Los dietistas-nutricionistas y los estudios realizados sobre los programas de cocina en televisión alertan de sus efectos negativos sobre los espectadores.
En los últimos años, los programas relacionados con la gastronomía se han multiplicado con un éxito extraordinario al mismo tiempo que la sociedad parece preocuparse cada vez más por su alimentación. La cuestión es si estos dos fenómenos están relacionados y si podemos aprender algo en la pequeña pantalla sobre nutrición y salud.
El dietista-nutricionista Juan Revenga tiene claro que no. En el caso concreto de MasterChef, afirma que este programa y en particular sus presentadores «han promocionado productos muy, pero que muy alejados de los patrones de alimentación saludable», asegura en declaraciones a EL ESPAÑOL.
Un estudio sobre MasterChef Australia ya alertó hace seis años del uso excesivo de grasas saturadas en este concurso, especialmente por emplear mantequilla, pero también carnes rojas y otros ingredientes. Los investigadores llamaban la atención sobre la paradoja que de esto se produjera, precisamente, cuando las autoridades sanitarias de aquel país estaban más alarmadas por la obesidad y en la programación televisiva ocupaba más tiempo que nunca la alimentación.
En teoría, los programas de cocina favorecen el hábito de cocinar en casa, que es clave para seguir una dieta saludable. Algunos estudios indican que las personas que dedican más tiempo a preparar la comida en casa presentan mejores indicadores de calidad dietética y que desarrollar habilidades culinarias es muy beneficioso si queremos comer bien. De hecho, algunos expertos consideran que promocionar la cocina podría ser una buena medida para mejorar los hábitos de vida de la población.
Sin embargo, esa parte positiva en realidad es falsa, asegura Revenga, porque «MasterChef no es un programa de cocina, es un reality show en el que el atrezo es una cocina». Un estudio publicado en 2015 en la revista Appetite por investigadores estadounidenses le da la razón: según explican, la mayoría de los espectadores de este tipo de programas sólo busca entretenerse.
No obstante, esta misma investigación llega a una conclusión aún peor: los pocos televidentes que sí se toman en serio las recetas que ven en televisión presentan un mayor índice de masa corporal (IMC), uno de los criterios más ampliamente utilizados para estimar si una persona está en su peso ideal.
Los autores explican que los programas de televisión promueven un consumo excesivo de alimentos. Cuando una persona los ve simplemente para entretenerse no aumentan su riesgo de obesidad, pero sí cuando los utilizan para aprender nuevos platos. Ocurre lo mismo cuando la información llega a través de redes sociales, pero no con otras fuentes online, impresas o cuando la información sobre recetas nos llega a través de amigos.
De hecho, una investigación realizada en el Reino Unido explica que los platos que elaboran los chefs en televisión no cumplen con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hasta el punto de que son incluso menos saludables que las comidas preparadas que se venden en los supermercados. En general, son más calóricas, con más grasas saturadas y menos fibra, según el estudio.
Además, en un amplio análisis de cómo la televisión estaba contribuyendo a la «epidemia de obesidad» en Estados Unidos, investigadores de ese país indicaban que los programas de cocina hacen que los espectadores vean el hecho de cocinar, comer y perder peso como meros entretenimientos. Así, promueven una alimentación que no tiene sentido y generan falsas expectativas sobre el aumento y la pérdida de peso.
Los expertos españoles también se han ocupado de este tema. Gregorio Varela Moreiras, catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo y presidente de la Fundación Española de la Nutrición (FEN) ha analizado la «burbuja gastronómica» que estamos pasando: «Los programas de cocina no son nuevos en nuestra televisión, pero lo que sí es novedoso es el número de los mismos, así como el impacto que están consiguiendo en la audiencia de todas las edades», señala en un artículo de la Revista Española de Comunicación en Salud.
«Los cocineros pueden tener más influencia que los propios científicos o profesionales de la salud, en un modelo que podríamos asimilar al de los deportistas», asegura. Según explica, «los programas más tradicionales de cocina hicieron desde sus inicios un esfuerzo para mejorar nuestros conocimientos de nutrición, salud y bienestar, nos recomendaban alejarnos de las cadenas de comida rápida, y preparar los platos en casa de una forma más saludable y económica».
Hoy en día su peso es aún más importante y se debería aprovechar. «Si se va de la mano de los expertos en nutrición, se podrá difundir el mensaje tan necesario de que hay que comer bien, que hay que alimentarse de forma saludable».
Marián García, farmacéutica, nutricionista y colaboradora de programas de televisión, coincide con esta opinión.»Creo que lo ideal es que en estos programas, además de la valoración gastronómica, hubiera un nutricionista que también hiciera una valoración sobre los aspectos saludables. Sería una forma sencilla y muy fácil de hacer divulgación aprovechando el tirón de estos formatos».
Sin embargo, por el momento no está sucediendo esto, sino más bien todo lo contrario. En 2015 participó en MasterChef la dietista-nutricionista Lidia Folgar como una concursante más. Su intención era «hacer llegar un mensaje de la importancia que tiene lo que comemos en la salud», según explicó más tarde en el blog de Juan Revenga.
A la hora de la verdad, cuando ya estaba en el programa, «si hablaba mucho de nutrición tenía la sensación de que se ridiculizara un poco nuestra profesión». Al final, su salida del programa fue polémica, ya que muchos espectadores consideraron que no se había dado ningún argumento para eliminarla.
https://www.elespanol.com/ciencia/nutricion/20190925/oscuro-masterchef-salud-recetas-insanas-falta-higiene/431456963_0.html
Tomado de: elespanol.com