El queso es uno de esos alimentos que parecen imprescindibles en nuestra mesa: lo encontramos en desayunos, cenas, platos gourmet o recetas caseras, y su consumo en España alcanza casi ocho kilos por persona al año. Pero, ¿y si te dijera que ahora es posible disfrutar de un queso idéntico al tradicional… sin que haya pasado por una vaca, cabra u oveja?
La clave está en la fermentación de precisión, una tecnología que utiliza levaduras y bacterias modificadas para producir proteínas, grasas, aromas y vitaminas que imitan exactamente las de la leche. Gracias a esto, se pueden elaborar quesos que saben y se sienten como los originales, pero sin ingredientes de origen animal.
No solo se trata de quesos: esta técnica permite crear alternativas a la leche, proteínas de huevo en polvo, grasas vegetales sostenibles e incluso pigmentos y vitaminas. Empresas como Perfect Day o New Culture en Estados Unidos ya producen helados y quesos con estas proteínas cultivadas, mientras que la startup alemana Formo utiliza hongo koji para generar un sabor umami muy cercano al de la leche.
En otras palabras, la ciencia está logrando lo que antes parecía imposible: cambiar el proceso, pero no la comida. Así, podemos disfrutar de productos familiares y nutritivos con un menor impacto ambiental y sin depender de animales, un paso que promete revolucionar la forma en que pensamos sobre la alimentación.

