
Las freidoras de aire, también conocidas como air-fryer, han irrumpido con fuerza en nuestras cocinas y prometen hacer de la comida frita algo más saludable, rápido y asequible. Ya no hablamos únicamente de preparar unas patatas crujientes, sino de replantear la manera de “freír” sin necesidad de sumergir los alimentos en grandes cantidades de aceite. ¿Y si lo que siempre consideramos indispensable para una fritura ya no lo fuera del todo?
En primer lugar, a grandes rasgos el principio es el siguiente: la air-fryer calienta aire a alta temperatura y lo hace circular rápidamente alrededor de los alimentos para lograr esa capa crujiente externa sin tener que bañarlos en grasa. En cuanto a sus funciones, muchas tienen paneles digitales con programas predefinidos para patatas, pollo, verduras, hamburguesas, entre otros. En lo que respecta a lo que puedes cocinar, la lista es bastante amplia: croquetas, empanadas, nuggets sin freír, vegetales asados como calabaza, brócoli o berenjena; carnes como pollo, costillas o hamburguesas; pescados y mariscos; e incluso postres como frutas caramelizadas. Lo mejor de todo es que puedes hacerlo con poco aceite o directamente sin él, lo que supone hasta un 85 % de reducción en el uso de aceite frente a la fritura convencional.
Seguidamente, este invento supone mejora la imagen de comer “frito” que hasta ahora se consideraba poco saludable, acercándola a quien se preocupa por su alimentación sin renunciar al sabor o la textura. También representa un cambio en la rutina en la cocina: menos aceites, menos salpicaduras, menos olor a fritura, limpieza más sencilla, menos complicaciones. En cuanto a la salud, en general, es sí lo es más que la fritura tradicional, porque reduce significativamente el aceite, lo que implica menos grasas saturadas y calorías. No obstante, no significa que todo lo que salga de la air fryer sea siempre sano: sigue importando el tipo de alimento y la dieta en general.
En definitiva, este dispositivo ha supuesto una revolución en la forma en la que cocinamos y comemos, abriendo un abanico de posibilidades para comidas más ligeras sin renunciar al placer.










