Los efectos de las bebidas energéticas en los niños (y algunas alternativas saludables)

El consumo de refrescos azucarados y bebidas energéticas está en aumento entre niños y adolescentes, especialmente en verano. Según la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia, desde 2018 su consumo ha crecido un 31 %, y un 40 % de los menores las toma a diario. Muchos padres aún no son conscientes de los riesgos que implican.

Consecuencias para la salud:

Estas bebidas contienen altos niveles de azúcar y cafeína, lo que puede provocar insomnio, ansiedad, irritabilidad, taquicardias y, a largo plazo, mayor riesgo cardiovascular y metabólico. También se ha observado una relación entre su consumo habitual y problemas de atención, ansiedad y cambios de humor en niños y adolescentes.

Los expertos insisten en que los menores no deberían consumirlas. El límite recomendado de cafeína en adolescentes es de 100 a 200 mg al día, y para menores de 12 años no debería superar los 2,5 mg por kilo de peso. Además, el exceso de azúcares simples está relacionado con obesidad, caries y otras enfermedades.

El papel del entorno familiar:

La disponibilidad en casa y el ejemplo de los adultos son factores clave. Reducir su presencia en el hogar y optar por otras bebidas más saludables puede marcar una gran diferencia.

Alternativas recomendadas:

Especialistas en nutrición proponen opciones como agua con frutas, infusiones frías sin teína, batidos caseros o incluso cubitos de hielo con zumo natural para hacer el agua más atractiva. Aunque se puede ser flexible en eventos puntuales, la base diaria debería ser siempre el agua.

Educar y prevenir:

Durante la infancia y la adolescencia se establecen hábitos que acompañarán toda la vida. Educar, dar buen ejemplo y regular el acceso a este tipo de productos puede ayudar a prevenir problemas de salud a largo plazo.

Frutas, zumos y azúcares

A pesar de que el zumo de fruta se hace con fruta NO ES FRUTA. Parece una obviedad pero tiene que quedar claro que el consumo de zumos no es igual de beneficioso que el consumo de la fruta entera de la cual procede. Es más, el consumo de zumos puede incrementar el riesgo de determinadas circunstancias que, en nuestro medio no nos interesan en absoluto. Aunque solo se trate de un ingrediente único (la fruta), el caso es que no se aprovecha todo de este para fabricarlos. En muchas ocasiones se descarta buena parte de su pulpa, algo muy importante a tener en cuenta. Pero ¿qué pasa con aquellas personas que consumen los zumos en forma de licuados, sin descartar nada?

Analicemos la cuestión “azúcar”

Tomar zumo no es lo mismo que comer fruta entera. Vamos con un ejemplo fácil de entender.

Cuando comes una naranja, ingieres su azúcar natural, pero dentro de la “matriz” de la fruta, lo que hace que se absorba más despacio. Además, hay que pelarla, masticarla y comerla poco a poco.

En cambio, un vaso de zumo suele llevar unas tres naranjas. Eso significa el triple de azúcar, que además está “liberado”, por lo que el cuerpo lo absorbe mucho más rápido. Y como beber es más fácil y rápido que comer, al final terminas tomando mucho más azúcar sin darte cuenta.

Pero entonces surge la duda: ¿qué pasa con quienes preparan licuados o batidos sin descartar nada de la fruta?

En este caso, aunque se aproveche toda la fruta, el azúcar sigue estando presente y, aunque parte de la fibra se conserva, la estructura se rompe al licuarla. Eso hace que el cuerpo pueda absorber los azúcares más rápido que al masticar la fruta entera, aunque no tanto como en un zumo filtrado. Es decir, los licuados son una opción intermedia: más saludables que el zumo puro, pero aún distintos a comer la fruta tal cual.

Zumos caseros vs los comerciales

Sí, los zumos caseros son como los comerciales

Imagino que te llevarás un chasco, pero nutricionalmente, los zumos comerciales (siempre que sean solo “zumo” y no néctar o batidos) son prácticamente idénticos a aquel que puedas hacerte en casa con fruta fresca. Claro que en sabor y frescura puede que el casero gane puntos, pero en cuanto a vitaminas, minerales y azúcar, son muy parecidos.

¿Entonces dejamos de beber zumo?

No, el zumo no es veneno

Aquí la cuestión no es demonizarlo, sino poner atención en el azúcar que ingerimos. Para que te hagas una idea, los españoles consumimos unos 55 kg de azúcar por persona al año, y los zumos, caseros o no, contribuyen bastante a esa cifra. Un vaso de zumo de naranja de 200 ml tiene aproximadamente 20 g de azúcar, lo que es prácticamente lo mismo que un refresco de cola del mismo tamaño. La diferencia está en que el azúcar del zumo viene con algo de fibra y vitaminas, mientras que el de la cola es totalmente añadido y sin nutrientes.

En otras palabras, puedes disfrutar de tu zumo, pero conviene tener presente cuánto azúcar estás tomando y no asumir que por ser casero es “mágicamente más sano” que un refresco.