¿Se está perdiendo el vínculo entre jóvenes y mercados tradicionales?

Durante décadas, los mercados han sido mucho más que lugares para comprar comida: espacios de comunidad, de trato cercano, de intercambio de confianza y de selección de productos frescos de forma consciente. Pero hoy, una tendencia creciente indica que ese vínculo ya no es el mismo. Las nuevas generaciones tienden cada vez menos a acudir a mercados para comprar sus verduras o frutas; su rutina de compra prefiere la comodidad: un supermercado, rapidez, conveniencia y productos ya preparados.

Este cambio no sólo afecta al cliente: también se refleja en el comercio local. Muchos puestos tradicionales luchan por mantener su viabilidad, ya que pierden clientela habitual, sobre todo entre quienes deberían representar el relevo generacional. Ese desinterés combina varios factores: estilos de vida acelerados, falta de tiempo, desconocimiento sobre los productos frescos o la sencillez de obtener comida procesada o envasada.

El resultado es una transformación silenciosa: el descenso constante del consumo de productos frescos entre jóvenes, lo que implica menos vínculo con la temporada, menos conexión con la procedencia del alimento, menos conocimiento sobre cómo elegir y conservar. Al mismo tiempo, se debilita el rol social de los mercados, esos espacios de proximidad que ofrecían más que comida: identidad local, conexión humana, asesoría en productos, contacto directo con productores o pequeños comerciantes.

Perder ese hábito no sólo afecta a los pequeños comercios, también transforma la manera en que nos vinculamos con la comida: dejamos de apostar por lo sano, lo hecho con dedicación y lo producido cerca de casa. Volver a mirar hacia los mercados no implica nostalgia, sino reconocer el valor de los productos frescos y de un consumo más responsable. Al final, se trata de elegir con intención aquello que queremos llevar a nuestra mesa.

En conclusión, la creciente distancia entre los jóvenes y los mercados tradicionales revela un cambio profundo en nuestros hábitos y prioridades, pero también recuerda la importancia de replantearnos cómo consumimos. Elegir los mercados de barrio, con sus productos frescos, su cercanía y su valor comunitario, no es solo una cuestión de compra, sino una forma de apostar por la salud, la sostenibilidad y la identidad local. Recuperar ese vínculo significa mantener vivas prácticas que nutren tanto nuestro bienestar como nuestras raíces.

Expertos resaltan la importancia de que las futuras generaciones tengan cultura alimentaria

El presidente de La Carta Malacitana y profesor del Departamento de Hostelería de la Universidad Laboral de Málaga, Manuel Maeso Granada Jesús Moreno Gómez, del Instituto de Bachillerato Vicente Espinel de Málaga, dirigen durante tres días el curso Cultura alimentaria y patrimonio gastronómico de Málaga que organiza la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) en Málaga.

Manuel Maeso explicó que el objetivo del encuentro es “construir un discurso con vistas a la acción sobre cuáles deben ser los elementos fundamentales de una nueva cultura de la alimentación”, así como “la exploración e indagación sobre la cultura alimentaria y el patrimonio gastronómico de la provincia de Málaga”. “Se trata de conocer los productos que miman nuestros agricultores y los que salen de nuestros mares”, añadió”.El experto explicó los problemas fundamentales de nuestro tiempo con respecto a la alimentación, como es “la falta de sabor de los alimentos”. Según Maeso, “desde el punto de vista nutricional los alimentos precocinados tienen los mismos valores nutricionales, pero lo que es insustituible es el sabor de nuestros guisos y nuestros platos”.

Otro aspecto de suma importancia es la educación alimentaria. “La transmisión de la cultura culinaria es un tema que no está nada resuelto”, aseguró el experto. “La cultura alimentaria debería ser una de las prioridades de educadores y padres, hay que garantizar que las futuras generaciones tengan cultura y formación alimentaria”.

El encuentro Cultura alimentaria y patrimonio gastronómico de Málaga cuenta con la participación de importantes autoridades y expertos en la materia, como el delegado provincial de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, Manuel Jesús García; el secretario general del Consejo Regulador Denominación de Origen Málaga, Sierras de Málaga y Pasas de Málaga, José Manuel Moreno; el director gerente de Hojiblanca, Antonio Luque.

La Carta Malacitana es una asociación malagueña que favorece la divulgación, el fomento y la promoción de los productos, las recetas de la cocina tradicional y las costumbres que constituyen el patrimonio cultural y gastronómico de Málaga.

Información extraída: https://www.unia.es/noticias/expertos-resaltan-la-importancia-de-que-las-futuras-generaciones-tengan-cultura-alimentaria?

La obesidad supera al bajo peso como forma de malnutrición entre niños y adolescentes, según Unicef. Los comedores escolares pueden ser una solución.

Un nuevo informe alerta del rápido aumento de la prevalencia de sobrepeso entre los niños y adolescentes de 5 a 19 años de países de ingresos bajos. Los ingresos bajos y medios provocan la compra de dietas ricas en ultra procesados, siendo estos la punta de lanza de este incremento. Hace un año, un estudio de The Lancet había advertido de que este ya era el principal problema de malnutrición entre adultos y niños a nivel global. Los comedores escolares, que han aumentado su cobertura, son una herramienta clave de prevención.

El problema:

Ejecutiva de Unicef, Catherine Russell, que alertó de que la obesidad es un problema “cada vez más alarmante” que puede acarrear consecuencias para la salud y al desarrollo de la infancia.

“Los alimentos ultraprocesados están desplazando cada vez más el consumo de fruta, verdura y proteínas, en un periodo de la vida en el que la nutrición es esencial para el crecimiento, el desarrollo cognitivo y la salud mental”, incidió.

La investigación Alimentando el negocio: cómo los entornos alimentarios ponen en peligro el bienestar de la infancia se basa en datos de más de 190 países y desvela que, desde el inicio de siglo, la prevalencia del bajo peso en niños de 5 a 19 años ha disminuido del 13% al 9,2%. Una buena noticia que contrasta con el aumento del índice de obesidad, que ha pasado del 3% al 9,4%. Hoy, 188 millones de niños en el mundo, uno de cada 10, tiene obesidad. Esta supera al bajo peso en todas las regiones, excepto en África Subsahariana y Asia Meridional.

Varios países insulares del Pacífico son los que muestran el mayor índice de obesidad a nivel mundial entre niños de 5 a 19 años, con un 38% en Niue, un 37% en Islas Cook y un 33% en Nauru. Estos niveles tan altos se deben principalmente al abandono de las dietas tradicionales por otras con alimentos de alta densidad energética, baratos e importados.

En total, uno de cada cinco niños y adolescentes de entre 5 y 19 años padecen sobrepeso. Por regiones, América Latina y el Caribe, Oriente Medio y África del Norte y América del Norte se encuentran entre las tres con mayor prevalencia entre niños y adolescentes de 0 a 19 años. Según los datos más recientes, en el mundo hay 391 millones de niños y adolescentes con sobrepeso y, una amplia proporción de estos presenta obesidad, la fase crónica del sobrepeso que ya supone riesgos para la salud.

El sobrepeso y la obesidad crecen más rápido en los países de ingresos medios y bajos. Hoy en día, el 81% de los niños con sobrepeso de 5 a 19 años viven en estos territorios. Solo entre el 2000 y 2022, el número de niños con sobrepeso se cuadruplicó en los países de ingresos bajos. Afganistán, Bután, la República Democrática del Congo, Indonesia, Liberia, Sri Lanka, Maldivas, Pakistán y Vietnam son los países que han experimentado un aumento más pronunciado del sobrepeso.

El informe resalta que la responsabilidad a la hora de adoptar una dieta rica en ultraprocesados no es individual. “No son los niños y las niñas los que están fallando, ni son las familias, sino que hay unos entornos donde este tipo de productos están disponibles”, menciona Brero. Explica que estos ultraprocesados se encuentran en los espacios donde los niños juegan, viven y aprenden, son más baratos y la industria invierte en grandes campañas de marketing y de publicidad.

Solucion, Prevenir la obesidad en los comedores escolares:

Para mejorar los entornos alimentarios y reducir las tasas de obesidad y sobrepeso, Unicef recomienda establecer políticas que abarquen el etiquetado de alimentos, restricciones a la comercialización e impuestos y subvenciones a alimentos. Además, es necesario prohibir la venta de alimentos ultraprocesados y su publicidad en las escuelas, hacer frente a las injerencias de la industria de los procesados, desarrollar iniciativas con las familias y comunidades para que reclamen entornos alimentarios más saludables y mejorar el acceso de las familias vulnerables a una alimentación nutritiva.

«Si los niños que antes obtenían la mayoría de sus calorías de cereales no procesados, verdura, fruta, huevos o carne, ahora lo hacen de estos alimentos, eso contribuye a carencias de micronutrientes y desnutrición» Mauro Brero, asesor senior de nutrición en Unicef.

En estas tareas de prevención, los comedores escolares juegan un rol clave. Carmen Burbano, directora de Alimentación Escolar y Protección Social del Programa Mundial de Alimentos (PMA) explica que en América Latina, Asia y África se ha comenzado a trabajar para que estos programas sociales ―que han aumentado su cobertura en un 20% en los últimos cuatro años, según un informe también publicado este miércoles― promuevan mejores hábitos alimenticios y una relación sana con la comida. “Países como México, Chile, Argentina, Perú, Colombia y Brasil han reformado sus programas para atacar este problema”, asegura Burbano en una entrevista telefónica. Esto se consigue no solo al brindar menús saludables, sino al enseñar sobre nutrición en las clases. “Con huertas escolares, por ejemplo, se les habla a los niños de alimentos sanos y cómo prepararlos. Esto hace parte de una visión holística de lo que puede hacer el sistema educativo para enfrentar esta forma de malnutrición”.

El estudio Estado de la alimentación escolar en el mundo 2024, del PMA, ve una oportunidad para atacar este y otros problemas de malnutrición con el aumento de cobertura de comidas escolares, que ha crecido hasta en un 60% entre los niños de países de bajos ingresos. África, que sufre tanto la desnutrición como la obesidad y otros problemas de la vida sedentaria, ahora brinda alimentos en las escuelas a 20 millones de niños más que en 2022.

El aumento de la cobertura, hasta un total de 466 millones niños beneficiarios en todo el mundo, se ha conseguido gracias a la coordinación de la Coalición Global para la Alimentación Escolar, que asocia a 108 países, y a la financiación de los gobiernos, destaca el informe. “Una hipótesis”, dice Burbano, es que la pandemia fue un shock para las comunidades. Las escuelas cerraron, se suspendió el acceso a alimentos y, entonces, los gobiernos se dieron cuenta de lo valiosos que eran estos programas». La financiación global de comidas escolares se ha duplicado, pasando de 43.000 millones de dólares en 2020 a 84.000 millones en 2024 (de unos 36.600 millones de euros a 71.500 millones de euros).

No obstante, reconoce Burbano, aún hay una brecha por resolver: “Un 30% de los niños de países de bajos ingresos recibe comidas escolares; en comparación con el 80% de los niños de países de altos ingresos. Ahí es cuando necesitamos la ayuda internacional”. De momento, solo el 1% de los fondos para comedores escolares vienen de Ayuda Oficial al Desarrollo, según el documento del PMA. Aumentar esa participación en países de bajos ingresos permitiría impulsar la cobertura y, luego, entregar el relevo a los gobiernos, para que financien los proyectos con presupuestos nacionales y los hagan sostenibles.


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