Historias donde la cocina es mucho más que mezclar ingredientes o saciar el hambre. Recetas ancestrales, emociones a flor de piel y la lucha por preservar la identidad cultural se entrelazan en relatos inolvidables
– “El mole se preparó con la receta que Tita había heredado de Nacha… una receta antiquísima que se pasaba de generación en generación, siempre en manos de la mujer encargada de la cocina”. Esta cita proviene de la obra romántica, exponente del realismo mágico, Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, ejemplo de cómo una novela puede narrar historias, transmitir afectos y preservar identidades a través de la comida.
En este libro, cada capítulo incluye una receta tradicional mexicana. Ingredientes como el chocolate, el chile o el mole no solo sazonan la trama, sino que reflejan la riqueza agrícola y cultural de México. A través de la cocina (y en la cocina) Tita, la protagonista, expresa sus emociones, mostrando cómo la gastronomía puede ser un lenguaje universal y haciendo que el lector pueda saborear sus lágrimas y pasiones.
Pero el de Como agua para chocolate no es el único caso. Porque la comida en la literatura va más allá de simples descripciones culinarias. Es un puente entre culturas, emociones y tradiciones.
– Chocolat de Joanne Harris, ambientada en un pequeño pueblo francés, muestra cómo el cacao –gracias a la tienda de bombones que abre una forastera en un pueblo– puede romper prejuicios y unir comunidades.
– Muchas novelas gastronómicas también destacan el uso de ingredientes locales y de temporada, un principio clave de la cocina sostenible. Por ejemplo, Entre pólvora y canela, de Eli Brown, rescata sabores afrocaribeños basados en especias como la canela y la pimienta. Estos ingredientes no solo dan identidad a los platos, sino que promueven el comercio justo y la agricultura local.
– Otro ejemplo fascinante donde lo culinario se entremezcla con la narrativa se encuentra en la trilogía de novelas históricas Azteca, de Gary Jennings. En estas recreaciones del México prehispánico, se describe detalladamente cómo los personajes preparan platillos con maíz, frijol y chile, los ingredientes básicos e inseparables de la dieta mesoamericana. A través de la elaboración de tortillas, tamales, salsas y diversos guisos, el lector se sumerge en la vida cotidiana y ritual de esta civilización, donde la comida funge como pilar cultural y social.
– La novela Un viaje de diez metros, de Richard C. Morais, ofrece un rico tapiz de enseñanzas culturales y psicológicas. El relato sigue al joven chef indio Hassan Haji y su familia, quienes inauguran un pequeño restaurante en Francia justo enfrente de un establecimiento Michelin. La historia se convierte en una profunda exploración de la asimilación cultural frente a la preservación de la identidad. Más allá de ser una inmersión en el mundo de la alta cocina, la novela aborda las diferentes dimensiones que puede tener la gastronomía en aspectos como el duelo, la resiliencia y la búsqueda de la excelencia.
La pasión por la cocina tradicional y los recuerdos de toda una vida entre fogones han tomado forma de libro. Carmina Gramage y su hijo Santi Prieto, conocidos por su canal de YouTube La cuina de Carmina y por su larga trayectoria en locales emblemáticos de Ontinyent como el Bar Toni, La Gamba de Oro, El Comedor o La Cuina, acaban de anunciar la publicación de su primer recetario: La cuina de Carmina.
El libro, que verá la luz el próximo 10 de diciembre en el Centre Cultural Caixa Ontinyent, reúne 50 recetas llenas de tradición, sabor y cariño, elaboradas por madre e hijo. “Es un proyecto hecho con mucho amor y también un homenaje a Toni, mi marido, que siempre ha estado presente en nuestra historia familiar y gastronómica”, explicaba Carmina en una entrevista en La Ventana de Ontinyent y la Vall d’Albaida.
Santi, impulsor del canal y del libro, contaba que la idea surgió “para mantener ocupada e ilusionada a mi madre después de jubilarse y, sobre todo, para rendir homenaje a mi padre”. La cuina de Carmina no solo recoge platos típicos como el gazpacho manchego, la sopa de bacalao o la ensaladilla de pencas, sino que también incorpora una sección de fotografías familiares inéditas, “porque la cocina, al final, también es familia, memoria y legado”, señalaba el propio Santi.
El libro está estructurado por apartados —ensaladas, coques, carnes, pescados, aperitivos y postres— y destaca por su enfoque en la cocina tradicional valenciana, aquella que “ha pasado de madres a hijos, de abuelas a nietos”, como dice Carmina, que desea que el recetario sirva “para que la gente cocine más en casa y no se pierdan nuestras costumbres culinarias”.
Con más de 2.000 suscriptores en YouTube y 4.000 seguidores en Instagram, Carmina y Santi han logrado trasladar el sabor, la cercanía y el humor de su cocina familiar al papel, ofreciendo a los lectores un recetario que es también un pedacito de Ontinyent, de su gente y de su historia.
Tomado de: https://cadenaser.com/comunitat-valenciana/2025/10/08/carmina-gramage-y-su-hijo-santi-prieto-publican-la-cuina-de-carmina-un-libro-con-50-recetas-tradicionales-y-mucha-historia-familiar-radio-ontinyent.com
La literatura gastronómica es un género en el que la comida no solo aparece como un elemento decorativo, sino que se convierte en el motor emocional y cultural de la historia. Estas novelas se “cocinan a fuego lento” porque desarrollan sus tramas con sensibilidad, profundidad y una conexión íntima con los sabores, las recetas y las tradiciones.
¿Qué hace especial a este tipo de literatura?
Es especial, ya que, se usa la cocina como lenguaje emocional, como puente entre culturas, en la recuperación de los sabores tradicionales…
En novelas como Como agua para chocolate, los platos reflejan los sentimientos de los personajes. Cada receta es una forma de expresar amor, tristeza, deseo o rebeldía.
La comida también se usa como puente entre culturas en obras como Chocolat donde se muestra cómo los alimentos pueden unir comunidades, romper prejuicios y generar vínculos humanos.
Y tiene un papel muy importante en la recuperación de sabores ancestrales, como podemos ver en algunas novelas rescatan ingredientes y técnicas tradicionales, como en Entre pólvora y canela, donde se reivindican sabores afrocaribeños, o en Azteca, que revive la cocina mesoamericana.
A demás se obtiene una educación y reflexión ética.
En escuelas gastronómicas, estas novelas se usan para enseñar sobre sostenibilidad, cultura alimentaria y ética. También hay obras como Cadáver exquisito, que critican la deshumanización de la industria alimentaria y nos invitan a cuestionar nuestros hábitos de consumo.
Este tipo de literatura permite explorar cómo la comida puede ser una herramienta narrativa, educativa y transformadora ya que nos ayuda a reflexionar sobre nuestra relación con los alimentos, con la historia y con el entorno.
Antropólogo norteamericano, nacido en Nueva York en 1927, principal adalid del «materialismo cultural». Estudió en la Universidad de Columbia, donde fue alumno de Julian Steward y Alfred Kroeber. En esta época recibe también lecciones de los alumnos de Skinner que serán determinantes en su metodología del materialismo cultural. En 1953 obtiene el título de doctor en la Universidad de Columbia. En el año 1963 pasa a ser professor del Departamento de Antropología de la Universidad de Columbia a la vez que su director. En 1980 marcha a la Universidad de Florida como graduate research professor. Ha impartido numerosas conferencias en universidades americanas y europeas y ha participado en multitud de programas de radio y televisión. Muere en el 2001.
En la literatura del periodo de posguerra, los objetos cotidianos suelen transformarse en símbolos cargados de significado. Uno de los ejemplos más importantes es The Bread (1946), un cuento breve del autor alemán Wolfgang Borchert. Con unas páginas, Borchert logra convertir un trozo de pan en una metáfora de la escasez, la culpa y la solidaridad humana.
La historia se sitúa en la Alemania devastada tras la Segunda Guerra Mundial, donde el hambre y el racionamiento eran parte de la vida diaria. El relato describe una escena mínima: una esposa se despierta en la noche y sorprende a su marido comiendo un pedazo de pan adicional, más allá de la ración asignada. No hay gritos ni acusaciones. Solo una tensión silenciosa, marcada por la vergüenza del hombre y la comprensión contenida de la mujer.
Lo que podría parecer un detalle trivial —un bocado de pan a escondidas— se transforma en una representación de la lucha por la supervivencia. En ese contexto histórico, el pan no era un simple alimento: era la diferencia entre resistir o desfallecer. Al mismo tiempo, Borchert muestra cómo incluso en la necesidad más extrema surgen dilemas éticos: ¿es egoísta robar un poco de pan cuando tu pareja también pasa hambre? ¿Cómo se negocia el límite entre el instinto de vivir y la lealtad hacia los demás?
La reacción de la esposa resulta fundamental. En lugar de recriminarlo, ella guarda silencio y, al día siguiente, decide darle una rebanada de pan extra durante la cena. Este gesto, aparentemente pequeño, revela la capacidad de compasión en medio de la penuria. La comprensión sustituye al reproche, y el acto de compartir se convierte en una forma de resistencia frente a la deshumanización de la guerra.
The Bread demuestra cómo la literatura puede dar voz a experiencias colectivas a partir de escenas íntimas. El cuento no narra batallas ni discursos políticos, sino la intimidad de una cocina oscura, iluminada por el hambre y la empatía. El pan, elemento tan básico, se eleva a símbolo universal de fragilidad y de humanidad.
El hambre ha sido un tema importante en la literatura durante siglos. En el Siglo de Oro español, existía un gran contraste entre los ricos, que disfrutaban de banquetes y lujos, y los pobres, que muchas veces apenas tenían para comer. Esta diferencia se refleja claramente en los libros de la época, donde los escritores muestran cómo la falta de alimentos afectaba la vida diaria y cómo las personas tenían que ingeniárselas para sobrevivir.
Un ejemplo clásico lo encontramos en El Lazarillo de Tormes, donde el protagonista y su amo pasan hambre constantemente. Lazarillo aprende a ser astuto y a buscar comida de maneras ingeniosas, a veces engañando a otros o aprovechando pequeñas oportunidades. En La Vida del Buscón de Quevedo, el protagonista también enfrenta hambre y miseria, pero trata de ocultarlo y aparentar que tiene más de lo que realmente posee. Quevedo incluso comenta que “somos gente que comemos un puerro y representamos un capón”, mostrando cómo los personajes tenían que disimular sus necesidades.
Miguel de Cervantes también aborda el tema del hambre en sus obras. En La Ilustre Fregona, describe personajes que sufren hambre mientras la clase alta derrocha comida y lujos. Para Cervantes, el hambre no es solo una necesidad física, sino que influye en los pensamientos y decisiones de las personas, y de alguna manera, “igualaba” a ricos y pobres.
En la literatura religiosa, como los escritos de Santa Teresa de Jesús, el hambre tenía un significado completamente diferente: se veía como un sacrificio o un acto de dedicación a Dios. En los conventos de las Carmelitas Descalzas, por ejemplo, pasar hambre era parte de la vida diaria y un modo de mostrar devoción y resistencia personal.
Además, los autores de la época muestran cómo las personas inventaban formas para aparentar que habían comido cuando no era así. Por ejemplo, en El Lazarillo de Tormes, se mencionan personajes que usan palillos para simular que tienen comida en la boca, y en Guzmán de Alfarache, los protagonistas preparaban pequeños trucos para “compartir” lo poco que tenían de manera ingeniosa. Estas escenas muestran no solo la creatividad de las personas, sino también lo difícil que era vivir con hambre y la constante lucha por sobrevivir.
En resumen, la literatura sobre el hambre nos ayuda a entender la vida de épocas pasadas, mostrando la desigualdad social, la lucha diaria de los pobres y la astucia que necesitaban para sobrevivir. También nos enseña que el hambre no es solo un problema físico, sino un tema que puede reflejar valores, emociones y relaciones humanas. Por eso, leer estos libros nos permite aprender sobre la historia, la sociedad y la importancia de la comida de una manera cercana y comprensible.
En el capítulo “Representaciones de la comida: arte y literatura”, Enric Bou reflexiona sobre cómo los alimentos, más allá de ser simples elementos cotidianos, se convierten en símbolos dentro de la literatura y otras artes. La comida aparece en los textos no solo como un detalle de ambientación, sino como una forma de expresar emociones, identidades y clases sociales. Un banquete, por ejemplo, puede reflejar abundancia, prestigio o incluso poder, mientras que la imagen de un alimento escaso o austero puede transmitir pobreza, hambre o injusticia.
Bou muestra cómo los escritores recurren a las descripciones de comidas, mesas y rituales gastronómicos para situar sus obras en un contexto histórico o cultural determinado. A través de esos detalles, el lector puede transportarse a una época concreta, y reconocer costumbres de un país. La literatura, en este sentido, convierte lo cotidiano en algo simbólico y lleno de significado.
El autor también señala que este fenómeno no se limita a las letras, sino que se extiende a otras formas artísticas. La pintura de bodegones, por ejemplo, cumple una función parecida: los alimentos representados no son solo objetos decorativos, sino que transmiten valores culturales, sociales e incluso religiosos. Al poner en diálogo literatura y arte visual, Bou subraya que la comida es un lenguaje común que conecta distintos ámbitos de la creación.
En definitiva, este capítulo recuerda que la alimentación es mucho más que un acto biológico: es una experiencia cultural y estética. Analizar cómo aparece la comida en los textos literarios nos permite comprender mejor no solo las historias, sino también la sociedad y la visión del mundo de quienes las escribieron.
Fuente: «Saber y sabor: escritura y comida», Enric Bou.
Como gran amante de la literatura y con la firme convicción de que está es una buena forma de expresar aquello que muchas veces no somos capaces de expresar en una conversación cotidiana. Asimismo la cocina tiene la capacidad de ser experimentada más allá de lo sensorial , una minoría de lectores afirman que muchas de las veces está les sirve como un modo de abstracción de la realidad y son capaces de llegar a notar el olor de las especias y el pescado o la humedad de los vapores que emanan del mismo cazo.
«Del mismo modo en que los libros alimentan la mente del mismo modo en que los alimentos nutren el cuerpo´´ En mi entrada trataré de recomendar cuatro de las novelas del artículo en los que la literatura y la alimentación están estrechamente relacionados:
Secretos de alcoba de los grandes chefs( Irvine Welsh)
El protagonista de esta novela bebe, y mucho Pero cuando no está de fiesta, su trabajo en Sanidad y Medio Ambiente inspeccionando la salubridad de los restaurantes de cocineros de renombre le permite averiguar algunos secretos turbios y, sobre todo, intentar encontrar a su padre, quien, según sospecha, es uno de esos dioses de cucharón y mantel. Pero en medio de esa búsqueda, aparecerá un ayudante inesperado que removerá los cimientos de su existencia.
`` Un viaje de diez metros´´ Richard C. Morais.
Esta novela es una de entre tantas llevadas a al cines principalmente destacada por su trama atraera a aquel lector amante de la gastronomia. Hassan Haji y su familia son los protagonistas de este periplo en el que, después de huir de Bombay, llegan a un pequeño pueblo de los Alpes franceses para montar un restaurante y seguir con la tradición familiar. Pero su comida india choca con la delicadeza francesa del restaurante de madame Mallory, que está tan solo a diez metros del suyo. La batalla entre el joven y la curtida chef guiará la historia por una serie de vaivenes culturales, derribo de prejuicios y un desenlace que dejará un gusto de tres estrellas en el corazón de sus lectores.
La Cata (Roald Dahl).
Está novela escrita por el escritor británico autor de cuentos para niños llenos de reflexiones y valor cultural. El relato empieza con una cena entre seis personas, entre ellas un famoso gastrónomo, dos parejas y la hija de uno de ellos. “La cena comenzó con un plato de crujientes chanquetes, fritos en mantequilla, y, para acompañarlos, un vino de Mosela.”, una frase que sirve de muestra para el hilo conductor de esta historia, publicada por primera vez en 1945: la comida y, sobre todo, el vino. Una jugosa apuesta entre el gastrónomo y el anfitrión para que este averigüe cual es el misterioso líquido que ocupa su copa hace que el lector quede absorto hasta la última página en una trama retorcida e intrigante.
La escuela de ingredientes esenciales (Erica Bauermeister)
Ocho alumnos están dispuestos a aprender de la cocinera, pero pronto se hace evidente que lo que ellos buscan allí no es exactamente conocimiento culinario, sino una receta que les ayude con sus dilemas particulares. La pasión por la comida de la chef hará que, años después, las vidas de los protagonistas de esta historia se crucen y se demuestre, una vez más, que la gastronomía va mucho más allá de la cocina, colándose en los recovecos de sus vidas y ofreciendo resultados inesperados y, sobre todo, con buen sabor.
Todas están novelas fusionan la tradición literaria con la culinaria garantizando así una unión intíma entre ambas para beneficiar que el lector pueda gozar de ambas disciplinas unidas plasmadas en una misma, esto se produce gracias a la existencia de el libro capaz de garantizar y amplificar el conocimiento de uno en prácticamente todas las disciplinas existes del amplio campo del conocimiento humano.
Des de l’Epopeia de Gilgamesh, en la literatura hi ha tres constants: el sexe, el menjar i la mort. Tant la mort com el sexe són temes que es capten a l’instant pel lector, no obstant això, el menjar passa desapercebut, com un recurs menor dins de la trama. No obstant això, quan el lector es deté pot percebre que molts dels passatges en els quals es parla de gastronomia en la literatura, no són ni fortuïts ni gratuïts. A través de la gastronomia els autors aconsegueixen descriure un personatge sense dir, ja que el que mengem i com ho fem, ens defineix. També s’aconsegueix a través de la gastronomia descriure una societat o donar una opinió directa o indirecta sobre ella. Unes altres de les utilitzacions de la gastronomia en la literatura poden ser per a mostrar la violència o, simplement, per a contraposar la violència a la normalitat vital amb la qual es rep. En les novel·les la fam també és gastronòmica, perquè a través dels ulls d’un personatge famolenc es deslliga el desig de menjar i una mirada que va més enllà mostrant la injustícia. La ironia i l’humor també poden introduir-se en passatges gastronòmics i, a vegades, pot ser fins a una forma de com mesurar el temps.
La taula del diluvi. Aquesta és potser la més famosa de totes les *tablillas cuneïformes. És l’onzena taula de l’epopeia de Gilgamesh i descriu com els déus van enviar un diluvi per a destruir el món. Igual que Noè, Utnapishtim va ser advertit i va construir una arca per a albergar i preservar als éssers vius. Després del diluvi, va enviar ocells a la recerca de terra ferma. EM K 3375.
1. Desdejuni, esmorzar o sopar: moment àlgid d’una novel·la
El moment triat pels escriptors per a determinar un moment àlgid de les seves novel·les sol ser el sopar. En el cas d’Estranys en un tren de Patricia Highsmith, el moment central és la trobada dels seus dos protagonistes, dos estranys que sopen junts en un tren: “El cambrer amb una safata coberta amb una tapadora de peltre en un instant els va instal·lar la taula. L’aroma de la carn rostida sobre carbó vegetal li va donar ànims. Bruno va insistir tant a pagar el compte, que Guy va accedir a això sense oposar més resistència. Per a Bruno hi havia un enorme bistec cobert de bolets; per a ell, una hamburguesa”. En una novel·la com No apte per a dones de P.Sr. James el sopar li dona la pista fonamental a la investigadora, perquè encara que tot apunta a un suïcidi, fins i tot la policia així ho creï, Cordelia es pregunta com una persona que se suïcidarà es prepara un estofat de bou per a abans de morir: “La marmita estava encara sobre el fogó i plena fins a la vora. No era un menjar recalfat que hagués quedat de la nit anterior. Això segurament indicava que no va prendre la decisió de matar-se fins al cap d’haver preparat l’estofat i haver-lo posat sobre el fogó perquè es cogués. Per què havia de molestar-se a preparar un menjar si sabia que no anava a estar viu per a menjar?”
2. Identificar al personatge pel que menja i com el menja
Ja ve de la literatura clàssica identificar als personatges pel que mengen. El cas més conegut és el del Quixot, al qual Cervantes defineix en el primer paràgraf del llibre pel que menjava: “En un lloc de la Manxa, del nom del qual no vull acordar-me, no ha molt temps que vivia un gentilhome dels de llança en drassana, adarga antiga, rossí flac i llebrer corredor. Una olla d’alguna cosa més vaca que carner, salpicón les més nits, dols i pèrdues els dissabtes, llenties els divendres, algun palomino d’afegiment els diumenges, consumien les tres parts de la seva hisenda”. És magistral com defineix també el seu personatge des del primer capítol del francès Jean-Patrick Manchette en la seva novel·la Fatal. Es tracta d’una maca dona rossa, que malgrat tenir una imatge delicada, menjant en la intimitat revela qui realment és: “Va obrir la tapa de l’escalfaplats i va aparèixer la choucroute. La dona es va dedicar a engolir col picada, salsitxes i cansalada. Menjava a grans bocades, ràpid i fent soroll. Li relliscava salsa per les comissures dels llavis. Algun tros de col que se li escapava de la forquilla o de la boca anava a caure a terra o bé li quedava penjant del llavi inferior o de la barbeta. Les dents de la dona eren visibles durant la masticació, perquè els llavis li quedaven recollits. Va beure xampany. Va acabar molt aviat la primera ampolla. Quan va destapar la segona, es va punxar el polze amb el filferro i li va brollar una mica de sang escarlata. Va singlotar perquè ja estava borratxa, es va xuclar el polze i es va empassar la sang”.
3. Identificar la societat
Els comentaris dels personatges d’una novel·la sobre la cuina, els restaurants o simplement sobre les dotis culinàries poden mostrar com és una societat. En el cas de Viure de Nit de Dennis Lehane, una novel·la negra inspirada en els anys 20 als Estats Units, un gàngster li pregunta al seu noi sobre la seva nova núvia: -Sap cuinar? -Sí que -va afirmar Joe, encara que la veritat és que no tenia ni idea. -Això és important. És igual si ho fan bé o malament, el que compte és que es posin. En El llarg adeu de Raymond Chandler apareix aquest esmolat comentari en boca d’un dels seus personatges: “Els americans es mengen qualsevol porqueria amb la condició que estigui torrada, subjecta amb un parell d’escuradents i se li surti l’enciam per un dels costats, millor encara si està una miqueta làcia”.
4. El delit del que es menja. La funció pedagògica
Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán és un dels personatges que més delecta amb els plats que mengem amb ell en les seves novel·les. Guisats catalans, plats de la resta d’Espanya, de l’Argentina o de Tailàndia. D’ells, ens ofereix com saben o fins i tot com es fan, però també en les seves paraules hi ha una funció pedagògica, no sols amb el menjar, sinó també amb el vi -tant de qualitat com popular- o amb els còctels, com el Singapur *Sling, un dels seus favorits. Montalbano, l’inspector de l’escriptor italià Andrea Camilleri, fet a imatge i semblança de Carvalho, també deixa moltes escenes de delit i de pedagogia culinària. En La forma de l’aigua, per exemple, diu: “Li van servir rogers de roca fresc, fregits fins a quedar cruixents i deixats una estona sobre paper d’estrassa perquè deixessin anar l’excés d’oli”.
5. Les receptes
Hi ha moltes receptes de plats en la literatura. No obstant això, si hi ha una recepta rupturista i provocadora és la que dona Herman Melville en Moby Dick: “Les marsopes són considerades com a plat exquisit des del punt de vista gastronòmic. La carn es prepara en boles de la grandària de les de billar, i si s’assaonen bé amb espècies poden ser preses per mandonguilles de tórtora o xai, (…) En el cas de la petita balena espermàtica, els seus cervells són considerats un plat delicat. La part superior del crani es trenca amb una destral, i es retiren i es barregen amb farina, amb la qual cosa queden convertits en una menja el sabor de la qual és semblant al cap de vedella”. No obstant això, les receptes més recordades poden ser les que apareixen en el llibre Com a aigua per a xocolata de Laura Esquivel. Tota la novel·la està redactada a mode de receptari. Cada capítol és una recepta i després d’indicar els ingredients en la «Manera si es fes» narra com es va fer i per què aquest plat i el que va esdevenir als personatges en aquest moment de cuinar-lo o degustar-lo. Entre elles, destaquem la recepta de «Guatlles en pètals de rosa», la preparació del qual l’autora comença així: «Es desprenen amb molta cura els pètals de les roses, procurant no punxar-se els dits, doncs a part de que és molt dolorós (el piquet), els pètals poden quedar impregnats de sang i això, a part d’alterar el sabor del platet, pot provocar reaccions químiques, per altres perilloses».
6. La violència
En la cuina es viuen alguns moments violents, perquè en el plat sempre hi ha un ser mort. Des de matar a un pollastre fins a un peix pot tenir una càrrega violenta depenent dels ulls que el miri. En el cas de Qiu Xialong en Mort d’una heroïna vermella són els crancs de riu els que ens ofereixen un particular episodi de crueltat dins de la normalitat: “Cal mantenir els crancs de riu ben alimentats fins a la seva mort. Conservar-los en galledes plenes de sèsam. Així no perden pes. És un aliment molt nutritiu per a ells”. Un moment important per a entendre com és Driver, el personatge de la novel·la de James Sallis portat al cinema en 2011 per Nicolas Winding Refn, és el següent: “A Driver no el va sorprendre que, una nit, mentre sopaven, la seva mare s’aixequés i s’acostés al seu vell amb un ganivet en cada mà, el del pa i el de trinxar carn, com si fos una ninja amb davantal a quadres vermells. Quan va voler deixar la tassa en la taula, ella ja li havia tallat una orella i li havia dibuixat una gran boca en el bescoll. Driver ho va veure tot i va continuar menjant-se el sandvitx de paté amb melmelada de menta. Els dots culinàries de la seva mare no donaven per a més”. I ell quan mata també posa la seva part culinària: “Driver va deixar la caixa amb la pizza gran de pepperoni, doble de formatge i sense anxoves sobre el pit de Nino. La pizza feia bona olor. Nino no”.
7. Estats d’ànim i menjar
La gastronomia també és una eina habitual per a identificar els estats d’ànim dels personatges, un senyal de la seva humanitat. Exemples d’això es poden trobar en: Amb l’aigua al coll de Petros Markaris, l’esposa de l’inspector de policia entra en una gran depressió enmig de la depressió econòmica grega. El seu espòs Kostas Jaritos veu la seva recuperació de la manera següent: «Adrianí està completament recuperada. El meu diagnòstic no és fruit d’un estudi psiquiàtric o simplement mèdic, sinó del meu olfacte. Damunt de la taula de la cuina hi ha una gran font de tomàquets farcits». No obstant això, també és un recurs utilitzat amb molt de mestratge per a parlar d’emocions difícils d’expressar, com la melancolia o el buit interior. Per exemple, de manera magistral ho retrata l’escriptora japonesa Banana Yoshimoto en la seva novel·la Amrita: “L’aroma del pa recentment tret del forn suscita en mi, no sé per què, un sentiment esquinçador. Reaviva la nostàlgia. Voldria tornar a aquest matí centellejant que existeix en alguna part. La imatge continguda en aquesta aroma és impossible d’aconseguir ni fins i tot menjant tones de pa recentment tret del forn”.
8. El menjar com a manera de mesurar el temps
En El mapa i el territori de Houellebecq, la gastronomia és l’indicador del pas del temps d’una persona. Quan és jove i amb èxit, el protagonista Jed Martin gaudeix amb el seu amant del pollastre amb cranc de Limousin en un restaurant de moda dirigit per una parella gai. D’unes petxines de pelegrí a la paella amb souflé de turbot a l’alcaravia amb neu de pera en un restaurant d’un hotel amb encant. I, en solitud, d’una ampolla d’aigua mineral noruega de luxe o d’un Gewürzstraminer. Però acaba els seus dies sol amb productes lactis i ensucrats: “La proximitat de la mort torna humil a un home”, diu l’escriptor en boca del protagonista. En Els homes t’han fet malament d’Ernesto Mallo, el menjar també mesura el temps en els últims moments d’una persona: “Els vells anem de menjar en menjar. Ja no treballem, no arreglem la casa, no tenim res que ocupar-nos, depenem dels altres per a tot. Menjar és l’última activitat vital que ens queda. El problema és amb què omplir el temps entre una i un altre menjar”.
9. La fam
Charles Dickens en Oliver Twist, una novel·la que és llavor del gènere negre, posa la fam com el dispositiu que obre el camí de la delinqüència a un jove, que després de menjar farinetes diàries en l’orfenat, en el seu primer treball, només aconsegueix a les sobres, però sense carn, “per a poder dominar millor al noi”. Però quan arriba a la taula dels delinqüents, veu que en ella no falta el pa, la cervesa ni el llard. En Últims dies en el lloc de l’Est, Cristina Fallarás porta a l’ésser humà fins al seu costat més fosc i és la fam la que desferma passions i morts per una rata o per la mescla d’aigua, calç i llard per a simular la llet.
10. El canibalisme
En moltes novel·les apareixen episodis de canibalisme. Un dels més potents és el de L’Odissea d’Homer, quan el cíclope engoleix a dos dels acompanyants d’Ulisses : “Tirant als meus homes la mà, va agarrar a dues d’ells com a uns cadells i a terra els va llançar i el seu cervell va saltar i va esquitxar tot el sòl. I els seus membres va tallar i preparant-se amb ells el sopar. Com un lleó feréstec els va menjar sense deixar res: ni intestins, ni carn, ni ossos, ni medul·la”. En clau surrealista cal prendre La cuina caníbal de Roland Topor un clàssic en el qual destaquen receptes com a «Puré de cap de cap»: “Se li fa una petita visita al cap a la fi d’any, just abans de les festes de Nadal, i se li mata com a un porc, és a dir, que es pren la precaució de deixar-li dessagnar-se durant un temps perquè la seva carn quedi ben blanca. Una vegada que el cap s’ha tallat de tall, la hi deixa regalimar. Després, es fica en aigua bullent durant mitja hora aproximadament. Al cap d’aquest temps es retira, es treu de l’aigua bullent i s’introdueix en aigua freda per a refrescar-la. És sorprenent com el cap del cap ha canviat ja en aquest moment. El seu pèl s’ha tornat blanc i la seva mirada, encara que continua sent maliciosa, té cert aire somiador. No és més que el principi, continuem l’exercici. S’arrenca la mandíbula fins a l’ull, es desossa el cap, anant amb compte d’unir les carns perquè no perdin la seva forma. Una vegada acabada l’operació, es frega el cap amb xampú, i s’embolica en un drap lligat amb un cordill. Per a coure-la, es dilueixen tres culleres de farina en aigua, s’afegeix un ram de flors, un tros de mantega, sal, pebre. S’introdueix el cap en el preparat, es bull llevant l’escuma de tant en tant; després es retira i es deixa caure en una cubeta d’una altura de 1,5 m. aproximadament plena de puré, perquè no passi fred en les orelles. És un plat monumental que cal reservar per a les grans reunions familiars”.
11. La ironia a través de la gastronomia
La gastronomia és un instrument per a la ironia i l’humor. Així ho demostren novel·les gastronòmiques com a Gran Soufflé de Lola Piera o El xef ha mort, en el qual es pot llegir un episodi com el que segueix: «L’hostessa li lliura el paquet de cacauets i el refresc. —Que ho gaudeixi, senyor. Veuen pinta una ganyota sota el bigoti. No se li ocorre com podria gaudir de res que s’ingereixi si no sap com sap. Baixa la mirada i s’entreté llegint el llistat d’ingredients del paquet de cacauets: sorbitol (un dels supòsits laxants segons Sofriti), midó modificat de patata (un transgènic, adverteix la guia de l’italià) i amb la resta ja es perd: goma aràbiga, farina d’arròs, extracte de llevat, llevat en pols, sucre caramel·litzat, dextrosa, aroma (sense especificar), espècies (tampoc s’especifica quals), ceba en pols (per a què necessiten uns cacauets això?), sal i cacauets. Per sort, també cacauets.» Fins i tot en la novel·la més negra es troben també aquests moments d’ironia. Aquí l’exemple de Tots morts de Chester Himes quan dos joves negres absolutament desgraciats fugen de la policia i es refugien a la casa d’un amic d’aquests, on troben unes quantes coses amb les quals cuinar alguna cosa a menjar: «Al no trobar ni un sol plat net, Sassafras va tirar mà del qual estava menys brut. Va fregar un parell de forquilles amb un drap sec. Roman es va servir els flocs fregits, la carn fregida, i ho va ruixar tot amb melassa. Després es va omplir la boca amb aquesta mescla i encara es va ficar dins un tros de pa sec. La noia li va mirar amb expressió de disgust.—Pots treure al noi del camp, però no pots treure el camp del noi”“—va filosofar mentre amb gran delicadesa menjava bocades de carn i de pa en forma alternada i sostenia cada floc de blat de moro entre el polze i l’índex, segons les regles de l’etiqueta.”
12. Ambientació
A vegades la gastronomia és el recurs idoni per a ambientar l’acció d’una novel·la. Ja pot ser un bar, un mercat o una cuina. Aquí com ho fa Marta Sanz en la seva novel·la Black, black, black quan els seus personatges queden en “una cafeteria de les de sempre a Madrid”: “La barra amb les vores metàl·liques. Tamborets alts amb reposapeus. Les safates rodones i brillants. Per la ranura central de les rabassudes tovalloneres, també metàl·lics, apunten tovallons de paper, a vegades decorades. Cendrers de vidre bast, esgarrapat, i els escuradents en el recipient cilíndric. Caixes registradores. La televisió encesa. Tiren esports. Els cambrers, gairebé sempre de mitjana edat, porten jaqueta i corbatí. Fumen amagant-se darrere de la barra. Surten disparats per a atendre el públic. L’escenari es disseca al voltant dels cambrers: ells són els únics que envelleixen entre el parament i el cartell de reservat el dret d’admissió. Màquines expenedores de tabac i a vegades escurabutxaques. Tasses i platerets de pisa blanca amb un tall blau o vermell on s’escriu el nom de la cafeteria. Sotagot. Dos gels i una tallada de llimona. Panchos per a acompanyar la canya de cervesa. Darrere del taulell, la llista amb la selecció d’entrepans: calamars, botifarra, truita espanyola, cinta de llom sola o amb formatge, bacon amb formatge, pepito de vedella, pernil serrà, salsitxó, xoriço. Els imprescindibles. Sota els sandvitxos: mixt, vegetal i mixt amb ou. I les racions: olives, patates braves i allioli, orella amb tomàquet, calls, braó de porc amb grecos, patates amb faceciosa, pebrots fregits, aladrocs en vinagre, ensalada russa, mollejas, polp a fira… Contra la paret es dona suport a la silueta en contraxapat d’un cuiner gros la panxa del qual és una pissarra sobre la qual s’escriu el menú: dos primers, dos segons, beguda, cafè o postres a triar”.
13. Conclusions
Després d’aquest estudi es poden observar les següents conclusions:
La utilització de la gastronomia no és fortuïta en la literatura, ni en les obres clàssiques ni en les actuals.
La gastronomia és una eina literària vàlida per a: la identificació de personatges i societats, centrar una acció, mesurar el temps, contraposar a la violència amb la quotidianitat, identificar i humanitzar als personatges, ambientar, entre altres.
Desde que nació la escritura hay textos en los que se habla de la comida o donde está aparece. Se puede ver cómo la alimentación en la literatura pasa por diversos géneros, estilos, culturas y épocas y cómo en cada momento se va adaptando y va adquiriendo un carácter simbólico diferente.
En la cultura occidental, es en la época griega preclásica cuando podemos encontrar textos literarios donde aparece la gastronomía. En La Ilíada, de Homero, aparecen banquetes de cerdo y carneros asados.
Por otra parte, el primer texto literario donde la alimentación no es una mención, sino el tema principal es el Calendario de Ananio donde se describe un calendario gastronómico.
Desde ese momento se pasarán por diferentes etapas, como la etapa de oro durante la era imperial romana. También aparecerá en la literatura española en obras como El Quijote y otras obras clásicas de la literatura picaresca hispánica.
A finales del siglo XVIII y el siglo XIX se consolida la gastronomía como tema, haciendo que en la literatura contemporánea se siga con la cocina y se añada la coctelería.
Por otra parte, en la literatura japonesa la cocina ha ido ganando protagonista, haciendo que haya mangas y anime donde la gastronomía es parte de la trama. Algunos ejemplos son: Cooking Papa (Tochi Ueyama), Silver Spoon (Hiromu Arakawa) y Food Wars (Yuto Tsukuda y Shuen Shaeki).
Además, la popularidad ganada a lo largo de los años ha hecho que se haya creado los Roca Award. En estos premios se reconoce la creación literaria en gastronomía.
Para acabar, si te gusta la literatura en la cual la comida está presente, aquí tienes una lista con diferentes opciones de libros que podrían gustarte:
Julio Camba (1929): La Casa de Lúculo
M.F.K. Fisher (1937. Edición española de 1992): Sírvase de Inmediato
Álvaro Cunqueiro (1969): La Cocina Cristiana de Occidente
Josep Pla (1972): Lo que Hemos Comido
Nora Ephron (1988): Una Escritora en La Cocina
Manuel Vicent (2006): Comer y Beber a mí Manera
Julian Barnes (2006): El Perfeccionista en La Cocina
María Nicolau (2022): Cocina o Barbarie
Alicia Kennedy (2023): Desde mi Escritorio
Iñaki Martínez de Albéniz (2024): El Idiota Gastronómico