Me ha alegra mucho saber que una mujer como Ali Hazelwood, ha escrito un libro inspirado en la biotecnología y en la ciencia e los alimentos. Y es que este libro, que trata alrededor de la vida de Rue y como su vida basada en una empresa de biotecnología se ve turbada genera mucha expectación, ya no solo hacia la historia sino también hacia la ciencia que la mueve. Muchas veces esta rama de la ciencia se deja absolutamente de lado porque no es tan vistosa como las matemáticas, la física o la medicina (Que también trata sobre estos temas). Y es que si Ali ha escrito sobre ello, también invita a otras personas que leen sus libros, que no son pocos,(Más de 750.000 ventas en uno solo de sus libros) a dedicarse a esta rama de la ciencia. Y es que esta escritora promueve la investigación científica, al mezclar un poco de romance con la ciencia y genera esa chispa necesaria para que algún lector piense. ¿Y si me dedico a esto? o Yo también quiero ser así.
Un dato que no muchos saben es que el helado de uvas fue prohibido en Estados Unidos por la FDA (Food and Drug Administration, traducida como «Administración de Alimentos y Medicamentos») en el año 1982. Aunque se dice que dicha prohibición surgió de un mito incierto, es verdad que este sabor ya era de por sí imposible de producir a gran escala mucho antes de prohibirse.
En primer lugar, las uvas tienen un alto contenido de agua, lo que no es sorpresa para nadie, pero sí hace que obtener un helado cremoso sea muy complicado. Por si esto no fuera suficiente, también poseen antocianinas, unos pigmentos que inhiben y dificultan mucho la congelación. Por ello, es posible hacer pequeñas cantidades de helado con estas frutas, pero fabricarlo a gran escala es imposible.
¿Y cuál es ese mito? Pues cuenta la leyenda que Ben Cohen, uno de los fundadores de la empresa de helados «Ben & Jerry’s», logró experimentar lo suficiente crear un lote de helado de uvas, con el objetivo de impresionar a una chica que le gustaba. Se dice que dicha chica se lo ofreció a su perro, quien falleció tras probarlo, ya que estos animales son fuertemente alérgicos a las antocianinas (lo que, por supuesto, ni ella ni Ben sabían).
A pesar de que dicha historia es falsa, se popularizó a finales de los años 70 lo suficiente como para dar a conocer la alergia mortal que los perros tienen a estas frutas, y pocos años después terminaron por prohibirse los postres refrigerados que contuvieran uvas, tanto de forma natural como artificial.
El hecho de que la anécdota fuese falsa no hace que la información difundida sea menos útil, y a mi parecer es algo curioso que aprender, que hasta las historias falsas pueden derivar en una ley real. Y, por supuesto, que no hay que dejar a los perros cerca de las uvas.
Más información sobre el mito de Ben & Jerry’s aquí:
Un estudio revela cómo estos medicamentos reducen la actividad neuronal en zonas cerebrales vinculadas con la recompensa y la adicción.
Los antojos y los episodios de ingesta excesiva se originan en el cerebro, y es precisamente allí donde actúa la nueva generación de medicamentos para perder peso. Así lo muestra una investigación publicada este lunes en la revista Nature Medicine. Neurólogos de la Universidad de Pensilvania tuvieron la inusual oportunidad de examinar directamente el cerebro de cuatro personas con obesidad y trastorno por atracón, de las cuales una estaba recibiendo tratamiento con tirzepatida. Este fármaco fue capaz de disminuir la actividad neuronal en el núcleo accumbens, una región cerebral vinculada al placer, la motivación y la recompensa. Los efectos observados fueron temporales o parciales, lo que subraya la necesidad de seguir estudiando su acción.
Estos resultados representan la primera evidencia en humanos sobre cómo este compuesto impacta la actividad cerebral. “Ahora podemos empezar a entender qué están haciendo los medicamentos en esta zona del cerebro”, explica Casey Halpern, neurólogo de la Universidad de Pensilvania y autor principal del estudio, en diálogo con este periódico. El impulso de comer, ya sea por placer o por energía, depende de la interacción compleja entre varias áreas del cerebro. Analizar cómo estos fármacos modifican la actividad neuronal podría ayudar a desarrollar tratamientos más efectivos para los trastornos de conducta alimentaria.
Medicamentos como la tirzepatida favorecen la pérdida de peso de forma notable mediante un mecanismo que aún no se comprende completamente. Básicamente, cuando los alimentos llegan al intestino, se liberan de manera natural hormonas llamadas incretinas, cuya función principal es estimular la secreción de insulina y avisar al cerebro de que ya ha llegado comida, generando sensación de saciedad. Las más relevantes son el GLP-1 y el GIP. En personas con diabetes tipo 2 o con obesidad, estas hormonas no funcionan correctamente, por lo que siguen comiendo aunque ya estén físicamente llenas.
“Los análogos de incretinas imitan la acción de estas moléculas”, explica Andreea Ciudin, coordinadora de la unidad de tratamiento integral de la obesidad del Hospital Universitario Vall Hebron. Engañan tanto al páncreas como al cerebro, haciendo creer que ya se ha ingerido comida y provocando una sensación prolongada de saciedad. La primera generación de medicamentos, como la semaglutida (comercializada como Ozempic o Wegovy), imitaba únicamente al GLP-1. “Las nuevas fórmulas combinan también el efecto del GIP, creando un compuesto dual mucho más potente”, añade la especialista. Tal es el caso de la tirzepatida, que se comercializa bajo el nombre de Mounjaro. “Es el medicamento más efectivo hasta la fecha en cuanto a pérdida de peso”, asegura. Mientras que la semaglutida lograba una reducción media del 15% del peso corporal, la tirzepatida eleva esa cifra hasta el 22%. “Una posible explicación es que el GIP también actúa en otras áreas del cerebro, potenciando el efecto del GLP-1”, indica Ciudin.
Hasta ahora se había sospechado que estas moléculas podían afectar los circuitos cerebrales del placer y la adicción, algo que se había comprobado en ratones y sugerido por estudios observacionales, como uno publicado el año pasado en Nature, que mostró un 50% menos de riesgo de desarrollar o reincidir en trastornos por consumo de alcohol entre quienes usaban semaglutida. Sin embargo, esto solo demostraba una asociación, sin probar causalidad.
El presente estudio sí aporta evidencia directa al analizar la actividad cerebral registrada con electrodos en cuatro participantes con obesidad severa y dificultades para controlar la ingesta. “La cirugía para colocar los electrodos es invasiva, por lo que es extremadamente raro estudiar la actividad cerebral humana de esta forma”, explica Halpern.
El objetivo inicial del estudio era implantar electrodos en personas con trastornos por atracón para poder intervenir en el cerebro y frenar los antojos antes de que se produjeran. Sin embargo, una de las participantes, una mujer de 60 años llamada “paciente tres”, estaba siendo tratada con tirzepatida, por lo que los investigadores decidieron también observar cómo actuaba el fármaco en su cerebro y compararlo con el resto de los participantes. “Esta oportunidad de estudiar la fisiología cerebral de los agonistas podría no repetirse”, señala Halpern, quien decidió aprovecharla.
Descubrieron que los episodios de intensa preocupación por la comida y los antojos coincidían con señales cerebrales de baja frecuencia más intensas (actividad delta-theta) en el núcleo accumbens, y que el consumo de tirzepatida reducía esas señales, lo que se traducía en menor apetito y pérdida de peso. “Este hallazgo podría ser útil para tratar diversas afecciones relacionadas con el control de impulsos, como el trastorno por atracón”, señala Halpern.
El trastorno por atracón fue reconocido como enfermedad mental en 2013 y se estima que afecta al 3% de la población adulta en España, siendo el trastorno de conducta alimentaria más frecuente en adultos. Comprender los mecanismos cerebrales que lo provocan podría transformar su abordaje terapéutico. “Esto también podría suponer un cambio importante en la salud mental, los trastornos de conducta alimentaria y las adicciones”, comenta Ciudin. “Quizá muchos de estos diagnósticos se basan en una alteración biológica, y con el tratamiento adecuado la patología podría resolverse.”
De cara a 2050, nuestra alimentación podría cambiar de forma radical. Frente a la emergencia climática y la creciente dependencia de unos pocos cultivos, los científicos buscan ingredientes que sean nutritivos, resistentes y sostenibles. La idea es diversificar nuestras dietas para enfrentar crisis alimentarias, preservar la biodiversidad y adaptarse a condiciones climáticas extremas.
Entre los alimentos del futuro destacan plantas menosconocidas pero muy prometedoras. El pandano (Pandanus tectorius), un árbol costero con fruta parecida a la piña y hojas aromáticas, puede crecer en condiciones adversas y aportar sabor y nutrición. Las legumbres, como el frijol morama, son baratas, ricas en proteínas y se adaptan a distintos entornos, aunque muchas especies aún no se explotan. Los cereales silvestres, como el fonio, ofrecen gran potencial nutricional y resistencia a la sequía. Finalmente, la falsa banana (Ensete ventricosum), pariente de la banana, no tiene fruto comestible, pero sus tallos y raíces almidonadas pueden servir para preparar gachas o pan y alimentar a millones de personas.
El desafío es claro: depender de tan solo unos pocos cultivos, como arroz, maíz y trigo, pone en riesgo la seguridad alimentaria mundial. El menú de 2050 podría incluir estos alimentos alternativos, combinando sostenibilidad, nutrición y diversidad para enfrentar los retos del futuro.
La microencapsulación es una tecnología cada vez más utilizada en la industria alimentaria, farmacéutica y cosmética para proteger ingredientes sensibles como vitaminas, antioxidantes, probióticos, enzimas, aromas y colorantes naturales. Consiste en recubrir estos compuestos con una membrana microscópica que los aísla de factores externos como la luz, el oxígeno, la humedad o el calor, permitiendo además una liberación controlada en el momento deseado, como durante el procesamiento o la digestión.
Esta técnica no solo mejora la estabilidad de los ingredientes activos, sino que también facilita su incorporación en alimentos sin alterar sus propiedades sensoriales. Por ejemplo, permite añadir omega-3 sin sabor a pescado, o probióticos que sobreviven al tránsito gastrointestinal.
Figura 1: imagen ilustrativa de alimentos encapsulados
Principales técnicas
Entre los métodos más utilizados destacan:
Spray drying (secado por aspersión): es el más común por su bajo costo y escalabilidad. Se emplea para encapsular aromas, antioxidantes y vitaminas liposolubles, aunque no es adecuado para compuestos sensibles al calor.
Coacervación: ofrece alta precisión en la liberación de compuestos como enzimas y probióticos, pero requiere condiciones controladas y es más costosa.
Emulsión y gelificación iónica: útiles para compuestos liposolubles y microorganismos vivos.
Liofilización: ideal para compuestos termo-sensibles, aunque con mayor coste energético.
Materiales encapsulantes
Los agentes encapsulantes más comunes incluyen maltodextrinas, gomas naturales (arábiga, guar), almidones modificados, proteínas (gelatina, aislado de soja) y polisacáridos como pectina o inulina. La elección depende de la compatibilidad con el ingrediente activo y las condiciones del proceso.
Aplicaciones industriales
La microencapsulación permite desarrollar alimentos funcionales como yogures, chocolates, bebidas y snacks enriquecidos con compuestos saludables. También se aplica en envases activos que liberan aceites esenciales con propiedades antimicrobianas, y en productos cosméticos y nutracéuticos.
Además, se ha utilizado para encapsular colorantes naturales como antocianinas de zanahoria morada o papas de pulpa violeta, permitiendo su uso en alimentos sin alterar sabor ni textura.
Ventajas y desafíos
Entre sus beneficios destacan la mejora de la estabilidad, la prolongación de la vida útil, la reducción de sabores no deseados y la posibilidad de crear productos diferenciados con valor agregado. Sin embargo, su implementación implica desafíos técnicos y económicos: el coste del spray drying puede oscilar entre 8 y 20 USD/kg solo en operación, y los equipos industriales pueden superar los 100.000 USD. Además, se requiere optimización de formulaciones, cumplimiento de normativas y aceptación por parte del consumidor.
¿Puede un pedazo de queso antes de dormir realmente provocar una noche de pesadillas? O, ¿la fruta puede ser responsable de sueños más lúcidos? La ciencia ha comenzado a desentrañar la creencia de que ciertos alimentos influyen en la calidad y el contenido de los sueños.
En este articulo se habla sobre la estrecha relacion entre lo que comemos y lo que soñamos. Muchos investigadores han conectado ciertos hábitos alimentarios con la frecuencia de recordar sueños, tener sueños lúcidos o pesadillas.
Por ejemplo, consumir frutas con regularidad se asoció a una mayor probabilidad de recordar sueños, mientras que la ingesta de pescado se relacionó con sueños lúcidos, según un estudio publicado en la revista International Journal of Dream Research. Al mismo tiempo, alimentos picantes como el chile pueden provocar un estado llamado hipnagogia (entre la vigilia y el sueño) o más interrupciones nocturnas.
El mito de que el queso antes de dormir provoca pesadillas también se analiza en este articulo. Aunque popular, la evidencia sugiere que no es el queso en sí sino las molestias digestivas (por ejemplo en personas con intolerancia a la lactosa) las que pueden desencadenar sueños perturbadores. Además, los estudios señalan que una dieta baja en fibra y alta en grasas saturadas y alimentos procesados se vincula con un sueño más ligero y con más despertares frecuentes
Por último, el artículo destaca que la relación entre alimentación y sueño es reciproca no solo lo que comemos afecta cómo dormimos, sino que la falta de sueño también influye en la alimentación. Por ejemplo, tras dormir mal las personas tienden a consumir más calorías, elegir alimentos más ricos en grasas y carbohidratos refinados.
Una investigación de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) ha demostrado que los subproductos del tomate —como pieles y restos del procesado— contienen compuestos bioactivos capaces de prolongar la vida útil de alimentos frescos sin perder calidad ni seguridad.
Hallazgo científico
La investigación fue liderada por Laleh Mozafari, doctora por la UPCT.
Se centró en el aprovechamiento del licopeno y los carotenoides del tomate, conocidos por sus propiedades antioxidantes y antimicrobianas.
Se utilizaron técnicas de extracción por ultrasonidos, logrando:
2.600 mg/kg de licopeno.
161 mg/kg de caroteno.
Los compuestos fueron encapsulados con maltodextrina e inulina, alcanzando retenciones de hasta 775 mg/kg de licopeno.
Aplicaciones en alimentos:
Guacamole tratado con alta presión hidrostática: Se mantuvo estable durante tres semanas en refrigeración y se conservó sus antioxidantes y no presentó riesgo microbiológico.
Zumo de pepino enriquecido con betacaroteno encapsulado: Se conservó su capacidad antioxidante y nutrientes clave durante 28 días.
Impacto y sostenibilidad
Cada año se generan 8 millones de toneladas de residuos de tomate en el mundo.
Esta investigación demuestra que esos residuos pueden convertirse en ingredientes de alto valor para la industria alimentaria.
Promueve un modelo de alimentación sostenible y circular, reduciendo el desperdicio global.
Equipo y financiación
Dirigido por el catedrático Francisco Artés Hernández y las investigadoras Lorena Martínez Zamora y Marina Cano Lamadrid.
Financiado por: Ministerio de Ciencia e Innovación, Fondos europeos NextGenerationEU y Fundación Séneca.
Conclusión
Lo que antes era considerado desecho se convierte ahora en una herramienta poderosa para mejorar la conservación, seguridad y valor nutricional de alimentos frescos. Cartagena se posiciona así como un referente en innovación alimentaria sostenible.
La startup catalana Heura, especializada en alimentos de origen vegetal, ha obtenido 20 millones de euros del Banco Europeo de Inversiones (BEI), reforzando su liderazgo en innovación sostenible en el sur de Europa. Esta financiación se suma a una ronda anterior de 40 millones liderada por la holandesa Upfield y varios fondos de inversión.
Los nuevos fondos se destinarán a crear una nueva generación de productos más saludables y con mejor perfil nutricional, expandiéndose más allá de la carne vegetal.
Heura busca transformar el sistema alimentario hacia uno más sostenible, beneficioso para las personas, el planeta y los animales.
En 2025 inauguró su Hub de Innovación en Barcelona, donde ya ha generado tres patentes y lanzado productos exitosos como las lonchas vegetales estilo “york”, líderes en ventas. La empresa afirma estar cerca de alcanzar la rentabilidad tras reducir a la mitad sus pérdidas y mantener ingresos de 38 millones de euros en 2024.
Además, concentra siete de los diez productos más vendidos de su categoría y ha cerrado alianzas con Royal Caribbean, Vueling y Rodilla, además de participar en eventos internacionales como el tour de Taylor Swift, consolidando su imagen como una marca innovadora y referente en la alimentación sostenible.
En las últimas semanas se ha empezado a distribuir en las salas de cine de Nueva York y Los Ángeles (Estados Unidos) la película ‘Food Evolutions’, un film sobre cultivos y alimentos transgénicos que es el resultado de la investigación independiente de los cineastas Scott Hamilton Kennedy y Trace Sheehan. La película nace de la iniciativa del Institute of Food Technologists (IFT) para grabar un documentar sobre el sistema alimentario y los organismos modificados genéticamente (OMGs). Pero una vez que se comenzó con la producción, los cineastas realizaron una compleja investigación que les llevó a crear algo mucho más amplio que un mero documental.
Los cineastas desgranan la polémica existente en algunos Estados en torno a los OMGs, abarcando no sólo la realidad científica sino también la importancia que está teniendo en su aceptación la desinformación social y los intereses contra una tecnología segura. “Los OMGs se habían convertido en un cliché para casi todos los problemas que tenemos con los alimentos, queríamos explorar si había algún fundamento científico para ello y comprender mejor el debate sobre los OMGs para tomar decisiones más informadas sobre la ciencia y la tecnología en general “, explican los cineastas.
La vitamina D ha estado en el punto de mira durante años, inicialmente por su papel esencial en la salud ósea y posteriormente por su impacto en el sistema inmunitario, su potencial para ayudar a prevenir enfermedades crónicas e incluso su vínculo con la longevidad.
Sus principales fuentes son bien conocidas: la exposición solar diaria, el consumo de lácteos y ciertos pescados grasos.
Sin embargo, en los últimos años, la vitamina D ha cobrado relevancia por otra razón: su posible papel en la reducción del riesgo de enfermedades crónicas y la disminución de la mortalidad general.
Un metaanálisis reciente, que combinó datos de 80 ensayos clínicos con más de 160 000 participantes, halló una ligera reducción de la mortalidad por cualquier causa entre quienes tomaban suplementos, especialmente en estudios de alta calidad con seguimiento a largo plazo.
Ni panacea ni placebo: donde actúa realmente
En adultos mayores y en personas con bajo consumo de calcio, la vitamina D puede ayudar a reducir el riesgo de fracturas y caídas.
Estos beneficios se observan principalmente en quienes previamente presentaban deficiencia de esta vitamina.
¿Quién debe suplementarse de verdad?
No todas las personas se benefician igual. Estos son los grupos donde la suplementación está más avalada por la evidencia científica:
Mayores de 65 años o personas institucionalizadas
Aquellos con deficiencia comprobada (<20 ng/mL de 25(OH)D)
Individuos con enfermedad intestinal que impide una buena absorción
Embarazadas y lactantes, siempre bajo supervisión profesional