Aunque solemos asociarlo con infusiones detox, el diente de león es mucho más que una planta para aliviar la retención de líquidos. En distintas regiones de España, sus hojas, tallos e incluso raíces han sido utilizadas en la cocina popular desde hace generaciones.
En Albacete, por ejemplo, sus hojas se mezclan en ensaladas junto a achicoria, aceitunas y cebolla. En zonas como los Picos de Europa, Castilla-La Mancha o Andalucía, es habitual ver cómo se incorpora a tortillas y revueltos, aprovechando su sabor ligeramente amargo.
Pero no todo queda en lo salado: en la Comunidad Valenciana, el diente de león ha sido ingrediente en dulces como los pastissets de brossa, una versión de pastelitos de requesón con rellenos tradicionales.
Y si hablamos de bebidas, aunque no se ha utilizado en elaboraciones alcohólicas, sí ha tenido protagonismo en infusiones: las raíces tostadas funcionaban como un sustituto del café en zonas como Jaén, Lugo o Candelario (Salamanca). También se elaboraban zumos naturales con sus hojas frescas durante la primavera.
Más allá de sus propiedades diuréticas, esta humilde planta demuestra tener un pasado culinario rico y curioso. Quién diría que el diente de león, tan común en los caminos rurales, guarda tantos secretos entre sus hojas.
