La patata y el boniato son dos alimentos que mucha gente confunde porque ambos son tubérculos y se cocinan de formas muy parecidas. Aun así, tienen algunas diferencias interesantes. Nutricionalmente, son bastante similares: aportan hidratos de carbono que dan energía, contienen vitamina C y minerales como el potasio, y en general son alimentos saludables y saciantes. La diferencia más llamativa está en el boniato anaranjado, cuyo color delata su mayor contenido en betacarotenos. Estos compuestos se transforman en vitamina A en nuestro cuerpo, y una batata mediana puede cubrir prácticamente toda la recomendación diaria para personas jóvenes. Por eso se dice que el boniato es especialmente interesante desde el punto de vista nutricional.
También hay otra distinción relacionada con la textura. El boniato suele tener más fibra que la patata. A veces se nota más denso, aunque si se cocina el tiempo suficiente queda igualmente muy tierno. La mayor parte de esa fibra está en la piel, que se puede comer sin problema, igual que ocurre con la patata.
A la hora de cocinar, la elección depende sobre todo del sabor que buscas. La patata es más neutra y combina con casi cualquier plato, desde guisos hasta purés o tortillas. El boniato, en cambio, tiene un toque dulce y un sabor algo más pronunciado. Gracias a eso funciona muy bien tanto en recetas dulces, como bizcochos o cremas, como en platos salados que buscan un punto diferente, por ejemplo boniato al horno, cremas otoñales o incluso una tortilla hecha con él. Ambos son alimentos saludables, y alternarlos en la dieta puede ayudarte a disfrutar de sabores distintos sin perder valor nutricional.
