Cultura y Gastronomía: ¿Cómo se relacionan?

La cultura gastronómica, o platos tradicionales, recoge las prácticas, creencias y costumbres de una región, un grupo étnico o una comunidad, permitiendo conocer mejor su historia y forma de vida. También incluye las ideas sobre cómo se preparan o emplean ciertos alimentos y actúa como un símbolo cultural.

Estas tradiciones culinarias pasan de generación en generación, y la bromatología ayuda a entender cómo los nutrientes han influido en la formación de cada cultura. Los alimentos pueden representar territorios —como la pizza y la pasta en Italia o el kimchi y el dim sum en Asia— o recordar herencias coloniales, como la mezcla de influencias africanas y de las Indias Orientales en el Caribe.

La gastronomía juega un papel clave en celebraciones religiosas, identidades familiares y costumbres regionales. Los alimentos tradicionales crean vínculos profundos con la comunidad: conectan con el pasado, fomentan la convivencia en el presente y forman recuerdos para el futuro.

Transmitir recetas, como el Oil Down, refuerza la identidad cultural y estrecha relaciones familiares. Las personas que emigran usan la comida como forma de conservar sus raíces, ya que preparan sus platos adaptándolos a nuevos ingredientes o a sus propios gustos.

Los mismos alimentos pueden tener significados distintos según la cultura. En algunos países occidentales, el chocolate es un regalo adecuado, mientras que en otros podría no serlo. Algo parecido ocurre con platos como la casquería, aceptados en unas culturas y rechazados en otras. Además, muchos alimentos requieren habituación y se convierten en gustos adquiridos.

Aunque cada región tiene hábitos alimentarios propios, estos cambian con el tiempo por factores como la emigración, que hace que las tradiciones culinarias viajen, se fusionen y también mantengan ciertos límites.

Para saber más sobre la relación entre gastronomía y cultura entre en este enlace: Cultura y Gastronomía: ¿Cómo se relacionan? | UCMA

Las ‘fake news’ sobre alimentación ya son el 30% de las noticias falsas en internet

‘La leche es menos saludable que las bebidas vegetales’, ‘lo natural es más sano que lo procesado’, ‘la carne es menos saludable que la proteína vegetal’ y ‘el azúcar es veneno’ son algunos de los mitos o ideas que siguen circulando por redes sociales e internet y que la evidencia científica viene cuestionando reiteradamente. Según el informe ‘Salud, alimentación y fake news’, elaborado por LLYC, las noticias falsas relacionadas con la alimentación ya suponen el 30% de toda la información falsa en internet. Además se difunden con facilidad: son hasta siete veces más rápidas que las noticias reales. ¿Cómo hacer frente a este fenómeno, que puede poner en solfa el prestigio de un sector productivo y provocar cambios en los hábitros alimentarios de la población? Desde la Oficina Alimentaria de esta consultora proponen anticiparse a los bulos y mitos preparando a las organizaciones, para hacer frente a este tipo de circunstancias, así como tener preparadas respuestas eficaces y coordinadas. Además de medir el impacto y reconstruir la confianza a través de diferentes campañas.      

Afirmaciones o creencias extendidas 

En su análisis la consultora, por ejemplo, señala que afirmaciones como las mencionadas se ven puestas en duda por la ciencia. Por ejemplo, cuando se afirma que «lo natural es más sano que lo procesado» matizan que también hay alimentos naturales tóxicos como ciertas setas venenosas y apuntan hacia avances que han representado aportaciones muy importantes para la salud pública como la pasteurización, la fermentación o la congelación que evitan la proliferación de bacterias y de parásitos como el anisakis. Por ejemplo, en este útlimo caso, desde la  Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomiendan comprar el pescado limpio (sin vísceras) así como freirlo a elevadas temperaturas (a partir de unos 60 grados) durante varios minutos, entre otros consejos.  

Mayor es el cuestionamiento hacia los alimentos ultraprocesados desde instituciones tan prestigiosas como el CSIC, que cuestiona sus efectos sobre la salud por su elevada presencia en azúcares, grasas y sal. Además de tratarse de ingredientes de baja calidad y cuyo diseño resulta muy atractivo para el consumidor. En su documento, LLYC también matiza la idea de que «el azúcar es un veneno» tan de actualidad por la incremento de la obesidad en la población infantil. La consultora advierte que hay varios tipos de azúcares y que están presentes en muchos alimentos como verduras, frutas y lácteos (azúcares intrísecos) mientras que otros, los azúcares denominados libres o añadidos, sería los que en exceso son perjudiciales para la salud. En concreto, advierten que estos últimos estarían relacionados con la obesidad, la diabetes y diferentes enfermedades cardiovasculares. La OMS recomienda un consumo inferior al 10% de las calorías diarias. 

De Marruecos al Panga

El informe analiza ampliamente tres casos prácticos de desinformación alimentaria: El primero se refiere a la polémica derivada de varias partidas de fresas importadas desde Marruecos con Hepatitis A, detectadas y rechazadas en frontera, que saltó en marzo del año pasado y terminó con la apertura de una investigación a la empresa exportadora por parte del país vecino. Otro caso es el cuestionamiento de la calidad nutricional del Panga (un pescado de agua dulce de origen asiático) entre 2016 y 2017, en el que programas de televisión conocidos cuestionaron los métodos de cría en Vietnam, y que llevó a Carrefour a dejar de venderlo en enero de 2017 en Europa. 

Un último ejemplo hace referencia a los valores nutricionales del aceite de palma, utilizado como ingrediente en conocidos productos alimentarios y cuyo inclusión fue cuestionada desde ONG ecologistas y de salud, así como diversos activistas. Desde la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) especifican que «este tipo de grasa no es recomendable en el contexto de una dieta saludable». En concreto, este organismo oficial acredita que «eleva el colesterol y puede favorecer la arteriosclerosis y enfermedades cardiovasculares«. Sin embargo, destacartan su prohibición.  Al final, la industria ha optado por reformular sus productos o buscar certificaciones de sostenibilidad para recuperar la reputación perdida. 

«Un fenómeno transversal y estratégico» 

Influencers, redes sociales,… fenómenos como la desinformación y la infoxicación o sobrecarga de datos y mensajes contradictorios están al orden del día. Para Fernando Moraleda, director de la Oficina Alimentaria de LLYC y exsecretario de Estado de Comunicación (2004-2008), estamos ante «un fenómeno transversal y estratégico para un país como el nuestro, con los mayores estándares de seguridad alimentaria». En este sentido, ha lamentado durante la presentación del Informe este martes que «muchas nociones nazcan de bulos y rumores en el ámbito alimentario» y alerta que «la velocidad en la desinformación es un factor clave por lo que hay que reaccionar a tiempo y la IA es una aliada». Para Moraleda hay que dar la batalla con «un marco narrativo propio» ya que, añade, «la confianza es proactiva, no defensiva» y apuesta por adoptar «medidas de asentamiento del mensaje». 

No toda la ciencia es igual de válida 

Al respecto, la médico y asesora científica de LLYC Olga Rodríguez, quien también es coautora del informe advierte que «no todos los estudios científicos son iguales ni tienen los mismos niveles de evidencia científica». Para cercionarse de que estamos ante la mejor evidencia científica posible, Rodríguez aconseja fijarse en tres aspectos: la calidad del ‘paper’(metodología, en qué publicación se encuentra, etc…), así como en «la coherencia con el entorno» (si tiene relación lo existente y lo publicado) y la financiación del estudio (¿qué intereses hay detrás?). Para Ana Pastor, periodista y fundadora de Newtral, señala que estamos en «la Etapa del cabreo» y apunta que el principal reto se encuentra en «las nuevas narrativas y en la inteligencia artificial (IA)».  

«Confusión» en el punto de venta 

El informe también alerta contra la confusión que se puede generar en el punto de venta al consumidor, a pesar de los avances en la legislación europea, que intenta unificar toda la regulación de los Veintiocho a través de iniciativas como el Reglamento europeo 1169/2011. En concreto, desde LLYC señalan hacia el etiquetado nutricional que consideran que se convierte a veces en «una barrera cognitiva» con conceptos como ‘porción recomendada’ o ‘porcentajes de ingesta diaria’ y citan un estudio de la OCU en el que el 45% de los consumidores españolesadmiten que les cuesta comprender las etiquetas. 

De igual modo, advierten contra el uso de ciertos términos que se aprovechan de determinados vacíos legales como ‘natural’, ‘artesano’, ‘casero’ o ‘light’ que pueden cumplir ciertos requisitos técnicos pero puede ocultar excesos en otros ingredientes como en salo o sodio. A lo que se suma el diseño de los envases que, según esta consultora , pueden apelar al lado más emocional de nuestros cerebros a través de determinados colores o tipografías y el uso de un sistema de simplificación como ‘Nutri-score’, con paradojas como la de dar al aceite de oliva vrigen extra una puntuación inferior a cualquier aceite vegetal refinado. 

https://www.20minutos.es/lainformacion/economia-y-finanzas/fake-news-alimentacion-30-noticias-falsas-internet_6515330_0.html