El ozono también amenaza las cosechas

La seguridad alimentaria, es decir, la disponibilidad y el acceso a los alimentos básicos, no solo dependerá de cómo se gestionan los efectos del cambio climático en las cosechas. Además del calentamiento, también habrá que tener en cuenta la contaminación, en concreto la del ozono troposférico.

De ello alertan investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), que publican en la revista Nature Climate Change cómo este tipo de contaminación puede, en los países en desarrollo, aumentar del 17% al 27% el porcentaje de malnutrición.

El ozono es un gas muy oxidante capaz de dañar a las especies vegetales. Muchos estudios se habían ocupado de los efectos del cambio climático en la producción agrícola, pero no se había estudiado este factor combinado con la contaminación ambiental, aseguran los autores del trabajo. El calentamiento podría reducir las cosechas globales en un 10% en 2050. Para entonces se estima que las necesidades de comida se incrementarán en un 50% debido, entre otras cosas, al crecimiento de la población, recuerdan.

Los autores estudiaron las predicciones de temperatura y contaminación, elaboraron dos posibles escenarios -uno más optimista y otro más pesimista- y sus futuros efectos en la producción de trigo, arroz, maíz y soja. «Los efectos de la contaminación por ozono dependen mucho del escenario», escriben. En el pesimista, con una contaminación por ozono es muy alta, las cosechas mundiales se reducirían un 3,6% de media.

Existen muchas diferencias en función del tipo de cosecha y la región. En el sudeste asiático, por ejemplo, donde los dos escenarios predicen más ozono, la producción de trigo podría caer un 40%. La producción de arroz y maíz en China es muy sensible al ozono. En cambio, el maíz, en zonas como Estados Unidos, Europea y Suramérica, así como la soja en Suramérica, acusan más los efectos de la temperatura. Los autores del estudio insisten en que es necesario adaptarse: reduciendo la contaminación y plantando cultivos que se adapten a temperaturas más altas.

https://biotech-spain.com/es/articles/el-ozono-también-amenaza-las-cosechas

Conquistados por el verde: los vegetales en nuestro menú.

Este año, la gastronomía española ha dado un giro notable hacia lo vegetal. La moda de las dietas «plant-based», centradas en ingredientes vegetales, ha llegado para quedarse, consolidándose como una opción alimentaria permanente. Un análisis reciente revela que aproximadamente el 11,1 % de la población adulta española sigue alguna variante de dieta vegetariana, ya sean flexitarianos, un término generalizado que se utiliza para definir a aquellos que son en su mayoría vegetarianos pero de vez en cuando consumen carne, vegetarianos estrictos o veganos.

Este cambio se manifiesta ampliamente, trascendiendo el ámbito doméstico. Restaurantes, cadenas de supermercados y compañías de alimentos están adaptando sus ofertas, evidenciándose en el aumento de menús vegetarianos, productos vegetales listos para el consumo y alternativas saludables diseñadas para reducir la ingesta de carne.

El creciente interés por lo vegetal no se debe solo a la preocupación por la salud, sino también a una mayor sensibilidad hacia la sostenibilidad: disminuir el consumo de carne ayuda a mitigar el impacto ambiental, y muchos productos vegetales priorizan ingredientes locales, métodos de producción ecológicos y sistemas de trazabilidad, por lo que a lo sumo, es más amigable con el medio ambiente y ayuda a mantener una huella de carbono relativamente más baja.

Para quienes viven en zonas como la Comunidad Valenciana, esto podría significar una transformación positiva: una oferta alimentaria más diversa, alternativas más saludables y una cocina que respalda los ideales de sostenibilidad y bienestar. Asimismo, esta tendencia brinda una opción culinaria atractiva, ingeniosa y accesible para todos los gustos, por lo que se recomienda que, poco a poco, debemos de tratar de controlar todo aquello que comemos, de donde proviene y demás datos importantes, pues esto ya no es cuestión del medio ambiente, sino también de salud, nuestra salud.

Si quieres descubrir más, visita el siguiente enlace: https://los40.com/2025/09/16/mas-de-100-cientificos-espanoles-piden-a-los-supermercados-impulsar-una-transicion-hacia-dietas-vegetales

Hongos: la carne del futuro que revoluciona la industria alimentaria

Bien es sabido que la industria de la carne, sea cual sea el animal, no solo conlleva problemas morales en su forma de operar, también tiene un impacto negativo en el medio ambiente, sea por la exagerada cantidad de agua que se emplea, la gran cantidad de restos que no se desechan correctamente o bien por la necesidad de un espacio que albergue a los animales. Esto solo remarca la insostenibilidad de las dietas basadas en carnes, haciendo necesarias alternativas que no tengan los mismos problemas, como son, por ejemplo, los hongos.

Los hongos, pertenecientes al reino fungi (es decir, no son ni plantas ni animales) vienen en varias formas y tamaños, pero nosotros como humano solo consumimos las setas (denominados basidiocarpos). Estas setas se pueden cultivar de manera fácil, sin necesitar un espacio absurdo, con requisitos simples, como son la humedad y oscuridad. Esto, junto al descubrimiento de este artículo, hacen a las setas un perfecto candidato a ser el sustituto de la carne.

Este descubrimiento es el aporte nutritivo de estos organismos, pues estos contienen vitaminas importantes, minerales y sobre todo, son una fantástica fuente de proteínas, contando con todos los aminoácidos que se requieren para formar proteínas.

https://unionvegetariana.org/hongos-la-carne-del-futuro-que-revoluciona-la-industria-alimentaria

Optar por una alimentación basada en plantas reduce un 51% las emisiones y el uso de energía, según un ensayo clínico

Adoptar una alimentación basada en plantas se perfila como una de las acciones más efectivas para frenar el cambio climático. Un ensayo clínico realizado en Estados Unidos comprobó que reemplazar carne, lácteos y huevos por cereales, legumbres y otros alimentos vegetales puede reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la dieta. El estudio, publicado en JAMA Network Open, demuestra que modificar los hábitos alimentarios tiene un impacto ambiental inmediato y considerable. Más específicamente, una alimentación basada en plantas reduce un 51% las emisiones y el uso de energía.

Un experimento controlado en adultos con sobrepeso

El estudio fue liderado por la Dra. Hana Kahleova, directora de investigación clínica del Physicians Committee for Responsible Medicine. El equipo seleccionó a 244 adultos con sobrepeso en Washington D. C. para realizar un seguimiento entre enero de 2017 y febrero de 2019. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a dos grupos: uno vegano, que debía restringir las grasas y centrar su dieta en frutas, verduras, cereales y legumbres; y un grupo de control, que continuó con su alimentación habitual. Durante 16 semanas, los investigadores recopilaron registros alimentarios detallados de los participantes. Esta información fue analizada y relacionada con bases de datos oficiales del Departamento de Agricultura de Estados Unidos y diversas plataformas de impactos ambientales. Así, pudieron medir con precisión la huella asociada a cada hábito alimentario y calcular las diferencias entre ambos grupos de estudio.

Menos emisiones y menor consumo de energía

Los resultados fueron contundentes. El grupo vegano logró reducir sus emisiones diarias de CO₂ equivalente en 1.313 gramos por persona, frente a los 314 gramos del grupo de control. Esto implica una disminución del 51% tanto en los gases de efecto invernadero como en la demanda energética derivadas de la dieta, un cambio equivalente a evitar recorrer 6,9 kilómetros al día en un coche de gasolina. La mayor parte de la reducción se explica por la menor ingesta de carne, un dato que refuerza conclusiones de investigaciones previas como el informe EAT-Lancet. El consumo de lácteos y huevos mostró una influencia considerable, aunque en menor medida. Estas diferencias confirman que los alimentos de origen animal, en particular la carne roja, ejercen una presión ambiental desproporcionada cuando se los compara con cereales, legumbres, frutas y verduras.

Repercusiones para la salud, el ambiente y el futuro

La investigación no solo aporta evidencia sobre el impacto positivo de las dietas vegetales en el entorno, sino que también respalda beneficios metabólicos y de reducción de peso observados previamente asociados a este patrón alimentario. Este doble efecto convierte a la alimentación basada en plantas en una herramienta decisiva, tanto para quienes buscan mejorar su salud personal como para quienes privilegian la protección medioambiental.

Según la Dra. Hana Kahleova“sabemos que las dietas basadas en alimentos vegetales integrales son mejores para nuestra salud y para el medio ambiente. Este análisis nos muestra cuán significativas pueden ser nuestras elecciones alimentarias diarias”.

Limitaciones y perspectivas: desafíos hacia el cambio global

A pesar de la solidez del estudio, los propios autores señalan limitaciones inherentes al diseño. Los datos sobre consumo se obtuvieron de registros autoinformados, lo que podría implicar desviaciones o errores involuntarios en la declaración de hábitos alimentarios.

Además, el perfil de los participantes (adultos con sobrepeso voluntarios para investigaciones médicas) puede no reflejar la diversidad de la población general, por lo que los resultados podrían variar en contextos más amplios.

Sin embargo, a medida que crece la conciencia global sobre el impacto de la alimentación en el ambiente, la sustitución de productos animales por alternativas vegetales parece perfilarse como una acción viable y eficaz, a la altura de estrategias como reducir, reutilizar y reciclar. La ciencia ofrece ahora una guía clara: modificar la dieta individual puede convertirse en un factor crucial en la reducción de emisiones y consumo energético de la producción de alimentos a escala mundial.

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Cómo los menús escolares han conseguido reducir su impacto ambiental

Un estudio de científicos catalanes identifica qué platos de los comedores escolares pueden modificarse para ser más sostenibles y cuáles son imprescindibles desde el punto de vista nutricional.

La alimentación sostenible y saludable aún no es la norma, y los comedores escolares son clave para promover buenos hábitos. La investigación analiza las guías alimentarias de la Agencia de Salud Pública de Cataluña (ASPCAT) desde 2005 —actualizadas en 2012, 2017 y 2020—, usadas por los centros para diseñar menús. El trabajo ha sido realizado por la UOC, ISGlobal, la ASPCAT, la Cátedra UNESCO de Ciclo de Vida y Cambio Climático y la BSM-UPF.

El estudio concluye que algunos alimentos con alto impacto ambiental, como la fruta, son esenciales y no pueden sustituirse. Otros, como el arroz, sí admiten alternativas nutritivas. Los segundos platos, sobre todo con carne y pescado, son los que más huella ecológica generan.

«Este es uno de los primeros estudios que analiza los comedores escolares como espacios donde se forman hábitos duraderos», señala Júlia Benito-Cobeña, coautora. Las directrices de 2020 ya incluyen criterios de sostenibilidad y el estudio confirma que el impacto ambiental se ha reducido.

Caída progresiva del impacto

Publicado en Science of the Total Environment, el trabajo muestra mejoras claras en los menús de 7 a 12 años. Frente a 2005, las actualizaciones de 2012, 2017 y 2020 redujeron la huella ambiental un 9 %, 22 % y 40 %. Los 16 indicadores analizados también bajaron entre un 5 % y un 52 %.

Alimentos más impactantes

Los investigadores identifican los grupos que más contribuyen al impacto y proponen cambios sin alterar la calidad nutricional. Reducir carne y pescado, aumentar proteínas vegetales y diversificar cereales podría recortar la huella un 50 %.

Aunque fruta y arroz consumen mucha agua, la fruta es esencial y debe mantenerse en cuatro de cada cinco comidas, recuerda Anna Bach (UOC). El arroz, en cambio, puede sustituirse por cereales más resilientes.

Cómo lograr una buena aceptación

El estudio señala la creencia de que los menús vegetales son menos sabrosos, además de la dificultad de que los niños acepten verduras y legumbres si no se presentan de forma atractiva. Los autores piden colaboración entre familias, escuelas y cocinas, y sugieren evaluar cómo se están aplicando realmente estas directrices.

https://www.superdeporte.es/verde-azul/2025/11/17/menus-escolares-reduce-impacto-ambiental-123810265.html

Residuos agrícolas convertidos en imanes que desintoxican el agua. 

En un contexto global donde las fuentes de agua dulce desaparecen poco a poco, y los contaminantes industriales y agrícolas aumentan su cantidad cada vez más. En esta situación, unos investigadores de la Universidad de Dalhousie han logrado convertir simple materia vegetal en sustancias capaces de atrapar contaminantes tóxicos con una eficacia inesperada, todo ello sin generar un impacto ni residuos externos. 

¿Cómo se fabrican exactamente?

El estudio se centra principalmente en el uso de los siguientes dos subproductos, restos de lino y aserrín de eucalipto. Estos dos compuestos fueron transformados mediante un proceso denominado carbonización hidrotermal. Este procedimiento consiste en la aplicación de calor y presión en un medio acuoso a estos compuestos, los cuales los convierten en sustancias ricas en carbono (hidrocarbones).

Sin embargo, lo interesante de esta investigación es la decisión de incorporar hierro a estos hidrocarbonos, lo cual los cambia a unos imanes adsorbentes. Lo más curioso  de ellos no es solo su eficacia, sino que al ser simples imanes pueden ser extraídos del agua tratada por otros imanes, los cuales reducen el costo económico y ambiental de producir sistemas de filtros costosos específicos para ellos.

¿Qué motivo hizo que se iniciara el proyecto en primer lugar?

El estudio se inició por una razón, y tiene nombre: pentclorofenol (PCP). Este pesticida y conservante de la madera, catalogado como contaminante persistente por la ONU y conservador de la madera está presente en ahúsas residuales industriales agrícolas; Las conclusiones de las pruebas del estudio demostraron cómo imanes formados por ambos subproductos eran capaces de eliminar grandes cantidades de PCP de aguas contaminadas por este. Y lo mejor de todo, sin dejar ningún tipo de rastro férrico en los líquidos.

Conclusiones finales

Como podemos observar, las conclusiones de este estudio abre un gran abanico de posibilidades. Desde su simplicidad de uso y extracción, el cual podría ser usado hasta en las zonas rurales más desconectadas de la tecnología actual. Además, su relativamente simple proceso de fabricación permite producirlos en masa, todo ello usando materiales considerados residuos. No solo eso, sino que debido a su naturaleza, no haría falta utilizar sustancias químicas posiblemente nocivas para el medio ambiente.
Si desea saber más pulse en el siguiente enlace:

https://ecoinventos.com/investigadores-canadienses-convierten-residuos-agricolas-en-materiales-magneticos-que-eliminan-hasta-el-95-de-contaminantes-toxicos-del-agua/

Tecnología en el sector de la alimentación para mejorar el impacto en el medio ambiente

Desde Seven Roots se invierte en empresas de impacto positivo que se dedican a usar la tecnología para mejorar el impacto en el medio ambiente. Un ejemplo es la marca Bioo, una empresa que ha creado una tecnología puntera para cargar el móvil a través del contacto con la naturaleza, pero hay mucho más.

¿Cómo puede ayudar la tecnología en el sector de la alimentación para mejorar el impacto en el medio ambiente?

La tecnología es un gran aliado para el sector alimentario desde varios puntos de vista.

Todas las tecnologías aplicables en este sector desde los sistemas de predicción hasta la inteligencia en los materiales pueden permitirnos avanzar hacia una alimentación más eficiente y, en consecuencia, sostenible.

La alimentación del futuro será transformada gracias a la tecnología y a la innovación. Tecnología capaz de preservar los nutrientes sin dañar la calidad de los alimentos, tecnología que permitirá reducir el desperdicio en toda la cadena de procesos, tecnología que permitirá reducir los envases de un solo uso.

Desde Seven Roots, ¿qué tecnología en este sector os ha llamado más la atención?

Nuestro propósito en el sector alimentario es desarrollar productos que sean realmente saludables. Hasta ahora no se ha podido optar por utilizar una tecnología capaz de mantener la aportación nutritiva original de los alimentos, históricamente la industria alimentaria ha renunciado a la calidad nutricional a favor de ampliar la vida útil del producto.

Pero existen alternativas capaces de asegurar un producto saludable y sin dañar los nutrientes. Nosotros estamos apostando por una de ellas, la liofilización que la Nasa ya la utilizó en 1969 en el Apolo 11. Nuestra innovación se ha enfocado en esta tecnología y en todos los procesos que se derivan de ella para dar con el mejor producto de fruta para consumir en cualquier momento y en cualquier sitio.

Además esta tecnología permite reducir más de un 50% el desperdicio alimentario aplicando su uso en producciones de mayor tamaño. Estamos empezando por frutas como el aguacate, que en especial es muy costoso de producir en el ecosistema pero a la vez un gran superalimento.

¿Qué beneficios a corto y largo plazo tiene invertir en este tipo de tecnología?

Invertir en alimentación real es invertir en salud. Debemos apostar por productos no procesados y de calidad nutricional, ya que nuestra medicina preventiva es nuestra alimentación.

Los consumidores aprecian que los productos sean realmente saludables y eso beneficia a toda la cadena de valor. Pero es necesario invertir en la tecnología e innovación necesaria para hacerlos realidad. Debemos salir de las cadenas de operaciones basadas en términos de eficiencia económica y productiva por eficiencia nutricional.

¿Está aumentando la inversión en este sector?

Si, España es uno de los países más importantes en el desarrollo de tecnologías alimentarias. El progreso tecnológico y el aumento de la inversión en este sector son dos elementos claves.

¿Cómo convencerías a una empresa de alimentación para que apueste por tecnología que tenga un impacto positivo en el medio ambiente?

Hay dos razones significativas: la primera por ejemplo y de fácil aplicación es desarrollar una política interna para aprovechar el desperdicio en la cadena de operaciones. Las compañías que tienen políticas de este tipo son un 30% más productivas y se benefician además de un ahorro en costes.

La segunda razón: desarrollar un producto pensando en su sostenibilidad desde el diseño nos hará ser más eficientes en sus envases y preservación. La mayoría de residuos en alimentación no son estrictamente necesarios, debemos ir al minimalismo e innovar con diferentes formas de terminar un producto alimentario sin mermar sus beneficios.

Cuando el foco es la sostenibilidad, el valor de cualquier producto se multiplica y los beneficios son económicos y sociales.

Si es tan fácil convencerla, ¿por qué crees que aún hay muchas que le dan la espalda a esta tecnología?

No es fácil salir de los procesos habituales que conocemos hasta ahora. La mayoría utilizamos los mismos sistemas productivos desde hace años e innovamos más bien poco en sostenibilidad, hasta ahora hemos aplicado la innovación para conseguir eficiencia económica y especialmente con criterios de productividad.

Debemos abandonar el foco en la productividad y apostar por productos que sean realmente saludables. El consumidor lo apreciará y lo valorará tanto en su perspectiva de precio como en su consumo recurrente o fidelización.

Ya no todo vale en alimentación, hay que apostar por productos realmente saludables y sostenibles.

Tecnología en el sector de la alimentación para mejorar el impacto en el medio ambiente

El impacto ambiental de la industria alimentaria: entre la necesidad y la urgencia de un cambio sostenible

La industria alimentaria es esencial para la supervivencia humana en el mundo actual, pero también representa uno de los sectores con mayor impacto ambiental en el planeta. Desde la producción de carne hasta el transporte de frutas tropicales, cada eslabón de la cadena alimentaria deja una huella ecológica que no podemos ignorar.

¿Qué impacto tiene la industria alimentaria en el medio ambiente?

La industria alimentaria contribuye a:

  • Contaminación del aire, agua y suelo por el uso de pesticidas, fertilizantes y antibióticos.
  • Pérdida de biodiversidad por la expansión de monocultivos y la destrucción de hábitats naturales.
  • Agotamiento de recursos naturales, como el agua potable y los suelos fértiles.
  • Generación masiva de residuos, tanto orgánicos como plásticos por el empaquetado excesivo.

La producción de alimentos, especialmente de origen animal, genera más del 35 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI). Solo la ganadería bovina puede representar hasta el 30 % de estas emisiones, debido a la digestión del ganado, el uso intensivo de agua, la deforestación para cultivos de forraje y el transporte.

Otros ejemplos son las consecuencias de la pesca o del transporte de los alimentos.

La sobreexplotación de los mares ha disminuido poblaciones de especies como la merluza, el bacalao y los cefalópodos. Aunque se promueve la acuicultura como solución, esta solo es viable para especies no carnívoras. La pesca industrial, incluso con etiquetas de sostenibilidad, sigue desgastando los ecosistemas marinos. En España, por ejemplo, ha duplicado sus capturas en océanos lejanos como el Índico y el Pacífico, lo que evidencia el agotamiento de sus propios caladeros.

Por su parte, la globalización ha disparado el consumo de productos de origen lejano, como frutas tropicales transportadas en avión o barco y refrigeradas durante todo el trayecto. Este tipo de consumo genera una huella de carbono superior incluso a la de algunos productos cárnicos. El exceso de empaquetado, especialmente con plásticos no biodegradables, ha convertido los residuos alimentarios en un problema ambiental de primer orden, así como la contaminación producida por los combustibles gastados en el proceso de transporte..

¿Qué podemos hacer?

La FAO y otros organismos internacionales proponen medidas urgentes, como por ejemplo:

  • Reducir el consumo de carne, especialmente en países desarrollados.
  • Promover dietas basadas en vegetales, que requieren menos recursos y generan menos emisiones.
  • Fomentar la agricultura sostenible, como la orgánica y la permacultura.
  • Disminuir el desperdicio de alimentos, que representa un tercio de la producción global.
  • Adoptar tecnologías limpias y energías renovables en la industria.
  • Aplicar la economía circular, reutilizando residuos orgánicos para crear bioproductos.
  • Mejorar el empaquetamiento de los alimentos

La industria alimentaria tiene el poder de alimentar al mundo, pero también la responsabilidad de hacerlo sin destruirlo. La transformación hacia un modelo más sostenible no solo es posible, sino urgente. Gobiernos, empresas y consumidores deben colaborar para cambiar el rumbo y garantizar un futuro donde comer no signifique contaminar.

https://eco-nutricion.com/impacto-ambiental-de-la-industria-alimentaria

Cómo se relaciona la industria alimentaria con el cambio climático

¿Qué impacto ambiental tiene la industria alimentaria? | 2025

La industria alimentaria no envasa comida, envasa pantanos

La industria alimentaria española enfrenta un desafío crítico: la escasez de agua. Para mantener su producción anual, las fábricas requieren enormes volúmenes de este recurso, cada vez más limitado. Este sector abarca el procesamiento de, prácticamente, todos los alimentos que consumimos a diario, desde el yogur y el pan de molde hasta el jamón cocido, las cervezas y los refrescos. Para ilustrarlo con un dato concreto: producir una sola jarra de cerveza de 250 ml puede requerir hasta 74 litros de agua. En términos globales, la industria alimentaria concentra el 21% del consumo de agua industrial en España.

Esto deja al sector, y por tanto a los consumidores, en una situación de vulnerabilidad. No es nada nuevo; se han publicado decenas de informes científicos que acreditan que el cambio climático ya afecta a la disponibilidad del agua. España, de hecho, es uno de los países más expuestos al estrés hídrico y las sequías han duplicado su frecuencia. Buena prueba de ello es la inusual falta de lluvia que padeció buena parte de la península ibérica el año pasado y de la que algunas comunidades, como Cataluña, aún se están recuperando. 

Esta breve vista panorámica del problema debería servir para entender que sectores como la industria alimentaria deben adaptar sus consumos. Cuando utilizamos el verbo “adaptar” realmente queremos decir “recortar”. Reducir los usos de agua no sólo es positivo desde el punto de vista ambiental, sino que tienen un impacto notable en los libros de cuentas de las empresas del sector. El agua aporta un valor agregado bruto a la industria alimentaria de 22.551 millones de euros anuales. El reto, por tanto, pasa por rebajar los usos de agua en los procesos industriales, sin alterar el ritmo de producción. 

El último informe de la Fundación Renovables –Mejora de la resiliencia de la industria frente al estrés hídrico – demuestra que hay medidas muy asumibles con un impacto enorme en los consumos. Cada subsector dentro de la industria alimentaria tiene sus particularidades y, por ello, no todos pueden aplicar las mismas medidas. Pero, lo que sí sabemos es que todas las empresas tienen soluciones al alcance de su mano

Un simple cambio en la receta, por ejemplo, puede ahorrar litros y litros de agua en el proceso de elaboración de un producto. Por ejemplo, bajando la dosis de agua en la elaboración de un yogurt o un batido. Esta solución tan simple ya la aplican otros sectores, como el de los cosméticos, consiguiendo jabones y lociones igual de eficaces. 

Los sistemas de recircularidad del agua son otra herramienta importante que permiten aprovechar el recurso al máximo y reducir, además, los vertidos. Algunas empresas del sector cervecero ya han empezado a instaurar estos sistemas y, lo aseguro, la cerveza sigue estando igual de buena. Existe otro sin fin de medidas sencillas como el uso de tanques que reaprovechan el agua de lluvia o el impulso de medidas de monitoreo destinadas a reducir consumos no productivos. 

Todas ellas son innovaciones necesarias que no pueden depender de la voluntariedad del sector. Necesitamos una estrategia nacional que ponga sobre la mesa medidas, planes y objetivos para reducir los consumos de agua de la industria alimentaria. Desde normativas que obliguen a instaurar cambios en las cadenas de valor, hasta la aprobación de incentivos fiscales que graven, por ejemplo, los vertidos de aguas residuales industriales. 

Este año ha llovido. Por suerte, los pantanos están en máximos –en líneas generales– superando la media de la última década. Pero, la ciencia nos advierte: la disponibilidad de agua es cada vez menor en España. La próxima sequía podría estar a la vuelta del verano y necesitamos ya un plan para adaptar nuestra economía a una coyuntura de estrés hídrico. Nos va la vida (y la cesta de la compra) en ello.

La industria alimentaria no envasa comida, envasa pantanos

África, la nueva ‘victima’ de los cultivos transgénicos

En contraste con Europa, que tiene leyes más restrictivas a los transgénicos, los países africanos carecen de regulación, con apenas siete países con normas en bioseguridad. Estados Unidos, el mayor productor mundial de transgénicos busca nuevos mercados para introducir sus cultivos, en especial a través de actores como la Fundación Gates y el gigante agroindustrial, Monsanto, que fuerzan a los estados africanos a aceptar semillas y organismos genéticamente modificados (OMG). La estrategia de su Administración consiste en brindar asistencia en la definición de sus leyes de bioseguridad con el objetivo de promover los intereses de las multinacionales biotecnológicas. El nuevo informe muestra cómo Monsanto influye en la legislación para aprobar sus productos como el maíz transgénico.

Por el momento, solo cuatro países de África -Burkina Faso, Egipto, Sudáfrica y Sudán- han permitido la entrada de cultivos transgénicos comerciales. “Los agricultores sudafricanos tienen más de 16 años de experiencia en el cultivo de maíz, de soja y algodón transgénicos, sin embargo, la promesa de que estos organismos podrían ser clave para la seguridad alimentaria no se ha materializado. De hecho, según el informe, los niveles de seguridad alimentaria están disminuyendo: casi la mitad de la población se ve afectada por la falta de alimentos, a pesar de que Sudáfrica exporta maíz”, ha señalado Haidee Swanby del Centro Africano para la Bioseguridad y autora del informe encargado por Amigos de la Tierra Internacional. Además pocos campesinos pueden permitirse el lujo de probar semillas de alto costo, que requieren el uso de agrotóxicos, fertilizantes sintéticos y productos químicos. Del 24 al 27 febrero, delegados de Amigos de la Tierra van a participar en el Foro Internacional de Agroecología en el Centro de Nyéléni en Sélingué, Malí.


Las organizaciones asistentes al foro, que representan a millones de pequeños productores de alimentos a pequeña escala, consideran que los cultivos modificados genéticamente son parte del problema, no la solución, del hambre, del cambio climático, de la pérdida de biodiversidad y de otras crisis a las que se enfrenta la humanidad. Consideran que la agroecología y la soberanía alimentaria son claves para luchar contra estas crisis

Fuente: https://asoeco.org/medio-ambiente/africa-la-nueva-victima-de-los-cultivos-transgenicos/