Qué es Nutriscore y por qué no funciona

Nutriscore es un sistema de etiquetado, visible en la parte delantera de los envases, diseñado para clasificar los alimentos en categorías según lo saludables que son. Esta clasificación fue diseñada para ayudar a los consumidores a elegir opciones más sanas, o para ser conscientes de lo poco saludables que son esos productos sin necesidad de leer amplias listas de ingredientes.

Dicha etiqueta Nutriscore clasifica los alimentos entre A y E, siendo los más próximos a la A los más saludables, y los más próximos a la E los menos saludables. Al estar visible en los paquetes y emplear colores llamativos, pretende ser un sistema intuitivo y entendible para todos.

A pesar de ser una buena idea, este sistema no le ha hecho gracia a los vendedores de productos menos saludables (por ejemplo snacks altamente calóricos, bollería muy alta en azúcar o bebidas sin ningún valor nutricional), y han tratado de esquivarlo por todos sus medios.

Por ejemplo, la famosa bebida Nesquik recibe una calificación B en este sistema. ¿Cómo es posible, siendo tan azucarado y nutricionalmente pobre? Pues porque no se le ha dado esta medición directamente al producto, sino a un vaso de 200 mililitros de leche con 13,5 gramos de Nesquik. De esta forma, en la clasificación B obtenida se incluirían también los nutrientes de la leche y una cantidad baja del preparado, no únicamente el propio Nesquik. Pero, a diferencia de la etiqueta Nutriscore, ese detalle engañoso no figura visiblemente en la parte delantera del paquete.

E incluso cuando los vendedores no tratan de hacer «trampa» a Nutriscore, el propio sistema tiene algunos fallos incorporados. Por ejemplo, sabiendo que para clasificar un alimento como «malo» (una nota D o E) este tiene que contener azúcares, grasas y ser altamente calórico, los refrescos edulcorados no podrían ser considerados «malos», pues no tienen ninguna de esas cosas.

Y es precisamente eso lo que sucede: Los refrescos zero tienden a obtener calificaciones altas solo por no ser grasientos ni azucarados, a pesar de no ser más que agua con aditivos y no aportar nada nutricionalmente.

El sistema plantea también el problema contrario: Nutriscore contabiliza las kilocalorías de la misma manera, independientemente del alimento del que vengan. Es decir, para el sistema son igual de sanos un puñado de Cheetos que otro de almendras, siempre que ambos tengan la misma cantidad de kilocalorías.

¿Cual es el resultado de esto? Que la clasificación no distinga, por ejemplo, entre grasas saturadas y saludables, con lo que el aceite de oliva y ciertos pescados reciben calificaciones muy bajas a pesar de ser algo recomendable que incluir en la dieta.

Y, por último, el sistema Nutriscore solo compara entre alimentos de su misma categoría, lo cual solo termina de confundir al consumidor. Por ejemplo, si buscas una alternativa de desayuno más saludable a las galletas, el sistema solo te permite encontrar otras galletas más «sanas», no alimentos distintos más sanos. Esto dificulta bastante uno de los objetivos que tenía este semáforo nutricional, que era ayudar en esta clase de aspectos.

Todo esto hace que una clasificación vendida como «intuitiva» y «muy simple» sea exageradamente complicada, terminando por hacer creer al consumidor que alimentos nutricionalmente pobres son «buenos» y alimentos calóricos pero nutritivos son «malos». Nutriscore tiene demasiados matices como para poder ser considerado algo que puede entenderse de un solo vistazo.

¿Una mejor alternativa?

A pesar de no ser un semáforo nutricional, como lo que pretendía ser Nutriscore, en algunos países de Latinoamérica se utilizan unos sellos negros y octogonales que indican cuando un alimento es altamente azucarado, grasiento o calórico.

Estos sellos sí distinguen entre grasas saludables y no saludables, si se incluyen en alimentos pobres nutricionalmente y sí son obligatorios, a diferencia de Nutriscore. Un sistema mucho más sencillo, efectivo y sin posibles matices.

Pueden encontrar más información al respecto aquí:

https://www.lavozdigital.es/economia/etiquetado-nutriscore-funciona-realmente-fiable-20221115115655-ntv.html

https://www.20minutos.es/lainformacion/consumo/un-estudio-desmonta-nutriscore-es-ineficiente-confunde-consumidor-5107874

Información sobre el modelo Nutri-Score

En España desde hace más de dos décadas las cifras de la obesidad suponen un serio problema de salud y un verdadero reto de salud pública. Según los resultados de la Encuesta de Salud de España (ESdE) de 2023, más de la mitad de la población adulta (55,0 %) presenta exceso de peso, lo que viene determinado por la suma del 39,8 % de la población con sobrepeso y del 15,2 % con obesidad.

El problema es también muy importante en la población infantil, con un 15,9 % de niños y niñas de 6 a 9 años con obesidad y un 36,1 % con exceso de peso (obesidad + sobrepeso) en 2023, según datos del estudio ALADINO, lo que se asocia a graves consecuencias para la salud, tanto a corto como a largo plazo, afecta a la calidad de vida de estos escolares, y se relaciona con baja autoestima, con las consecuencias que esto genera en la infancia, de rechazo, fracaso escolar y exclusión. Así mismo, el consumo de alimentos saludables es más frecuente en las familias con mayor nivel de ingresos que, además, tienen exceso de peso con menos frecuencia.

Globalmente, la OCDE estima que el exceso de peso en la población española se traduce en una reducción del 2,9 % del PIB, en un 9,7 % de gasto sanitario y reducirá en 2,6 años la esperanza de vida de la población española en 2050.

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Actualmente, las dietas deficientes se han convertido en la primera causa de muerte global, subrayándose como principales factores de riesgo dietético las dietas con alto contenido en sal, azúcar y grasas y bajo en cereales integrales, frutas, vegetales, semillas, frutos secos y ácidos grasos omega 3.

Una de las herramientas de las políticas de salud pública para promover dietas saludables es el etiquetado nutricional.

El marco legislativo actual en la Unión Europea es el Reglamento (UE) Nº 1169/2011, sobre la información alimentaria facilitada al consumidor, que establece, desde diciembre del 2016, la obligatoriedad de incluir la información nutricional en los alimentos, que en general se presenta en forma de tabla. Sin embargo, y a pesar de las ventajas potenciales que ofrece para la ciudadanía este tipo de etiquetado, hay evidencia de que dicha información nutricional no es bien comprendida por la población y que el impacto de este Reglamento no es el esperado en cuanto a la mejora en las decisiones de compra y consumo de alimentos. Además, la dificultad de su comprensión es mayor en clases sociales más desfavorecidas y vulnerables.

Por ello, en el mismo Reglamento se contempla la posibilidad de facilitar de forma voluntaria la información nutricional mediante otras formas adicionales de expresión y presentación de la información nutricional. Es en este marco donde surgen formas de expresión adicionales en el frontal de los envases (Front of Pack Labelling, FOPL o etiquetado frontal).

Para más información, consulte: https://www.aesan.gob.es/AECOSAN/web/para_el_consumidor/seccion/informacion_Nutri_Score.htm