
La Bóveda de Svalbard, ubicada en una montaña congelada en una isla remota del mismo nombre en el Círculo Polar Ártico de Noruega, es una colaboración internacional entre el Ministerio de Agricultura y Alimentación de Noruega, el Centro Nórdico de Recursos Genéticos y el Crop Trust. Su propósito es servir como respaldo para los bancos de genes que conservan, estudian y comparten la diversidad de cultivos, almacenando más de 1.3 millones de especies de semillas distintas.
Cada semilla almacenada representa siglos de trabajo entre agricultores y científicos, reflejando prácticas culturales, platos locales y entornos específicos. Muchas variedades tradicionales han desaparecido debido a la homogeneización agrícola; por ejemplo, más del 85 % de las variedades de manzana nombradas en EE. UU. están prácticamente extintas.
Los bancos de genes, como los once operados por los centros de CGIAR, conservan semillas, raíces, tubérculos y plántulas en condiciones óptimas, no para reemplazar la transmisión tradicional, sino para complementarla, recuperar variedades perdidas y ofrecer seguridad.
El proceso para depositar semillas en Svalbard involucra a miles de personas: agricultores, recolectores, técnicos, genetistas, expertos en sanidad vegetal y juristas que garantizan el cumplimiento de tratados internacionales como el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos. Estas solo se almacenan en Svalbard si están disponibles para investigación, educación y mejoramiento, y deben tener duplicados en otros bancos de genes. Esto crea múltiples niveles de protección.
Aunque la bóveda es un hito en la conservación de la biodiversidad, aún queda trabajo por hacer. Muchos bancos pequeños no han duplicado sus colecciones, y CGIAR apoya iniciativas como el proyecto BOLD del Crop Trust para ayudarles. Seis centros ya han alcanzado el objetivo de duplicación del 90 % y otros lo harán antes de 2026. Se busca ampliar el acceso a la diversidad de cultivos mediante tecnologías como visión por computadora, genómica, chatbots de IA y bioinformática. Como dijo Cary Fowler, cofundador de la bóveda: son bibliotecas vivas sin un catálogo completo. Mejorar la información permitirá conectar mejor los recursos con las necesidades de los usuarios: resistencia climática, nutrición, sabor o rendimiento.
