Investigadores de la UMH identifican factores predictores del consumo de alimentos ultraprocesados en niños y niñas españoles de 4 años

La UMH alterta sobre el consumo de ultraprocesados en la infancia.

Un estudio de la Unidad de Epidemiología de la Nutrición de la UMH, publicado en la revista Appetite, revela que los niños y niñas de 4 años en España consumen de media 414,6 gramos diarios de alimentos ultraprocesados, lo que representa aproximadamente el 33 % de su ingesta total.

Datos clave del estudio:

Para comprobar este hecho se ha realizado una muestra con 1.736 parejas y sus hijos, que son participantes del estudio de cohorte INMA (Infancia y Medio Ambiente).

Investigadores principales de este proyecto son Jesús Vioque, Laura M. Compañ y Sandra González.

Y sus instituciones implicadas son la UMH, el Instituto de Investigación Sanitaria y la Biomédica de Alicante, CIBERESP.

Algunos tipos de ultraprocesados más consumidos son:

– Lácteos ultraprocesados: 44,3 %

– Bebidas azucaradas y zumos industriales: 17,8 %

– Dulces y repostería industrial: 16,5 %

– Factores predictores del consumo

– Mayor exposición a televisión (+1,5 h/día) → mayor consumo.

– Madres con alta ingesta de ultraprocesados durante el embarazo → hijos con mayor consumo.

– Madres de 30 años o más → hijos con menor consumo.

Este estudio nos esta aportando una evidencia sólida sobre los factores que influyen en el consumo de alimentos ultraprocesados en la infancia, y refuerza la clara necesidad de políticas más severas para la prevención en salud pública y así poder hacer un cambio importante en la alimentación para que reduzcan los factores de riesgo los cuales son modificables desde etapas tempranas de la vida.

Más información en:

Investigadores de la UMH identifican factores predictores del consumo de alimentos ultraprocesados en niños y niñas españoles de 4 años | Radio Elche | Cadena SER

https://cadenaser.com/comunitat-valenciana/2025/09/25/investigadores-de-la-umh-identifican-factores-predictores-del-consumo-de-alimentos-ultraprocesados-en-ninos-y-ninas-espanoles-de-4-anos-radio-elche

Cuentos para comer sin cuentos ayuda a mejorar los hábitos alimenticios entre los niños

El 52,7 por ciento de la población adulta y el 27,6 por ciento de la población infantil presentan sobrepeso u obesidad. Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de mortalidad en los países desarrollados, con un 32,8 por ciento del total de muertes. El sobrepeso, la obesidad o las enfermedades cardiovasculares son consecuencia de los malos hábitos alimenticios de la sociedad actual. Por ese motivo, el equipo de especialistas del gabinete psicológico de María Jesús Álava acaba de publicar «Cuentos para comer sin cuentos», una obra publicada por La Esfera de los Libros y destinada a enseñar a los niños a mejorar esos hábitos.
«La problemática de la alimentación es una de las principales causas de visitas de los padres a las consultas de los psicólogos», afirmó hoy María Jesús Álava durante la presentación del libro, en donde ha facilitado los datos mencionados. «El poco tiempo de los padres va en detrimento de los buenos hábitos alimenticios. La cultura nutricional es muy pequeña hoy en día, mientras que las carencias son muy grandes. Los padres se desesperan por los niños que no quieren comer o que lo hacen de una forma lentísima. Sin embargo, los hijos perciben que este es un tema importante para sus progenitores, unido a que son los pocos momentos del día en los que están juntos, y se convierten en los protagonistas, por lo que intentan llamar más la atención».
Por eso, el objetivo de «Cuentos para comer sin cuentos», elaborado por Ángel Peralbo, Cristina Palmer, Mila Cahue y Silvia Álava, es fomentar en los padres la capacidad de observación hacia sus hijos, porque es importante que sepan cómo educarles. Los cuentos es una forma estupenda de educación y la alimentación también puede ser el fondo de estas historias. La obra se compone de varios cuentos inéditos creados expresamente para este libro, con los que los autores intentan «enseñar a los niños, pero también a los padres». Tras los relatos en sí, se ofrecen pautas para realizar actividades relacionadas con las enseñanzas del cuento.
Favorecer lo positivo
Según Ángel Peralbo, con estos cuentos ilustrados se pretende «captar la atención de los niños y favorecer los hábitos positivos». No se trata tanto de resolver grandes problemas, sino pautas concretas para mejorar pequeños defectos, principalmente en niños de entre 2 y 8 años, que es la etapa en la que mejor se asimilan las enseñanzas. «Es también un libro vivo, que no sólo sirve para leer por la noche, sino que se puede utilizar el resto del día, y que mejora la comunicación entre padres e hijos, un aspecto muy importante, sobre todo de cara a otras épocas más difíciles, como la adolescencia», señaló Peralbo, psicólogo clínico especializado en programas de terapia familiar.
Para Mila Cahue, experta en Elaboración de Dietas y Dietoterapia, «no sólo es importante lo que comemos, sino cómo lo comemos». Las comidas suelen ser momentos «muy estresantes» para la familia, en los que existe un ambiente hostil. «Hay que recuperar las comidas agradables. Lo afectivo es tan importante como lo nutritivo». «Y marcar pautas no significa ser duro o seco, sino ser firme», puntualizó.

https://www.esferalibros.com/noticias/cuentos-para-comer-sin-cuentos-ayuda-a-mejorar-los-habitos-alimenticios-entre-los-ninos

Tomado de: esferalibros.com

No es muy saludable comer frente a una pantalla

Los medios de comunicación forman parte integral de nuestra vida diaria. Desde ordenadores, tabletas y teléfonos inteligentes que nos educan y conectan, hasta el cine y la televisión que nos entretienen e inspiran, su presencia es constante y multifacética. Sin embargo, no todo lo que nos ofrecen resulta beneficioso.

La publicidad digital, por ejemplo, puede influir negativamente en nuestros hábitos de consumo. Los anuncios de comida rápida o productos poco saludables pueden alejarnos de una alimentación equilibrada. Además, el hábito de comer frente a una pantalla favorece el consumo excesivo de calorías, lo que contribuye al aumento de la obesidad tanto en adultos como en niños.

Por otro lado, el uso prolongado de medios digitales fomenta el sedentarismo, reduciendo el tiempo dedicado a la actividad física y al juego, elementos clave para una vida saludable. En definitiva, aunque los medios digitales ofrecen múltiples ventajas, es fundamental usarlos con conciencia y equilibrio para proteger nuestro bienestar.

Estudios han demostrado que mirar la televisión en exceso está asociado con la obesidad y el sobrepeso en los niños. La mejor manera de evitarlo es restringir el tiempo que su bebé pasa en frente de pantallas o medios digitales.

Esto es solo un resumen, pero siquieres saber más, puedes acceder a: https://www.healthychildren.org/Spanish/family-life/Media/Paginas/Food-and-TV-Not-a-Healthy-Mix.aspx

“¡No quiero fruta!”: cómo animar a los niños para que añadan este alimento a su dieta

La fruta no es uno de los alimentos que con más facilidad se coman los niños. Hay cientos de fotos en las redes sociales que la presentan de una manera original y divertida para hacerla más atractiva visualmente. Pero, aun preparándola así, no garantiza que los menores la vayan a comer. Lo que cuenta es ofrecer la fruta una y otra vez y no desesperar en el intento porque, como puntualiza la doctora Rosaura Leis, coordinadora del Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría, “hay alimentos que hay que probarlos nueve o diez veces para ser aceptados”.

La manzana, la pera, el plátano o la naranja, son de las primeras frutas que se ofrecen a los bebés cuando comienzan con la alimentación complementaria a los seis meses. Cada una tiene un sabor y una textura distinta que no gusta a todos los menores. “La introducción de nuevos alimentos no es fácil para muchos niños”, explica la doctora. “Debemos buscar frutas que respondan a las papilas gustativas del menor que, en este momento, están más desarrolladas”, añade. Pero, sobre todo, lo que funciona, como aconseja la experta, es “ofrecer repetidamente este alimento a los pequeños”. 

Pero la pregunta es cómo hacer que los menores coman fruta. Para Nieto, la paciencia es fundamental. “No se trata de que coman fruta un día puntual, sino de que, poco a poco, adquieran hábitos saludables a largo plazo. Los gustos se construyen con el tiempo y con experiencias positivas”, aconseja. Es importante cuando son bebés, continúa, “que el niño experimente con la fruta: que la pruebe, la toque, la huela e incluso que juegue con ella”. Y, cuando son más mayores, “ofrecerla en distintas formas: en brochetas, mezcladas con yogur o como parte de una comida”, aconseja la experta en nutrición. Por su parte, la pediatra Álvarez, autora del libro Preparados, listos, ¡ñam!, (Espasa, 2022), considera necesario “reeducar el paladar” debido al consumo de azúcar, e “ir paulatinamente apostando por comida real más que por ultraprocesados”, explica.

El truco está en ir probando. “Podemos elaborar la fruta en compotas, al horno, en batidos o combinadas con otros alimentos como machacar un plátano y acompañarlo con un poco de ralladura de chocolate”, aconseja Nieto. Incluso ofrecer la fruta en zumos también es una opción válida para la nutricionista si les cuesta incorporarla de otra manera. Y, si el problema está en su oxidación cuando los niños la llevan de almuerzo, la pediatra Álvarez recomienda ponerle unas gotas de limón para evitar que se oxide u ofrecer la manzana con piel, por ejemplo, lavándola bien. “Nos complicamos mucho la vida y la fruta puede ser un fast food perfecto”, añade.

Para leer el artículo completo haz click en: https://elpais.com/mamas-papas/actualidad/2025-10-20/no-quiero-fruta-como-animar-a-los-ninos-para-que-anadan-este-alimento-a-su-dieta.html

Por primera vez, la obesidad supera al bajo peso como forma de malnutrición entre niños y adolescentes en el mundo, según Unicef

Obesidad infantil: la nueva cara de la malnutrición en el mundo

Durante décadas, hablar de malnutrición en la infancia era sinónimo de bajo peso. Hoy, esa realidad ha cambiado drásticamente. Según el último informe de UNICEF, por primera vez en la historia la obesidad supera al bajo peso como la forma más común de malnutrición entre niños y adolescentes de 5 a 19 años.

El estudio, que analiza datos de más de 190 países, muestra un crecimiento acelerado del sobrepeso infantil, especialmente en países de ingresos bajos y medios. Aunque la desnutrición crónica sigue presente en algunas regiones, ahora el problema más extendido es otro: el exceso de peso causado por dietas ricas en productos ultraprocesados y entornos alimentarios poco saludables.

Las cifras son contundentes: entre 2000 y 2022, el número de niños con sobrepeso se cuadruplicó en los países de menores ingresos. En total, se estima que 391 millones de niños y adolescentes en el mundo padecen sobrepeso, y muchos de ellos ya presentan obesidad, lo que supone un riesgo para su salud a corto y largo plazo.

Contrario a lo que suele pensarse, este fenómeno no responde únicamente a decisiones individuales. El informe señala que los entornos en los que crecen los niños están cada vez más dominados por alimentos baratos, de baja calidad nutricional y muy publicitados. Estos productos no solo sustituyen a los alimentos frescos, sino que dificultan el acceso a una alimentación equilibrada, sobre todo en familias con menos recursos.

UNICEF insiste en que no se trata de culpar a los padres, sino de transformar el sistema. Entre las medidas que recomienda están la regulación de la publicidad dirigida a menores, el etiquetado claro de alimentos, los impuestos a productos ultraprocesados y el fortalecimiento de políticas públicas que promuevan entornos alimentarios saludables.

Uno de los espacios más relevantes para prevenir la obesidad son las escuelas. Programas de alimentación escolar bien diseñados pueden ser una herramienta efectiva no solo para garantizar una comida nutritiva, sino también para educar sobre hábitos saludables. Países como México, Colombia, Perú y Brasil ya han comenzado a reformar sus comedores escolares con este enfoque, combinando menús más saludables con clases de nutrición, huertas escolares y actividades prácticas.

A pesar de los avances, aún existen grandes desigualdades. Mientras que en los países de altos ingresos el 80% de los niños accede a alimentación escolar, en los países más pobres solo el 30% tiene ese derecho garantizado. Para cerrar esta brecha, se requiere una mayor inversión internacional y el compromiso de los gobiernos para mantener estos programas a largo plazo.

La obesidad infantil ya no es un problema de unos pocos países. Es un desafío global que exige cambios estructurales. La alimentación de los niños no debería estar determinada por el precio más bajo o la publicidad más agresiva, sino por su derecho a crecer sanos y bien nutridos.

Los efectos de las bebidas energéticas en los niños (y algunas alternativas saludables)

El consumo de refrescos azucarados y bebidas energéticas está en aumento entre niños y adolescentes, especialmente en verano. Según la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia, desde 2018 su consumo ha crecido un 31 %, y un 40 % de los menores las toma a diario. Muchos padres aún no son conscientes de los riesgos que implican.

Consecuencias para la salud:

Estas bebidas contienen altos niveles de azúcar y cafeína, lo que puede provocar insomnio, ansiedad, irritabilidad, taquicardias y, a largo plazo, mayor riesgo cardiovascular y metabólico. También se ha observado una relación entre su consumo habitual y problemas de atención, ansiedad y cambios de humor en niños y adolescentes.

Los expertos insisten en que los menores no deberían consumirlas. El límite recomendado de cafeína en adolescentes es de 100 a 200 mg al día, y para menores de 12 años no debería superar los 2,5 mg por kilo de peso. Además, el exceso de azúcares simples está relacionado con obesidad, caries y otras enfermedades.

El papel del entorno familiar:

La disponibilidad en casa y el ejemplo de los adultos son factores clave. Reducir su presencia en el hogar y optar por otras bebidas más saludables puede marcar una gran diferencia.

Alternativas recomendadas:

Especialistas en nutrición proponen opciones como agua con frutas, infusiones frías sin teína, batidos caseros o incluso cubitos de hielo con zumo natural para hacer el agua más atractiva. Aunque se puede ser flexible en eventos puntuales, la base diaria debería ser siempre el agua.

Educar y prevenir:

Durante la infancia y la adolescencia se establecen hábitos que acompañarán toda la vida. Educar, dar buen ejemplo y regular el acceso a este tipo de productos puede ayudar a prevenir problemas de salud a largo plazo.

La obesidad supera al bajo peso como forma de malnutrición entre niños y adolescentes, según Unicef. Los comedores escolares pueden ser una solución.

Un nuevo informe alerta del rápido aumento de la prevalencia de sobrepeso entre los niños y adolescentes de 5 a 19 años de países de ingresos bajos. Los ingresos bajos y medios provocan la compra de dietas ricas en ultra procesados, siendo estos la punta de lanza de este incremento. Hace un año, un estudio de The Lancet había advertido de que este ya era el principal problema de malnutrición entre adultos y niños a nivel global. Los comedores escolares, que han aumentado su cobertura, son una herramienta clave de prevención.

El problema:

Ejecutiva de Unicef, Catherine Russell, que alertó de que la obesidad es un problema “cada vez más alarmante” que puede acarrear consecuencias para la salud y al desarrollo de la infancia.

“Los alimentos ultraprocesados están desplazando cada vez más el consumo de fruta, verdura y proteínas, en un periodo de la vida en el que la nutrición es esencial para el crecimiento, el desarrollo cognitivo y la salud mental”, incidió.

La investigación Alimentando el negocio: cómo los entornos alimentarios ponen en peligro el bienestar de la infancia se basa en datos de más de 190 países y desvela que, desde el inicio de siglo, la prevalencia del bajo peso en niños de 5 a 19 años ha disminuido del 13% al 9,2%. Una buena noticia que contrasta con el aumento del índice de obesidad, que ha pasado del 3% al 9,4%. Hoy, 188 millones de niños en el mundo, uno de cada 10, tiene obesidad. Esta supera al bajo peso en todas las regiones, excepto en África Subsahariana y Asia Meridional.

Varios países insulares del Pacífico son los que muestran el mayor índice de obesidad a nivel mundial entre niños de 5 a 19 años, con un 38% en Niue, un 37% en Islas Cook y un 33% en Nauru. Estos niveles tan altos se deben principalmente al abandono de las dietas tradicionales por otras con alimentos de alta densidad energética, baratos e importados.

En total, uno de cada cinco niños y adolescentes de entre 5 y 19 años padecen sobrepeso. Por regiones, América Latina y el Caribe, Oriente Medio y África del Norte y América del Norte se encuentran entre las tres con mayor prevalencia entre niños y adolescentes de 0 a 19 años. Según los datos más recientes, en el mundo hay 391 millones de niños y adolescentes con sobrepeso y, una amplia proporción de estos presenta obesidad, la fase crónica del sobrepeso que ya supone riesgos para la salud.

El sobrepeso y la obesidad crecen más rápido en los países de ingresos medios y bajos. Hoy en día, el 81% de los niños con sobrepeso de 5 a 19 años viven en estos territorios. Solo entre el 2000 y 2022, el número de niños con sobrepeso se cuadruplicó en los países de ingresos bajos. Afganistán, Bután, la República Democrática del Congo, Indonesia, Liberia, Sri Lanka, Maldivas, Pakistán y Vietnam son los países que han experimentado un aumento más pronunciado del sobrepeso.

El informe resalta que la responsabilidad a la hora de adoptar una dieta rica en ultraprocesados no es individual. “No son los niños y las niñas los que están fallando, ni son las familias, sino que hay unos entornos donde este tipo de productos están disponibles”, menciona Brero. Explica que estos ultraprocesados se encuentran en los espacios donde los niños juegan, viven y aprenden, son más baratos y la industria invierte en grandes campañas de marketing y de publicidad.

Solucion, Prevenir la obesidad en los comedores escolares:

Para mejorar los entornos alimentarios y reducir las tasas de obesidad y sobrepeso, Unicef recomienda establecer políticas que abarquen el etiquetado de alimentos, restricciones a la comercialización e impuestos y subvenciones a alimentos. Además, es necesario prohibir la venta de alimentos ultraprocesados y su publicidad en las escuelas, hacer frente a las injerencias de la industria de los procesados, desarrollar iniciativas con las familias y comunidades para que reclamen entornos alimentarios más saludables y mejorar el acceso de las familias vulnerables a una alimentación nutritiva.

«Si los niños que antes obtenían la mayoría de sus calorías de cereales no procesados, verdura, fruta, huevos o carne, ahora lo hacen de estos alimentos, eso contribuye a carencias de micronutrientes y desnutrición» Mauro Brero, asesor senior de nutrición en Unicef.

En estas tareas de prevención, los comedores escolares juegan un rol clave. Carmen Burbano, directora de Alimentación Escolar y Protección Social del Programa Mundial de Alimentos (PMA) explica que en América Latina, Asia y África se ha comenzado a trabajar para que estos programas sociales ―que han aumentado su cobertura en un 20% en los últimos cuatro años, según un informe también publicado este miércoles― promuevan mejores hábitos alimenticios y una relación sana con la comida. “Países como México, Chile, Argentina, Perú, Colombia y Brasil han reformado sus programas para atacar este problema”, asegura Burbano en una entrevista telefónica. Esto se consigue no solo al brindar menús saludables, sino al enseñar sobre nutrición en las clases. “Con huertas escolares, por ejemplo, se les habla a los niños de alimentos sanos y cómo prepararlos. Esto hace parte de una visión holística de lo que puede hacer el sistema educativo para enfrentar esta forma de malnutrición”.

El estudio Estado de la alimentación escolar en el mundo 2024, del PMA, ve una oportunidad para atacar este y otros problemas de malnutrición con el aumento de cobertura de comidas escolares, que ha crecido hasta en un 60% entre los niños de países de bajos ingresos. África, que sufre tanto la desnutrición como la obesidad y otros problemas de la vida sedentaria, ahora brinda alimentos en las escuelas a 20 millones de niños más que en 2022.

El aumento de la cobertura, hasta un total de 466 millones niños beneficiarios en todo el mundo, se ha conseguido gracias a la coordinación de la Coalición Global para la Alimentación Escolar, que asocia a 108 países, y a la financiación de los gobiernos, destaca el informe. “Una hipótesis”, dice Burbano, es que la pandemia fue un shock para las comunidades. Las escuelas cerraron, se suspendió el acceso a alimentos y, entonces, los gobiernos se dieron cuenta de lo valiosos que eran estos programas». La financiación global de comidas escolares se ha duplicado, pasando de 43.000 millones de dólares en 2020 a 84.000 millones en 2024 (de unos 36.600 millones de euros a 71.500 millones de euros).

No obstante, reconoce Burbano, aún hay una brecha por resolver: “Un 30% de los niños de países de bajos ingresos recibe comidas escolares; en comparación con el 80% de los niños de países de altos ingresos. Ahí es cuando necesitamos la ayuda internacional”. De momento, solo el 1% de los fondos para comedores escolares vienen de Ayuda Oficial al Desarrollo, según el documento del PMA. Aumentar esa participación en países de bajos ingresos permitiría impulsar la cobertura y, luego, entregar el relevo a los gobiernos, para que financien los proyectos con presupuestos nacionales y los hagan sostenibles.


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En el mundo hay más niños con sobrepeso que con bajo peso por primera vez en la historia: ¿cuál es la situación en América Latina?

Por primera vez, en el mundo hay más niños con obesidad que con bajo peso, según un amplio estudio realizado por la organización de Naciones Unidas para la infancia, Unicef.

El informe muestra que aproximadamente uno de cada diez niños de entre 5 y 19 años (unos 188 millones de niños y jóvenes) viven con obesidad.

La investigación se basó en datos de más de 190 países y concluyó que mientras la prevalencia de bajo peso entre los niños y adolescentes disminuyó desde el año 2000, las tasas de obesidad se triplicaron.

Los investigadores atribuyen este fenómeno al cambio de las dietas tradicionales a otras con una fuerte dependencia de alimentos ultraprocesados, relativamente baratos y ricos en calorías.

«Este dramático cambio en el panorama de la malnutrición pone en peligro la salud y el potencial futuro de los niños, las comunidades y las naciones», señala el informe.

Con sobrepeso y malnutridos

Cuando los expertos en salud solían referirse a los niños con malnutrición, se interpretaba como aquellos con bajo peso. Ya no es así.
El término malnutrición -que implica una alimentación nutricionalmente inadecuada- ahora también se refiere a la obesidad y su impacto en la salud y el desarrollo infantil.

Se considera que un niño tiene sobrepeso cuando su peso es significativamente superior al saludable para su edad, sexo y estatura.

La obesidad es una forma grave de sobrepeso y está relacionada con un mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer en etapas posteriores de la vida.

Se pensaba que la obesidad y el sobrepeso eran un problema de los países ricos pero, como muestra el informe, ahora también están presentes en los países más pobres.

«En muchos países, observamos la doble carga de la malnutrición: el retraso en el crecimiento y la obesidad», afirma Catherine Russell, directora ejecutiva de Unicef.

Durante la infancia, una buena nutrición, que incluye abundantes frutas, verduras y proteínas, desempeña un papel fundamental en el crecimiento, el desarrollo cognitivo y la salud mental.

Sin embargo, muchas dietas tradicionales están siendo reemplazadas por alimentos ultraprocesados, a menudo ricos en azúcar, almidón, sal, grasas no saludables y aditivos.

1 de cada 10 niños vive con obesidad

La malnutrición sigue siendo un problema importante en los menores de 5 años en muchos países de ingresos bajos y medios.

El informe de Unicef revela que desde el año 2000 la prevalencia de niños y adolescentes con bajo peso de entre 5 y 19 años disminuyó de casi el 13 % al 9,2%.

Sin embargo, las tasas de obesidad aumentaron del 3% al 9,4 %, lo que significa que casi 1 de cada 10 niños vive con obesidad.

El número de niños con sobrepeso, que incluye a los obesos, también aumentó, hasta el punto de que ahora uno de cada cinco niños en edad escolar y adolescentes tiene sobrepeso.

El estudio estima que esto representa aproximadamente 391 millones de niños en todo el mundo.

La obesidad supera actualmente al bajo peso en todas las regiones del mundo, excepto en África subsahariana y el sur de Asia.

Qué pasa en América Latina

América Latina es una de las tres regiones del mundo que registran el mayor índice de sobrepeso entre niños y adolescentes de 0 a 19 años. Las otras dos regiones son Medio Oriente y Norte de África y América del Norte.

América Latina también es una de las regiones que han tenido uno de los mayores incrementos en la prevalencia de sobrepeso desde el 2000.

Ese año, 34 millones de niños y adolescentes de 5 a 19 años en la región tenían sobrepeso y obesidad.

La cifra actual de niños con sobrepeso es de 56 millones:

  • 20 millones de niños de entre 5 y 9 años (39%)
  • 20 millones de niños de entre 10 y 14 años (20%)
  • 16 millones de adolescentes de entre 15 y 19 años (16%).

Y el incremento ha ocurrido en la mayoría de los países de la región (64%), los cuales muestran una prevalencia «muy alta» de sobrepeso en niños y adolescentes de 5 a 19 años.

Dentro de la región, sin embargo, la prevalencia de sobrepeso varía considerablemente de un país a otro: Guatemala tiene un 23% de niños y adolescentes con sobrepeso, mientras que en Chile son un 58%.

Aunque no se ofrecen los datos individuales de países, el informe destaca el caso de Chile que tiene una de las tasas más altas (27%) de niños y adolescentes con obesidad, mayor que la de Estados Unidos (21%) y la de Emiratos Árabes Unidos (21%).

El informe también encontró evidencia de que en los países de ingresos superiores en la región, como Brasil y México, los niños con sobrepeso y obesidad se concentran en hogares con un nivel socioeconómico más bajo, en áreas que son calificadas como «pantanos alimentarios», zonas urbanas con una alta densidad de establecimientos de comida rápida y poca disponibilidad de opciones de alimentos saludables.

«Una emergencia silenciosa»

Unicef advierte que el impacto en la salud y los costos económicos de no hacer nada para resolver el problema del sobrepeso y la obesidad son potencialmente «devastadores».

El informe estima que, para 2035, el impacto económico mundial del sobrepeso y la obesidad superará los US$4 billones anuales.

Menciona el caso de Perú, donde los costos vinculados con la obesidad en el futuro «podrían superar los US$210.000 millones anuales».

Pero también destaca el ejemplo de México. En este país, donde el 40% de las calorías diarias consumidas por los niños provienen de productos ultraprocesados, el gobierno prohibió recientemente la venta y distribución de alimentos altos en sal, azúcar y grasas en las escuelas públicas, beneficiando a más de 34 millones de estudiantes.

Entre las medidas que Unicef propone a los gobiernos están establecer políticas obligatorias sobre etiquetado, publicidad y fiscalidad de alimentos y prohibir la venta y promoción de comida chatarra en entornos escolares.

También pide ampliar los programas sociales que garanticen el acceso a dietas saludables.

«La obesidad infantil es una emergencia silenciosa que está creciendo ante nuestros ojos. Necesitamos transformar los entornos alimentarios de forma urgente para que todos los niños, sin importar dónde vivan, tengan acceso a alimentos nutritivos y asequibles», declaró Catherine Russell.

Tomado:https://www.bbc.com/mundo/articles/cly0edg8eeyo