¿Es realmente peligroso el consumo de microplásticos a través de la alimentación?

Buena parte de los que aparecen en alimentos provienen del mar y están presentes en el pescado que ponemos a nuestra mesa. “Los microplásticos pueden ser fácilmente consumidos por los animales marinos y, de esta forma, entrar en nuestra cadena alimentaria”, tal y como indica la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN).

A pesar de que este dato puede resultar alarmante, la AESAN aclara que esos microplásticos están presentes principalmente en el estómago y los intestinos, por lo que “generalmente son eliminados y no constituyen una importante fuente de exposición para los consumidores”. Otra fuente de microplásticos es el propio envasado de los alimentos. Pero también los utensilios o herramientas que se emplean en la preparación de la comida. O incluso del proceso de lavado de la ropa con tejidos de nylon en los hogares o las cubiertas de los neumáticos.

¿Son perjudiciales para la salud?

Responder esta pregunta no es fácil porque, tal y como afirma Rafael Urrialde, profesor universitario y Académico de Honor de la Academia Española de Nutrición y Dietética, “los plásticos apenas se llevan usando 70 años, y mucho menos tiempo estudiando sus efectos en la salud tras ser ingeridos. Por eso es complicado saber cuáles son sus efectos a medio y largo plazo”.

Por eso, el experto refiere la importancia de la relación coste beneficio del uso de estos materiales. En ese sentido, Urrialde se refiere a que el plástico “no tiene porosidad, no genera humedad alrededor, es un material totalmente aséptico por lo que su interior no se contamina de bacterias. Además, es maleable por lo que es fácil de transportar”.

Contenido extraído de https://www.elconfidencial.com/bienestar/2025-04-12/peligro-consumo-microplasticos-en-la-alimentacion_4102420/

Alerta sanitaria: Los aditivos asociados a los microplásticos ya están en el 80 % de los alimentos que consumimos

La carne es la principal fuente de exposición, seguida de los cereales y las legumbres

Un reciente estudio del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) ha analizado la presencia de aditivos asociados al plástico en los alimentos más representativos de la dieta española con el objetivo de estimar la exposición diaria de los españoles a los microplásticos.

La industria alimentaria había sustituido el uso de componentes dañinos para el organismo por otros compuestos alternativos como los ésteres organofosforados, ftalatos y plastificantes, pero investigaciones recientes han demostrado también su toxicidad.

La contaminación por microplásticos se ha convertido en una amenaza directa para la salud y los microplásticos no solo están en los alimentos embotellados, también se ocultan en productos frescos, como el pescado, la fruta y verdura; también en las infusiones, la sal y el azúcar, entre otros.

El estudio de IDAEA-CSIC evalúa las concentraciones de los aditivos asociados al plástico en los alimentos infantiles, cereales, lácteos, huevos, pescados, carnes, frutas y hortalizas, legumbres, dulces, aceites y condimentos que han seleccionado en función de su patrón de consumo en España siguiendo datos recogidos por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

La dieta mediterránea se caracteriza por el consumo de alimentos frescos, pero su ingesta se ha ido reducido progresivamente en los últimos años a la par que se dispara la venta de productos envasados en plástico y comidas preparadas en España. Solo el 40 % de los alimentos que se consumen en el país son ahora productos frescos y ni siquiera las frutas, verduras, carne y pescado escapan a los aditivos asociados al plástico.

Los resultados del trabajo publicado en Journal of Hazardous Materials muestran que en el 85% de las 109 muestras de alimentos evaluados en España se han detectado alguno de los aditivos que se asocian a los plásticos. Aunque los valores promedio de ingesta están por debajo de los que recomienda la autoridad sanitaria Europea para la población general, los autores de la investigación advierten de la alta exposición para lactantes y niños pequeños que supera los niveles máximos en dos de los compuestos: el ftalato DEFP y el organofosforado EHDPP. En otros tres compuestos los valores están 10 veces por debajo del umbral de riesgo.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentria (EFSA) y la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (USEPA) han fijado valores máximos de ingesta diaria para 15 de los 20 plastificantes detectados en los alimentos. «A pesar de que se cumplen las legislaciones vigentes, sería necesaria la implementación de legislaciones más restrictivas para aquellos compuestos cuyos efectos nocivos a determinadas dosis ya se conocen a día de hoy», apunta la directora de IDAEA, Ethel Eljarrat, autora principal de la investigación.

Cuando los investigaciones demostraron la toxicidad de algunos de los aditivos plásticos como los ésteres organofosforados, utilizados como retardantes de llama, y los ftalatos, empleados para hacer el plástico más resistente y flexible, la industria alimentaria reaccionó a estas evidencias científicas sustituyendo su uso por nuevos plastificantes como los citratos y adipatos, que a priori tienen menor toxicidad, pero estudios recientes señalan que algunos de estos compuestos alternativos también provocan efectos adversos en la salud a largo plazo.

Desde hace tiempo sabemos que los plásticos llegan a nuestro organismo a través de la ingesta de comida y bebida envasadas pero ese no es ni mucho menos el único camino de entrada. «Hemos analizado una amplia variedad de productos de distintas marcas, tanto a granel como envasados, intentado abarcar el mayor rango posible de escenarios de exposición dietética», explica Fernández Arribas uno de los investigadores del Instituto de Diagnóstico Ambiental. «Los niveles totales de plastificantes se sitúan en un valor medio de 61 nanogramos por gramo (ng/g), aunque se llegan a alcanzar niveles de hasta 22 microgramos por gramo (µg/g)», señala.

La legislación de la Unión Europea no establece un nivel máximo de aditivos plásticos en alimentos, sino que garantiza la seguridad alimentaria a través de la regulación de los materiales destinados a entrar en contacto con esos alimentos, estableciendo los límites máximos de migración para ciertas sustancias.

El estudio ha revelado que ocho de cada diez alimentos presentan al menos algún plastificante, siendo los plastificantes alternativos a los ftalatos los más frecuentes. Según Eljarrat, se han observado diferencias significativas en función del tipo de envasado, lo que sugiere que el material en contacto con los alimentos influye en la presencia de compuestos. «Nos han sorprendido las concentraciones de algunos plastificantes, como el acetil tributil citrato (ATBC), en envases de vidrio, lo que podría deberse a la capa de barniz polimérico presente en las tapas metálicas de estos productos. En total, se identificaron 20 plastificantes diferentes, con variabilidad según la categoría alimentaria y la marca del producto», declara la investigadora principal.

Los investigadores también han analizado platos preparados para cocinar en envases de polipropileno. Para determinar la transferencia de los plastificantes durante la cocción en el horno o en el microondas. Realizaron ensayos en condiciones reales, analizando los alimentos antes y después del cocinado. Los resultados muestran que los procesos de cocción aumentan la exposición a los compuestos hasta 50 veces. «A pesar de que los niveles medios detectados se encuentren por debajo de los límites de migración establecidos por la Comisión Europea, recomendamos, por precaución, no calentar la comida en este tipo de envases», dice Eljarrat.

El trabajo publicado en Journal of Hazardous Materials evalúa distintos escenarios de exposición para calcular la ingesta media diaria de plastificantes que es de 288 nanogramos por kilogramo de peso corporal en adultos, siendo la carne la principal fuente de exposición (59 %), seguida por cereales, legumbres y dulces (20 %).

La ingesta diaria es mayor en los lactantes y niños pequeños debido a su menor peso corporal y al consumo de alimentos infantiles. La ingesta media diaria total alcanza los 2262 nanogramos por kilogramo de peso y los 1.155 nanogramos por kilogramo en niños de uno a tres años. Los microplásticos llegan sobre todo a través del consumo de alimentos infantiles y de carne.

«En algunos casos, los valores de exposición por ingesta se acercan o superan el umbral de riesgo y se debe tener en cuenta que la ingesta alimentaria solo representa una de las posibles vías de exposición a estos tóxicos, a lo que se puede sumar la exposición por inhalación, ingestión de polvo o contacto dérmico», señala Eljarrat.

Tomado de: https://www.ultimahora.es/noticias/local/2025/06/30/2416551/estudio-del-csic-halla-aditivos-asociados-plastico-alimentos-consumen-espana.html