1. Agricultura de precisión impulsada por IA y big data
La eficiencia y la sostenibilidad en la agricultura pasan por la obtención de datos para que los productores puedan tomar decisiones informadas a la hora de gestionar sus explotaciones.
Aquí es donde entra en escena la digitalización de la producción agraria, que se apoya en tecnologías como sensores o imágenes satelitales, cuya información es recopilada y procesada con herramientas como internet de las cosas y big data, para posteriormente ser analizada por inteligencia artificial.
Su implementación permite optimizar aspectos clave como el uso de agua y de químicos suministrados a las plantas para combatir las plagas, es decir, producir más con menos recursos, permitiendo así mejorar la productividad y reducir el impacto ambiental.
2. Drones y robots agrícolas
La escasez de mano de obra del sector primario es uno de los principales problemas a los que se enfrenta en la actualidad. La falta de relevo generacional ha obligado a acelerar la inclusión de la tecnología en las labores que normalmente hacen los trabajadores, caso de la recolección, la siembra o el deshierbe.
Aquí, robots y drones han irrumpido con fuerza para realizar esta labor de manera automatizada. Igualmente, ambas tecnologías tienen más contribuciones. La FAO considera que los vehículos aéreos no tripulados (UAV), más conocidos como drones, son una de las mayores contribuciones que las TICs han hecho para el sector agrario.
3. Internet de las cosas (IoT) en el ámbito ganadero
El sector ganadero también está viviendo un proceso importante de digitalización, donde la gestión del ganado en tiempo real es el principal objetivo para controlar la salud animal, apuntalar la trazabilidad y reducir las pérdidas.
Además, es posible medir otras variables como es el caso del comportamiento o la producción o, incluso, la temperatura en almacenes, que generan una gran cantidad de datos que se analizan mediante algoritmos de inteligencia artificial (IA).
La Productora Barilla ha abierto en Parma, Italia un centro de innovación alimentaria denominado BITE (Barilla Innovation & Technology Experience) con una inversión inicial de €20 millones y un presupuesto adicional de €2 millones al año para actualizaciones de equipamiento, con el objetivo de acelerar la investigación, la tecnología y el desarrollo global de productos en pasta, salsas y panadería. El centro se presenta como la mayor inversión reciente de la compañía en innovación y funcionará como un hub para el ciclo completo de producto, desde la investigación de ingredientes hasta la validación con consumidores, orientado a responder a las necesidades cambiantes de los mercados internacionales.
El complejo ocupa 14.000 m² y reúne a 200 especialistas entre tecnólogos alimentarios, investigadores, chefs, diseñadores y catadores profesionales, integrando en un mismo sitio diseño, pruebas sensoriales y plantas piloto para procesos y envases. La zona de innovación de 4.800 m² acoge talleres de design thinking, cocinas experimentales e investigación sensorial, mientras que otros 9.000 m² albergan plantas piloto donde los conceptos pueden avanzar desde la idea hasta el mercado en aproximadamente dos años, o hasta diez años para innovaciones más complejas. Se emplean tecnologías avanzadas como sensores inteligentes impulsados por IA, diseño holográfico y sistemas de impresión 3D, además de herramientas analíticas como nariz electrónica y rugosímetro para evaluar sabor y textura a escala micrométrica, con el fin de garantizar calidad y consistencia globales.
El BITE incorpora un Customer Collaboration Center para co-creación con minoristas y clientes, y mantiene 84 colaboraciones académicas activas, además de acoger anualmente 30 becarios y trainees de varios países, lo que refuerza su enfoque abierto y colaborativo. El centro está diseñado con criterios de sostenibilidad y funcionamiento con energías renovables, incluye áreas de investigación sobre agricultura regenerativa y ha trabajado con Dynamo Academy para garantizar accesibilidad e inclusión en sus instalaciones. Barilla plantea que la combinación de patrimonio culinario italiano, tecnología avanzada y cooperación global permitirá transformar productos cotidianos en experiencias sensoriales y responder a demandas futuras de alimentación más sostenible y personalizada.
El consumo de salchichas Frankfurt sigue siendo muy común en España, especialmente en la alimentación infantil, pero la preocupación por la calidad nutricional está aumentando. Según el tecnólogo de alimentos Mario Sánchez, más de la mitad de la población sospecha que muchos productos contienen sustancias dañinas, y tres de cada cuatro estarían dispuestos a pagar más por opciones sin aditivos.
En su análisis comparativo de cinco marcas de Frankfurt, Sánchez destaca que la alternativa vegetal de Heura ofrece un perfil nutricional notablemente superior, con una reducción significativa de grasas saturadas y la eliminación total de colesterol, mientras que las versiones cárnicas presentan niveles más altos de colesterol y grasas. Para el especialista, la innovación permite transformar productos muy consumidos en opciones más saludables sin sacrificar sabor ni textura.
Sánchez subraya que, al elegir un Frankfurt, lo importante no son tanto los aditivos como los ingredientes que aparecen al inicio de la lista. En las versiones cárnicas, la elección de pollo o pavo frente a cerdo mejora el perfil nutricional, mientras que en las alternativas vegetales conviene que las proteínas provengan de legumbres como la soja. Los aditivos, legalmente controlados, no son un problema en sí mismos; el verdadero desafío surge cuando se utilizan en ultraprocesados de baja calidad para enmascarar carencias de los ingredientes.
El consumo habitual de estos productos en niños puede tener un impacto considerable sobre su paladar, su saciedad y su salud a largo plazo. No se trata de prohibir su consumo, sino de optar por versiones reformuladas con menos grasas saturadas y sal, y acompañarlas con verduras, ensaladas o pan integral para mejorar el valor nutricional de la comida. La diferencia entre marcas blancas y marcas tradicionales no depende únicamente del precio, sino de la inversión en innovación y calidad de los ingredientes, algo que productos como Heura han sabido aprovechar.
En cuanto a tendencias de consumo, aunque la comodidad y el precio siguen siendo decisivos, los consumidores muestran cada vez más interés en la calidad y en leer las etiquetas de los productos. La educación alimentaria y la interpretación crítica de los ingredientes son esenciales para tomar decisiones informadas, ya que sistemas como Nutri-Score o apps de evaluación de alimentos pueden ser útiles como guía, pero no sustituyen el juicio del consumidor.
En definitiva, la innovación en Frankfurt, sobre todo en opciones vegetales bien formuladas, permite que estos productos de consumo moderado se conviertan en alternativas más recomendables dentro de una dieta equilibrada. Son pasos intermedios como estos los que, según Sánchez, tienen un impacto real en la salud pública, demostrando que incluso los productos más tradicionales pueden evolucionar hacia versiones más saludables sin perder su atractivo.
El queso es uno de esos alimentos que parecen imprescindibles en nuestra mesa: lo encontramos en desayunos, cenas, platos gourmet o recetas caseras, y su consumo en España alcanza casi ocho kilos por persona al año. Pero, ¿y si te dijera que ahora es posible disfrutar de un queso idéntico al tradicional… sin que haya pasado por una vaca, cabra u oveja?
La clave está en la fermentación de precisión, una tecnología que utiliza levaduras y bacterias modificadas para producir proteínas, grasas, aromas y vitaminas que imitan exactamente las de la leche. Gracias a esto, se pueden elaborar quesos que saben y se sienten como los originales, pero sin ingredientes de origen animal.
No solo se trata de quesos: esta técnica permite crear alternativas a la leche, proteínas de huevo en polvo, grasas vegetales sostenibles e incluso pigmentos y vitaminas. Empresas como Perfect Day o New Culture en Estados Unidos ya producen helados y quesos con estas proteínas cultivadas, mientras que la startup alemana Formo utiliza hongo koji para generar un sabor umami muy cercano al de la leche.
En otras palabras, la ciencia está logrando lo que antes parecía imposible: cambiar el proceso, pero no la comida. Así, podemos disfrutar de productos familiares y nutritivos con un menor impacto ambiental y sin depender de animales, un paso que promete revolucionar la forma en que pensamos sobre la alimentación.
La microencapsulación es una tecnología cada vez más utilizada en la industria alimentaria, farmacéutica y cosmética para proteger ingredientes sensibles como vitaminas, antioxidantes, probióticos, enzimas, aromas y colorantes naturales. Consiste en recubrir estos compuestos con una membrana microscópica que los aísla de factores externos como la luz, el oxígeno, la humedad o el calor, permitiendo además una liberación controlada en el momento deseado, como durante el procesamiento o la digestión.
Esta técnica no solo mejora la estabilidad de los ingredientes activos, sino que también facilita su incorporación en alimentos sin alterar sus propiedades sensoriales. Por ejemplo, permite añadir omega-3 sin sabor a pescado, o probióticos que sobreviven al tránsito gastrointestinal.
Figura 1: imagen ilustrativa de alimentos encapsulados
Principales técnicas
Entre los métodos más utilizados destacan:
Spray drying (secado por aspersión): es el más común por su bajo costo y escalabilidad. Se emplea para encapsular aromas, antioxidantes y vitaminas liposolubles, aunque no es adecuado para compuestos sensibles al calor.
Coacervación: ofrece alta precisión en la liberación de compuestos como enzimas y probióticos, pero requiere condiciones controladas y es más costosa.
Emulsión y gelificación iónica: útiles para compuestos liposolubles y microorganismos vivos.
Liofilización: ideal para compuestos termo-sensibles, aunque con mayor coste energético.
Materiales encapsulantes
Los agentes encapsulantes más comunes incluyen maltodextrinas, gomas naturales (arábiga, guar), almidones modificados, proteínas (gelatina, aislado de soja) y polisacáridos como pectina o inulina. La elección depende de la compatibilidad con el ingrediente activo y las condiciones del proceso.
Aplicaciones industriales
La microencapsulación permite desarrollar alimentos funcionales como yogures, chocolates, bebidas y snacks enriquecidos con compuestos saludables. También se aplica en envases activos que liberan aceites esenciales con propiedades antimicrobianas, y en productos cosméticos y nutracéuticos.
Además, se ha utilizado para encapsular colorantes naturales como antocianinas de zanahoria morada o papas de pulpa violeta, permitiendo su uso en alimentos sin alterar sabor ni textura.
Ventajas y desafíos
Entre sus beneficios destacan la mejora de la estabilidad, la prolongación de la vida útil, la reducción de sabores no deseados y la posibilidad de crear productos diferenciados con valor agregado. Sin embargo, su implementación implica desafíos técnicos y económicos: el coste del spray drying puede oscilar entre 8 y 20 USD/kg solo en operación, y los equipos industriales pueden superar los 100.000 USD. Además, se requiere optimización de formulaciones, cumplimiento de normativas y aceptación por parte del consumidor.
La UMH alterta sobre el consumo de ultraprocesados en la infancia.
Un estudio de la Unidad de Epidemiología de la Nutrición de la UMH, publicado en la revista Appetite, revela que los niños y niñas de 4 años en España consumen de media 414,6 gramos diarios de alimentos ultraprocesados, lo que representa aproximadamente el 33 % de su ingesta total.
Datos clave del estudio:
Para comprobar este hecho se ha realizado una muestra con 1.736 parejas y sus hijos, que son participantes del estudio de cohorte INMA (Infancia y Medio Ambiente).
Investigadores principales de este proyecto son Jesús Vioque, Laura M. Compañ y Sandra González.
Y sus instituciones implicadas son la UMH, el Instituto de Investigación Sanitaria y la Biomédica de Alicante, CIBERESP.
Algunos tipos de ultraprocesados más consumidos son:
– Lácteos ultraprocesados: 44,3 %
– Bebidas azucaradas y zumos industriales: 17,8 %
– Dulces y repostería industrial: 16,5 %
– Factores predictores del consumo
– Mayor exposición a televisión (+1,5 h/día) → mayor consumo.
– Madres con alta ingesta de ultraprocesados durante el embarazo → hijos con mayor consumo.
– Madres de 30 años o más → hijos con menor consumo.
Este estudio nos esta aportando una evidencia sólida sobre los factores que influyen en el consumo de alimentos ultraprocesados en la infancia, y refuerza la clara necesidad de políticas más severas para la prevención en salud pública y así poder hacer un cambio importante en la alimentación para que reduzcan los factores de riesgo los cuales son modificables desde etapas tempranas de la vida.
El queso, que todos sabemos que se obtiene de vacas, ovejas o cabras, es un alimento presente en casi todas las comidas y valorado por su sabor, textura y versatilidad. En España, el consumo promedio ronda los ocho kilos por persona al año. Pensar en un sustituto que no necesite leche parecía difícil, pero ya existe. No se trata de un sucedáneo que vemos cada vez más en el súper hecho con grasas vegetales o frutos secos, sino de un producto que replica sabor, textura y nutrientes del queso convencional. El “queso de laboratorio” utiliza caseína y suero lácteo generados mediante fermentación, sin emplear ni una gota de leche.
La tecnología que lo hace posible es la fermentación de precisión: microbios modificados genéticamente producen proteínas, grasas, vitaminas o compuestos aromáticos en biorreactores controlados. Ana Torrejón Cabello, ingeniera química en AINIA, explica que “los microorganismos actúan como fábricas que generan proteínas y enzimas específicas, permitiendo elaborar quesos y bebidas lácteas análogas sin materias primas animales”.
Estas técnicas no se limitan al queso. Microbios modificados también producen vitaminas como la B12, grasas alternativas al aceite de palma, proteínas de huevo o saborizantes como el hemo, presente en sustitutos cárnicos. Empresas como Perfect Day comercializan helados con proteínas lácteas cultivadas; New Culture fabrica queso sin leche usando caseína; y la startup alemana Formo obtiene proteínas a partir de hongos koji, similares a las de la leche de vaca.
Además de que produce un menor impacto ambiental, la fermentación de precisión permite crear ingredientes puros y consistentes. La eficiencia del proceso también reduce el consumo de agua, tierra y energía, aunque es cierto que la inversión inicial es alta. Según Torrejón, la optimización de cepas y medios de cultivo puede hacer que los productos tengan precios competitivos. Este sector crece rápido, impulsado por la demanda de ingredientes sostenibles y éticos para la industria alimentaria y los consumidores.
Sin embargo, existen barreras legales y de percepción. En Europa, las proteínas generadas por microbios modificados genéticamente se enfrentan a regulaciones estrictas antes de llegar al supermercado. Además, el nombre del producto es objeto de debate: ¿puede llamarse “queso” un alimento que sabe a queso pero no contiene leche? José María Ferrer Villar, especialista en derecho alimentario, apunta que “el nombre debe informar correctamente al consumidor”, un factor crucial para que estas innovaciones sean aceptadas y tengan éxito en el mercado.
Des de la terra sota els nostres peus fins a les prestatgeries dels supermercats, els fongs estan començant a cridar l’atenció que mereixen. Podrien aquests ingredients naturals ajudar-nos a construir un sistema alimentari més saludable i sostenible?
Què és la micoproteïna?
La micoproteïna, la proteïna derivada dels fongs, ha estat alimentant els humans des de la dècada de 1960. Produït a través de la fermentació, ofereix un ingredient versàtil i de sabor neutre que es pot elaborar en hamburgueses, nuggets, filets o fins i tot barres proteiques.
«El terme «micoproteïna» no serà familiar per a molts consumidors, tot i que poden haver menjat micoproteïna abans sense adonar-se, en forma de productes alternatius de carn populars com Quorn. Per generar confiança del consumidor en el producte, els fabricants i minoristes es beneficiarien de comunicar-se al voltant dels beneficis per a la salut de la micoproteïna, posant èmfasi en els seus orígens naturals i el seu sabor.» Sofia Kuhn, directora de Public Insights and Engagement a l’Observatori de Consum d’Aliments de l’EIT
Del mim de la carn a l’heroi de la salut
No són només el gust neutre i l’alt contingut de proteïnes els que estan impulsant l’interès. Les motivacions per a la salut han sorgit com la raó més forta per la qual els consumidors estan disposats a intentar, comprar i fins i tot pagar una prima pels aliments basats en micoproteïnes. Aquesta tendència és particularment forta entre els omnívors, que valoren la naturalesa alta en proteïnes i baixa en greix de les micoproteïnes fins i tot més que els flexitaris o els vegetarians. Mentre que la sostenibilitat, com la menor petjada de carboni, dona suport a l’atractiu de la micoproteïna, és la salut i la nutrició els que han demostrat ser factors decisius.
«La micoproteïna sovint s’equivoca per una altra alternativa de carn, però és una proteïna de cultiu natural a partir de fongs… feta a través d’un procés de fermentació sostenible que cada vegada més consumidors estan començant a apreciar.» Nesli Sözer, Professor d’Investigació, VTT, membre de l’EIT Food Protein Diversification Think Tank.
Un gust de repte
Malgrat els aspectes positius, els reptes continuen sent:
Molts consumidors no estan familiaritzats amb la micoproteïna. Els que no ho han provat sovint assumeixen que tindrà un gust desagradable, imaginant el sabor terrós dels bolets o l’acidesa del motlle. El llenguatge importa: anomenar-lo «proteïna fungus» pot desencadenar associacions amb espatlla, al·lèrgies o toxines.
El «factor de mal» és real per als nouvinguts.
El preu és una altra barrera. Els productes de les micoproteïnes solen ser més cars que la carn, creant un buit d’accessibilitat que les marques han d’abordar per arribar a l’acceptació massiva del mercat.
Aprendre dels bolets i els altres
L’augment de la micoproteïna coincideix amb una altra tendència impulsada per fongs: la creixent popularitat dels bolets medicinals com el chaga, el reishi, la cérvola del lleó i els cordiveps. Encara que aquestes espècies es consumeixen típicament en petites quantitats i no ofereixen proteïnes significatives, la seva associació amb la salut i el benestar pot obrir portes a tots els aliments derivats de fongs. Aquest doble moviment, culinari i medicinal, podria ajudar a canviar la imatge dels fongs de «motllats» a «poderosos».
Europa no parteix de zero. Els consumidors ja estan familiaritzats amb els aliments a base de miceli com els bolets, el formatge blau, el trèvol i l’oli de tòfona. Atrapar en aquestes experiències positives pot ajudar a fer que els nous aliments per a fongs se sentin naturals i familiars.
El camí a seguir
Aquest canvi ja està en marxa, liderat per startups que desenvolupen solucions de micoproteïnes escalables a tot Europa i més enllà. Per moure els fongs i les micoproteïnes del nínxol al mainstream, són essencials diverses estratègies:
Destacar el procés de fermentació natural de la micoproteïna, els ingredients de marca neta i l’alt valor nutricional.
Destacar la innovació gustativa mostrant productes que són deliciosos, no només sostenibles.
Proporcionar informació clara i honesta sobre al·lèrgens i processos de producció per generar confiança.
«Les proteïnes de llevat alimentades per fermentació (incloent-hi les proteïnes myco/fungi) ja no són només un avanç científic – s’estan convertint en una de les favorites del consumidor. A mesura que l’acceptació creix i la tracció del mercat s’accelera, estem assistint a un canvi fonamental cap a alternatives sostenibles, escalables i delicioses que estan redefinint el futur dels aliments.» Laurence Campion, PhD, Strategic Program/Project Manager, membre de l’EIT Food Protein Diversification Think Tank
El futur és fúngic i cultural
En un món que busca fonts de proteïnes sostenibles i escalables, els fongs ofereixen una solució antiga però molt rellevant. Són nutritius, eficients de produir i, amb la innovació i la narració correcta, cada vegada més atractius per als consumidors. El principal repte que tenim per davant no és científic. És cultural. I comença per canviar la manera en què parlem del menjar que creix silenciosament al nostre voltant -i sota-.
Una conversa en creixement
Per accelerar aquesta transició, l’EIT Food Protein Diversification Think Tank i l’EIT Food Consumer Observatory han desenvolupat un full de dades ple d’idees sobre el potencial de les micoproteïnes, les barreres a l’adopció i les estratègies per generar una confiança duradora dels consumidors.
Convidem a les parts interessades i als consumidors de tota la cadena de valor agroalimentària a descarregar el full de dades i descobrir com la comunicació dirigida, la innovació intel·ligent dels productes i les idees dels consumidors poden portar la micoproteïna a les dietes diàries.
Durant dècades, la varietat de civada «Hative des Alpes» havia estat oblidada. Ara, la seva informació genètica s’està incorporant al primer atles genètic per a la civada, i algun dia contribuirà al cultiu de noves varietats de civada.
La civada està experimentant un renaixement i s’està convertint en un element cada vegada més important en els nostres plats. Això no és sorprenent, ja que la civada és una excel·lent font de proteïnes vegetals. També contenen un munt de rugositat, que estabilitza el sucre en sang i redueix el colesterol, així com nutrients vitals, incloent una gamma de vitamines B. La llet de civada és un substitut cada vegada més popular de la llet de vaca.
Ara, amb l’objectiu d’avaluar millor -i aprofitar-los- els nombrosos mèrits de la civada, un equip internacional d’investigadors ha recopilat la informació genètica i tots els gens de 30 varietats diferents de civada en una única base de dades. L’estudi corresponent acaba de publicar-se a la revista Nature. Els investigadors es refereixen a un atles genètic d’aquest tipus com un pangenoma. El projecte de creació de l’atles genètic per a l’avena va ser gestionat per l’Institut de Leibniz de Genètica Vegetal i Crop Plant Research a Gatersleben, Alemanya, que ja ha construït un pangenoma per a l’ordi.
‘Hative des Alpes‘ és una varietat oblidada des de fa molt de temps dels Alps suïssos que va ser conreada a Suïssa entre 1910 i 1930. El 1925, es van lliurar llavors a l’Institut Vavilov de Sant Petersburg per emmagatzemar-les. Tot i que els agricultors suïssos van continuar conreant aquesta civada als contraforts dels Alps fins a l’inici de la Segona Guerra Mundial, la varietat va desaparèixer dels camps sense deixar rastre.
Fins a 2012, quan Agroscope, el centre d’excel·lència suís per a la recerca agrícola, va rebre llavors de l’Institut Vavilov i decidí «recultivar-les» per a investigacions posteriors. Els investigadors van conrear les plantes en condicions estandarditzades i van aïllar les molècules d’ADN i ARN d’elles. Van desxifrar tots els gens i van analitzar quins d’ells eren actius en quines parts de la planta.
Comparació i selecció
D’una banda, el pangenoma inclou els gens principals d’un organisme, és a dir, els gens que estan presents en totes les plantes analitzades independentment de la varietat o origen. D’altra banda, aquests atles gèniques també contenen un conjunt de gens que són específics d’una o poques varietats. Per exemple, la varietat “Hative des Alpes” té gens que confereixen a les plantes una resistència a certes malalties o les fan especialment adequades per al cultiu a la regió alpina. «Si sabem quins gens són i què fan, podem utilitzar el creuament per introduir-los en una altra varietat de manera dirigida», explica el professor de l’ETH. «Els pengenomes són, per tant, útils no només per a la investigació bàsica, sinó també per a la cria de noves varietats».
La civada diversifica l’agricultura
Tot i que la civada s’està convertint en un aliment cada vegada més important, encara tenen un paper menor en l’agricultura actual perquè són menys productives que el blat. En conseqüència, no és una opció canviar a civada en les zones clau de cultiu de blat. «No obstant això, la civada podria tornar a jugar un paper més important en la diversificació de les granges en les condicions fresques i bastant plujoses dels contraforts alpins», diu Studer. A diferència del blat, la civada prospera en aquest entorn.
Studer creu que hi ha un potencial considerable per aplicar el concepte de pangenoma a altres espècies de plantes menys conreades. «En particular en els cultius orfes, els mètodes moderns de cria de plantes d’aquest tipus es poden utilitzar per aconseguir un enorme guany genètic en un curt període de temps i per implementar aquests cultius en l’agricultura comercial a Suïssa. Això augmenta no només la biodiversitat agrícola, sinó també la varietat d’aliments en els nostres plats».
Els científics estan convertint les restes d’ahir a la nit en l’enlairament de demà
Aquesta setmana a Nature Communications, els enginyers agrícoles han esbossat una estratègia per prendre l’excés de residus alimentaris, convertir-lo en biocombustible, i després “actualitzar” aquest combustible en combustible a reacció que pot anar directament a un avió sense requerir canvis addicionals en la infraestructura de l’avió. Van comparar el seu combustible derivat dels residus alimentaris amb els punts de referència de la indústria i van trobar que complia amb totes les normes necessàries per al combustible convencional a reacció.
Tot i que aquestes troballes són encara més una prova de concepte, obren la possibilitat emocionant d’utilitzar el malbaratament alimentari (que sens dubte no hi ha escassetat de) per ajudar a la indústria de l’aviació a acostar-se al seu ambiciós objectiu d’aconseguir emissions de carboni zero net en les pròximes tres dècades.
“En una economia lineal, només produïm alguna cosa, l’utilitzem i la tirem. En aquest projecte, agafem els residus i recuperem l’energia i els materials per fer un producte utilitzable. Això omple un enllaç perdut en el paradigma circular «, va dir en un comunicat el professor de la Universitat d’Illinois Urbana-Champaign i l’autor corresponent Yuanhui Zhang.
Els plans van per darrere dels cotxes en la reducció d’emissions
L’Agència de Protecció Ambiental dels Estats Units (EPA) estima que el transport va representar aproximadament el 29 per cent de totes les emissions de gasos d’efecte hivernacle només als Estats Units el 2022. D’això, al voltant del 7% provenia d’avions comercials. Els cotxes moderns han reduït les emissions en els últims anys, en part gràcies al canvi cap a l’energia de la bateria elèctrica. I mentre que els avions amb bateria són teòricament possibles per a alguns vols curts, simplement no proporcionen suficient energia per alimentar un avió de passatgers a l’hora de realitzar un viatge llarg.
Però què passa amb l’anomenat combustible d’aviació sostenible basat en biomassa (SAF)? Algunes estimacions suggereixen que el SAF, podria reduir les emissions de volar fins a un 80%, en comparació amb el combustible a reacció convencional. Mentre que l’etanol i altres derivats basats en la biomassa han estat disponibles per als cotxes durant dècades, s’han mantingut més esquius per als avions perquè la seva composició química no compleix els requisits molt més estrictes necessaris per al combustible a reacció.
Actualització de la biomassa al combustible a reacció
El compliment d’aquests requisits és on entra el malbaratament alimentari. En aquest nou experiment, l’equip va començar recollint residus d’aliments de plantes de processament d’aliments properes. Després van utilitzar un procés químic anomenat liqüefacció hidrotermal (HTL), que essencialment imita la forma en què la Terra crea naturalment petroli cru a partir de matèria orgànica al llarg de milions d’anys, excepte sense tota l’espera. El tipus d’HTL actua com una “cuina de pressió” avançada per avançar ràpidament en la línia de temps de la natura.
Amb un munt de petroli cru extret de les restes d’aliments, els investigadors es van proposar convertir-lo en combustible a reacció a través d’un procés de dues parts. El primer pas consistia en l’eliminació de sal, cendres, humitat i altres impureses. Després d’això, van utilitzar un procés de neteja anomenat hidrotractació catalítica per eliminar altres elements indesitjables com el nitrogen, el sofre i l’oxigen. El que quedaven eren els hidrocarburs específics necessaris per fabricar combustible a reacció. Van provar diferents catalitzadors i van trobar que el cobalt-molibdè destacava com el catalitzador metàl·lic més eficaç i comercial disponible per conduir les reaccions químiques necessàries per refinar el petroli en combustible d’aviació.
L’equip va prendre els seus combustibles d’aviació derivats de residus alimentaris i els va provar amb els estàndards de combustible actuals establerts per la Societat Americana de Proves i Materials (ASTM) i l’Administració Federal d’Aviació. Va superar la prova de detecció i va complir amb els requisits de la indústria sense necessitat d’introduir cap additiu especial. Això vol dir que el combustible teòricament alimentaria un avió comercial.