Los alimentos y las bebidas son más de lo que parecen. Cuando se toman medicamentos, dependiendo de numerosas variables (ambientales e individuales), pueden convertirse fácilmente en un factor clave para el éxito del tratamiento. Algunos productos son capaces de aumentarla absorción de los principios activos; otros, de reducirla; y la mayoría no tiene ningún efecto. Conocer estas interacciones puede marcar la diferencia entre un tratamiento eficaz y una sorpresa indeseada.
«La comida puede alterar el pH del estómago, estimular la secreción biliar, ralentizar o acelerar el vaciado gástrico y la motilidad intestinal, además de modificar el flujo sanguíneo en el aparato digestivo y la actividad de enzimas y transportadores intestinales. También influyen las características del alimento, como la viscosidad, el volumen y la temperatura. Por ejemplo, los alimentos muy viscosos ralentizan el vaciado gástrico y la distribución de los fármacos», explica Maria Antonietta Barbieri, farmacóloga.
A continuación, un resumen elaborado junto con la Sociedad Italiana de Farmacología (SIF) y, en particular, el grupo SIF Early Career Pharmacologists Group.
Efectos sobre el aparato gastrointestinal
En farmacología, un ejemplo clásico de «interacción» es la del jugo de pomelo con el aparato digestivo, especialmente con el hígado y el intestino.
«El pomelo contiene furanocumarinas, sustancias capaces de interferir con la actividad de algunas enzimas presentes en el intestino y el hígado, en particular las de la familia CYP3A4. Estas enzimas metabolizan muchos medicamentos, regulando cuánta parte de la dosis ingerida permanece en circulación y durante cuánto tiempo. Cuando las enzimas se bloquean, el metabolismo del fármaco se ralentiza: en la sangre se acumula una cantidad mayor de la esperada. Como consecuencia, un tratamiento habitual puede volverse más potente, pero también más arriesgado, ya que aumentan los efectos secundarios o varía la eficacia del medicamento. Por eso los médicos recomiendan evitar el consumo de pomelo o su jugo durante ciertos tratamientos», comenta Elena Lucarini, investigadora en farmacología de la Universidad de Florencia.
Efectos sobre el aparato cardiovascular
«Quienes toman inhibidores de la ECA (como el ramipril) o diuréticos ahorradores de potasio (como la espironolactona o el eplerenona) deben tener cuidado de no excederse con alimentos ricos en potasio, como plátanos, cítricos, verduras de hoja verde o sustitutos de la sal. Estos fármacos pueden aumentar los niveles de potasio en la sangre y, si este se acumula demasiado (hiperpotasemia), el corazón puede desarrollar arritmias graves, incluso paro cardíaco», explica Maria Antonietta Riemma, investigadora en farmacología de la Universidad de Campania Luigi Vanvitelli.
Quienes toman betabloqueantes (como carvedilol o metoprolol) deberían hacerlo junto con las comidas para reducir el riesgo de efectos hipotensores.
«La digoxina, usada en la insuficiencia cardíaca y ciertas arritmias, puede absorberse menos si se toma con comidas ricas en fibra: debe tomarse aproximadamente dos horas antes o después de las comidas principales. Atención con el regaliz, que al reducir el potasio puede aumentar el riesgo de arritmias y la toxicidad por digoxina. Finalmente, las estatinas, medicamentos para reducir el colesterol, pueden tener efectos secundarios más intensos si se combinan con grandes cantidades de jugo de pomelo», añade Riemma.
Precaución también con los anticoagulantes orales
«Algunos, como el warfarina, actúan bloqueando el ciclo de la vitamina K, esencial para la síntesis de los factores de coagulación. Si la ingesta de vitamina K (presente en coles, espinacas, brócoli) es irregular —a veces alta, luego nula—, el efecto puede oscilar entre una coagulación excesiva y hemorragias. Además, el jugo de arándanopuede potenciar el efecto anticoagulante del warfarina, manteniéndolo más tiempo en circulación y aumentando el riesgo de sangrados», señala Riemma.
EFECTOS SOBRE EL SISTEMA RENAL
«Los riñones son el principal sistema de depuración del cuerpo: filtran la sangre, eliminan desechos y excretan por la orina muchos fármacos o sus productos de degradación. Para algunos medicamentos —como los antibióticos aminoglucósidos, la digoxina o el litio usado en trastornos del ánimo— esta es la vía casi exclusiva de eliminación. Con la edad, la función renal disminuye gradualmente y puede ser necesario ajustar las dosis para evitar acumulaciones», recuerda Valerio Ciccone, investigador de la Fundación Veronesi.
«La terapia con diuréticos puede causar desequilibrios electrolíticos. Los diuréticos de asa y los tiazídicos aumentan la excreción de sodio y potasio, favoreciendo hiponatremia e hipopotasemia (niveles bajos de sodio y potasio en la sangre). Una dieta pobre en frutas y verduras o un consumo elevado de regaliz —que reduce el potasio por efecto mineralocorticoide— puede aumentar este riesgo», explica Arianna Pani, profesora asociada de farmacología en la Universidad de Milán.
«La combinación con alimentos que aumentan la diuresis, como el alcohol y la cafeína, puede provocar pérdidas adicionales de electrolitos. Por el contrario, los diuréticos ahorradores de potasio (como la espironolactona o la amilorida) pueden causar hiperpotasemia, sobre todo si se combinan con una dieta rica en potasio (plátanos, aguacates, sustitutos de la sal con KCl). Además, un exceso de sodio puede reducir la eficacia de los diuréticos y contribuir a la retención de líquidos y a desequilibrios hidroelectrolíticos.»
«Incluso medicamentos comunes pueden tener efectos dañinos», añade Silvana Gaetani, profesora de farmacología en la Universidad La Sapienza de Roma. «Entre ellos se incluyen algunos antibióticos (aminoglucósidos), los AINE, varios diuréticos, algunos inmunosupresores y fármacos para la gota. Algunos estudios sugieren que las dietas ricas en frutas y verduras, más alcalinizantes, podrían atenuar el daño renal causado por los AINE o por fármacos que aumentan la producción de ácidos. Sin embargo, las respuestas varían mucho de persona a persona, y los pacientes con hipertensión, diabetes o insuficiencia renal deben ser vigilados cuidadosamente».
EFECTOS SOBRE EL SISTEMA NERVIOSO
Marco Pistis, profesor de farmacología en la Universidad de Cagliari, coordina un grupo que estudia la neuropsicofarmacología desde hace décadas.
«Varios alimentos o suplementos pueden modificar el efecto de los fármacos que actúan en el sistema nervioso. El jugo de pomelo, por ejemplo, puede elevar demasiado los niveles de algunos ansiolíticos o antipsicóticos. La hierba de San Juan (hipérico), usada como remedio natural para la depresión leve, puede reducir su eficacia acelerando su eliminación.
También el café merece atención: la cafeína se metaboliza mediante la misma enzima que regula el metabolismo de algunos antidepresivos (como fluvoxamina, amitriptilina, escitalopram e imipramina). Beber mucho café puede potenciar sus efectos secundarios y hacerlos menos previsibles. Lo mismo ocurre con la clozapina, un antipsicótico cuya eliminación se ralentiza con el exceso de cafeína, aumentando el riesgo de somnolencia, temblores o trastornos gastrointestinales.
Quienes padecen enfermedad de Parkinson deben evitar comer comidas muy ricas en proteínas al mismo tiempo que toman levodopa, ya que esto puede reducir la eficacia del medicamento al alterar su absorción intestinal. Atención también con la sal y la hidratación en quienes toman litio, pues cambios bruscos pueden causar desequilibrios».
EFECTOS SOBRE EL SISTEMA ENDOCRINO
Los medicamentos también pueden actuar sobre el sistema endocrino. «El sistema endocrino regula el metabolismo: hormonas como la insulinay el cortisol controlan el uso de azúcares, grasas y proteínas, influyendo en el peso y el equilibrio nutricional. Por eso, los medicamentos que lo modulan tienen efectos que van más allá de la enfermedad y repercuten en el balance energético. Los corticoides, por ejemplo, estimulan el apetito, favorecen la retención de líquidos, la pérdida de masa muscular y el aumento de la glucemia. La metformina, en cambio, mejora la sensibilidad a la insulina y el control del azúcar, pero puede reducir la absorción de vitamina B12 y folatos, además de actuar sobre el intestino y el microbiota, modificando el aprovechamiento de los nutrientes», señala Elena Lucarini.
En caso de duda, lo mejor es mantener los ojos abiertos: leer atentamente los prospectos y consultar siempre al médico son dos pasos fundamentales para evitar riesgos.
https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2025/10/14/68ee6f16fdddff245b8b45c9.html
Tomado de: elmundo.es