En España, la televisión sigue siendo uno de los principales canales de influencia para la población, especialmente para los más pequeños, y lo que se muestra en ella durante el horario infantil dista mucho de ser saludable. Un estudio reciente del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete y el Instituto de Salud Carlos III ha revelado que más del 75% de los alimentos anunciados en televisión en ese horario no cumplen con criterios nutricionales adecuados. Este dato es alarmante, especialmente si se considera que los niños y niñas son una población más vulnerable, pues no tienen las herramientas suficientes para discernir lo “malo” de lo “bueno” y su conducta es fácil de manipular.
La publicidad de productos como chocolates, galletas, confitería y alimentos ultraprocesados domina la programación infantil, mientras que frutas, verduras, legumbres y otros alimentos de mayor valor nutricional apenas tienen presencia. Esta desproporción no solo afecta las preferencias alimentarias, sino que contribuye directamente al aumento del sobrepeso, la obesidad infantil, la diabetes y otras enfermedades. Actualmente, más del 30% de los menores en edad escolar en España tienen sobrepeso, y un 10% padece obesidad. Frente a esta realidad, en 2017 el Ministerio de Sanidad firmó un acuerdo con la industria alimentaria para reducir azúcares, grasas saturadas y sal en productos dirigidos a menores. Sin embargo, los resultados han sido mínimos: el porcentaje de productos poco saludables publicitados apenas bajó del 76,9% en 2017 al 75,8% en 2020.
La única norma vigente que regula esta publicidad en España es el Código PAOS, pero no es obligatoria: las empresas deciden si la siguen o no. Y eso, según los expertos, no basta. Como explica el nutricionista Aitor Sánchez, esta autorregulación “solo sirve para que parezca que está controlado”. En la práctica, apenas se han impuesto sanciones y las reglas son tan permisivas que los anuncios de productos poco saludables siguen apareciendo sin restricciones ni freno.
La exposición de los menores a este tipo de publicidad ya no se limita a la televisión: se extiende a redes sociales, plataformas de streaming y series infantiles. Por eso, la necesidad de una regulación más estricta es cada vez más urgente. Regular la publicidad dirigida a menores es una medida de bajo coste y alta efectividad, y podría ser el primer paso para revertir una tendencia que amenaza la salud pública desde la infancia.
La cultura alimentaria se construye desde muchos frentes, y la televisión es uno de los más poderosos. Si queremos que las nuevas generaciones crezcan con hábitos saludables, es imprescindible que lo que ven, y desean consumir, esté alineado con una alimentación equilibrada. Porque antes de que los niños coman con la boca, ya están comiendo con los ojos.
