Mi mejor herencia, mi abuela

Los libros de recetas tienen algo especial, casi mágico. No son simples cuadernos llenos de instrucciones; son pedacitos de nuestra historia familiar. Cuando pasan de generación en generación, llevan consigo el cariño, los recuerdos y hasta los secretos mejor guardados de quienes cocinaban antes que nosotros. A veces basta con abrir uno para sentir el olor de la cocina de la infancia o recordar esas tardes en las que veíamos a nuestras abuelas preparar algo delicioso sin seguir nada más que su intuición.

En esos libros se esconden las mejores recetas: las que saben a hogar, a celebración, a momentos compartidos. Muchos están desgastados, manchados de harina o de chocolate, con páginas dobladas y notas escritas a mano. Esa es su verdadera belleza. Los cuidamos como si fueran un tesoro, guardándolos en cajones especiales o dentro de cajas antiguas, porque sabemos que lo que contienen no se compra en ninguna tienda.

Ahí podemos encontrar de todo, pero los dulces suelen ser los protagonistas. En mi caso, los buñuelos que crujen al morderlos, los pasteles de calabaza que perfuman la casa, los postres navideños que anuncian que la familia está por juntarse otra vez. También están esas recetas de caldos y pucheros que curan el alma, las que nuestras abuelas hacían casi sin mirar, como si las llevaran escritas en el corazón.

Porque, al final, los mejores libros de recetas no están en ninguna biblioteca famosa: son nuestras abuelas, con su sabiduría, su paciencia y ese toque que nadie más puede imitar.

Optar por una alimentación basada en plantas reduce un 51% las emisiones y el uso de energía, según un ensayo clínico

Adoptar una alimentación basada en plantas se perfila como una de las acciones más efectivas para frenar el cambio climático. Un ensayo clínico realizado en Estados Unidos comprobó que reemplazar carne, lácteos y huevos por cereales, legumbres y otros alimentos vegetales puede reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la dieta. El estudio, publicado en JAMA Network Open, demuestra que modificar los hábitos alimentarios tiene un impacto ambiental inmediato y considerable. Más específicamente, una alimentación basada en plantas reduce un 51% las emisiones y el uso de energía.

Un experimento controlado en adultos con sobrepeso

El estudio fue liderado por la Dra. Hana Kahleova, directora de investigación clínica del Physicians Committee for Responsible Medicine. El equipo seleccionó a 244 adultos con sobrepeso en Washington D. C. para realizar un seguimiento entre enero de 2017 y febrero de 2019. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a dos grupos: uno vegano, que debía restringir las grasas y centrar su dieta en frutas, verduras, cereales y legumbres; y un grupo de control, que continuó con su alimentación habitual. Durante 16 semanas, los investigadores recopilaron registros alimentarios detallados de los participantes. Esta información fue analizada y relacionada con bases de datos oficiales del Departamento de Agricultura de Estados Unidos y diversas plataformas de impactos ambientales. Así, pudieron medir con precisión la huella asociada a cada hábito alimentario y calcular las diferencias entre ambos grupos de estudio.

Menos emisiones y menor consumo de energía

Los resultados fueron contundentes. El grupo vegano logró reducir sus emisiones diarias de CO₂ equivalente en 1.313 gramos por persona, frente a los 314 gramos del grupo de control. Esto implica una disminución del 51% tanto en los gases de efecto invernadero como en la demanda energética derivadas de la dieta, un cambio equivalente a evitar recorrer 6,9 kilómetros al día en un coche de gasolina. La mayor parte de la reducción se explica por la menor ingesta de carne, un dato que refuerza conclusiones de investigaciones previas como el informe EAT-Lancet. El consumo de lácteos y huevos mostró una influencia considerable, aunque en menor medida. Estas diferencias confirman que los alimentos de origen animal, en particular la carne roja, ejercen una presión ambiental desproporcionada cuando se los compara con cereales, legumbres, frutas y verduras.

Repercusiones para la salud, el ambiente y el futuro

La investigación no solo aporta evidencia sobre el impacto positivo de las dietas vegetales en el entorno, sino que también respalda beneficios metabólicos y de reducción de peso observados previamente asociados a este patrón alimentario. Este doble efecto convierte a la alimentación basada en plantas en una herramienta decisiva, tanto para quienes buscan mejorar su salud personal como para quienes privilegian la protección medioambiental.

Según la Dra. Hana Kahleova“sabemos que las dietas basadas en alimentos vegetales integrales son mejores para nuestra salud y para el medio ambiente. Este análisis nos muestra cuán significativas pueden ser nuestras elecciones alimentarias diarias”.

Limitaciones y perspectivas: desafíos hacia el cambio global

A pesar de la solidez del estudio, los propios autores señalan limitaciones inherentes al diseño. Los datos sobre consumo se obtuvieron de registros autoinformados, lo que podría implicar desviaciones o errores involuntarios en la declaración de hábitos alimentarios.

Además, el perfil de los participantes (adultos con sobrepeso voluntarios para investigaciones médicas) puede no reflejar la diversidad de la población general, por lo que los resultados podrían variar en contextos más amplios.

Sin embargo, a medida que crece la conciencia global sobre el impacto de la alimentación en el ambiente, la sustitución de productos animales por alternativas vegetales parece perfilarse como una acción viable y eficaz, a la altura de estrategias como reducir, reutilizar y reciclar. La ciencia ofrece ahora una guía clara: modificar la dieta individual puede convertirse en un factor crucial en la reducción de emisiones y consumo energético de la producción de alimentos a escala mundial.

Para leer el artículo original haz clic aquí.

Mi patria es mi comida

La paella, junto a otros platos como la tortilla y las croquetas, puede convertirse en un símbolo nacional y en una herramienta diplomática, según un reciente estudio que analiza el fenómeno del llamado gastronacionalismo. En un país políticamente polarizado, donde los símbolos tradicionales pueden generar división, estos alimentos cotidianos logran unir a la gente y representar a España de forma inclusiva.

La socióloga Cecilia Díaz Méndez explica que la comida cotidiana funciona como un marcador cultural muy potente, sobre todo en entornos de migración, donde los emigrantes utilizan platos tradicionales para mantener su identidad. A diferencia de otros símbolos que pueden generar confrontación, la gastronomía permite compartir sin competir: “todos somos omnívoros culturales”.

Pero no todo es neutralidad. Expertos advierten que incluso la cocina puede politizarse: movimientos de extrema derecha han intentado usar la gastronomía para excluir, como ocurrió en Italia cuando se criticó un plato por estar adaptado a la diversidad religiosa.

Al mismo tiempo, el estudio destaca el poder diplomático de la gastronomía. El politólogo Óscar David Gomes analiza un siglo de menús en embajadas portuguesas y concluye que la cocina local se ha convertido en un arma de “soft power”: platos populares suben al mantel oficial y refuerzan la identidad de un país mientras construyen puentes. Por ejemplo, Tailandia logró un gran impulso turístico promocionando su gastronomía internacionalmente, y Portugal ha usado su cocina en eventos diplomáticos para proyectar su imagen.

En definitiva, la comida no es solo alimento: es un lenguaje simbólico que puede reforzar la identidad nacional y ser una herramienta sutil, pero poderosa, en el escenario internacional.

https://elpais.com/salud-y-bienestar/2025-11-25/la-paella-por-bandera-como-la-comida-puede-convertirse-en-un-elemento-identitario-y-un-arma-diplomatica.html

La alimentación como fenómeno sociocultural

La alimentación no puede entenderse solo como una necesidad biológica: también es un hecho profundamente social y cultural. Comer implica normas, significados, identidades y relaciones que varían según la época, el lugar y el grupo social. Nuestros gustos y preferencias no aparecen de forma natural, sino que se forman a través del aprendizaje, la convivencia y las experiencias compartidas desde la infancia. Por eso, cada sociedad establece qué se considera “comida”, cómo debe prepararse y con quién se comparte.

Los estudios contemporáneos sobre alimentación destacan que el acto de comer está atravesado por factores económicos, políticos y simbólicos. El acceso a los alimentos, las modas gastronómicas, las industrias que intervienen en la producción y las influencias de los medios construyen diferentes maneras de alimentarse. En la actualidad, la modernidad alimentaria ha generado un comensal más individualizado, expuesto a una oferta enorme de productos y discursos sobre lo que es “saludable”, “ético” o “tendencia”.

Analizar la alimentación desde esta perspectiva sociocultural permite comprender cómo se expresan las desigualdades, cómo se crean identidades colectivas y cómo se transforman nuestras prácticas cotidianas alrededor de la comida.

Para conseguir algo más de información sobre este tema, visite: CONICET_Digital_Nro.4860599b-9159-4aac-b538-53df89bc6614_B.pdf

Tormenta en el coste de la vida: cuando llenar la nevera se convierte en un lujo

En los últimos meses, la economía doméstica se ha visto sacudida por una doble presión: el encarecimiento de la cesta de la compra y el aumento continuo del coste de la vivienda. Un escenario que, para muchas familias, empieza a sentirse como una auténtica tormenta perfecta.

La reciente decisión del Ministerio de Agricultura de confinar a todas las aves de corral criadas al aire libre —para frenar el brote de gripe aviar que ya ha obligado a sacrificar 2,7 millones de gallinas— ha añadido más tensión al mercado. La consecuencia se nota ya en los precios: los huevos han subido un 22,5% en el último año, y la tendencia no parece que vaya a frenar pronto.

Pero este brote es solo la punta del iceberg. En lo que va de año, la carne de vacuno se ha encarecido un 13,6%, el café un 17,6% y la fruta fresca un 9,3%, incrementos que golpean con más fuerza a los hogares con menos recursos. Solo productos puntuales como el aceite de oliva, el azúcar o las patatas muestran respiros moderados.

La subida de precios no es exclusiva de España. Según la OCDE, los alimentos han aumentado un 45,8% desde 2019 en muchas economías desarrolladas. Incluso en Estados Unidos, el Gobierno se ha visto obligado a retirar aranceles a productos frescos como plátanos o cacao para contener el impacto en los hogares.

A todo esto se suma el incremento de costes vinculados a la vivienda. La factura eléctrica ha subido un 18,7% en los últimos 12 meses, y la nueva tasa de basuras ha disparado el precio del servicio un 30,3%. No sorprende que la inflación haya escalado del 2% en mayo al 3,1% en octubre.

El problema es aún mayor en un contexto en el que los salarios reales siguen estancados. Pese a las subidas de 2023 y 2024, el poder adquisitivo continúa 1,7 puntos por debajo de 2020. Y la brecha generacional se ensancha: los jóvenes hasta 24 años cobran hoy menos que antes, mientras que los mayores de 55 han visto crecer sus ingresos.

El resultado es un clima social cargado de frustración: trabajar ya no garantiza una vida desahogada, y la tensión económica alimenta la desafección y el desencanto político. Un aviso claro de que, si no se actúa, este malestar podría abrir la puerta a nuevos escenarios de inestabilidad.

Investigadores de la UMH identifican factores predictores del consumo de alimentos ultraprocesados en niños y niñas españoles de 4 años

La UMH alterta sobre el consumo de ultraprocesados en la infancia.

Un estudio de la Unidad de Epidemiología de la Nutrición de la UMH, publicado en la revista Appetite, revela que los niños y niñas de 4 años en España consumen de media 414,6 gramos diarios de alimentos ultraprocesados, lo que representa aproximadamente el 33 % de su ingesta total.

Datos clave del estudio:

Para comprobar este hecho se ha realizado una muestra con 1.736 parejas y sus hijos, que son participantes del estudio de cohorte INMA (Infancia y Medio Ambiente).

Investigadores principales de este proyecto son Jesús Vioque, Laura M. Compañ y Sandra González.

Y sus instituciones implicadas son la UMH, el Instituto de Investigación Sanitaria y la Biomédica de Alicante, CIBERESP.

Algunos tipos de ultraprocesados más consumidos son:

– Lácteos ultraprocesados: 44,3 %

– Bebidas azucaradas y zumos industriales: 17,8 %

– Dulces y repostería industrial: 16,5 %

– Factores predictores del consumo

– Mayor exposición a televisión (+1,5 h/día) → mayor consumo.

– Madres con alta ingesta de ultraprocesados durante el embarazo → hijos con mayor consumo.

– Madres de 30 años o más → hijos con menor consumo.

Este estudio nos esta aportando una evidencia sólida sobre los factores que influyen en el consumo de alimentos ultraprocesados en la infancia, y refuerza la clara necesidad de políticas más severas para la prevención en salud pública y así poder hacer un cambio importante en la alimentación para que reduzcan los factores de riesgo los cuales son modificables desde etapas tempranas de la vida.

Más información en:

Investigadores de la UMH identifican factores predictores del consumo de alimentos ultraprocesados en niños y niñas españoles de 4 años | Radio Elche | Cadena SER

https://cadenaser.com/comunitat-valenciana/2025/09/25/investigadores-de-la-umh-identifican-factores-predictores-del-consumo-de-alimentos-ultraprocesados-en-ninos-y-ninas-espanoles-de-4-anos-radio-elche

Un estudio español activa las alarmas por la contaminación química invisible: está en más de 8 de cada 10 alimentos

Un estudio del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), publicado en Journal of Hazardous Materials, revela que el 85 % de los alimentos analizados contienen al menos un aditivo plastificante, lo que plantea serias preocupaciones sobre la seguridad alimentaria, especialmente en niños y recién nacidos.

Los plastificantes sirven para dar flexibilidad y resistencia a los envases de plástico, incluyen ftalatos y sus sustitutos, algunos de los cuales son tóxicos para el hígado y el sistema hormonal.

Se transfieren a los alimentos desde envases plásticos, tapas metálicas con recubrimientos poliméricos e incluso envasados en vidrio.

Algunos datos clave del estudio son que se analizaron 109 alimentos representativos de la dieta española: carnes, cereales, lácteos, legumbres, frutas, verduras, dulces y alimentos infantiles. I se detectaron hasta 20 tipos de plastificantes distintos.

La carne fue el alimento más contaminado, seguido de cereales, legumbres y dulces.

Incluso los alimentos envasados en vidrio presentaban trazas de plastificantes.

Hay claros riesgos para los niños. Aunque los niveles en adultos están dentro de los límites de seguridad (≈288 ng/kg de peso corporal), en niños los valores son mucho más altos:

Niños de 1–3 años: ≈1.155 ng/kg.

Recién nacidos: hasta 2.262 ng/kg.

Esto se debe a su bajo peso corporal y al consumo frecuente de productos como potitos y carne.

El autor del estudio, Julio Fernández Arribas, advierte que hay escenarios realistas donde se superan los niveles recomendados.

Cómo podemos reducir la exposición?

Evitar comidas preparadas envasadas en plástico.

No calentar alimentos en envases plásticos o de vidrio, ya que la toxicidad puede aumentar hasta 50 veces.

Elegir alimentos frescos y minimizar el uso de envases industriales.

La legislación es insuficiente ya que la normativa europea solo regula la migración de sustancias desde materiales, no los niveles totales presentes en los alimentos.

Ethel Eljarrat, directora del IDAEA, reclama una legislación más estricta, especialmente para proteger a los grupos vulnerables.

Este estudio activa las alarmas sobre una contaminación química silenciosa y extendida en nuestra dieta. Aunque los niveles actuales no superan los límites legales en adultos, los niños están expuestos a cantidades preocupantes. Se requiere acción regulatoria urgente y cambios en los hábitos de consumo para reducir riesgos y proteger la salud pública.

Un estudio español activa las alarmas por la contaminación química invisible: está en más de 8 de cada 10 alimentos – AS.com

https://as.com/actualidad/sociedad/un-estudio-espanol-activa-las-alarmas-por-la-contaminacion-quimica-invisible-esta-en-mas-de-8-de-cada-10-alimentos-n

“El cambio climático hace que el fruto de la vid almacene más azúcar, produciendo vinos con más alcohol y menor acidez, e importantes carencias nutricionales”: los viñedos del sur de España recuperan la tradición para resistir

El cambio climático está teniendo consecuencias negativas en las plantas que cultivamos, afectando especialmente a los viñedos. En regiones célebres por sus vinos, como Jerez (España), el aumento de la temperatura está acelerando el crecimiento de las vides y la maduración de sus frutos, lo que genera preocupación entre los productores de uva y de vino.

Debido a dicho efecto “acelerador”, el fruto almacena más azúcar, produciendo vinos con más cantidad de alcohol y menor acidez, e importantes carencias nutricionales. Esto altera su sabor fresco y equilibrado.

Ante semejante problema, varios investigadores han decidido recurrir tanto a los orígenes de la producción de vino en Andalucía como a la gran diversidad de variedades de vid. La idea es recuperar el gran catálogo que conforman las diferentes variedades que durante siglos han crecido bajo el fuerte sol y con poca agua en el sur de España.

Es decir, se trata de recuperar el valor de aquellas variedades de vid naturalmente preparadas para tolerar las condiciones climáticas de la zona, resultando más resistentes que las traídas de otros lugares. Desde las uvas más comunes del lugar, como la Palomino Fino (la principal que se cultiva en Jerez), hasta otras variedades al borde de desaparecer, como Mantúo de Pilas.

Por otro lado, según apuntan algunos estudios, además de soportar mejor los embates del aumento de temperaturas, estas uvas autóctonas podrían permitir elaborar una mayor variedad de vinos. Y para poder adaptarse a los efectos del cambio climático, los productores no solo están recurriendo a las anteriores variedades de vid, sino recuperando algunas de las técnicas vitivinícolas empleadas hasta finales del siglo pasado.

Entre estos métodos se incluyen formas de cultivar la vid que sean menos invasivas que las actuales y que cuiden la vida en el suelo, ayudando así a la retención de agua, entre otros efectos. También se recuperan algunas técnicas tradicionales de vinificación, como dejar que las uvas se sequen parcialmente de forma natural al sol o fermentar el mosto de variedades blancas con las partes sólidas del fruto, tanto las pieles como las pepitas, con el fin de que la bebida consiga expresarse de una nueva forma.

Investigaciones recientes del Instituto de Investigaciones Vitivinícolas y Agroalimentarias (IVAGRO) de la Universidad de Cádiz han realizado un análisis detallado y comparativo para evaluar la efectividad de estas estrategias en diferentes lugares y climas locales del sur de España. Y, como sugieren los resultados, combinar de forma selectiva la elección de uvas autóctonas con la implementación de prácticas tradicionales de vinificación podría resultar clave para mantener la calidad y el carácter único de los vinos de la región en un clima cambiante, como el que actualmente enfrentan los productores de Jerez. Una estrategia que además protegería un patrimonio cultural, histórico y económico muy valioso.

Este replanteamiento representa un gran cambio en la viticultura moderna, sector que ha priorizado la homogeneización de los vinos en base a un estándar. Por contra, las investigaciones realizadas en los últimos años se han centrado en reconectar la industria del vino con el conocimiento de sus antepasados y poner en valor la sabiduría de las prácticas que han dibujado durante siglos el paisaje vitícola del sur de España, único en el mundo.

Lograr adaptar la industria del vino al cambio climático en regiones cálidas como la de Jerez no es un objetivo fácil. Pero los últimos estudios científicos en este ámbito parecen ofrecer una perspectiva esperanzadora ante los desafíos que enfrenta el sector. Poner en valor la riqueza de las plantas autóctonas junto a la recuperación de técnicas históricas de vinificación no solo protegería la economía del sector, sino que también permitiría preservar una herencia cultural única, contribuyendo a construir un futuro más sostenible y resistente para los viñedos, las bodegas y los vinos de la región.

https://www.lavanguardia.com/comer/beber/20251019/11134747/cambio-climatico-fruto-vid-almacene-mas-azucar-produciendo-vinos-mas-alcohol-menor-acidez-e-importantes-carencias-nutricionales-vinedos-sur-espana-recuperan-tradicion-resistir-cdv.html

Tomado de: lavanguardia.com

El lado oscuro de ‘MasterChef’ para tu salud: de las recetas insanas a la falta de higiene

Los dietistas-nutricionistas y los estudios realizados sobre los programas de cocina en televisión alertan de sus efectos negativos sobre los espectadores.

En los últimos años, los programas relacionados con la gastronomía se han multiplicado con un éxito extraordinario al mismo tiempo que la sociedad parece preocuparse cada vez más por su alimentación. La cuestión es si estos dos fenómenos están relacionados y si podemos aprender algo en la pequeña pantalla sobre nutrición y salud.

El dietista-nutricionista Juan Revenga tiene claro que no. En el caso concreto de MasterChef, afirma que este programa y en particular sus presentadores «han promocionado productos muy, pero que muy alejados de los patrones de alimentación saludable», asegura en declaraciones a EL ESPAÑOL.

Un estudio sobre MasterChef Australia ya alertó hace seis años del uso excesivo de grasas saturadas en este concurso, especialmente por emplear mantequilla, pero también carnes rojas y otros ingredientes. Los investigadores llamaban la atención sobre la paradoja que de esto se produjera, precisamente, cuando las autoridades sanitarias de aquel país estaban más alarmadas por la obesidad y en la programación televisiva ocupaba más tiempo que nunca la alimentación.

En teoría, los programas de cocina favorecen el hábito de cocinar en casa, que es clave para seguir una dieta saludable. Algunos estudios indican que las personas que dedican más tiempo a preparar la comida en casa presentan mejores indicadores de calidad dietética y que desarrollar habilidades culinarias es muy beneficioso si queremos comer bien. De hecho, algunos expertos consideran que promocionar la cocina podría ser una buena medida para mejorar los hábitos de vida de la población.

Sin embargo, esa parte positiva en realidad es falsa, asegura Revenga, porque «MasterChef no es un programa de cocina, es un reality show en el que el atrezo es una cocina». Un estudio publicado en 2015 en la revista Appetite por investigadores estadounidenses le da la razón: según explican, la mayoría de los espectadores de este tipo de programas sólo busca entretenerse.

No obstante, esta misma investigación llega a una conclusión aún peor: los pocos televidentes que sí se toman en serio las recetas que ven en televisión presentan un mayor índice de masa corporal (IMC), uno de los criterios más ampliamente utilizados para estimar si una persona está en su peso ideal.

Los autores explican que los programas de televisión promueven un consumo excesivo de alimentos. Cuando una persona los ve simplemente para entretenerse no aumentan su riesgo de obesidad, pero sí cuando los utilizan para aprender nuevos platos. Ocurre lo mismo cuando la información llega a través de redes sociales, pero no con otras fuentes online, impresas o cuando la información sobre recetas nos llega a través de amigos.

De hecho, una investigación realizada en el Reino Unido explica que los platos que elaboran los chefs en televisión no cumplen con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hasta el punto de que son incluso menos saludables que las comidas preparadas que se venden en los supermercados. En general, son más calóricas, con más grasas saturadas y menos fibra, según el estudio.

Además, en un amplio análisis de cómo la televisión estaba contribuyendo a la «epidemia de obesidad» en Estados Unidos, investigadores de ese país indicaban que los programas de cocina hacen que los espectadores vean el hecho de cocinar, comer y perder peso como meros entretenimientos. Así, promueven una alimentación que no tiene sentido y generan falsas expectativas sobre el aumento y la pérdida de peso.

Los expertos españoles también se han ocupado de este tema. Gregorio Varela Moreiras, catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo y presidente de la Fundación Española de la Nutrición (FEN) ha analizado la «burbuja gastronómica» que estamos pasando: «Los programas de cocina no son nuevos en nuestra televisión, pero lo que sí es novedoso es el número de los mismos, así como el impacto que están consiguiendo en la audiencia de todas las edades», señala en un artículo de la Revista Española de Comunicación en Salud.

«Los cocineros pueden tener más influencia que los propios científicos o profesiona­les de la salud, en un modelo que podría­mos asimilar al de los deportistas», asegura. Según explica, «los programas más tradicionales de cocina hicieron desde sus inicios un esfuerzo para mejorar nuestros conocimientos de nutrición, salud y bien­estar, nos recomendaban alejarnos de las cadenas de comida rápida, y preparar los platos en casa de una forma más saludable y económica».

Hoy en día su peso es aún más importante y se debería aprovechar. «Si se va de la mano de los expertos en nutrición, se podrá difundir el mensaje tan necesa­rio de que hay que comer bien, que hay que alimentarse de forma saludable».

Marián García, farmacéutica, nutricionista y colaboradora de programas de televisión, coincide con esta opinión.»Creo que lo ideal es que en estos programas, además de la valoración gastronómica, hubiera un nutricionista que también hiciera una valoración sobre los aspectos saludables. Sería una forma sencilla y muy fácil de hacer divulgación aprovechando el tirón de estos formatos».

Sin embargo, por el momento no está sucediendo esto, sino más bien todo lo contrario. En 2015 participó en MasterChef la dietista-nutricionista Lidia Folgar como una concursante más. Su intención era «hacer llegar un mensaje de la importancia que tiene lo que comemos en la salud», según explicó más tarde en el blog de Juan Revenga.

A la hora de la verdad, cuando ya estaba en el programa, «si hablaba mucho de nutrición tenía la sensación de que se ridiculizara un poco nuestra profesión». Al final, su salida del programa fue polémica, ya que muchos espectadores consideraron que no se había dado ningún argumento para eliminarla.

https://www.elespanol.com/ciencia/nutricion/20190925/oscuro-masterchef-salud-recetas-insanas-falta-higiene/431456963_0.html

Tomado de: elespanol.com

Longevidad, salud y ayuno intermitente

Cuando comer menos alarga la vida

La edad es el principal factor de riesgo para múltiples enfermedades crónicas, desde el Alzheimer a los problemas cardiometabólicos, incluyendo la diabetes, ateroesclerosis, y otras condiciones inflamatorias. Por eso, desarrollar estrategias nutricionales para prevenir el envejecimiento es una oportunidad para retrasar la aparición de estas enfermedades y extender la expectativa de vida saludable.

Los beneficios de la restricción calórica (RC) sobre la longevidad se conocen desde hace mucho tiempo. El primero que la puso en práctica —por supuesto, de una forma totalmente intuitiva— fue un noble veneciano del siglo XVI, Luigi Cornaro, que llegó a vivir 102 años. En 1935, científicos de la Universidad de Cornell observaron que las ratas de laboratorio alimentadas con una dieta fuertemente reducida en calorías, pero que mantenía los nutrientes esenciales, aumentaban su longevidad más del doble de lo esperado. Desde entonces, diferentes investigaciones, la mayoría realizadas en modelos animales, han puesto de manifiesto que la RC es eficaz en extender la vida y, más importante aún, han podido describir los mecanismos moleculares implicados en ese proceso.

La evidencia apunta a que la RC permite controlar la respuesta inflamatoria asociada al envejecimiento, puede reajustar el epigenoma, y mejora la sensibilidad insulínica y el metabolismo de lípidos. De esta forma, funciona como un interruptor molecular capaz de detener diversos procesos de nuestra biología relacionados con el envejecimiento.

De la restricción calórica al ayuno intermitente o en días alternos

La RC crónica no es una intervención sencilla de implementar en humanos, pues conlleva una reducción de la ingesta alimentaria que va del 10% al 40%, al tiempo que se siguen satisfaciendo todos los requerimientos nutricionales. Por esto, la mayor cantidad de evidencia sobre los efectos de la RC en la longevidad procede de trabajos en modelos animales, especialmente en ratones y ratas.

Éstos son particularmente interesantes porque los roedores son modelos de envejecimiento de mamíferos bien conocidos y tienen el potencial de generar nuevos conocimientos sobre las relaciones entre biomarcadores de envejecimiento e intervenciones diseñadas para aumentar la expectativa de vida saludable, y que no pueden realizarse fácilmente en humanos.

Algunos científicos han propuesto al ayuno intermitente (AI) y al ayuno en días alternos (ADA) como sustitutos de la RC. Algunas variantes del AI incluyen ventanas de ayuno de van de las 12 a las 18 horas. En cambio, en el ADA, se ayuna un día y se come normalmente al día siguiente. En los días de ayuno, se puede consumir hasta un máximo de 450-500 calorías —equivalente más o menos a 1/4 de los requerimientos calóricos diarios en un adulto—, y es fundamental mantener buenos niveles de hidratación. No todos los formatos resultan igual de llevaderos para todas las personas. Como un punto clave en el éxito de estas estrategias es la adherencia, quizás no es mala idea empezar de menos a más.

Tanto el AI como el ADA se consideran seguros para la mayor parte de la población, sobre todo si se practica por periodos controlados de tiempo. Las personas con enfermedades crónicas o con alguna condición especial de salud deben consultar a su médico antes de iniciarse en esta forma de alimentación.

¿Qué le pasa a nuestro cuerpo cuando ayunamos?

La autofagia es un proceso que renueva nuestras células de forma constante, evitando que se acumulen productos de deshecho y componentes que ya no funcionan bien, porque están viejos, dañados o degradados. A diferencia de nosotros los mortales, en este proceso de reciclaje las células no sacan la basura a la calle, sino que se la comen. De ahí el nombre de autofagia, que significa literalmente ‘comerse a uno mismo’.

Muchas enfermedades crónicas y neurodegenerativas se relacionan con fallos en la autofagia. Por eso algunos científicos consideran que este proceso es un mecanismo clave para contrarrestar las consecuencias negativas del envejecimiento.

Pero ¿cuál es su relación con el ayuno? La ciencia ha podido establecer que la privación de nutrientes es probablemente la forma más eficaz de activar la autofagia. Cuando ingerimos alimentos se activan ciertas vías metabólicas pro-envejecimiento (ligadas con el crecimiento), mientras que el ayuno activa otras rutas pro-longevidad (asociadas a la regeneración). Así que ayunar es bueno para regenerarnos.

En una época donde la abundancia de alimentos es la regla, el ayuno puede resultar todo menos tentador. Sin embargo, no está de más recordar que nuestros ancestros alternaban etapas de abundancia con largos periodos de abstinencia alimentaria. Era absolutamente normal pasar varios días sin comer.

Se requiere un mínimo de 12 horas de ayuno para poner en marcha este proceso de auto limpieza celular. Ayunos más prolongados resultarán en un ‘aseo’ más profundo. Aumentando la autofagia mediante el ayuno ayudamos a nuestro cuerpo a eliminar componentes dañados, favorecemos la regeneración celular, y mantenemos la salud de nuestras neuronas, lo que disminuye el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas. También sabemos que la autofagia ayuda a prevenir la diabetes mellitus de tipo 2, porque mejora nuestra la sensibilidad a la insulina. Finalmente, reduce el riesgo de tener distintas enfermedades crónicas, incluyendo hepáticas, intestinales y cardiovasculares.

https://inta.uchile.cl/noticias/206994/longevidad-salud-y-ayuno-intermitente

Tomado de: inta.uchile.cl