Las barritas de proteínas no son tan sanas como creías: estos son los ingredientes que debes evitar

Cuando nos entra hambre entre comidas, muchas veces buscamos algo rápido que nos quite el gusanillo sin sentirnos culpables: una fruta, unos frutos secos… o una barrita de proteínas. Este tipo de snacks se han vuelto súper populares y no es raro encontrarlos en cualquier supermercado, con mensajes tipo “alto en proteínas”, “saludable” o “sin azúcar añadido”. Pero, ¿son tan buenas como parecen?

Según Niklas Gustafson, cofundador de la empresa Natruly, depende totalmente de los ingredientes. Muchas barritas se venden como saludables, pero si te paras a mirar la etiqueta, te puedes llevar una sorpresa. Algunas llevan azúcares escondidos, grasas poco recomendables o aditivos innecesarios que las alejan bastante de lo que entendemos por “comida sana”.

Y es que, aunque la proteína sea importante para el cuerpo —ayuda a mantener la masa muscular y da sensación de saciedad—, no todo vale. Si la barrita está llena de jarabes, edulcorantes artificiales o aceites refinados, al final no deja de ser un producto ultraprocesado.

En mi opinión, las barritas de proteínas pueden ser una buena opción puntual, por ejemplo, si estás fuera de casa o después de entrenar. Pero no deberían sustituir una comida real. Al final, lo mejor sigue siendo lo de siempre: una fruta, un puñado de frutos secos o un yogur natural con avena. Son opciones sencillas, nutritivas y sin letra pequeña.

https://www.20minutos.es/gastronomia/productos/ingredientes-evitar-barritas-proteinas_6514314_0.html

¿Doritos hechos de petróleo?

Hace años circuló un bulo por redes que afirmaba que los Doritos, el popular snack de maíz con sabor a queso, contenían en realidad algún tipo de plástico o petróleo, y que era esto lo que los hacía combustibles.

A pesar de que este mito es obviamente falso, y ya quedó desmentido hace mucho tiempo, nunca se centraron tanto en la verdadera razón por la que esta clase de aperitivos arde con tanta facilidad. A pesar de que aplica para cualquier snack de maíz, pondré como ejemplo los Doritos, al ser aquellos que más se viralizaron por esto.

En primer lugar, los Doritos están hechos de maíz, un producto orgánico, lo que ya de por sí lo hace inflamable. Dicho maíz está hecho de carbohidratos, mayormente almidón, que se carboniza con facilidad y libera gases inflamables, haciendo que sea sencillo que la combustión se produzca si se le acerca una llama.

En segundo lugar, los Doritos están fritos en aceite, que como buena grasa, es altamente inflamable. Esto también interviene en gran medida en la combustión.

Y si son los componentes del maíz y la grasa lo que hacen arder el snack, ¿significa esto que una mazorca de maíz untada con aceite arderá con la misma facilidad?

Pues no, porque hay un tercer factor que contribuye mucho, y es el hecho de que los Doritos sean secos. Si un alimento tiene agua, esta reducirá o dificultará la combustión (ya que el fuego debe evaporarla antes de hacer arder algo), pero no es el caso de los aperitivos, que apenas contienen agua y pasan directamente a quemarse.

Esto, sumado a las pequeñas burbujas de oxígeno dentro de los Doritos (que se originan cuando estos se fríen), las cuales también alientan la combustión, lo hacen una yesca comestible perfecta para iniciar un fuego.

Comer pipas, un vicio con historia

Parte diferencial del paisaje español bajo los bancos de las plazas y en los estadios de fútbol, las pipas de girasol son uno de los pasatiempos más sabrosos de nuestro país que suelen sorprender incluso a nuestros vecinos: ni Portugal, ni Italia, ni Francia consumen las pipas de la forma en que lo hacemos en España.

Sin embargo, compartimos el pasatiempo con Ucrania, Rusia y Bulgaria, que también las consumen como snack salado, así como con China, donde no solo se disfrutan al punto de sal, sino que también se consumen ligeramente dulces y perfumadas con distintas especias, como el anís estrellado, el jengibre o la canela, e incluso en sabores como la leche, la sandía, la nuez o el cangrejo.

Sea como sea, la pipa de girasol llegó de Centroamérica, donde Francisco Pizarro dijo haber encontrado su flor en tierras incas, donde era venerada, en su tercer viaje. De España partiría al resto del mundo y, como tantos otros vegetales, su primer destino serían los jardines ornamentales, donde sus pétalos amarillos se dirigirían hacia el sol -un fenómeno conocido como heliotropismo- sin ninguna otra finalidad que la decorativa.

No fue hasta los años 60 cuando el cultivo de girasol se extendería por Andalucía. Eso sí: para entonces, el consumo de pipas ya se había popularizado. Se dice que las hambrunas de la Guerra Civil motivaron el consumo mimético: los participantes de las brigadas internacionales que provenían de la URSS y combatieron en la Guerra Civil habrían traído la costumbre de comer esta semilla nutritiva y energética. No queda claro si a partir de este hecho se implantaría el cultivo de girasol, tal vez a nivel doméstico, puesto que en un origen habrían ocupado terrenos en barbecho, lo cual resultaría en calorías o beneficios económicos incluso con los más bajos rendimientos, que compensarían tanto costes de implantación como de mantenimiento, tal y como informó el ingeniero agrónomo Jaime Gómez-Arnau en una hoja divulgadora del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en 1988.

A día de hoy, España es uno de los países que más importan y consumen pipas de girasol. Y si bien es un país productor, siendo el principal cultivo de oleaginosas, con un 90% de la superficie -en particular en Andalucía y Castilla-La Mancha, con la reciente incorporación de Castilla-León-, la semilla de girasol autóctona no llega a nuestros paquetes de pipas.


Para saber otras teorías sobre el inicio de las famosas pipas de girasol accede a este enlace: https://www.lavanguardia.com/comer/tendencias/20220929/8547122/comer-pipas-vicio-historia.html