formatos resultan igual de llevaderos para todas las personas. Como un punto clave en el éxito de estas estrategias es la adherencia, quizás no es mala idea empezar de menos a más.

Tanto el AI como el ADA se consideran seguros para la mayor parte de la población, sobre todo si se practica por periodos controlados de tiempo. Las personas con enfermedades crónicas o con alguna condición especial de salud deben consultar a su médico antes de iniciarse en esta forma de alimentación.

¿Qué le pasa a nuestro cuerpo cuando ayunamos?

La autofagia es un proceso que renueva nuestras células de forma constante, evitando que se acumulen productos de deshecho y componentes que ya no funcionan bien, porque están viejos, dañados o degradados. A diferencia de nosotros los mortales, en este proceso de reciclaje las células no sacan la basura a la calle, sino que se la comen. De ahí el nombre de autofagia, que significa literalmente ‘comerse a uno mismo’.

Muchas enfermedades crónicas y neurodegenerativas se relacionan con fallos en la autofagia. Por eso algunos científicos consideran que este proceso es un mecanismo clave para contrarrestar las consecuencias negativas del envejecimiento.

Pero ¿cuál es su relación con el ayuno? La ciencia ha podido establecer que la privación de nutrientes es probablemente la forma más eficaz de activar la autofagia. Cuando ingerimos alimentos se activan ciertas vías metabólicas pro-envejecimiento (ligadas con el crecimiento), mientras que el ayuno activa otras rutas pro-longevidad (asociadas a la regeneración). Así que ayunar es bueno para regenerarnos.

En una época donde la abundancia de alimentos es la regla, el ayuno puede resultar todo menos tentador. Sin embargo, no está de más recordar que nuestros ancestros alternaban etapas de abundancia con largos periodos de abstinencia alimentaria. Era absolutamente normal pasar varios días sin comer.

Se requiere un mínimo de 12 horas de ayuno para poner en marcha este proceso de auto limpieza celular. Ayunos más prolongados resultarán en un ‘aseo’ más profundo. Aumentando la autofagia mediante el ayuno ayudamos a nuestro cuerpo a eliminar componentes dañados, favorecemos la regeneración celular, y mantenemos la salud de nuestras neuronas, lo que disminuye el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas. También sabemos que la autofagia ayuda a prevenir la diabetes mellitus de tipo 2, porque mejora nuestra la sensibilidad a la insulina. Finalmente, reduce el riesgo de tener distintas enfermedades crónicas, incluyendo hepáticas, intestinales y cardiovasculares.

https://inta.uchile.cl/noticias/206994/longevidad-salud-y-ayuno-intermitente

Tomado de: inta.uchile.cl

🍔 ¿Sabes cuánto ultraprocesado comes realmente?

Un estudio reciente ha dado un paso revolucionario para medirlo de manera científica… ¡y no hace falta llenar cuestionarios de dieta ni recordar cada comida! Solo con un análisis de sangre y orina, los investigadores pueden detectar la “huella química” que dejan los ultraprocesados en nuestro cuerpo. 🧪

Científicos de Estados Unidos y Brasil analizaron a más de 700 adultos y encontraron más de 400 metabolitos vinculados al consumo de estos alimentos. Entre ellos hay lípidos, aminoácidos, carbohidratos, vitaminas y también productos derivados de aditivos y procesos industriales, como el levoglucosano, que aparece en alimentos cocinados a altas temperaturas. Cada uno de estos compuestos funciona como una especie de marcador que permite saber, con gran precisión, quién consume muchos ultraprocesados y quién sigue una dieta más natural y equilibrada. 🔬

Lo más sorprendente es que este descubrimiento puede cambiar la forma en que estudiamos la nutrición y la salud pública. Hasta ahora, medir lo que comemos dependía de encuestas y recuerdos poco fiables, pero estos biomarcadores ofrecen datos objetivos y precisos. Esto no solo ayuda a entender mejor la relación entre la dieta y enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes o problemas cardiovasculares, sino que también podría permitir recomendaciones personalizadas basadas en la química real de nuestro cuerpo. ❤️

En pocas palabras: nuestro organismo habla a través de sus metabolitos, dejando pistas sobre lo que ingerimos. Los ultraprocesados dejan huella, y ahora la ciencia puede leerla. Conocer estas señales puede ser clave para tomar decisiones más conscientes sobre nuestra alimentación y cuidar nuestra salud a largo plazo. 🌱

Este hallazgo demuestra que, aunque la comida ultraprocesada sea conveniente y sabrosa, nuestro cuerpo nunca olvida lo que comemos, y entender sus efectos es fundamental para vivir más sano y con más energía.

https://www.muyinteresante.com/ciencia/biomarcadores-ultraprocesados-sangre-orina.html