Los insectos son considerados una parte fundamental de la dieta de muchos países de Asia y África como por ejemplo Japón o Kenia. Sin embargo, en zonas como Alemania o Irlanda, solamente la acción de pensar en insectos provoca una sensación de asco. ¿Por qué el mundo occidental tiene esa percepción tan negativa hacia la idea de comer insectos?
Generalmente, la población occidental repudia el consumo de insectos porque se dejan guiar por sus reacciones emocionales. Esto quiere decir, que asocian a estos animales con lo peligroso, antihigiénico y lo repugnante. Por tanto, el comer insectos les parece una idea completamente insegura y que podría poner en riesgo su salud. Por otro lado, la cultura occidental solamente rechaza los insectos cuando no son visibles a simple vista. Las harinas de insectos y los insectos molidos consiguen disminuir el asco y así pasar desapercibidos.
Se han realizados varios estudios que demuestran que comer insectos es más que beneficioso para los humanos. Son altos en proteínas, minerales y vitaminas, suponen un gasto energético menor que la carne y su cultivo significa el aprovechamiento de materiales ,que en condiciones normales, serían desechables.
En conclusión, los insectos son una opción totalmente enriquecedora para la sociedad occidental. Mientras los prejuicios sociales y la barrera psicológica perduren entre nosotros, nunca podremos incluir el consumo de insectos en nuestra alimentación del día a día.
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