Solo el 20% de los alimentos infantiles comercializados en España cumple los criterios de la OMS

Solo el 20 % de los alimentos infantiles comercializados en España cumple con los criterios nutricionales establecidos por la OMS, según la primera tabla de composición nutricional para niños pequeños elaborada en el país. El estudio, realizado por la Universitat Rovira i Virgili (URV), el Institut d’Investigació Sanitària Pere Virgili (IISPV) y el Col·legi de Dietistes-Nutricionistes de Catalunya, analiza 850 productos de 42 marcas disponibles en los principales supermercados.

El análisis, denominado Baby & Toddler Food Composition Database–InfantBase, muestra que el 60 % de los productos contiene cantidades excesivas de azúcar, mientras que el 99 % de los purés de fruta necesitarían un sello de advertencia de “alto en azúcar”. Además, el 30 % de los productos incorpora azúcares o edulcorantes añadidos, como miel o jugos concentrados, y el 98 % presenta alegaciones o mensajes promocionales no autorizados. Ningún producto cumple todos los criterios de promoción comercial recomendados por la OMS.

La base de datos forma parte del proyecto PRINUT (Primera Infancia Análisis Nutricional y Regulación de Alimentos Comerciales de la Generalitat de Catalunya), que tiene como objetivo dotar a los profesionales de la salud, nutrición y pediatría de información fiable, actualizada y basada en la evidencia. Esto permite evaluar la alimentación de los primeros años de vida y ofrecer recomendaciones que fomenten dietas más saludables, seguras y sostenibles, en un contexto donde la oferta de productos comerciales para niños pequeños crece rápidamente.

Según la coordinadora del proyecto, Nancy Babio, este trabajo es un paso fundamental para mejorar la salud infantil y garantizar que la publicidad y composición de los alimentos para niños cumplan criterios de salud pública.

Para más información: https://elpais.com/sociedad/2025-11-18/solo-el-20-de-los-alimentos-infantiles-comercializados-en-espana-cumple-los-criterios-de-la-oms.html

Solo el 20% de los alimentos infantiles comercializados en España cumple los criterios de la OMS

Un estudio publicado en la ‘European Journal of Pediatrics’ fija también que el 60% contiene cantidades excesivas de azúcar.

El 20%, ese es el porcentaje de los alimentos infantiles comercializados en España que cumple con los criterios nutricionales establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), según la primera tabla de composición nutricional de alimentos para niños pequeños elaborada en el país, realizada por investigadores de la Universitat Rovira i Virgili (URV), el Institut d’Investigació Sanitària Pere Virgili (IISPV) y el Collegi de Dietistes-Nutricionistes de Catalunya, y publicada en la revista científica European Journal of Pediatrics.

La tabla recoge información nutricional detallada sobre 850 productos de 42 marcas disponibles en los principales supermercados de España. El objetivo es poner a disposición de profesionales de la dietética, la nutrición o la pediatría “una fuente fiable y actualizada” sobre la composición de estos alimentos para poder evaluar la alimentación en los primeros años de vida y ofrecer recomendaciones que favorezcan una dieta más saludable y sostenible.

Los resultados del análisis, denominado Baby & Toddler Food Composition Database–InfantBase, muestran que solo el 20% de los productos analizados cumple todos los criterios de los perfiles nutricionales y de publicidad recomendados por la OMS, y alerta de que el 60% contiene cantidades excesivas de azúcar y que el 99% de los purés de fruta requerirían un sello de advertencia de “alto en azúcar”.

El estudio indica también que el 30% de los productos incorpora azúcares o edulcorantes añadidos, como miel o jugos concentrados, que ningún producto cumple todos los criterios de promoción comercial establecidos por la OMS, y que el 98% presenta alegaciones o mensajes promocionales no autorizados.

La base de datos, que forma parte del proyecto PRINUT (Primera Infancia Análisis Nutricional y Regulación de Alimentos Comerciales de la Generalitat de Catalunya), “es un paso fundamental para dotar a los equipos de profesionales de la salud de información objetiva y basada en la evidencia, en un contexto donde la oferta de productos comerciales para niños pequeños crece rápidamente y no siempre responde a criterios de salud pública”, explica la investigadora de la Unitat de Nutrició Humana de la URV y coordinadora del proyecto, Nancy Babio.

Historia de la alimentación humana

La alimentación humana ha evolucionado desde una dieta basada en la caza y la recolección hasta una marcada por la industrialización y el consumo de productos ultraprocesados. El dominio del fuego permitió mejorar la digestión y conservación de los alimentos. Con la agricultura y la ganadería, los cereales se convirtieron en la base de la dieta, aunque la escasa variedad provocó deficiencias nutricionales.

A lo largo de la historia, la transformación de alimentos y el acceso desigual marcaron las pautas alimentarias de las civilizaciones. La Revolución Industrial trajo mayor disponibilidad de productos, sobre todo de origen animal, y avances en la seguridad alimentaria. En el siglo XX, la nutrición se consolidó como ciencia y se estudiaron los efectos de las dietas sobre la salud.

En las últimas décadas, el consumo de productos ultraprocesados ha aumentado significativamente, contribuyendo al crecimiento del sobrepeso y la obesidad, que se han triplicado desde 1975 según la OMS. Este cambio refleja un desequilibrio entre la ingesta calórica y el gasto energético.

para más info: https://www.saludcastillayleon.es/ventanafamilias/es/infancia/alimentacion/bases-alimentacion-saludable/historia-alimentacion-humana

Consejos para una alimentación saludable

No importa la edad que tengamos; cuidar nuestra alimentación es fundamental para el bienestar de nuestro organismo, así como para la prevención de numerosas enfermedades, por lo que es importante incorporar ciertos hábitos en nuestra dieta. Dichos hábitos son sencillos de incorporar y, a cambio, nos proporcionarán una salud y calidad de vida superiores a las que tendríamos sin estos.

1. Consumición de alimentos variados y frescos

Es importante no limitarse a una sola fuente de vitaminas, hidratos o proteínas; combinar distintos tipos de alimentos hace la nutrición mucho más completa. Probando platos e ingredientes nuevos que no solemos consumir podemos innovar, variar, y sorprendernos de los beneficios que esto podría traer a nuestra dieta.

También pueden hacerse variaciones en alimentos que ya consumamos con regularidad para hacerlos más saludables. Por ejemplo, empezando a comprar cereales integrales o frutos secos sin sal en lugar de los que consumimos regularmente.

2. Moderación de las cantidades de grasa y aceite

Existen métodos de cocina que no requieren de ningún tipo de grasa, como el hervido o la cocina al vapor, que nos ayudarán a no añadir calorías innecesarias a nuestros platos. En caso de utilizar grasas, siempre son preferibles las vegetales (como el aceite de oliva o de girasol) a las animales.

Respecto a los propios alimentos, las aves y pescados son menos grasos que la ternera o el cerdo, por lo que son fuentes de proteína preferibles si se pretende consumir menos grasa.

3. Limitación del consumo de azúcar y sal

El azúcar debe ser especialmente controlado en los más pequeños. En adultos, siempre es preferible el consumo de fruta fresca al de otra clase de postres, pero en caso de optar por estos, deben controlarse las porciones.

También debemos restringir el consumo de bebidas azucaradas tanto como sea posible, y sustituirlas por agua o edulcorantes. Las bebidas listas para consumir (como el té o el café preparados) a menudo contienen grandes cantidades de azúcar, por lo que es recomendable prepararlos en casa, y así controlar la cantidad de azúcar que se le echa u omitirlo.

Es igualmente importante controlar la cantidad de sal consumida. La OMS recomienda un máximo de 5 gramos diarios, que pueden limitarse evitando alimentos envasados con mucha sal, como caldos preparados o salsas de soja o pescado. Hay otras maneras de aportar sabor a los platos, por ejemplo, mediante hierbas aromáticas y especias.

4. Restricción del consumo de alcohol

Ninguna cantidad de alcohol es buena ni recomendada, por lo que la mejor opción respecto a este es evitarlo por completo. No solo no es beneficioso para la dieta, sino que es perjudicial para nuestro organismo, aumentando el riesgo de desarrollo de distintas enfermedades, tanto físicas como mentales.

5. Mantenimiento de una correcta hidratación

El agua es la mejor opción para mantenernos hidratados, al no contener ningún tipo de sustancias perjudiciales, lo que si sucede con el alcohol o las bebidas azucaradas. Beber, al menos, entre 1,5 y 2 litros de agua diarios (sin incluir el agua que contienen los alimentos) es adecuado y muy recomendable.

Una buena hidratación ayuda a evitar problemas de salud como migrañas o enfermedades cardiacas, y tiene múltiples beneficios en nuestro sistema inmunológico o el aspecto de nuestra piel.

Fuentes:

https://www.who.int/es/campaigns/connecting-the-world-to-combat-coronavirus/healthyathome/healthyathome—healthy-diet

Estos son los efectos en la salud de comer legumbres todos los días

Diversos estudios, entre ellos algunos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), recomiendan el consumo de legumbres 3 veces a la semana por ser una fuente de proteínas de calidad. Pues bien, un nuevo estudio sugiere que consumir regularmente una taza de legumbres al día puede ofrecer beneficios para la salud cardíaca y metabólica y reducir así el riesgo de enfermedades crónicas. 

El estudio de 12 semanas, que contó con la participación de 72 personas con prediabetes, mostró una asociación entre el consumo de garbanzos y mejores niveles de colesterol, mientras que comer frijoles negros o alubias negras se relacionó con una reducción de la inflamación.

«Las personas con prediabetes suelen presentar un metabolismo lipídico deficiente e inflamación crónica leve, lo cual puede contribuir al desarrollo de afecciones como enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2», afirma en un comunicado del estudio Morganne Smith, del Instituto Tecnológico de Illinois, en EE UU.

«Nuestro estudio reveló que el consumo de frijoles ayudó a reducir significativamente el colesterol y la inflamación en personas con prediabetes, aunque los niveles de glucosa no se modificaron«, destaca.

Smith presentará los hallazgos en «Nutrition 2025», la principal reunión anual de la Sociedad Americana de Nutrición, que concluye hoy en Orlando.

Las doctoras Indika Edirisinghe y Britt Burton-Freeman, del Instituto Tecnológico de Illinois, son las investigadoras principales del estudio.

Los frijoles negros y los garbanzos son de consumo común, pero a menudo se pasan por alto en estudios detallados sobre su impacto en el colesterol y la inflamación en personas con riesgo de enfermedades cardíacas o diabetes. El nuevo estudio forma parte de un proyecto más amplio que explora cómo el consumo de estas legumbres afecta a la inflamación y la respuesta a la insulina a través de la actividad del microbioma intestinal.

“Nuestro estudio demostró los beneficios del consumo de frijoles en adultos con prediabetes, pero, además, son una excelente opción para todos”, recuerda Smith. “Estos hallazgos podrían utilizarse para fundamentar las directrices dietéticas, los profesionales clínicos o los programas de salud pública centrados en la prevención de enfermedades cardíacas y diabetes”.

Para aumentar la relevancia del estudio en la vida cotidiana, las investigadoras lo llevaron a cabo con participantes en condiciones de vida libre. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a consumir una taza de frijoles negros, garbanzos o arroz (grupo control) durante 12 semanas.

Se tomaron muestras de sangre al inicio, a las 6 y a las 12 semanas para controlar el colesterol, la inflamación y la glucemia, y se realizaron pruebas de tolerancia a la glucosa al inicio y al final del estudio.

En el grupo que consumió garbanzos, el colesterol total disminuyó significativamente, pasando de un promedio de 200,4 miligramos por decilitro al inicio del estudio a 185,8 miligramos por decilitro tras 12 semanas.

En quienes consumieron frijoles negros, el nivel promedio de la citocina proinflamatoria interleucina-6 (un marcador de inflamación) fue de 2,57 picogramos por mililitro al inicio del estudio y disminuyó significativamente a 1,88 picogramos por mililitro tras 12 semanas. No se observaron cambios significativos en los marcadores del metabolismo de la glucosa.

Los investigadores afirman que sustituir opciones menos saludables por legumbres (ya sean enlatadas, secas o congeladas) es un excelente punto de partida para consumir más legumbres. Sin embargo, es importante tener en cuenta los ingredientes adicionales, como la sal o el azúcar, según lo que compre.

Para la próxima fase de este proyecto, las investigadoras planean examinar cómo el consumo de frijoles negros y garbanzos influye en la salud intestinal para comprender mejor la conexión entre el microbioma intestinal y la salud metabólica.

Pese a lo interesante del estudio es importante saber que los hallazgos presentados en «Nutrition 2025» deben considerarse preliminares hasta que se publique una publicación revisada por pares.

https://www.larazon.es/salud/estos-son-efectos-salud-comer-legumbres-todos-dias_20250603683e8bf47b27927d3db96e34.html

Alimentación sana

Consejos prácticos para mantener una alimentación saludable

Frutas, verduras y hortalizas

Comer al menos 400 g, o cinco porciones de frutas y verduras al día reduce el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles (2) y ayuda a garantizar una ingesta diaria suficiente de fibra dietética.

Para mejorar el consumo de frutas y verduras es recomendable:

  • incluir verduras en todas las comidas;
  • como tentempiés, comer frutas frescas y verduras crudas;
  • comer frutas y verduras frescas de temporada; y
  • comer una selección variada de frutas y verduras.

Grasas

Reducir el consumo total de grasa a menos del 30% de la ingesta calórica diaria contribuye a prevenir el aumento insalubre de peso entre la población adulta (1, 2, 3). 

Además, para reducir el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles es preciso: 

  • limitar el consumo de grasas saturadas a menos del 10% de la ingesta calórica diaria; 
  • limitar el consumo de grasas trans a menos del 1%; y
  • sustituir las grasas saturadas y las grasas trans por grasas no saturadas (2, 3), en particular grasas poliinsaturadas.

Para reducir la ingesta de grasas, especialmente las grasas saturadas y las grasas trans de producción industrial se puede:

  • cocinar al vapor o hervir, en vez de freír;
  • reemplazar la mantequilla, la manteca de cerdo y la mantequilla clarificada por aceites ricos en grasas poliinsaturadas, por ejemplo, los de soja, canola (colza), maíz, cártamo y girasol;
  • ingerir productos lácteos desnatados y carnes magras, o quitar la grasa visible de la carne; y
  • limitar el consumo de alimentos horneados o fritos, así como de aperitivos y alimentos envasados (por ejemplo, rosquillas, tortas, tartas, galletas, bizcochos y barquillos) que contengan grasas trans de producción industrial.

Sal, sodio y potasio

La mayoría de la gente consume demasiado sodio a través de la sal (una media de 9 g a 12 g de sal diarios) y no consume suficiente potasio (menos de 3,5 g). Un consumo elevado de sal e insuficiente de potasio contribuye a la hipertensión arterial que, a su vez, incrementa el riesgo de enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular (8, 11).

La reducción de la ingesta de sal al nivel recomendado, esto es, menos de 5 gramos diarios, permitiría prevenir 1,7 millones de muertes cada año (12).

Las personas no suelen ser conscientes de la cantidad de sal que consumen. En muchos países, la mayor parte de la ingesta de sal se realiza a través de alimentos procesados (por ejemplo, platos preparados, carnes procesadas tales como tocino, jamón, salame; queso o tentempiés salados) o de alimentos que se consumen con frecuencia en grandes cantidades (por ejemplo, el pan). La sal también se añade a los alimentos cuando se cocinan (por ejemplo, caldos, concentrados de caldo de distinto tipo, salsa de soja y salsa de pescado) o en el lugar en que se los consume (por ejemplo, la sal de mesa).

Para reducir el consumo de sal se aconseja:

  • limitar la cantidad de sal y de condimentos ricos en sodio (por ejemplo, salsa de soja, salsa de pescado y caldo) al cocinar y preparar alimentos;
  • no poner sal o salsas ricas en sodio en la mesa;
  • limitar el consumo de tentempiés salados; y
  • escoger productos con menor contenido de sodio.

Algunos fabricantes de alimentos están reformulando sus recetas para reducir el contenido de sodio de sus productos; además, se debería alentar a los consumidores a leer las etiquetas de los alimentos para comprobar la cantidad de sodio que contiene un producto antes de comprarlo o consumirlo.

La ingesta de potasio puede mitigar los efectos negativos de un consumo elevado de sodio en la presión arterial. La ingesta de potasio se puede incrementar mediante el consumo de frutas y verduras frescas.

Azúcares

Adultos y niños deberían reducir la ingesta de azúcares libres a menos del 10% de la ingesta calórica total (2, 7). Una reducción a menos del 5% de la ingesta calórica total aportaría beneficios adicionales para la salud (7).

El consumo de azúcares libres aumenta el riesgo de caries dental. El exceso de calorías procedentes de alimentos y bebidas con un alto contenido en azúcares libres también contribuye al aumento insalubre de peso, que puede dar lugar a sobrepeso y obesidad. Pruebas científicas recientes revelan que los azúcares libres influyen en la tensión arterial y los lípidos séricos, y sugieren que una disminución de su ingesta reduce los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares (13).

La ingesta de azúcar puede reducirse del modo siguiente:

  • limitar el consumo de alimentos y bebidas con alto contenido de azúcares, por ejemplo, aperitivos y bebidas azucarados y golosinas (o sea, todos los tipos de bebidas que contienen azúcares libres, incluidos refrescos con o sin gas; zumos y bebidas de frutas o verduras; concentrados líquidos y en polvo; agua aromatizada; bebidas energéticas e isotónicas; té y café listos para beber; y bebidas lácteas aromatizadas ); y 
  • comer, como tentempiés, frutas y verduras crudas en vez de productos azucarados.
https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/healthy-diet