La alimentación humana ha cambiado mucho a lo largo de la historia. Al principio, los seres humanos eran cazadores-recolectores y consumían frutas, carne y alimentos crudos; el fuego permitió cocinar, mejorar el sabor y aprovechar mejor los nutrientes. Con la agricultura y la ganadería, los cereales integrales se convirtieron en la base de la dieta, acompañados de verduras, legumbres, frutas, carne y lácteos, aunque no siempre había suficiente variedad, lo que provocaba deficiencias y hambrunas.
Con la Revolución Industrial, la comida se hizo más abundante, se consumieron más productos animales y aparecieron los alimentos procesados para garantizar su conservación. En el siglo XX, la nutrición se consolidó como ciencia y se descubrió el efecto de la dieta en la salud, como los beneficios de la dieta mediterránea. Hoy, los problemas han cambiado: de la escasez se pasó al exceso, al aumento del consumo de ultraprocesados y al crecimiento del sobrepeso y la obesidad.
El pan, uno de los alimentos más importantes de nuestra dieta, también refleja estos cambios: desde sus primeras versiones hasta la producción de pan blanco y pan integral. Hoy se sabe que los cereales integrales son más saludables, mientras que el consumo excesivo de pan blanco se asocia con obesidad y diabetes tipo 2.
