Los alimentos ultraprocesados son productos industriales diseñados para sustituir a los alimentos frescos y mínimamente procesados, así como a las comidas tradicionales. Se elaboran con ingredientes baratos -como aceites hidrogenados, aislados proteicos o jarabes de glucosa o fructosa- y aditivos cosméticos (colorantes, aromatizantes, edulcorantes artificiales o emulsionantes). Su comercialización busca maximizar los beneficios empresariales más que el valor nutricional.
Desde la Universidad de Navarra, Bes-Rastrollo lideró uno de los primeros estudios con seguimiento llevados a cabo a nivel mundial que ponían de manifiesto el efecto perjudicial de estos alimentos sobre la salud. El segundo artículo propone un conjunto de políticas coordinadas para regular y reducir la producción, la comercialización y el consumo de ultraprocesados y hace hincapié en la necesidad de responsabilizar a las grandes empresas por su papel en la promoción de dietas poco saludables.
Entre las medidas propuestas destacan incorporar un etiquetado frontal que identifique claramente los aditivos característicos de los ultraprocesados y establecer restricciones a su publicidad, especialmente la dirigida a menores y en entornos digitales. Además, los autores plantean retirar estos productos de los comedores escolares y de los hospitales, limitar su presencia en los supermercados y aplicar impuestos selectivos para financiar programas que faciliten el acceso a frutas, verduras y alimentos frescos en hogares con menos recursos.
