Para muchos de nosotros, el hábito de mirar la televisión, revisar el teléfono o consultar algo en el ordenador mientras comemos es algo habitual. Más del 30% de los menores de 30 años comen y cenan viendo la televisión en España.
Si bien lo hacemos casi de forma inconsciente, las investigaciones en este ámbito han demostrado que tener en una mano un tenedor y en la otra el mando a distancia de la televisión nos perjudica más que nos beneficia. Porque no prestar atención a lo que comemos puede tener repercusiones negativas en nuestra salud y ser contraproducente, como alertan desde el Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de Madrid (CODINMA), según el cual las consecuencias sobre nuestra salud nutricional a distintos niveles son varias.
Los expertos advierten que comer mientras se mira una pantalla puede alterar las señales naturales de saciedad. Al centrar nuestra atención en contenidos como redes sociales o series, dejamos de prestar atención al acto de comer, lo que nos lleva a ingerir más cantidad de alimentos sin darnos cuenta.
Esta falta de conciencia provoca que el cerebro no reciba correctamente la señal de que el estómago está lleno. El hipotálamo, que regula el hambre, no activa el “freno” necesario para detenernos, y como resultado, comemos más rápido, en mayores cantidades y con menos control. Además, al no saborear con atención, disminuye nuestra percepción de los sabores y aromas, lo que empobrece la experiencia alimentaria.
A largo plazo, este hábito puede contribuir al aumento de peso y a una relación menos saludable con la comida. Comer debería ser un momento de conexión con el cuerpo, no una actividad secundaria mientras navegamos por contenidos digitales.
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