Desde abril de este año, Chile exige en su publicidad alimentaria la frase clara y directa: “Evita su consumo” para productos considerados insanos, según el Decreto 24, reforzando los octógonos negros que desde 2016 advertían sobre altos contenidos de azúcar, sodio, grasas saturadas o calorías. Esto transforma la sugerencia anterior de “consuma con moderación” en una instrucción tajante y sin ambigüedades, generando rechazo en grandes empresas como Unilever, Nestlé o Carozzi, que intentaron revertir la norma, pero la Corte de Apelaciones de Santiago la ratificó.
El artículo explica que a la industria alimentaria le molestan estas advertencias porque interrumpen su narrativa de ambigüedad, responsabilidad individual y externalización de daños, que les permite promover productos insanos sin que los consumidores los identifiquen claramente como perjudiciales. Mensajes claros como “evita este alimento” son difíciles de esquivar y afectan la estrategia de marketing.
A diferencia de sistemas como NutriScore o el semáforo nutricional, los sellos frontales chilenos son inequívocos y fácilmente entendibles incluso por personas con baja alfabetización nutricional, ayudando a que los consumidores elijan opciones más saludables y combatiendo desigualdades. La evidencia indica que su presencia disuade de la compra de productos insanos y no tiene efectos negativos sobre empleo, salarios o ganancias empresariales.
El artículo también compara la situación con México y muestra que la industria sigue un patrón global: lobby, campañas mediáticas y judicialización para retrasar o suavizar regulaciones de etiquetado. En realidad, lo que más teme la industria no es cambiar fórmulas, sino perder el relato que asocia sus productos con bienestar y salud.
En mi opinión, la medida chilena de etiquetado frontal con mensajes claros como “Evita su consumo” es un paso necesario y valiente para proteger la salud pública. Frente a décadas de marketing que disfrazaba productos insanos como saludables, esta regulación rompe con la ambigüedad y facilita decisiones conscientes para todos los consumidores, especialmente los más vulnerables. Además, demuestra que la protección de la salud puede imponerse sin dañar significativamente a la industria, cuestionando la narrativa de que advertir sobre los riesgos alimentarios limita la libertad o la rentabilidad.
Para más información: https://elpais.com/gastronomia/el-comidista/2025-11-19/evita-su-consumo-el-sello-negro-que-hace-temblar-a-la-industria-de-los-ultraprocesados.html

