La ciencia detrás de nuestros hábitos diarios

En nuestra vida cotidiana, muchas de las acciones que realizamos parecen simples y automáticas: preparar el café por la mañana, revisar el teléfono o incluso elegir qué ropa ponernos. Sin embargo, detrás de cada decisión y comportamiento se esconden procesos complejos que la ciencia ha comenzado a desentrañar. Comprender estos mecanismos no solo satisface nuestra curiosidad, sino que también nos permite optimizar nuestro bienestar y productividad.

Investigaciones recientes en neurociencia y psicología muestran que los hábitos se forman como resultado de circuitos neuronales que refuerzan comportamientos repetitivos. Cada vez que realizamos una acción de manera constante, nuestro cerebro la codifica como “automática”, liberando energía cognitiva para tareas más complejas. Esto explica por qué cambiar un hábito puede resultar tan desafiante: no se trata simplemente de fuerza de voluntad, sino de reconfigurar patrones neuronales profundamente arraigados.

Además, la ciencia de los hábitos tiene aplicaciones prácticas que van más allá de nuestra rutina personal. En el ámbito laboral, por ejemplo, comprender cómo se forman los hábitos puede ayudar a diseñar entornos que fomenten la productividad y la creatividad. En la educación, permite a los docentes estructurar métodos de enseñanza que faciliten el aprendizaje a largo plazo. Incluso en la salud, adoptar hábitos saludables no solo mejora la calidad de vida, sino que previene enfermedades y fortalece el sistema inmunológico.

En definitiva, nuestros hábitos diarios son mucho más que simples costumbres: son reflejos de la manera en que funciona nuestro cerebro y de cómo interactuamos con el mundo que nos rodea. Observarlos y entenderlos nos ofrece una herramienta poderosa para mejorar nuestras vidas, convirtiendo pequeñas acciones en grandes transformaciones.

Fuente: https://www.cuatro.com/noticias/sociedad/20251119/alimentos-ultraprocesados-riesgo-salud-comparable-tabaco_18_017626000.html

El lado oscuro de ‘MasterChef’ para tu salud: de las recetas insanas a la falta de higiene

Los dietistas-nutricionistas y los estudios realizados sobre los programas de cocina en televisión alertan de sus efectos negativos sobre los espectadores.

En los últimos años, los programas relacionados con la gastronomía se han multiplicado con un éxito extraordinario al mismo tiempo que la sociedad parece preocuparse cada vez más por su alimentación. La cuestión es si estos dos fenómenos están relacionados y si podemos aprender algo en la pequeña pantalla sobre nutrición y salud.

El dietista-nutricionista Juan Revenga tiene claro que no. En el caso concreto de MasterChef, afirma que este programa y en particular sus presentadores «han promocionado productos muy, pero que muy alejados de los patrones de alimentación saludable», asegura en declaraciones a EL ESPAÑOL.

Un estudio sobre MasterChef Australia ya alertó hace seis años del uso excesivo de grasas saturadas en este concurso, especialmente por emplear mantequilla, pero también carnes rojas y otros ingredientes. Los investigadores llamaban la atención sobre la paradoja que de esto se produjera, precisamente, cuando las autoridades sanitarias de aquel país estaban más alarmadas por la obesidad y en la programación televisiva ocupaba más tiempo que nunca la alimentación.

En teoría, los programas de cocina favorecen el hábito de cocinar en casa, que es clave para seguir una dieta saludable. Algunos estudios indican que las personas que dedican más tiempo a preparar la comida en casa presentan mejores indicadores de calidad dietética y que desarrollar habilidades culinarias es muy beneficioso si queremos comer bien. De hecho, algunos expertos consideran que promocionar la cocina podría ser una buena medida para mejorar los hábitos de vida de la población.

Sin embargo, esa parte positiva en realidad es falsa, asegura Revenga, porque «MasterChef no es un programa de cocina, es un reality show en el que el atrezo es una cocina». Un estudio publicado en 2015 en la revista Appetite por investigadores estadounidenses le da la razón: según explican, la mayoría de los espectadores de este tipo de programas sólo busca entretenerse.

No obstante, esta misma investigación llega a una conclusión aún peor: los pocos televidentes que sí se toman en serio las recetas que ven en televisión presentan un mayor índice de masa corporal (IMC), uno de los criterios más ampliamente utilizados para estimar si una persona está en su peso ideal.

Los autores explican que los programas de televisión promueven un consumo excesivo de alimentos. Cuando una persona los ve simplemente para entretenerse no aumentan su riesgo de obesidad, pero sí cuando los utilizan para aprender nuevos platos. Ocurre lo mismo cuando la información llega a través de redes sociales, pero no con otras fuentes online, impresas o cuando la información sobre recetas nos llega a través de amigos.

De hecho, una investigación realizada en el Reino Unido explica que los platos que elaboran los chefs en televisión no cumplen con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hasta el punto de que son incluso menos saludables que las comidas preparadas que se venden en los supermercados. En general, son más calóricas, con más grasas saturadas y menos fibra, según el estudio.

Además, en un amplio análisis de cómo la televisión estaba contribuyendo a la «epidemia de obesidad» en Estados Unidos, investigadores de ese país indicaban que los programas de cocina hacen que los espectadores vean el hecho de cocinar, comer y perder peso como meros entretenimientos. Así, promueven una alimentación que no tiene sentido y generan falsas expectativas sobre el aumento y la pérdida de peso.

Los expertos españoles también se han ocupado de este tema. Gregorio Varela Moreiras, catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo y presidente de la Fundación Española de la Nutrición (FEN) ha analizado la «burbuja gastronómica» que estamos pasando: «Los programas de cocina no son nuevos en nuestra televisión, pero lo que sí es novedoso es el número de los mismos, así como el impacto que están consiguiendo en la audiencia de todas las edades», señala en un artículo de la Revista Española de Comunicación en Salud.

«Los cocineros pueden tener más influencia que los propios científicos o profesiona­les de la salud, en un modelo que podría­mos asimilar al de los deportistas», asegura. Según explica, «los programas más tradicionales de cocina hicieron desde sus inicios un esfuerzo para mejorar nuestros conocimientos de nutrición, salud y bien­estar, nos recomendaban alejarnos de las cadenas de comida rápida, y preparar los platos en casa de una forma más saludable y económica».

Hoy en día su peso es aún más importante y se debería aprovechar. «Si se va de la mano de los expertos en nutrición, se podrá difundir el mensaje tan necesa­rio de que hay que comer bien, que hay que alimentarse de forma saludable».

Marián García, farmacéutica, nutricionista y colaboradora de programas de televisión, coincide con esta opinión.»Creo que lo ideal es que en estos programas, además de la valoración gastronómica, hubiera un nutricionista que también hiciera una valoración sobre los aspectos saludables. Sería una forma sencilla y muy fácil de hacer divulgación aprovechando el tirón de estos formatos».

Sin embargo, por el momento no está sucediendo esto, sino más bien todo lo contrario. En 2015 participó en MasterChef la dietista-nutricionista Lidia Folgar como una concursante más. Su intención era «hacer llegar un mensaje de la importancia que tiene lo que comemos en la salud», según explicó más tarde en el blog de Juan Revenga.

A la hora de la verdad, cuando ya estaba en el programa, «si hablaba mucho de nutrición tenía la sensación de que se ridiculizara un poco nuestra profesión». Al final, su salida del programa fue polémica, ya que muchos espectadores consideraron que no se había dado ningún argumento para eliminarla.

https://www.elespanol.com/ciencia/nutricion/20190925/oscuro-masterchef-salud-recetas-insanas-falta-higiene/431456963_0.html

Tomado de: elespanol.com

Propiedades y beneficios de la granada, la fruta antioxidante del otoño

La granada es una de las frutas más representativas del otoño, reconocida por su color rojo intenso y su sabor entre dulce y ácido. Bajo su dura cáscara guarda granos llenos de nutrientes y beneficios para la salud. Según la Fundación Española de la Nutrición, es baja en calorías, rica en agua y con un gran poder saciante, por lo que resulta ideal en dietas equilibradas o de control de peso.

Aporta potasio, que ayuda al buen funcionamiento muscular y nervioso, y vitaminas del grupo B, esenciales para obtener energía. Aunque no contiene tanta vitamina C como los cítricos, el ácido cítrico potencia su efecto antioxidante.

Su principal valor reside en los polifenoles y flavonoides, compuestos que protegen frente al envejecimiento celular y las enfermedades cardiovasculares. Se ha comprobado que su consumo regular mejora la circulación y puede reducir el colesterol LDL.

Además, la granada es muy versátil: sus semillas pueden comerse frescas o añadirse a ensaladas, yogures, postres y bebidas, aportando sabor, color y un toque saludable a cualquier plato.

Bibliografía: La granada, la fruta de otoño que mejora la presión arterial, controla el colesterol y combate el envejecimiento – Infobae

Porque el Mejor Químico de la História tomaba la Vitamina C de 30 Naranjas al Dia.

En 1970 el químico Linus Pauling publicó Vitamin C and the Common Cold, libro en la que recomendaba el consumo diario de al menos 2.3 gramos de vitamina C (equivalente a más de 30 naranjas) como medida preventiva contra los resfriados y demás enfermedades. Esta propuesta se basaba en la hipótesis de la medicina ortomolecular, que promueve el uso de megadosis de nutrientes. Aunque Pauling obtuvo dos premios Nobel, sus postulados sobre la vitamina C no están relacionados con dichos reconocimientos.

La comunidad científica cuestionó la eficacia de la megavitaminoterapia debido a la falta de evidencia concluyente. En el caso de las vitaminas liposolubles (A, E), el exceso puede acumularse en el tejido adiposo y resultar perjudicial. En contraste, las vitaminas hidrosolubles como la C se eliminan por vía renal, lo que reduce el riesgo de toxicidad, aunque no garantiza beneficios adicionales.

Estudios recientes, incluido uno de 2024 con una muestra de 400.000 personas, no han demostrado que los suplementos multivitamínicos prolonguen la vida. De hecho, se ha observado una ligera asociación con mayor mortalidad. Las recomendaciones actuales indican que los micronutrientes deben obtenerse a través de una dieta equilibrada, y que la suplementación debe limitarse a casos de deficiencia diagnosticada.

Respecto a la vitamina C, investigaciones lideradas por Harri Hemilä (Universidad de Helsinki) concluyen que no previene los resfriados en la población general. Existen excepciones en individuos sometidos a esfuerzo físico extremo, como atletas, donde se ha observado una reducción significativa en la incidencia. En cuanto al tratamiento sintomático, la ingesta regular de 1 gramo diario puede reducir la duración o intensidad de los síntomas en aproximadamente un 15%. Dosis elevadas (hasta 10 gramos) podrían ofrecer alivio en fases agudas, aunque la evidencia es limitada.

Como alternativa, se ha sugerido el uso de zinc, aunque se advierte que muchos preparados comerciales no contienen dosis adecuadas. En todos los casos, se recomienda consultar con profesionales sanitarios antes de iniciar cualquier suplementación.

El caso de Pauling ilustra cómo incluso figuras científicas de gran prestigio pueden sostener postulados que, con el tiempo, no resisten la validación empírica. Su influencia, no obstante, contribuyó a abrir el debate sobre el papel de los micronutrientes en la salud, y su legado persiste como ejemplo de la necesidad de contrastar hipótesis audaces con evidencia rigurosa.

LA NUTRICIÓN Y EL CEREBRO

Nuestro cerebro requiere de algunas sustancias contenidas en los alimentos para la formación y la restauración del tejido cerebral.

Día con día le suministramos a nuestro cerebro –vía alimenticia– sustancias que lo fortalecen o debilitan, alimentos altos en ciertas grasas o azúcares pueden estar asociados a un estado de inflamación de la región cerebral relacionada con el establecimiento de la memoria a corto plazo y a alteraciones bioquímicas. 

En cambio, todo alimento que contenga silicio resulta benéfico para el cerebro. Éste se encuentra en la avena, cebada, manzanas y pepino. 

La relación entre la nutrición y el funcionamiento cerebral es muy importante, ya que alimentarse de manera deficiente puede propiciar envejecimiento y alteraciones en los procesos de aprendizaje. 

El cerebro es un órgano muy versátil por su habilidad de responder a situaciones del medio ambiente, de ahí surge su capacidad de recordar y aprender, aspecto que se conoce como plasticidad cerebral. 

La plasticidad cerebral hace que se establezcan nuevas conexiones entre las células del cerebro (neuronas) y realicen un proceso de intercambio de energía, llamado sinapsis. 

Los ácidos grasos poliinsaturados, como los omega 3 (contenidos en alimentos como el salmón y el aceite de oliva), son fundamentales para llevar a cabo esta labor de plasticidad que posee el cerebro. 

Los carbohidratos son recomendables y son un verdadero carburante para el cerebro, tales como el arroz o la pasta, indispensables para que las neuronas obtengan una buena dosis de energía y que los impulsos eléctricos sean conducidos, manteniendo así la concentración y una adecuada actividad neuronal. 

Otros alimentos indispensables para el cerebro son los cítricos, los huevos y las legumbres, ya que nos proporcionan las vitaminas necesarias para garantizar la construcción de células nuevas. Además, las vitaminas son garantía de una adecuada oxigenación del tejido cerebral. 

Gracias a la buena alimentación se pueden cuidar todos los aspectos de nuestro organismo, garantizando una adecuada función de todos sus componentes. 

Para un cerebro sano y fortalecer los procesos de nutrición cerebral, consume los alimentos que se mencionan enseguida, son deliciosos y seguramente ya cuentas con ellos en tu alacena.

CARNE ROJA: Es una excelente fuente de vitamina B12 y ayuda a la actividad cerebral.

NUECES: Fuente de grasas omega-3, fitoesteroles y antioxidantes.

MORA AZUL: Mejoran el aprendizaje, la memoria y el pensamiento.

APIO: Calma la inflamación en el cerebro y es fuente de luteolina.

https://www.gob.mx/issste/articulos/la-nutricion-y-el-cerebro?idiom=es#:~:text=D%C3%ADa%20con%20d%C3%ADa%20le%20suministramos,corto%20plazo%20y%20a%20alteraciones%20bioqu%C3%ADmicas.

«No funcionamos con un solo combustible»: por qué maximizar el consumo de proteínas no es tan saludable como parece

Las proteínas se han vuelto muy populares y están presentes en numerosos productos como batidos, barritas y cafés. Este macronutriente es esencial porque, al descomponerse en aminoácidos, permite al cuerpo crear nuevas proteínas necesarias para funciones vitales como formar hemoglobina, producir enzimas, reparar y desarrollar músculos, así como generar queratina en la piel y el cabello. El cuerpo humano cuenta con más de 20.000 proteínas distintas y, si no obtiene suficiente, recurre a descomponer músculos u otros tejidos. Se pueden obtener de carnes magras, huevos, legumbres, frutos secos, guisantes y lácteos. La ingesta diaria recomendada es de 0,75 g de proteína por kilo de peso corporal (aproximadamente 45 g para mujeres y 55 g para hombres)( según la Fundación Británica del Corazón). No obstante, un exceso de enfoque en las proteínas puede ser perjudicial si desplaza la atención de otros nutrientes igual de necesarios, como la fibra, es decir, que centrarse demasiado en ella puede ser perjudicial si interfiere con otros nutrientes esenciales.

https://www.bbc.com/mundo/articles/cx2n7yq2zdyo

Información sobre el modelo Nutri-Score

En España desde hace más de dos décadas las cifras de la obesidad suponen un serio problema de salud y un verdadero reto de salud pública. Según los resultados de la Encuesta de Salud de España (ESdE) de 2023, más de la mitad de la población adulta (55,0 %) presenta exceso de peso, lo que viene determinado por la suma del 39,8 % de la población con sobrepeso y del 15,2 % con obesidad.

El problema es también muy importante en la población infantil, con un 15,9 % de niños y niñas de 6 a 9 años con obesidad y un 36,1 % con exceso de peso (obesidad + sobrepeso) en 2023, según datos del estudio ALADINO, lo que se asocia a graves consecuencias para la salud, tanto a corto como a largo plazo, afecta a la calidad de vida de estos escolares, y se relaciona con baja autoestima, con las consecuencias que esto genera en la infancia, de rechazo, fracaso escolar y exclusión. Así mismo, el consumo de alimentos saludables es más frecuente en las familias con mayor nivel de ingresos que, además, tienen exceso de peso con menos frecuencia.

Globalmente, la OCDE estima que el exceso de peso en la población española se traduce en una reducción del 2,9 % del PIB, en un 9,7 % de gasto sanitario y reducirá en 2,6 años la esperanza de vida de la población española en 2050.

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Actualmente, las dietas deficientes se han convertido en la primera causa de muerte global, subrayándose como principales factores de riesgo dietético las dietas con alto contenido en sal, azúcar y grasas y bajo en cereales integrales, frutas, vegetales, semillas, frutos secos y ácidos grasos omega 3.

Una de las herramientas de las políticas de salud pública para promover dietas saludables es el etiquetado nutricional.

El marco legislativo actual en la Unión Europea es el Reglamento (UE) Nº 1169/2011, sobre la información alimentaria facilitada al consumidor, que establece, desde diciembre del 2016, la obligatoriedad de incluir la información nutricional en los alimentos, que en general se presenta en forma de tabla. Sin embargo, y a pesar de las ventajas potenciales que ofrece para la ciudadanía este tipo de etiquetado, hay evidencia de que dicha información nutricional no es bien comprendida por la población y que el impacto de este Reglamento no es el esperado en cuanto a la mejora en las decisiones de compra y consumo de alimentos. Además, la dificultad de su comprensión es mayor en clases sociales más desfavorecidas y vulnerables.

Por ello, en el mismo Reglamento se contempla la posibilidad de facilitar de forma voluntaria la información nutricional mediante otras formas adicionales de expresión y presentación de la información nutricional. Es en este marco donde surgen formas de expresión adicionales en el frontal de los envases (Front of Pack Labelling, FOPL o etiquetado frontal).

Para más información, consulte: https://www.aesan.gob.es/AECOSAN/web/para_el_consumidor/seccion/informacion_Nutri_Score.htm