Escultor Fitness, nutricionista: «Comida preparada de Mercadona que sí comería siendo nutricionista»

Disponer de una buena salud requiere tener en cuenta unos pilares básicos. Si bien realizar ejercicio de manera habitual es una de las claves fundamentales, no puede entenderse en su totalidad sin una alimentación sana y equilibrada. Sin embargo, el desconocimiento al respecto de los alimentos que son favorables y los que no puede ser un obstáculo difícil de sortear a la hora de elegir un estilo de vida saludable. Para estos casos, Mercadona tiene la solución. La popular cadena de supermercados española dispone de un amplio catálogo de productos para todo tipo de funciones, entre los que obviamente se encuentran alimentos saludables para nuestro bienestar que, a su vez, ya están preparados para ahorrar tiempo. A pesar de su presencia en las estanterías de sus establecimientos, es posible que necesitemos de la ayuda de un experto para poder elegir los más saludables.

En este sentido, podemos recurrir a una de las últimas publicaciones en TikTok de Escultor Fitness, nutricionista e influencer, que nos ayudará a ser más selectivos a la hora de comprar en Mercadona con el objetivo de mejorar nuestra alimentación en el proceso. “Comida preparada de Mercadona que sí comería siendo nutricionista”, presenta el experto en el vídeo.Platos preparados top de MercadonaPara empezar, el primer plato preparado de Mercadona que el nutricionista recomienda añadir a nuestra cesta de la compra es el pollo al ast, que presenta una dosis de hasta 97% de pollo, el cual resulta más alto que en numerosos locales dedicados a la venta y preparación de este artículo. También aconseja apostar por la tortilla de patata, en especial por su baja cantidad en aceite.

Para esos días del año en los que el calor es especialmente intenso, el influencer sugiere combatirlo con el gazpacho de Mercadona. Su combinación de frutas y verduras lo convierten en un complemento ideal para comer sano y refrescarnos en este tipo de escenarios sin demasiadas complicaciones durante el proceso.

Información extraída de https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2025-10-20/nutricionista-comida-preparada-mercadona-comeria_4230763/

El programa Alimentes de Gadis regresa a las aulas para fomentar un consumo responsable y la alimentación sana

Supermercados Gadis vuelve de nuevo a las aulas con su programa educativo Alimentes. Un proyecto ya consolidado que, cada curso escolar, amplía contenidos para abarcar más conceptos e incorpora en esta edición nuevas experiencias en torno a los temas que trabaja de forma transversal: educación sobre nutrición, consumo responsable y consciente para evitar el desperdicio alimentario, el valor del desarrollo sostenible a través de la producción local y de proximidad, y el cuidado del medioambiente.

Un propósito común que se plasma en Alimentes, que incluye contenidos desarrollados por profesionales, dirigidos a alumnos de la segunda etapa deEducación Infantil y de Educación Primaria de Galicia y Castilla y León y que están adaptados a los currículos oficiales de las asignaturas de Ciencias Naturales, Sociales y Educación Física.

Para completar el aprendizaje virtual, la segunda parte del programa cuenta con visitas presenciales a los Supermercados Gadis a fin de que los alumnos puedan ver de cerca las diferentes secciones, especialmente las de productos frescos —pescadería, frutería y carnicería— para hacer hincapié en que estos productos y los de temporada son más sostenibles y saludables. Estas visitas ya se pueden gestionar en el calendario digital que la plataforma pone a disposición de los docentes.

Gadis busca conectar con los estudiantes a través del entorno digital para la primera fase del programa. Podrán seguir la cadena de alimentos de forma virtual desde el origen visitando una lonja, un huerto o una explotación ganadera, así como el almacén donde se guardan los productos y las diferentes secciones de los supermercados. El foco se pone también en el cuidado del medioambiente, para que los niños aprendan, de forma sencilla y práctica, cómo evitar el desperdicio alimentario y por qué es importante cuidar los recursos naturales y proteger el planeta.

El artículo completo se encuentra en: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2025/10/07/programa-alimentes-gadis-regresa-aulas-fomentar-consumo-responsable-alimentacion-sana/00031759846077683439661.htm

Historia de la nutrición

La nutrición es uno de los condicionantes de la de humanización. Los cambios en hábitos y costumbres alimentarias determinan transformaciones físicas y mentales. Por una parte, el descubrimiento del fuego por el hombre primitivo hizo que fuera posible la ingesta, digestión y preparación de algunos alimentos. Por otra, la disponibilidad de los alimentos siempre ha estado relacionada con el poder económico, de forma que comen mejor quienes tienen más posibilidades económicas. Los antropólogos describen dos grandes revoluciones en este aspecto: la del Neolítico y la de la Era Industrial

Desde la Prehistoria, hace unos diez mil años, la alimentación humana ha experimentado una profunda transformación. En sus inicios, nuestros antepasados se nutrían principalmente de vegetales silvestres y de la caza, lo que les proporcionaba una fuente esencial de proteínas. El conocimiento sobre la alimentación se transmitía oralmente, basado en la experiencia, y aún hoy algunas tribus conservan estas tradiciones.

El descubrimiento de la agricultura marcó un punto de inflexión: permitió el sedentarismo y la incorporación de cereales a la dieta. La domesticación de animales facilitó el acceso a carne y leche, aunque el aumento del consumo de cereales en detrimento de las proteínas animales exigió una adaptación fisiológica que continúa hasta nuestros días.

En el Creciente Fértil, considerado la cuna de la civilización, se cultivaban trigo, cebada, legumbres e higueras, y se domesticaban animales como vacas, ovejas, cabras y caballos, utilizados tanto para la alimentación como para el trabajo agrícola. Ya se observaban carencias nutricionales en ciertos sectores, y la preparación de los alimentos tenía un carácter ritual.

Durante la Antigua Grecia, surgió el concepto de dieta equilibrada. Hipócrates, en el siglo V a.C., expresó la idea de que el alimento debía ser también medicina. Galeno, en el siglo II a.C., desarrolló teorías sobre la digestión, distinguiendo entre una primera digestión en el estómago y el intestino, y una segunda en el hígado.

En el Extremo Oriente, aunque su cultura y ciencia eran poco conocidas en Occidente, se desarrollaron sistemas médicos como el Nei Jing en China y el Ayurveda en la India. Los chinos relacionaban el cuerpo con el cosmos y clasificaban los alimentos según sabores y temperaturas, buscando el equilibrio en la dieta. El Ayurveda, por su parte, analizaba los alimentos según su origen, efectos y cualidades, recomendando dietas con alimentos frescos, naturales y equilibrados en sabor.

Durante la Edad Media europea, la nutrición estuvo influida por la Iglesia y las ideas de Galeno. Los alimentos se clasificaban como “calientes”, “fríos”, “húmedos” o “secos”, y se creía que su equilibrio era esencial para la salud. La dieta se basaba en productos agrícolas como cereales, verduras, legumbres, frutas, carnes, lácteos, miel y azúcar. El agua, a menudo no potable, se mezclaba con vino o cerveza.

En el mundo islámico medieval, la alimentación se regía por las normas del Corán, que establecía qué alimentos eran permitidos (halal) y cuáles estaban prohibidos. La dieta incluía cereales, legumbres, hortalizas, carne de cordero o pollo, dátiles y miel, mientras que el pescado era menos común. Pensadores como Avicena (Ibn Sina) estudiaron las propiedades de los alimentos y su influencia en la salud, dejando un legado importante en la medicina y la nutrición.

Durante el Renacimiento (siglos XV y XVI), el interés por la ciencia creció notablemente, lo que impulsó los estudios sobre la digestión y los procesos metabólicos. Los avances en anatomía y fisiología permitieron comprender mejor cómo el cuerpo humano utiliza los alimentos.

En el siglo XVIII, destacan dos figuras clave: Antoine Lavoisier, considerado el padre de la química moderna, por sus investigaciones sobre la oxidación, la respiración animal, el análisis del aire y la fotosíntesis; y Antoine Parmentier, quien promovió el consumo de la patata en Francia, donde antes se consideraba no comestible. Parmentier también impulsó la panadería, estudió el maíz, el opio y el cornezuelo del centeno, y propuso el uso del frío para conservar la carne. Además, desarrolló técnicas para extraer azúcar de la remolacha y defendió que la salud de una nación podía medirse por la calidad de su harina.

En el siglo XIX, se realizaron descubrimientos fundamentales sobre los nutrientes: proteínas, lípidos e hidratos de carbono. Se empezó a entender cómo estos macronutrientes se transforman en energía y tejidos. También se identificaron las vitaminas y minerales, y se reconocieron enfermedades carenciales como el escorbuto, la pelagra y el beri-beri, junto con sus tratamientos.

Ya en el siglo XX, la nutrición se consolidó como una ciencia interdisciplinaria, vinculada a la medicina, la bioquímica y la fisiología. Los estudios epidemiológicos comenzaron a relacionar la alimentación con el estilo de vida y las enfermedades. La industrialización trajo consigo la producción masiva de alimentos, con el uso de azúcares refinados, grasas saturadas, conservantes y aditivos que mejoraban la conservación y el sabor. Esta tendencia favoreció el hiperconsumo, al estimular los circuitos cerebrales de recompensa, lo que derivó en dietas excesivas en azúcares, proteínas y grasas. En respuesta, surgieron guías nutricionales como la Pirámide de la Alimentación, el Plato Saludable de Harvard y la Rueda Alimenticia de la SEDCA, que promovieron dietas equilibradas. La investigación se centró en enfermedades crónicas como la diabetes, las cardiovasculares y la obesidad, y se demostró que la nutrición influye directamente en la longevidad y en el envejecimiento celular, especialmente a través de los alimentos oxidantes y su efecto sobre los telómeros.

Esto es solo un resumen, pero si quieres más información, puedes buscar aquí: https://www.adolescere.es/historia-de-la-nutricion/

Cómo distinguir entre alimentos procesados saludables y ultraprocesados perjudiciales

En los últimos años, el debate sobre los alimentos procesados ha crecido. Muchos piensan que lo único sano es lo “fresco”, y que todo lo demás es dañino. Pero esta visión es simplista: no todo lo procesado es malo.

Procesar un alimento no significa automáticamente que sea insano. Cocinar, congelar, fermentar o pasteurizar son formas de procesamiento que usamos a diario y que, en muchos casos, mejoran la conservación y la seguridad de los alimentos.

¿Cómo saber qué alimentos evitar?

Para aclarar este tema, muchos han sido los organismos que han intentado hacer algún tipo de clasificación de alimentos desde finales de los 2000. Actualmente, la herramienta más utilizada por organizaciones como la OMS o la FAO es el sistema NOVA. Fue creado por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Sao Paulo en el 2010. Este sistema agrupa los alimentos según su nivel de procesamiento, más que por su contenido de nutrientes (como se hacía hasta entonces):

Grupo 1: Alimentos sin procesar o mínimamente procesados

Incluye productos como frutas, verduras, legumbres secas, arroz, carne fresca, pescado o leche sin azúcar. Pueden estar congelados, pelados o pasteurizados, pero siguen siendo prácticamente naturales.

Grupo 2: Ingredientes culinarios procesados

Aquí entran productos como el aceite, la sal, el azúcar o el vinagre. Se extraen de alimentos naturales y se usan para cocinar, pero no deben consumirse solos.

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Grupo 3: Alimentos procesados

Son alimentos a los que se les ha añadido ingredientes del grupo 2 para conservarlos o darles más sabor, como el pan artesanal, las conservas de pescado o las verduras en salmuera.

Alimentos procesados: qué son, características, tipos, ventajas y ...

Grupo 4: Ultraprocesados

Son productos industriales con muchos ingredientes, incluyendo aditivos, azúcares, grasas refinadas y potenciadores del sabor. Algunos ejemplos: refrescos, bollería industrial, snacks, cereales azucarados, productos congelados listos para calentar, etc. Suelen tener poca o ninguna presencia de alimentos frescos.

Claves para diferenciar entre los alimentos procesados y ...

¿Qué deberíamos comer más (y menos)?

Según esta clasificación, lo ideal es basar nuestra dieta en alimentos del grupo 1, usar ingredientes del grupo 2 con moderación, y evitar o reducir al mínimo los del grupo 4.

La clave está en priorizar alimentos reales y preparar nuestras propias comidas siempre que sea posible. No se trata de demonizar todo lo que viene envasado, sino de saber diferenciar entre un bote de garbanzos cocidos (grupo 3, perfectamente saludable) y unas patatas fritas de bolsa (grupo 4, ultraprocesado con bajo valor nutricional).

https://elpais.com/gastronomia/el-comidista/2018/07/17/articulo/1531844078_798176.html#?rel=lom

Relación entre la nutrición y el sistema inmunitario

“Que tu medicina sea tu alimento y el alimento tu medicina”. Esta frase proferida por Hipócrates en la antigua Grecia alude a una realidad que todos podemos intuir: la dieta que seguimos repercute en nuestro organismo y, según su composición, favorece o impide que nos mantengamos sanos. La relación entre alimentación y salud siempre se asumió como cierta, pero no fue hasta la década de los 60 del siglo pasado cuando se constató la interacción entre nutrición e infección. Estudios realizados por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés) y la Organización Mundial de la salud proporcionaron evidencias científicas de que las consecuencias de muchas infecciones son más graves cuando existe malnutrición y que las infecciones por sí mismas puedan causar malnutrición. Así se sentaron las bases de la inmunonutrición, una ciencia transversal que despuntó en la década de los 70 del siglo pasado y que da título al último número de la colección ¿Qué sabemos de? (CSIC-Catarata).

Sobre el libro INMUNITRICÓN

En el libro Inmunotriciónlas científicas del CSIC Ascensión MarcosEsther NovaSonia Gómez-Martínez y Ligia Esperanza Díaz explican las claves de este campo de investigación que busca estudiar y adaptar el consumo de los alimentos y el estilo de vida para mantener las defensas de nuestro organismo y prevenir así posibles enfermedades. La relación entre nutrición e infección, la importancia de la microbiota intestinal para la defensa del organismo o la incidencia del estrés y el ejercicio físico en la salud son algunos de los temas abordados en el texto.  “Hoy se sabe que nuestra dieta puede ayudar a prevenir tanto patologías infecciosas como otras en las que subyacen procesos inflamatorios, como la obesidad, la diabetes tipo 2 o las enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas o autoinmunes”, apuntan.

Las científicas del grupo de Inmunonutrición, que desarrolla su trabajo en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN), destacan que una nutrición adecuada es la clave para una respuesta inmunológica óptima, es decir, capaz de luchar contra cualquier agente extraño que suponga una agresión al organismo sin resultar dañina para nuestros propios tejidos y células. “Esto es así porque las células del sistema inmunológico tienen unos requerimientos de nutrientes para poder desarrollar sus funciones. Por ejemplo, una ingesta proteica suficiente es crucial para una producción óptima de anticuerpos”, aclaran.

Microbiota intestinal, clave para nuestro sistema inmunitario

Uno de los principales objetos de estudio en inmunonutrición es la microbiota intestinal: billones de bacterias que, en conjunto, no pesan más de 200 gramos pero realizan funciones muy provechosas, como si se tratase de un nuevo órgano. Entre otras funciones, interviene en la absorción de vitaminas, el aprovechamiento energético de los compuestos de los alimentos o la protección frente a organismos patógenos, ya que impide que estos se adhieran a las mucosas y modulan los mecanismos de defensa inmunológica.

Esta microbiota evoluciona a lo largo del ciclo vital, de forma que cambia tanto el número de especies que la conforman como su abundancia. Así, la diversidad microbiana de los bebés es más baja que la de los adultos. Otra de las características de este conjunto de microorganismos es la resiliencia, pues es capaz de tolerar condiciones adversas (como cuando tomamos antibióticos, tenemos estrés o sufrimos una diarrea infecciosa) y recuperar el estado de equilibrio del que partía.

Además, la microbiota intestinal posee una variabilidad infinita porque no hay dos iguales. Cada individuo tiene su propia composición de microorganismos, aunque las funciones que éstos realizan sean las mismas. “Esto nos lleva a investigaciones como las desarrolladas en la actualidad, que consisten en definir un conjunto mínimo de funciones que sean propias de una microbiota sana, independientemente de los microorganismos que las realicen”, explican las autoras.

Estilo de vida, alimentación y defensas

Hay factores intrínsecos al individuo como la edad o la genética que no se pueden modificar, pero otros, como la nutrición, sí se pueden modular y, con ello, disminuir el riesgo de un mal funcionamiento del sistema inmunitario. “Nuestro país pertenece a la cuenca mediterránea y su dieta es la primera opción que debemos seguir para obtener un buen estado nutricional, pero las alteraciones de la misma, como omitir alguna de las tres comidas más importantes del día o comer demasiado deprisa, no ayudan a mantener fuertes nuestras defensas”, indican las investigadoras. Además, “la relación entre nutrición e inmunidad se pone de manifiesto desde la época más temprana de la vida, puesto que la alimentación de la madre gestante y del bebé recién nacido influye en el desempeño psicológico y físico en los años subsiguientes y hasta en la salud general en la edad adulta”, añaden.

Si atendemos a otros aspectos, el ejercicio físico también puede ser un buen aliado, siempre que se practique de manera regular y con una intensidad moderada. Al igual que la nutrición, se ha demostrado que el ejercicio tiene repercusión directa en la diversidad y composición de la microbiota intestinal.

El estrés es otro factor que nos acompaña más de lo indicado y que debemos reducir.  El grupo de investigación en Inmunonutrición señala que en este estado generamos cortisol, una molécula que deprime el sistema inmunitario y provoca que las personas sean más vulnerables a padecer una infección o un proceso de inflamación. También afecta al sueño y, en consecuencia, a su capacidad reparadora del organismo y del sistema inmunitario.

Aunque hay un consenso general sobre el estilo de vida más adecuado para nuestro sistema inmunitario, la cuestión se complica cuando queremos concretar estas evidencias en pautas específicas y universales. “No es fácil precisar ni garantizar la ingesta adecuada de cada uno de los nutrientes para cada individuo. Esta cuestión se vuelve complicada porque los requerimientos varían en distintas situaciones fisiológicas y según factores genéticos individuales y estilos de vida, además de verse afectados por interacciones entre los distintos nutrientes que se ingieren, y de estos con otros compuestos, como los medicamentos”, precisan. Lo que sí dejan claro es que una dieta equilibrada y buenos hábitos de sueño, descanso y actividad física, así como de cuidado emocional, favorecen una buena función inmunitaria.

Para saber más información sobre este tema, haga uso de este link para poder indagar sobre noticias relacionadas: https://www.csic.es/es/actualidad-del-csic/investigadoras-del-csic-explican-la-relacion-entre-la-nutricion-y-el-sistema-inmunitario?utm_

¿Por qué seguir comiendo lo mismo si existe el konjac?

¿Por qué comer siempre lo mismo si existen alternativas más saludables y sabrosas? Esta es la propuesta que se plantea respecto a la pasta tradicional, y en concreto, se destaca el konjac como una perfecta opción. 

El konjac es un alimento que imita la forma de la pasta, pero está elaborado a partir del tubérculo de la planta Amorphophallus konjac, originaria del sudeste asiático. 

Por qué comer kojnac

El konjac es un ingrediente exótico ideal para quienes desean perder peso sin dejar de disfrutar de la comida. Con menos de 9 calorías por ración y prácticamente sin grasas ni carbohidratos, se presenta como una excelente opción para reducir calorías y garantizar una coherencia total entre su entrenamiento, su alimentación y su estilo de vida.

Su beneficio principal radica en el glucomanano, una fibra soluble que, al llegar al sistema digestivo, se convierte en un gel viscoso. Este gel genera sensación de saciedad, mejora la digestión, regula el tránsito intestinal y contribuye al control de los niveles de azúcar en sangre y reduce el colesterol.

El glucomanano, fibra presente en el konjac, ha demostrado ser útil para adelgazar cuando se utiliza como complemento alimenticio. Se pueden tomar tres gramos al día, divididos en tres dosis de un gramo media hora antes de las comidas y disuelto en un vaso grande de agua. Así, aporta un efecto saciante muy potente y ayuda a perder peso en personas que siguen una dieta baja en calorías.

Además de su alto contenido en fibra, el glucomanano tiene la capacidad de gelificar, lo que le da múltiples usos en la cocina y lo convierte en una fibra saciante efectiva. Aunque su valor nutricional es bajo debido a su escaso aporte calórico, es una opción ligera para quienes buscan alternativas similares a la pasta pero con muy pocas calorías y mucha fibra. 

Qué pasa si como konjac

El konjac es una alternativa perfecta a la pasta, el arroz o la harina, pero con la ventaja de ser casi libre de calorías. Al absorber hasta 50 veces su peso en agua, aumenta el volumen del plato sin añadir calorías vacías, lo que resulta en comidas ligeras, sabrosas y saciantes, ideales para quienes quieren cuidar su línea. 

La recomendación es usar el konjac como cualquier otra pasta, tanto en recetas saladas como dulces. Se sugiere combinarlo con verduras salteadas, semillas o setas, adaptándolo a los gustos personales. 

Además de favorecer la pérdida de peso, el konjac es un aliado de la salud: no contiene gluten ni grasas, es bajo en carbohidratos y aporta fibra, perfecto para un cuidado integral del cuerpo. Sin embargo, quienes tengan problemas digestivos o esofágicos deberían consultar a un profesional antes de incorporarlo a su dieta.

Bibliografía: https://www.abc.es/bienestar/alimentacion/beneficios-konjac-alternativa-pasta-calorias-nutrientes-20250905083433-nt.html

Los nutricionistas untados que recomiendan comidas insanas

Cuando profesionales de la nutrición defienden productos no saludables suele haber intereses económicos por medio. El vídeo de McDonalds en el que una dietista avala el ‘Happy Meal’ para niños es el último ejemplo.

Dos mujeres quedan en un McDonalds para tomar un té verde, y una comenta lo muchísimo que les gusta comer a sus hijos en esa cadena de hamburgueserías, especialmente siendo dos de ellos celíacos (por la gran variedad de elección y las posibilidades que tienen allí de comer “un pan bueno”). Las criaturas “se mueren por comer allí”, afirma. La otra le responde que cada vez se pueden encontrar productos más sanos, como zumos sin azúcares añadidos. La primera replica que se lo están currando muchísimo con las ofertas saludables, y la segunda le lleva a escoger un “saludable y super equilibrado” Happy Meal, a base de hamburguesa con queso, patatas deluxe -sin salsa y sin gluten, matiza-, piña y agua.

¿Cómo llegan fabricantes de los comestibles insanos a patrocinar asociaciones, instituciones o fundaciones relacionadas con la comida sana, y qué efecto tiene esto en la salud pública? Tres expertos en nutrición como Silvia Romero-especializada en nutrición infantil-, Juan Revenga y el mismo Carlos Ríos nos ayudan a arrojar luz sobre el tema. El resto de implicados en el debate -McDonalds y la susodicha fundación- no han respondido a nuestras preguntas.

El problema infantil (obesidad y mala alimentación)

En España, un 23% de los niños tiene sobrepeso y un 18% obesidad. Aunque en redes se culpa a los padres, los expertos advierten que también influyen mensajes confusos de profesionales, publicidad y la propia industria alimentaria, que manipula la percepción de lo que es “saludable”. Las familias con menos recursos son las más vulnerables, pues reciben información sesgada y pagada. Además, el problema del Happy Meal no es solo su contenido, sino el juguete asociado, que fomenta hábitos poco saludables al vincular comer con recibir premios. Aunque el Código PAOS prohíbe estas prácticas, su autorregulación permite excepciones, lo que favorece la estrategia de las marcas para influir en los niños y sus decisiones.

La trampa de la publicidad engañosa

El Happy Meal no puede considerarse saludable, y su publicidad es engañosa al transmitir lo contrario. Aunque McDonald’s ofrece opciones más sanas que antes, la mayoría de clientes acude por los productos menos nutritivos. Expertos como Carlos Ríos y Juan Revenga critican la hipocresía de estas campañas y advierten que confiar en ellas es un error, pues buscan minimizar el riesgo percibido. Silvia Romero denuncia la falta de ética profesional al recomendar estas comidas, acusando a instituciones y profesionales de venderse a la industria. En definitiva, llevar a los niños a McDonald’s es una elección posible, pero siempre poco saludable, por mucho que la marca lo maquille.

https://elpais.com/gastronomia/el-comidista/2018/11/21/articulo/1542824098_757281.html