Por primera vez, la obesidad supera al bajo peso como forma de malnutrición entre niños y adolescentes en el mundo, según Unicef

Obesidad infantil: la nueva cara de la malnutrición en el mundo

Durante décadas, hablar de malnutrición en la infancia era sinónimo de bajo peso. Hoy, esa realidad ha cambiado drásticamente. Según el último informe de UNICEF, por primera vez en la historia la obesidad supera al bajo peso como la forma más común de malnutrición entre niños y adolescentes de 5 a 19 años.

El estudio, que analiza datos de más de 190 países, muestra un crecimiento acelerado del sobrepeso infantil, especialmente en países de ingresos bajos y medios. Aunque la desnutrición crónica sigue presente en algunas regiones, ahora el problema más extendido es otro: el exceso de peso causado por dietas ricas en productos ultraprocesados y entornos alimentarios poco saludables.

Las cifras son contundentes: entre 2000 y 2022, el número de niños con sobrepeso se cuadruplicó en los países de menores ingresos. En total, se estima que 391 millones de niños y adolescentes en el mundo padecen sobrepeso, y muchos de ellos ya presentan obesidad, lo que supone un riesgo para su salud a corto y largo plazo.

Contrario a lo que suele pensarse, este fenómeno no responde únicamente a decisiones individuales. El informe señala que los entornos en los que crecen los niños están cada vez más dominados por alimentos baratos, de baja calidad nutricional y muy publicitados. Estos productos no solo sustituyen a los alimentos frescos, sino que dificultan el acceso a una alimentación equilibrada, sobre todo en familias con menos recursos.

UNICEF insiste en que no se trata de culpar a los padres, sino de transformar el sistema. Entre las medidas que recomienda están la regulación de la publicidad dirigida a menores, el etiquetado claro de alimentos, los impuestos a productos ultraprocesados y el fortalecimiento de políticas públicas que promuevan entornos alimentarios saludables.

Uno de los espacios más relevantes para prevenir la obesidad son las escuelas. Programas de alimentación escolar bien diseñados pueden ser una herramienta efectiva no solo para garantizar una comida nutritiva, sino también para educar sobre hábitos saludables. Países como México, Colombia, Perú y Brasil ya han comenzado a reformar sus comedores escolares con este enfoque, combinando menús más saludables con clases de nutrición, huertas escolares y actividades prácticas.

A pesar de los avances, aún existen grandes desigualdades. Mientras que en los países de altos ingresos el 80% de los niños accede a alimentación escolar, en los países más pobres solo el 30% tiene ese derecho garantizado. Para cerrar esta brecha, se requiere una mayor inversión internacional y el compromiso de los gobiernos para mantener estos programas a largo plazo.

La obesidad infantil ya no es un problema de unos pocos países. Es un desafío global que exige cambios estructurales. La alimentación de los niños no debería estar determinada por el precio más bajo o la publicidad más agresiva, sino por su derecho a crecer sanos y bien nutridos.

Publicidad en TV y cine influye en consumo de comida “chatarra” entre adolescentes: Estudio

Ver televisión y asistir a funciones de cine es factor para que los adolescentes consuman alimentos de bajo valor nutritivo, según un estudio de investigadoras del Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia (Censia), del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).


El reporte se hizo con 420 estudiantes de bachillerato de la Ciudad de México, donde el 90% indicaron ver televisión en promedio tres horas diarias, mientras el 37% afirmó visitar las salas cinematográficas al menos una vez al mes.


A cargo de Maribel Orozco López, del Censia, de María Guadalupe Ruelas González, del INSP, y de María Tomasa Mendoza Reséndiz, de la ENAH, la investigación refiere que cuando ven televisión, el 85% de los consultados consume principalmente frituras, galletas y refrescos, y seis de cada 10 se ven influidos por lo promocionado en la pantalla.


Para el caso del cine, la totalidad come principalmente palomitas y bebe refrescos. Aquí el 100% del consumo guarda relación con lo que se promociona en el lugar.

Cuando se les cuestionó sobre los promocionales, en su mayoría prefieren aquellos en los cuales sujetos de edades similares a las de ellos son físicamente atractivos y se presentan como héroes populares. Por otra parte, el 70% resaltan la importancia que los mensajes se acompañen de sonidos altos, y el empleo de colores intensos.

Lo anterior da cuenta de las preferencias de adolescentes por alimentos llamados “chatarra”, cuya publicidad en televisión y cines se presenta como el gancho que favorece su consumo. “Es factible que estos medios estimulen el consumo de estos productos, favoreciendo además la prevalencia de sobrepeso y obesidad en México”, indica el reporte.


Por otra parte, el número de casos de obesidad entre personas de 15 a 19 años de edad en el país, es bajo, no más allá de cinco puntos porcentuales del total. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud (SSa), el año pasado se atendieron en hospitales públicos y particulares a 17 mil 393 adolescentes por tal padecimiento, el 4.84% general.

En tanto, al primer bimestre de 2015 aumentó a 5.10% de la totalidad de prestación del servicio médico de ese sector poblacional, pues hubo 2 mil 205 de los 43 mil 223 registros a nivel nacional.


Si bien dichos datos no pueden considerarse alarmantes, significan que a futuro, si no modifican sus hábitos alimenticios, esos adolescentes enfrentarán problemas de salud derivados de la obesidad, como hipertensión, diabetes mellitus tipo II, que pueden a su vez resultar en otros padecimientos mortales, como los cardiacos y del hígado.


De ahí la importancia de consumir alimentación adecuada y realizar ejercicio de manera constante.
 

La obesidad supera al bajo peso como forma de malnutrición entre niños y adolescentes, según Unicef. Los comedores escolares pueden ser una solución.

Un nuevo informe alerta del rápido aumento de la prevalencia de sobrepeso entre los niños y adolescentes de 5 a 19 años de países de ingresos bajos. Los ingresos bajos y medios provocan la compra de dietas ricas en ultra procesados, siendo estos la punta de lanza de este incremento. Hace un año, un estudio de The Lancet había advertido de que este ya era el principal problema de malnutrición entre adultos y niños a nivel global. Los comedores escolares, que han aumentado su cobertura, son una herramienta clave de prevención.

El problema:

Ejecutiva de Unicef, Catherine Russell, que alertó de que la obesidad es un problema “cada vez más alarmante” que puede acarrear consecuencias para la salud y al desarrollo de la infancia.

“Los alimentos ultraprocesados están desplazando cada vez más el consumo de fruta, verdura y proteínas, en un periodo de la vida en el que la nutrición es esencial para el crecimiento, el desarrollo cognitivo y la salud mental”, incidió.

La investigación Alimentando el negocio: cómo los entornos alimentarios ponen en peligro el bienestar de la infancia se basa en datos de más de 190 países y desvela que, desde el inicio de siglo, la prevalencia del bajo peso en niños de 5 a 19 años ha disminuido del 13% al 9,2%. Una buena noticia que contrasta con el aumento del índice de obesidad, que ha pasado del 3% al 9,4%. Hoy, 188 millones de niños en el mundo, uno de cada 10, tiene obesidad. Esta supera al bajo peso en todas las regiones, excepto en África Subsahariana y Asia Meridional.

Varios países insulares del Pacífico son los que muestran el mayor índice de obesidad a nivel mundial entre niños de 5 a 19 años, con un 38% en Niue, un 37% en Islas Cook y un 33% en Nauru. Estos niveles tan altos se deben principalmente al abandono de las dietas tradicionales por otras con alimentos de alta densidad energética, baratos e importados.

En total, uno de cada cinco niños y adolescentes de entre 5 y 19 años padecen sobrepeso. Por regiones, América Latina y el Caribe, Oriente Medio y África del Norte y América del Norte se encuentran entre las tres con mayor prevalencia entre niños y adolescentes de 0 a 19 años. Según los datos más recientes, en el mundo hay 391 millones de niños y adolescentes con sobrepeso y, una amplia proporción de estos presenta obesidad, la fase crónica del sobrepeso que ya supone riesgos para la salud.

El sobrepeso y la obesidad crecen más rápido en los países de ingresos medios y bajos. Hoy en día, el 81% de los niños con sobrepeso de 5 a 19 años viven en estos territorios. Solo entre el 2000 y 2022, el número de niños con sobrepeso se cuadruplicó en los países de ingresos bajos. Afganistán, Bután, la República Democrática del Congo, Indonesia, Liberia, Sri Lanka, Maldivas, Pakistán y Vietnam son los países que han experimentado un aumento más pronunciado del sobrepeso.

El informe resalta que la responsabilidad a la hora de adoptar una dieta rica en ultraprocesados no es individual. “No son los niños y las niñas los que están fallando, ni son las familias, sino que hay unos entornos donde este tipo de productos están disponibles”, menciona Brero. Explica que estos ultraprocesados se encuentran en los espacios donde los niños juegan, viven y aprenden, son más baratos y la industria invierte en grandes campañas de marketing y de publicidad.

Solucion, Prevenir la obesidad en los comedores escolares:

Para mejorar los entornos alimentarios y reducir las tasas de obesidad y sobrepeso, Unicef recomienda establecer políticas que abarquen el etiquetado de alimentos, restricciones a la comercialización e impuestos y subvenciones a alimentos. Además, es necesario prohibir la venta de alimentos ultraprocesados y su publicidad en las escuelas, hacer frente a las injerencias de la industria de los procesados, desarrollar iniciativas con las familias y comunidades para que reclamen entornos alimentarios más saludables y mejorar el acceso de las familias vulnerables a una alimentación nutritiva.

«Si los niños que antes obtenían la mayoría de sus calorías de cereales no procesados, verdura, fruta, huevos o carne, ahora lo hacen de estos alimentos, eso contribuye a carencias de micronutrientes y desnutrición» Mauro Brero, asesor senior de nutrición en Unicef.

En estas tareas de prevención, los comedores escolares juegan un rol clave. Carmen Burbano, directora de Alimentación Escolar y Protección Social del Programa Mundial de Alimentos (PMA) explica que en América Latina, Asia y África se ha comenzado a trabajar para que estos programas sociales ―que han aumentado su cobertura en un 20% en los últimos cuatro años, según un informe también publicado este miércoles― promuevan mejores hábitos alimenticios y una relación sana con la comida. “Países como México, Chile, Argentina, Perú, Colombia y Brasil han reformado sus programas para atacar este problema”, asegura Burbano en una entrevista telefónica. Esto se consigue no solo al brindar menús saludables, sino al enseñar sobre nutrición en las clases. “Con huertas escolares, por ejemplo, se les habla a los niños de alimentos sanos y cómo prepararlos. Esto hace parte de una visión holística de lo que puede hacer el sistema educativo para enfrentar esta forma de malnutrición”.

El estudio Estado de la alimentación escolar en el mundo 2024, del PMA, ve una oportunidad para atacar este y otros problemas de malnutrición con el aumento de cobertura de comidas escolares, que ha crecido hasta en un 60% entre los niños de países de bajos ingresos. África, que sufre tanto la desnutrición como la obesidad y otros problemas de la vida sedentaria, ahora brinda alimentos en las escuelas a 20 millones de niños más que en 2022.

El aumento de la cobertura, hasta un total de 466 millones niños beneficiarios en todo el mundo, se ha conseguido gracias a la coordinación de la Coalición Global para la Alimentación Escolar, que asocia a 108 países, y a la financiación de los gobiernos, destaca el informe. “Una hipótesis”, dice Burbano, es que la pandemia fue un shock para las comunidades. Las escuelas cerraron, se suspendió el acceso a alimentos y, entonces, los gobiernos se dieron cuenta de lo valiosos que eran estos programas». La financiación global de comidas escolares se ha duplicado, pasando de 43.000 millones de dólares en 2020 a 84.000 millones en 2024 (de unos 36.600 millones de euros a 71.500 millones de euros).

No obstante, reconoce Burbano, aún hay una brecha por resolver: “Un 30% de los niños de países de bajos ingresos recibe comidas escolares; en comparación con el 80% de los niños de países de altos ingresos. Ahí es cuando necesitamos la ayuda internacional”. De momento, solo el 1% de los fondos para comedores escolares vienen de Ayuda Oficial al Desarrollo, según el documento del PMA. Aumentar esa participación en países de bajos ingresos permitiría impulsar la cobertura y, luego, entregar el relevo a los gobiernos, para que financien los proyectos con presupuestos nacionales y los hagan sostenibles.


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