Describen el papel clave de una célula inmune en el desarrollo de obesidad y otras enfermedades metabólicas

Un equipo de investigación del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha publicado un estudio que revela que el grupo 1 de las células linfoides innatas (ILC1), un tipo de célula inmune presente en el organismo, desempeña un papel crucial en los efectos perjudiciales de las dietas obesogénicas, ricas en grasas y azúcares, sobre el intestino y el metabolismo. Por primera vez, han demostrado que estas células son esenciales para el desarrollo de la obesidad y sus complicaciones, como la diabetes tipo 2 y la enfermedad del hígado graso no alcohólico. Además, el estudio explora la relación entre las ILC1, el sistema neuroendocrino y la microbiota intestinal. Los resultados, publicados en la revista Gut Microbes, abren la puerta a la posibilidad de modular este tipo de células como una alternativa terapéutica para reducir las consecuencias de la obesidad y prevenir problemas metabólicos asociados.

El grupo Microbioma, Nutrición y Salud del IATA, liderado por la profesora de investigación del CSIC Yolanda Sanz, analizó el impacto de una dieta “obesogénica”, alta en grasas y azúcares, sobre la microbiota intestinal y el sistema inmunitario. Este tipo de dietas están asociadas con un empeoramiento de la función inmune del intestino, dañando sus mecanismos de defensa y desencadenando una respuesta inflamatoria que contribuye al desarrollo de complicaciones asociadas a la obesidad, como la diabetes tipo 2.

“No se conoce con precisión la secuencia de eventos que provocan estas alteraciones, ni cuáles son los principales instigadores de dicha respuesta inflamatoria a nivel intestinal, lo que es esencial para combatirlos a tiempo”, asegura Yolanda Sanz, autora principal del estudio. Su trabajo se centró en el papel que juega en este proceso un tipo de células inmunes recientemente descubierto, las ILC1, cuya implicación en la respuesta inflamatoria asociada a la obesidad sólo se había demostrado en el tejido adiposo.

“La novedad de nuestro trabajo radica en que hemos investigado, por primera vez, qué papel tienen las células ILC1 que residen en el intestino en el desarrollo de la obesidad y sus complicaciones. Además, hemos estudiado la interacción de las ILC1 con otras células inmunes intestinales y epiteliales como las células neuroendocrinas, y también con la microbiota intestinal”, explica Yolanda Sanz. Para ello, han empleado un modelo de obesidad inducida por la dieta en ratones donde han bloqueado la funcionalidad de las células ILC1 mediante la administración un anticuerpo específico.

Los resultados muestran que la exposición a una dieta obesogénica incrementa progresivamente el porcentaje de ILC1s intestinales y de otros tipos celulares pro-inflamatorios, como los macrófagos, lo que altera el equilibrio del sistema inmune. Además, una dieta rica en grasas y azúcares reduce la protección que aportan otros tipos de células linfoides innatas (ILC3), y daña la ‘función barrera’ del intestino uno de los principales sistemas defensivos del organismo que evita que se produzca inflamación en tejidos metabólicos. “Demostramos que las células ILC1s son unas de las principales promotoras de la respuesta inflamatoria intestinal y de las alteraciones metabólicas causadas por el consumo de dietas obesogénicas”, resume Sanz.

Así, la administración del anticuerpo que bloquea las células ILC1s no sólo evita su aumento causado por la dieta, sino que, además, reduce las alteraciones en otros tipos celulares (ILC3 y macrófagos) que también se ven afectados por la dieta obesogénica. Asimismo, el bloqueo de estas células inmunes mejora los mecanismos de defensa intestinal mediados por la producción de la citocina IL22, la producción de mucus y la expresión de péptidos antimicrobianos, y previene el deterioro de las células neuroendocrinas del epitelio; lo que aumenta la producción de hormonas intestinales implicadas en la regulación del apetito y la glucosa en sangre, como el péptido similar al glucagón (GLP-1). Por último, la ausencia de células ILC1 incrementa la abundancia en la microbiota intestinal de bacterias como Akkermansia muciniphila, y reduce la de especies inflamatorias como Bilophila spp., lo que sugiere que las ILC1s afectan la simbiosis microbiota-hospedador.

Estos cambios provocados en el intestino como consecuencia del bloqueo de las células ILC1 se ven acompañados de una mejora en el control de la insulina en sangre y de una reducción de la adiposidad de los ratones. “Este trabajo demuestra el papel de las células ILC1 como unas de las principales instigadoras de los efectos dañinos que causan las dietas obesogénicas en el intestino y el metabolismo”, remarca Yolanda Sanz. “La modulación de estas células podría ser una estrategia eficaz para combatir los desórdenes metabólicos relacionados con la obesidad y otras enfermedades asociadas.”, concluye.

Fuente: https://www.iata.csic.es/es/noticias/describen-el-papel-clave-de-una-celula-inmune-en-el-desarrollo-de-obesidad-y-otras

El lado oscuro de ‘MasterChef’ para tu salud: de las recetas insanas a la falta de higiene

Los dietistas-nutricionistas y los estudios realizados sobre los programas de cocina en televisión alertan de sus efectos negativos sobre los espectadores.

En los últimos años, los programas relacionados con la gastronomía se han multiplicado con un éxito extraordinario al mismo tiempo que la sociedad parece preocuparse cada vez más por su alimentación. La cuestión es si estos dos fenómenos están relacionados y si podemos aprender algo en la pequeña pantalla sobre nutrición y salud.

El dietista-nutricionista Juan Revenga tiene claro que no. En el caso concreto de MasterChef, afirma que este programa y en particular sus presentadores «han promocionado productos muy, pero que muy alejados de los patrones de alimentación saludable», asegura en declaraciones a EL ESPAÑOL.

Un estudio sobre MasterChef Australia ya alertó hace seis años del uso excesivo de grasas saturadas en este concurso, especialmente por emplear mantequilla, pero también carnes rojas y otros ingredientes. Los investigadores llamaban la atención sobre la paradoja que de esto se produjera, precisamente, cuando las autoridades sanitarias de aquel país estaban más alarmadas por la obesidad y en la programación televisiva ocupaba más tiempo que nunca la alimentación.

En teoría, los programas de cocina favorecen el hábito de cocinar en casa, que es clave para seguir una dieta saludable. Algunos estudios indican que las personas que dedican más tiempo a preparar la comida en casa presentan mejores indicadores de calidad dietética y que desarrollar habilidades culinarias es muy beneficioso si queremos comer bien. De hecho, algunos expertos consideran que promocionar la cocina podría ser una buena medida para mejorar los hábitos de vida de la población.

Sin embargo, esa parte positiva en realidad es falsa, asegura Revenga, porque «MasterChef no es un programa de cocina, es un reality show en el que el atrezo es una cocina». Un estudio publicado en 2015 en la revista Appetite por investigadores estadounidenses le da la razón: según explican, la mayoría de los espectadores de este tipo de programas sólo busca entretenerse.

No obstante, esta misma investigación llega a una conclusión aún peor: los pocos televidentes que sí se toman en serio las recetas que ven en televisión presentan un mayor índice de masa corporal (IMC), uno de los criterios más ampliamente utilizados para estimar si una persona está en su peso ideal.

Los autores explican que los programas de televisión promueven un consumo excesivo de alimentos. Cuando una persona los ve simplemente para entretenerse no aumentan su riesgo de obesidad, pero sí cuando los utilizan para aprender nuevos platos. Ocurre lo mismo cuando la información llega a través de redes sociales, pero no con otras fuentes online, impresas o cuando la información sobre recetas nos llega a través de amigos.

De hecho, una investigación realizada en el Reino Unido explica que los platos que elaboran los chefs en televisión no cumplen con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hasta el punto de que son incluso menos saludables que las comidas preparadas que se venden en los supermercados. En general, son más calóricas, con más grasas saturadas y menos fibra, según el estudio.

Además, en un amplio análisis de cómo la televisión estaba contribuyendo a la «epidemia de obesidad» en Estados Unidos, investigadores de ese país indicaban que los programas de cocina hacen que los espectadores vean el hecho de cocinar, comer y perder peso como meros entretenimientos. Así, promueven una alimentación que no tiene sentido y generan falsas expectativas sobre el aumento y la pérdida de peso.

Los expertos españoles también se han ocupado de este tema. Gregorio Varela Moreiras, catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo y presidente de la Fundación Española de la Nutrición (FEN) ha analizado la «burbuja gastronómica» que estamos pasando: «Los programas de cocina no son nuevos en nuestra televisión, pero lo que sí es novedoso es el número de los mismos, así como el impacto que están consiguiendo en la audiencia de todas las edades», señala en un artículo de la Revista Española de Comunicación en Salud.

«Los cocineros pueden tener más influencia que los propios científicos o profesiona­les de la salud, en un modelo que podría­mos asimilar al de los deportistas», asegura. Según explica, «los programas más tradicionales de cocina hicieron desde sus inicios un esfuerzo para mejorar nuestros conocimientos de nutrición, salud y bien­estar, nos recomendaban alejarnos de las cadenas de comida rápida, y preparar los platos en casa de una forma más saludable y económica».

Hoy en día su peso es aún más importante y se debería aprovechar. «Si se va de la mano de los expertos en nutrición, se podrá difundir el mensaje tan necesa­rio de que hay que comer bien, que hay que alimentarse de forma saludable».

Marián García, farmacéutica, nutricionista y colaboradora de programas de televisión, coincide con esta opinión.»Creo que lo ideal es que en estos programas, además de la valoración gastronómica, hubiera un nutricionista que también hiciera una valoración sobre los aspectos saludables. Sería una forma sencilla y muy fácil de hacer divulgación aprovechando el tirón de estos formatos».

Sin embargo, por el momento no está sucediendo esto, sino más bien todo lo contrario. En 2015 participó en MasterChef la dietista-nutricionista Lidia Folgar como una concursante más. Su intención era «hacer llegar un mensaje de la importancia que tiene lo que comemos en la salud», según explicó más tarde en el blog de Juan Revenga.

A la hora de la verdad, cuando ya estaba en el programa, «si hablaba mucho de nutrición tenía la sensación de que se ridiculizara un poco nuestra profesión». Al final, su salida del programa fue polémica, ya que muchos espectadores consideraron que no se había dado ningún argumento para eliminarla.

https://www.elespanol.com/ciencia/nutricion/20190925/oscuro-masterchef-salud-recetas-insanas-falta-higiene/431456963_0.html

Tomado de: elespanol.com

Cuentos para comer sin cuentos ayuda a mejorar los hábitos alimenticios entre los niños

El 52,7 por ciento de la población adulta y el 27,6 por ciento de la población infantil presentan sobrepeso u obesidad. Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de mortalidad en los países desarrollados, con un 32,8 por ciento del total de muertes. El sobrepeso, la obesidad o las enfermedades cardiovasculares son consecuencia de los malos hábitos alimenticios de la sociedad actual. Por ese motivo, el equipo de especialistas del gabinete psicológico de María Jesús Álava acaba de publicar «Cuentos para comer sin cuentos», una obra publicada por La Esfera de los Libros y destinada a enseñar a los niños a mejorar esos hábitos.
«La problemática de la alimentación es una de las principales causas de visitas de los padres a las consultas de los psicólogos», afirmó hoy María Jesús Álava durante la presentación del libro, en donde ha facilitado los datos mencionados. «El poco tiempo de los padres va en detrimento de los buenos hábitos alimenticios. La cultura nutricional es muy pequeña hoy en día, mientras que las carencias son muy grandes. Los padres se desesperan por los niños que no quieren comer o que lo hacen de una forma lentísima. Sin embargo, los hijos perciben que este es un tema importante para sus progenitores, unido a que son los pocos momentos del día en los que están juntos, y se convierten en los protagonistas, por lo que intentan llamar más la atención».
Por eso, el objetivo de «Cuentos para comer sin cuentos», elaborado por Ángel Peralbo, Cristina Palmer, Mila Cahue y Silvia Álava, es fomentar en los padres la capacidad de observación hacia sus hijos, porque es importante que sepan cómo educarles. Los cuentos es una forma estupenda de educación y la alimentación también puede ser el fondo de estas historias. La obra se compone de varios cuentos inéditos creados expresamente para este libro, con los que los autores intentan «enseñar a los niños, pero también a los padres». Tras los relatos en sí, se ofrecen pautas para realizar actividades relacionadas con las enseñanzas del cuento.
Favorecer lo positivo
Según Ángel Peralbo, con estos cuentos ilustrados se pretende «captar la atención de los niños y favorecer los hábitos positivos». No se trata tanto de resolver grandes problemas, sino pautas concretas para mejorar pequeños defectos, principalmente en niños de entre 2 y 8 años, que es la etapa en la que mejor se asimilan las enseñanzas. «Es también un libro vivo, que no sólo sirve para leer por la noche, sino que se puede utilizar el resto del día, y que mejora la comunicación entre padres e hijos, un aspecto muy importante, sobre todo de cara a otras épocas más difíciles, como la adolescencia», señaló Peralbo, psicólogo clínico especializado en programas de terapia familiar.
Para Mila Cahue, experta en Elaboración de Dietas y Dietoterapia, «no sólo es importante lo que comemos, sino cómo lo comemos». Las comidas suelen ser momentos «muy estresantes» para la familia, en los que existe un ambiente hostil. «Hay que recuperar las comidas agradables. Lo afectivo es tan importante como lo nutritivo». «Y marcar pautas no significa ser duro o seco, sino ser firme», puntualizó.

https://www.esferalibros.com/noticias/cuentos-para-comer-sin-cuentos-ayuda-a-mejorar-los-habitos-alimenticios-entre-los-ninos

Tomado de: esferalibros.com

Un estudio concluye que la obesidad abdominal incrementa en más de un 50% el riesgo de mortalidad

Según un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Navarra y publicado en la revista científica ‘PLOS ONE’, unos valores altos en los índices de obesidad abdominal se asocian a largo plazo con un mayor riesgo de mortalidad. El trabajo está encabezado por el grupo de Medicina Preventiva del centro académico, perteneciente al CIBER de obesidad y nutrición.

El estudio ‘Obesity indexes and total mortality among elderly subjects at high cardiovascular risk: the PREDIMED study’, encabezado por el profesor Miguel Á. Martínez-González, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública del centro académico, valoró distintos índices de obesidad abdominal al comienzo del seguimiento del gran estudio multicéntrico español ‘Prevención con Dieta Mediterránea (PREDIMED)’, en el que colaboran 18 grupos de investigación de todo el país.

Los investigadores estudiaron una muestra de 7.447 participantes de alto riesgo cardiovascular durante 4,8 años. Ninguno padecía enfermedad cardiovascular al inicio y 348 de ellos fallecieron durante el periodo de seguimiento. Los índices que se asociaron más significativamente con mayor mortalidad fueron el perímetro de la cintura y el índice cintura-altura que surge de dividir el perímetro abdominal entre la altura.

Así, por ejemplo, si una persona mide 1,60 metros (160 centímetros) y tiene un perímetro de la cintura de 80 centímetros, su índice cintura-altura sería 0,5, según ha informado la Universidad en una nota.

MENOR ASOCIACIÓN CON EL ÍNDICE DE MASA CORPORAL

Los participantes fueron divididos en cuatro categorías de este índice: menos de 0,60; de 0,60 a 0,65; de 0,65 a 0,70; y más de 0,70. Se observó que, a igualdad de otras variables relacionadas con la mortalidad, los participantes en las dos categorías con mayor índice cintura-altura presentaban mayor riesgo de fallecer durante el periodo de seguimiento.

Los incrementos relativos en la mortalidad fueron del 30 por ciento para índices cintura-altura entre 0,65 y 0,70, y del 55 por ciento para índices superiores a 0,70. Además, se observó un incremento relativo de mortalidad del 57 por ciento para quienes tenían un perímetro de la cintura superior a 110 centímetros.

En cambio, las asociaciones con el índice de masa corporal (el peso en kg. dividido entre la talla en metros elevada al cuadrado) fueron más débiles y no resultaron significativas.

Estos resultados apoyan que la obesidad verdaderamente peligrosa es la abdominal, que constituye un fuerte factor de riesgo de mortalidad. Por tanto, los autores recomiendan prestar más atención al perímetro de la cintura que al peso o al índice de masa corporal

Por primera vez el índice de obesidad infantil supera al de bajo peso a nivel mundial: ponen a España como buen ejemplo

Por primera vez en la historia, el índice de obesidad infantil ha superado al de bajo peso a nivel mundial, según un informe de UNICEF. Esto marca un cambio preocupante en el panorama de la malnutrición, donde la obesidad se convierte en la forma más común, excepto en regiones como África subsahariana y Asia meridional.

Algunos datos clave del informe son:

La prevalencia del bajo peso en menores de 5 a 19 años ha bajado del 13% al 9,2% desde el año 2000.

En contraste, la obesidad ha aumentado del 3% al 9,4%, afectando a 188 millones de menores.

Si se incluye el sobrepeso, la cifra asciende a 391 millones de niños y adolescentes.

Este aumento se atribuye al consumo creciente de alimentos ultraprocesados, que están desplazando los hábitos tradicionales basados en frutas, verduras y proteínas. Además, la publicidad digital dirigida a jóvenes influye directamente en sus decisiones alimentarias.

Esto trae claras consecuencias para la salud ya que los niños con obesidad tienen mayor riesgo de desarrollar enfermedades como:

Diabetes tipo 2

Hipertensión

Enfermedades cardiovasculares

Cáncer

UNICEF advierte que, sin medidas urgentes, los países podrían enfrentar costes sanitarios y económicos que superen los 4 billones de dólares anuales en 2035.

Podemos ver a España como ejemplo positivo. Ya que el informe destaca a España como un modelo a seguir gracias al Real Decreto de Comedores Escolares Saludables y Sostenibles, que garantiza:

Menús equilibrados con fruta y verdura diaria, también platos con pescado varias veces por semana, o otras opciones como son las vegetarianas. Incluye un acceso gratuito a agua, se prohíben alimentos con exceso de azúcar, sal o grasas en los colegios…

Esta política mejora el entorno alimentario escolar y promueve hábitos saludables desde la infancia.

Por primera vez el índice de obesidad infantil supera al de bajo peso a nivel mundial

https://www.huffingtonpost.es/life/salud/por-primera-vez-indice-obesidad-infantil-supera-peso-nivel-mundial-ponen-espana-buen-ejemplobr.html

El pueblo de México donde se bebe más Coca-Cola que agua

México tiene una de las ciudades más “adictas” al famoso refresco Coca-Cola. Por lo general, en el estado de Chiapas el agua potable es un lujo escaso y costoso, ante esta realidad, gran parte de la población ha sustituido el agua por el consumo crónico de Coca-Cola, convirtiéndola en parte esencial de su vida diaria.

Específicamente, en la ciudad de San Cristóbal de las Casas, gran parte de los habitantes consumen hasta dos litros de refresco al día, lo que equivale a más de 800 litros al año, según una investigación realizada por el Centro de Investigación Multidisciplinaria de Chiapas y la Frontera Sur.

El logo y el color rojo característico de esta bebida se encuentra en cada tienda, mercado y calle de la ciudad, incluso se dice que las familias ya han aprendido a reemplazar bebidas básicas como el agua o la leche, esto en el caso de los bebés, con este refresco.

Cerca de San Cristóbal, en el pueblo de San Andrés, la Coca es considerada “oro líquido”, y es parte de los rituales tradicionales del lugar; los chamanes lo utilizan en ceremonias religiosas y se cree que el refresco tiene propiedades curativas

De acuerdo con las investigaciones que se han hecho en torno a esta bebida, la crisis de consumo se debe a otra crisis aún más grave: la falta de agua potable en todos los hogares.

Se estima que el agua llega a gran parte de las comunidades chiapanecas, incluido el pueblo de San Andrés, con muy poca frecuencia a la semana o definitivamente no llega. El hecho de que las familias no tengan acceso al agua, las obliga a consumir bebidas industrializadas como la Coca-Cola, que incluso llega a ser más barata que las botellas de agua.

Esta dependencia al refresco y falta de agua ha desencadenado una crisis de salud sin precedentes en Chiapas. Los informes apuntan que las tasas de obesidad y diabetes tipo 2, enfermedades vinculadas al consumo excesivo de bebidas azucaradas como la Coca-Cola, se han disparado en los últimos años; en toda la entidad se estima que la diabetes es la segunda causa de muerte, solo detrás de las enfermedades cardíacas.

Por su parte, México es uno de los países con mayor obesidad infantil en América Latina, según UNICEF. Las bebidas azucaradas y la comida chatarra y ultraprocesada representan el 40% de las calorías diarias que consumen los niños, y un tercio de ellos padece sobrepeso u obesidad.

https://www.viveusa.mx/noticias/el-pueblo-de-mexico-donde-se-bebe-mas-coca-cola-que-agua

Publicidad en TV y cine influye en consumo de comida “chatarra” entre adolescentes: Estudio

Ver televisión y asistir a funciones de cine es factor para que los adolescentes consuman alimentos de bajo valor nutritivo, según un estudio de investigadoras del Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia (Censia), del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).


El reporte se hizo con 420 estudiantes de bachillerato de la Ciudad de México, donde el 90% indicaron ver televisión en promedio tres horas diarias, mientras el 37% afirmó visitar las salas cinematográficas al menos una vez al mes.


A cargo de Maribel Orozco López, del Censia, de María Guadalupe Ruelas González, del INSP, y de María Tomasa Mendoza Reséndiz, de la ENAH, la investigación refiere que cuando ven televisión, el 85% de los consultados consume principalmente frituras, galletas y refrescos, y seis de cada 10 se ven influidos por lo promocionado en la pantalla.


Para el caso del cine, la totalidad come principalmente palomitas y bebe refrescos. Aquí el 100% del consumo guarda relación con lo que se promociona en el lugar.

Cuando se les cuestionó sobre los promocionales, en su mayoría prefieren aquellos en los cuales sujetos de edades similares a las de ellos son físicamente atractivos y se presentan como héroes populares. Por otra parte, el 70% resaltan la importancia que los mensajes se acompañen de sonidos altos, y el empleo de colores intensos.

Lo anterior da cuenta de las preferencias de adolescentes por alimentos llamados “chatarra”, cuya publicidad en televisión y cines se presenta como el gancho que favorece su consumo. “Es factible que estos medios estimulen el consumo de estos productos, favoreciendo además la prevalencia de sobrepeso y obesidad en México”, indica el reporte.


Por otra parte, el número de casos de obesidad entre personas de 15 a 19 años de edad en el país, es bajo, no más allá de cinco puntos porcentuales del total. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud (SSa), el año pasado se atendieron en hospitales públicos y particulares a 17 mil 393 adolescentes por tal padecimiento, el 4.84% general.

En tanto, al primer bimestre de 2015 aumentó a 5.10% de la totalidad de prestación del servicio médico de ese sector poblacional, pues hubo 2 mil 205 de los 43 mil 223 registros a nivel nacional.


Si bien dichos datos no pueden considerarse alarmantes, significan que a futuro, si no modifican sus hábitos alimenticios, esos adolescentes enfrentarán problemas de salud derivados de la obesidad, como hipertensión, diabetes mellitus tipo II, que pueden a su vez resultar en otros padecimientos mortales, como los cardiacos y del hígado.


De ahí la importancia de consumir alimentación adecuada y realizar ejercicio de manera constante.
 

La obesidad supera al bajo peso como forma de malnutrición entre niños y adolescentes, según Unicef. Los comedores escolares pueden ser una solución.

Un nuevo informe alerta del rápido aumento de la prevalencia de sobrepeso entre los niños y adolescentes de 5 a 19 años de países de ingresos bajos. Los ingresos bajos y medios provocan la compra de dietas ricas en ultra procesados, siendo estos la punta de lanza de este incremento. Hace un año, un estudio de The Lancet había advertido de que este ya era el principal problema de malnutrición entre adultos y niños a nivel global. Los comedores escolares, que han aumentado su cobertura, son una herramienta clave de prevención.

El problema:

Ejecutiva de Unicef, Catherine Russell, que alertó de que la obesidad es un problema “cada vez más alarmante” que puede acarrear consecuencias para la salud y al desarrollo de la infancia.

“Los alimentos ultraprocesados están desplazando cada vez más el consumo de fruta, verdura y proteínas, en un periodo de la vida en el que la nutrición es esencial para el crecimiento, el desarrollo cognitivo y la salud mental”, incidió.

La investigación Alimentando el negocio: cómo los entornos alimentarios ponen en peligro el bienestar de la infancia se basa en datos de más de 190 países y desvela que, desde el inicio de siglo, la prevalencia del bajo peso en niños de 5 a 19 años ha disminuido del 13% al 9,2%. Una buena noticia que contrasta con el aumento del índice de obesidad, que ha pasado del 3% al 9,4%. Hoy, 188 millones de niños en el mundo, uno de cada 10, tiene obesidad. Esta supera al bajo peso en todas las regiones, excepto en África Subsahariana y Asia Meridional.

Varios países insulares del Pacífico son los que muestran el mayor índice de obesidad a nivel mundial entre niños de 5 a 19 años, con un 38% en Niue, un 37% en Islas Cook y un 33% en Nauru. Estos niveles tan altos se deben principalmente al abandono de las dietas tradicionales por otras con alimentos de alta densidad energética, baratos e importados.

En total, uno de cada cinco niños y adolescentes de entre 5 y 19 años padecen sobrepeso. Por regiones, América Latina y el Caribe, Oriente Medio y África del Norte y América del Norte se encuentran entre las tres con mayor prevalencia entre niños y adolescentes de 0 a 19 años. Según los datos más recientes, en el mundo hay 391 millones de niños y adolescentes con sobrepeso y, una amplia proporción de estos presenta obesidad, la fase crónica del sobrepeso que ya supone riesgos para la salud.

El sobrepeso y la obesidad crecen más rápido en los países de ingresos medios y bajos. Hoy en día, el 81% de los niños con sobrepeso de 5 a 19 años viven en estos territorios. Solo entre el 2000 y 2022, el número de niños con sobrepeso se cuadruplicó en los países de ingresos bajos. Afganistán, Bután, la República Democrática del Congo, Indonesia, Liberia, Sri Lanka, Maldivas, Pakistán y Vietnam son los países que han experimentado un aumento más pronunciado del sobrepeso.

El informe resalta que la responsabilidad a la hora de adoptar una dieta rica en ultraprocesados no es individual. “No son los niños y las niñas los que están fallando, ni son las familias, sino que hay unos entornos donde este tipo de productos están disponibles”, menciona Brero. Explica que estos ultraprocesados se encuentran en los espacios donde los niños juegan, viven y aprenden, son más baratos y la industria invierte en grandes campañas de marketing y de publicidad.

Solucion, Prevenir la obesidad en los comedores escolares:

Para mejorar los entornos alimentarios y reducir las tasas de obesidad y sobrepeso, Unicef recomienda establecer políticas que abarquen el etiquetado de alimentos, restricciones a la comercialización e impuestos y subvenciones a alimentos. Además, es necesario prohibir la venta de alimentos ultraprocesados y su publicidad en las escuelas, hacer frente a las injerencias de la industria de los procesados, desarrollar iniciativas con las familias y comunidades para que reclamen entornos alimentarios más saludables y mejorar el acceso de las familias vulnerables a una alimentación nutritiva.

«Si los niños que antes obtenían la mayoría de sus calorías de cereales no procesados, verdura, fruta, huevos o carne, ahora lo hacen de estos alimentos, eso contribuye a carencias de micronutrientes y desnutrición» Mauro Brero, asesor senior de nutrición en Unicef.

En estas tareas de prevención, los comedores escolares juegan un rol clave. Carmen Burbano, directora de Alimentación Escolar y Protección Social del Programa Mundial de Alimentos (PMA) explica que en América Latina, Asia y África se ha comenzado a trabajar para que estos programas sociales ―que han aumentado su cobertura en un 20% en los últimos cuatro años, según un informe también publicado este miércoles― promuevan mejores hábitos alimenticios y una relación sana con la comida. “Países como México, Chile, Argentina, Perú, Colombia y Brasil han reformado sus programas para atacar este problema”, asegura Burbano en una entrevista telefónica. Esto se consigue no solo al brindar menús saludables, sino al enseñar sobre nutrición en las clases. “Con huertas escolares, por ejemplo, se les habla a los niños de alimentos sanos y cómo prepararlos. Esto hace parte de una visión holística de lo que puede hacer el sistema educativo para enfrentar esta forma de malnutrición”.

El estudio Estado de la alimentación escolar en el mundo 2024, del PMA, ve una oportunidad para atacar este y otros problemas de malnutrición con el aumento de cobertura de comidas escolares, que ha crecido hasta en un 60% entre los niños de países de bajos ingresos. África, que sufre tanto la desnutrición como la obesidad y otros problemas de la vida sedentaria, ahora brinda alimentos en las escuelas a 20 millones de niños más que en 2022.

El aumento de la cobertura, hasta un total de 466 millones niños beneficiarios en todo el mundo, se ha conseguido gracias a la coordinación de la Coalición Global para la Alimentación Escolar, que asocia a 108 países, y a la financiación de los gobiernos, destaca el informe. “Una hipótesis”, dice Burbano, es que la pandemia fue un shock para las comunidades. Las escuelas cerraron, se suspendió el acceso a alimentos y, entonces, los gobiernos se dieron cuenta de lo valiosos que eran estos programas». La financiación global de comidas escolares se ha duplicado, pasando de 43.000 millones de dólares en 2020 a 84.000 millones en 2024 (de unos 36.600 millones de euros a 71.500 millones de euros).

No obstante, reconoce Burbano, aún hay una brecha por resolver: “Un 30% de los niños de países de bajos ingresos recibe comidas escolares; en comparación con el 80% de los niños de países de altos ingresos. Ahí es cuando necesitamos la ayuda internacional”. De momento, solo el 1% de los fondos para comedores escolares vienen de Ayuda Oficial al Desarrollo, según el documento del PMA. Aumentar esa participación en países de bajos ingresos permitiría impulsar la cobertura y, luego, entregar el relevo a los gobiernos, para que financien los proyectos con presupuestos nacionales y los hagan sostenibles.


Pulse aquí para más información: https://elpais.com/planeta-futuro/2025-09-10/por-primera-vez-la-obesidad-supera-al-bajo-peso-como-forma-de-malnutricion-entre-ninos-y-adolescentes-en-el-mundo-segun-unicef.html

En el mundo hay más niños con sobrepeso que con bajo peso por primera vez en la historia: ¿cuál es la situación en América Latina?

Por primera vez, en el mundo hay más niños con obesidad que con bajo peso, según un amplio estudio realizado por la organización de Naciones Unidas para la infancia, Unicef.

El informe muestra que aproximadamente uno de cada diez niños de entre 5 y 19 años (unos 188 millones de niños y jóvenes) viven con obesidad.

La investigación se basó en datos de más de 190 países y concluyó que mientras la prevalencia de bajo peso entre los niños y adolescentes disminuyó desde el año 2000, las tasas de obesidad se triplicaron.

Los investigadores atribuyen este fenómeno al cambio de las dietas tradicionales a otras con una fuerte dependencia de alimentos ultraprocesados, relativamente baratos y ricos en calorías.

«Este dramático cambio en el panorama de la malnutrición pone en peligro la salud y el potencial futuro de los niños, las comunidades y las naciones», señala el informe.

Con sobrepeso y malnutridos

Cuando los expertos en salud solían referirse a los niños con malnutrición, se interpretaba como aquellos con bajo peso. Ya no es así.
El término malnutrición -que implica una alimentación nutricionalmente inadecuada- ahora también se refiere a la obesidad y su impacto en la salud y el desarrollo infantil.

Se considera que un niño tiene sobrepeso cuando su peso es significativamente superior al saludable para su edad, sexo y estatura.

La obesidad es una forma grave de sobrepeso y está relacionada con un mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer en etapas posteriores de la vida.

Se pensaba que la obesidad y el sobrepeso eran un problema de los países ricos pero, como muestra el informe, ahora también están presentes en los países más pobres.

«En muchos países, observamos la doble carga de la malnutrición: el retraso en el crecimiento y la obesidad», afirma Catherine Russell, directora ejecutiva de Unicef.

Durante la infancia, una buena nutrición, que incluye abundantes frutas, verduras y proteínas, desempeña un papel fundamental en el crecimiento, el desarrollo cognitivo y la salud mental.

Sin embargo, muchas dietas tradicionales están siendo reemplazadas por alimentos ultraprocesados, a menudo ricos en azúcar, almidón, sal, grasas no saludables y aditivos.

1 de cada 10 niños vive con obesidad

La malnutrición sigue siendo un problema importante en los menores de 5 años en muchos países de ingresos bajos y medios.

El informe de Unicef revela que desde el año 2000 la prevalencia de niños y adolescentes con bajo peso de entre 5 y 19 años disminuyó de casi el 13 % al 9,2%.

Sin embargo, las tasas de obesidad aumentaron del 3% al 9,4 %, lo que significa que casi 1 de cada 10 niños vive con obesidad.

El número de niños con sobrepeso, que incluye a los obesos, también aumentó, hasta el punto de que ahora uno de cada cinco niños en edad escolar y adolescentes tiene sobrepeso.

El estudio estima que esto representa aproximadamente 391 millones de niños en todo el mundo.

La obesidad supera actualmente al bajo peso en todas las regiones del mundo, excepto en África subsahariana y el sur de Asia.

Qué pasa en América Latina

América Latina es una de las tres regiones del mundo que registran el mayor índice de sobrepeso entre niños y adolescentes de 0 a 19 años. Las otras dos regiones son Medio Oriente y Norte de África y América del Norte.

América Latina también es una de las regiones que han tenido uno de los mayores incrementos en la prevalencia de sobrepeso desde el 2000.

Ese año, 34 millones de niños y adolescentes de 5 a 19 años en la región tenían sobrepeso y obesidad.

La cifra actual de niños con sobrepeso es de 56 millones:

  • 20 millones de niños de entre 5 y 9 años (39%)
  • 20 millones de niños de entre 10 y 14 años (20%)
  • 16 millones de adolescentes de entre 15 y 19 años (16%).

Y el incremento ha ocurrido en la mayoría de los países de la región (64%), los cuales muestran una prevalencia «muy alta» de sobrepeso en niños y adolescentes de 5 a 19 años.

Dentro de la región, sin embargo, la prevalencia de sobrepeso varía considerablemente de un país a otro: Guatemala tiene un 23% de niños y adolescentes con sobrepeso, mientras que en Chile son un 58%.

Aunque no se ofrecen los datos individuales de países, el informe destaca el caso de Chile que tiene una de las tasas más altas (27%) de niños y adolescentes con obesidad, mayor que la de Estados Unidos (21%) y la de Emiratos Árabes Unidos (21%).

El informe también encontró evidencia de que en los países de ingresos superiores en la región, como Brasil y México, los niños con sobrepeso y obesidad se concentran en hogares con un nivel socioeconómico más bajo, en áreas que son calificadas como «pantanos alimentarios», zonas urbanas con una alta densidad de establecimientos de comida rápida y poca disponibilidad de opciones de alimentos saludables.

«Una emergencia silenciosa»

Unicef advierte que el impacto en la salud y los costos económicos de no hacer nada para resolver el problema del sobrepeso y la obesidad son potencialmente «devastadores».

El informe estima que, para 2035, el impacto económico mundial del sobrepeso y la obesidad superará los US$4 billones anuales.

Menciona el caso de Perú, donde los costos vinculados con la obesidad en el futuro «podrían superar los US$210.000 millones anuales».

Pero también destaca el ejemplo de México. En este país, donde el 40% de las calorías diarias consumidas por los niños provienen de productos ultraprocesados, el gobierno prohibió recientemente la venta y distribución de alimentos altos en sal, azúcar y grasas en las escuelas públicas, beneficiando a más de 34 millones de estudiantes.

Entre las medidas que Unicef propone a los gobiernos están establecer políticas obligatorias sobre etiquetado, publicidad y fiscalidad de alimentos y prohibir la venta y promoción de comida chatarra en entornos escolares.

También pide ampliar los programas sociales que garanticen el acceso a dietas saludables.

«La obesidad infantil es una emergencia silenciosa que está creciendo ante nuestros ojos. Necesitamos transformar los entornos alimentarios de forma urgente para que todos los niños, sin importar dónde vivan, tengan acceso a alimentos nutritivos y asequibles», declaró Catherine Russell.

Tomado:https://www.bbc.com/mundo/articles/cly0edg8eeyo