El auge de distintas dietas ha popularizado el ayuno intermitente, impulsado por celebridades que aseguran beneficiarse de él. Según el investigador Javier Sánchez Perona (CSIC), existen dos modalidades: ayuno en días alternos y ayuno de horario restringido (16 horas de ayuno y 8 de alimentación). Algunos estudios indican que puede ayudar a reducir peso y mejorar la salud cardiovascular, aunque sus efectos no siempre superan a los de una dieta tradicional.
Un metaanálisis publicado en The BMJ señala que el ayuno en días alternos produce mayor pérdida de peso, pero con resultados similares a la restricción calórica. Aun así, no es recomendable para niños, embarazadas, ancianos o personas con trastornos alimentarios o de salud frágil.
Además, una investigación reciente sugiere que comer en ventanas muy cortas podría aumentar el riesgo de muerte cardiovascular, por lo que los expertos piden precaución y más estudios a largo plazo antes de considerarlo una práctica segura.
La granada es una de las frutas más representativas del otoño, reconocida por su color rojo intenso y su sabor entre dulce y ácido. Bajo su dura cáscara guarda granos llenos de nutrientes y beneficios para la salud. Según la Fundación Española de la Nutrición, es baja en calorías, rica en agua y con un gran poder saciante, por lo que resulta ideal en dietas equilibradas o de control de peso.
Aporta potasio, que ayuda al buen funcionamiento muscular y nervioso, y vitaminas del grupo B, esenciales para obtener energía. Aunque no contiene tanta vitamina C como los cítricos, el ácido cítrico potencia su efecto antioxidante.
Su principal valor reside en los polifenoles y flavonoides, compuestos que protegen frente al envejecimiento celular y las enfermedades cardiovasculares. Se ha comprobado que su consumo regular mejora la circulación y puede reducir el colesterol LDL.
Además, la granada es muy versátil: sus semillas pueden comerse frescas o añadirse a ensaladas, yogures, postres y bebidas, aportando sabor, color y un toque saludable a cualquier plato.
Els experts en nutrició diuen que els potents nutrients del sorgo poden donar suport a la digestió, la immunitat i el sucre en sang constant, convertint-lo en un dels grans antics més prometedors avui en dia.
Si mai has sentit parlar de sorgo, no estàs sol. El gra ha existit durant segles, tot i que poques vegades arriba als menús o a les llistes de la compra. Però investigacions recents publicades al Journal of Food Science van trobar que el sorgo està realment ple de fitosanitaris coneguts per millorar la sacietat, els nivells de sucre en sang, la immunitat i la salut intestinal, potencialment guanyant-li un lloc com el pròxim superaliment.
Històricament, el sorgo s’ha utilitzat principalment com a aliment animal i per a la producció d’etanol, però com que és un dels cultius més àmpliament conreats a tot el món, els investigadors continuen explorant els seus beneficis per a la salut dels humans.
Què és el sorgo?
El sorgo és un gra natural sense gluten, sense OGM, conegut pel seu sabor de fruits secs, la seva textura i el seu impressionant valor nutricional, diu Hadley. “Moltes persones ja mengen sorgo i ni tan sols ho saben perquè s’utilitza en molts productes etiquetats com ‘sense gluten’”, explica.
El conegut cultiu de cereals pertany a la família de la gespa, amb petits grans blancs, rodons i que es poden cuinar sencers, moldre en farina, rosegar com crispetes, o fins i tot fer-se xarop, diu Hoch. És la base del licor xinès baijiu i de vegades coreà makgeolli. La investigació també ha trobat que és una potència nutricional – ple d’antioxidants, polifenols, i una gran quantitat de vitamines i minerals.
Quins són els beneficis nutricionals del sorgo?
El sorgo aconsegueix una estrella d’or per a la nutrició perquè està ple de 12 nutrients essencials, incloent proteïna, fibra, ferro, magnesi, seleni, zinc i coure, que Hadley diu que suporta la funció immunitària, la salut del cor, la producció d’energia i un metabolisme saludable.
Potencia la ingesta de proteïnes: Hoch diu que el sorgo és reconegut com un dels grans proteics més alts.
Dona suport a la immunitat: Els compostos bioactius i els antioxidants del sorgo poden ajudar a mitigar la propagació i el desenvolupament de malalties cròniques com la cardiopatia, la diabetis i el càncer.
Promou la digestió: La fibra alimenta els bacteris importants de l’intestí per crear un microbioma pròsper, que és crucial per a la salut immunitària, cerebral i cardíaca.
Regula el sucre en sang: La fibra, els hidrats de carboni complexos i les proteïnes en el sorgo ajuden a equilibrar els nivells de sucre en sang saludable. Això es deu al fet que els grans sencers tenen un índex glucèmic més baix que els grans refinats, el que significa que digereixen més lentament, causant un augment retardat del sucre en la sang mentre proporciona una font d’energia constant durant tot el dia.
Quant sorgo has de menjar per collir aquests beneficis?
Segons Hoch, el millor és consumir entre 1/2 i 1 tassa de sorgo cuit de dues a quatre vegades a la setmana per recollir els beneficis per a la salut. Quan ho menges depèn de tu, però ella recomana apuntar a incloure una porció de grans sencers amb cada àpat. Segons l’USDA, 1/2 tassa de sorgo cuit compta com una porció.
Només cal tenir en compte que el sorgo s’ha de menjar com a part d’una dieta equilibrada que inclou una varietat d’aliments nutritius i grans sencers com la quinoa, l’arròs marró i la civada. «No es coneix un límit superior a la seguretat, però el consum excessiu de qualsevol aliment i la pèrdua de varietat en la dieta d’algú podria conduir a desequilibris nutricionals o malestar digestiu», diu Hadley.
El sorgo sol estar disponible en grans botigues de queviures, botigues de salut especialitzades, i en línia, i Hoch recomana cuinar-lo al fogó o en una cuina a pressió amb aigua. «És versàtil i es pot gaudir en amanides, sopes, o com un costat amb entrées, però la farina és ideal per a la forn de pans, magdalenes i altres llaminadures sense gluten, o emergits com crispetes per a un aperitiu divertit i nutritiu», diu.
El médico alemán Harald Zur Hausen, Premio Nobel de Medicina en 2008 por descubrir la relación entre el virus del papiloma humano (VPH) y el cáncer de cuello uterino, ha centrado sus investigaciones recientes en los efectos del consumo de carne de vacuno. Según sus estudios, existe una posible conexión entre esta carne y el desarrollo de ciertos tipos de cáncer, como el de colon y el de mama.
Zur Hausen sostiene que algunos agentes infecciosos presentes en la carne de vacuno podrían estar implicados en procesos cancerígenos. Aunque sus hallazgos aún no son concluyentes, han generado debate en la comunidad científica sobre la necesidad de investigar más a fondo los riesgos asociados a la alimentación.
El artículo también destaca que Zur Hausen no propone eliminar por completo el consumo de carne, sino fomentar una dieta más equilibrada y consciente, basada en evidencia científica. Su enfoque busca prevenir enfermedades a través de la investigación y la educación alimentaria, subrayando la importancia de conocer el origen y la calidad de los productos que consumimos.
El arroz es un alimento básico presente en muchas casas de España. Se trata de un ingrediente fundamental en la paella valenciana, en el caldero murciano, incluso en las lentejas -sí, hay gente que le añade arroz a este plato de cuchara tan tradicional de la gastronomía nacional-. Sin embargo, conservarlo tiene sus criterios, según una tecnóloga de alimentos.
Cristina Lora es experta en seguridad alimentaria y acudió en septiembre al podcast Hábito Zero donde habló, entre otras cosas, sobre la manera correcta de conservar el arroz una vez esté cocido. Señala que mucha gente piensa que no hay problema en que esté guardado a bajas temperaturas durante varios días. No obstante, avisa de que es un error, porque lo ideal sería «24 horas», como mucho.
Aconseja consumir el arroz cocido una vez se haya hecho o, únicamente, durante el periodo de tiempo que menciona. La razón principal está en el hecho de la existencia de la bacteria llamada Bacillus cereus.
Lora explica que la bacteria «se encuentra de por sí en el arroz que, cuando está seco, no hay problema. Pero cuando le añadimos agua porque lo estamos cociendo, ese Bacillus cereus, que estaba dormido, se despierta y empieza a generar enterotoxinas. Son como una forma resistente de toxinas que cuestan mucho eliminarlas y, cuanto más tiempo pase ese arroz refrigerado, más se reproducen», avisa la tecnóloga.
La seguridad alimentaria sigue siendo una prioridad en Europa, y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) lo ha reafirmado con la celebración de la jornada técnica “Bisfenol A: Avanzando hacia envases más seguros”, realizada el pasado 7 de octubre en el campus del Instituto de Salud Carlos III en Majadahonda.
Este encuentro reunió a profesionales del sector alimentario para abordar los recientes cambios normativos que restringen el uso del bisfenol A, una sustancia utilizada históricamente en la fabricación de envases en contacto con alimentos. La normativa europea actual limita severamente su uso, permitiéndolo solo en casos muy específicos.
La jornada fue inaugurada por ladirectora ejecutiva de AESAN, y contó con la participación de expertos en gestión del riesgo químico, técnicas analíticas y desarrollo de materiales alternativos. Se ofrecieron exposiciones tanto científicas como legales que permitieron a los asistentes comprender mejor los riesgos del bisfenol A y las oportunidades que existen para sustituirlo por opciones más seguras.
Además de las ponencias, se generó un espacio colaborativo donde los asistentes pudieron plantear dudas, compartir experiencias y debatir sobre los retos que enfrenta la industria alimentaria en este proceso de transición.
AESAN reafirmó su compromiso con la protección de la salud pública y la promoción de prácticas seguras en toda la cadena alimentaria, contribuyendo a un futuro con envases más seguros y sostenibles.
En la búsqueda de una alimentación más saludable, muchas personas se sienten atraídas por productos “sin azúcar”. Pero ¿qué significa realmente esta afirmación? La eco-chef Mireia Anglada nos invita a mirar más allá de las etiquetas y a cuestionar lo que consumimos.
Según diversos estudios publicados en SciELO, el exceso de azúcar está relacionado con enfermedades como la obesidad, el síndrome metabólico y la diabetes tipo 2. Por eso, evitarlo parece una decisión lógica. Sin embargo, Anglada advierte que el rótulo “sin azúcar” puede ser engañoso.
“Sin azúcar no significa lo que crees; leer las etiquetas con atención y buscar alternativas mínimamente procesadas es clave para una salud real”, afirma la chef.
¿Qué esconden los productos “sin azúcar”?
La etiqueta puede dar la impresión de que el producto es más saludable, pero en muchos casos el azúcar ha sido sustituido por otros ingredientes que también pueden afectar negativamente a la salud. Entre ellos se encuentran:
Jarabe de glucosa
Maltodextrina
Polialcoholes
Edulcorantes sintéticos como sucralosa o aspartamo
Estos compuestos no solo mantienen el umbral de dulzor, sino que también pueden alterar la microbiota intestinal, la tolerancia a la glucosa y los niveles de insulina, especialmente en personas sensibles.
¿Qué podemos hacer como consumidores?
La clave está en leer y entender las etiquetas nutricionales con atención y optar por alimentos mínimamente procesados. No se trata solo de evitar el azúcar, sino de comprender qué lo reemplaza y cómo afecta a nuestro cuerpo.
La nutricionista Isabel Belaustegui también señala que el azúcar activa el centro del placer en el cerebro, lo que puede llevarnos a perder el control sobre lo que comemos. Por eso, más allá de las etiquetas, es fundamental desarrollar una relación consciente con la comida.
Los medios de comunicación forman parte integral de nuestra vida diaria. Desde ordenadores, tabletas y teléfonos inteligentes que nos educan y conectan, hasta el cine y la televisión que nos entretienen e inspiran, su presencia es constante y multifacética. Sin embargo, no todo lo que nos ofrecen resulta beneficioso.
La publicidad digital, por ejemplo, puede influir negativamente en nuestros hábitos de consumo. Los anuncios de comida rápida o productos poco saludables pueden alejarnos de una alimentación equilibrada. Además, el hábito de comer frente a una pantalla favorece el consumo excesivo de calorías, lo que contribuye al aumento de la obesidad tanto en adultos como en niños.
Por otro lado, el uso prolongado de medios digitales fomenta el sedentarismo, reduciendo el tiempo dedicado a la actividad física y al juego, elementos clave para una vida saludable. En definitiva, aunque los medios digitales ofrecen múltiples ventajas, es fundamental usarlos con conciencia y equilibrio para proteger nuestro bienestar.
Estudios han demostrado que mirar la televisión en exceso está asociado con la obesidad y el sobrepeso en los niños. La mejor manera de evitarlo es restringir el tiempo que su bebé pasa en frente de pantallas o medios digitales.
Esto es solo un resumen, pero siquieres saber más, puedes acceder a: https://www.healthychildren.org/Spanish/family-life/Media/Paginas/Food-and-TV-Not-a-Healthy-Mix.aspx
Figura 1: estructura química de variaciones de nitrosaminas
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha concluido que la presencia de nitrosaminas en los alimentos representa un riesgo para la salud pública. De las sustancias analizadas, diez se consideran tanto carcinógenas como genotóxicas, es decir, capaces de provocar cáncer y dañar el ADN.
Para elaborar su dictamen, la EFSA consultó a diversos actores externos y revisó los comentarios recibidos. La evaluación incluyó estudios en humanos y animales, así como el análisis de la exposición alimentaria en la población europea. Según el Dr. Dieter Schrenk, todos los grupos de edad están potencialmente afectados, siendo los tumores hepáticos en roedores el efecto más preocupante observado en los ensayos.
Con el fin de proteger a los consumidores, se adoptó un enfoque conservador: se asumió que todas las nitrosaminas presentes en los alimentos tienen el mismo potencial cancerígeno que la más peligrosa, aunque esta hipótesis es poco probable.
Figura 2: embutidos y carnes, alimentos en los que hay gran cantidad de nitrosaminas
Las nitrosaminas se han detectado en alimentos como carnes curadas, pescado procesado, cerveza y otras bebidas, siendo la carne el principal contribuyente a la exposición. También pueden encontrarse en vegetales procesados, cereales, lácteos y productos fermentados o especiados. Dado que aún existen vacíos de información sobre su presencia en ciertas categorías alimentarias, se recomienda diversificar la dieta para reducir su ingesta, puesto que diez nitrosaminas presentes en los alimentos son carcinógenas (pueden causar cáncer) y genotóxicas (pueden dañar el ADN).
Figura 1: Imágen ilustrativa de una infusión con teína y de un café (con cafeína)
Según Cristina Burgos, dietista-nutricionista y miembro de la Academia Española de Nutrición y Dietética, ambos son alcaloides con propiedades estimulantes. La composición de ambas es idéntica, hasta el punto de que podría decirse que café y té son distinta cara de la misma moneda y distintas plantas. Con pequeñas salvedades que vamos a ir viendo.
Diferencias entre la cafeína y la teína
«Se trata de la misma molécula, en decir, ambas tienen la misma estructura química. La diferencia radica en la planta de la que se extrae”, concluye la experta.
Figura 2: diferencias nulas estructurales entre las moléculas de cafeína y teína
La cantidad de esa molécula que tiene cada una de estas bebidas es diferente. Aproximadamente, una taza de té puede aportar un tercio o la mitad de cafeína que un café. “La cantidad de cafeína que se ingiere por cada taza de té es menor que la que puede aportar una taza de café expreso”, aclara la académica.
Dado que la teína y la cafeína comparten exactamente la misma estructura química, la especialista opta por referirse a ambas simplemente como “cafeína” en adelante. Esta sustancia actúa principalmente como estimulante del sistema nervioso central, favoreciendo un estado de alerta y disminuyendo la sensación de fatiga. Según explica Cristina Burgos, dietista-nutricionista, sus efectos comienzan a manifestarse aproximadamente 15 minutos después de su consumo, aunque la absorción completa se alcanza a los 45 minutos, momento en el que se distribuye por los distintos tejidos del organismo.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) indica que el tiempo necesario para eliminar la cafeína por vía renal suele rondar las 4 horas, aunque puede oscilar entre 2 y 8 horas dependiendo de factores individuales como la edad, el peso, el uso de medicamentos y, especialmente, el estado del hígado, órgano clave en su metabolismo. Cuando la función hepática está comprometida, la cafeína permanece más tiempo en el cuerpo, prolongando su vida media en sangre.
Por tratarse de un estimulante, su consumo puede generar dependencia en personas especialmente sensibles, y este riesgo aumenta si se ingiere en dosis elevadas de forma sostenida. De hecho, la cafeína está considerada la sustancia psicoactiva más consumida a nivel mundial.