Hace 3 años que la famosa escritora del libro Julie & Julia, el libro del cual se basó la película del mismo nombre. Esta relata el legado de una cocinera, Julia Child, y como esta acabó escribiendo su libro de cocina, ‘El arte de la Cocina Francesa’, un recetario que describe varias recetas las cuales ella aprendió en su temporada viviendo en Francia. A partir de estas recetas, una joven Julie Powell se propone escribir un blog donde ella hará todas las recetas del recetario y contará su experiencia preparándolas y probándolas.
Esta dinámica resulta entretenida en la película y el libro, y aunque Julia Child no estuvo encantada con el blog de Julie, ella acabó por cumplir su sueño de ser escritora. Este libro basado en hechos reales narra una historia de superación y de lucha por los sueños de uno mismo, esto todo con la temática de deliciosa comida con recetas muy complejas.
Y si bien es cierto que se cumplen 3 años de su fallecimiento, la historia de Julie Powell es una de inspiración en cualquier persona con ambiciones creativas, donde ella persiguió su sueño y acabó por cumplirse, y es por esto que su nombre seguirá siendo recordado, porque ella quiso alcanzar la fama escribiendo, y con esfuerzo y perseverancia, lo cumplió.
5 platillos de The Office que siempre quisimos probar
Una parte importante de The Office es la comida, incluso existen algunos platillos memorables que se convirtieron en protagonistas de la vida en la oficina.
Después de terminar de ver por cuarta vez The Office, decidí repetirla desde el inicio, pero como buena foodie, esta vez me dispuse a poner especial atención a la comida y platillos que salen en cada episodio, para plasmarlos en una lista. ¿Cuántos de ellos recuerdas?
Ryan, Pam y Michael en un restaurante italiano.
The Office: una serie que no pasa de moda
La serie The Office no solo cautivó a los espectadores con su humor y sus personajes tan icónicos. Esto, no solo en su tiempo, sino que a partir de la pandemia se hizo muy popular dentro de la generación Z.
Será por las bromas a Dwight, la irreverencia de Michael o la historia de amor de Jim y Pam, esta serie es una de las más vistas en la actualidad. Y no podemos negar que más de una vez hemos querido ser parte del personal de Dunder Miflin.
Sin duda alguna, una parte importante de la serie es la comida, incluso existen algunos platillos memorables que se convirtieron en protagonistas de la vida en la oficina.
Platillos protagonistas de The Office
Aquí tienes una lista de los platillos que más me antojaron durante toda la serie y que seguramente a ti también. ¿Listo para recordar esos momentos de The Office?
1. Chili de Kevin:
Este platillo se convirtió en el protagonista de una escena emblemática de la serie. Después de que Kevin Malone cocinó la noche entera para preparar suficiente para sus compañeros, llega emocionado antes que todos, pero al entrar se tropieza y derrama todo el chili sobre la alfombra. Afortunadamente nadie se da cuenta y vuelve a colocarlo en la olla. Sin saberlo este plato, nos daba un guiño sobre la pasión y la dedicación de Kevin por la cocina.
Chilli de Kevin.
2. Bagels gratis:
Un día al año un food truck festejaba el Día del Beagle Gratis, se paraba frente al edificio de Dunder Mifflin y recibía una larga fila de personas que esperaban ansiosos a que llegara ese día. Tal es el caso de Stanley que por primera vez lo vemos feliz y sonriendo, convirtiéndose en una motivación de la vida cotidiana en la oficina.
Stanley y Dwight con bagels.
3. Pizza de Alfredo’s Pizza Café:
La pizza de Alfredo’s Pizza Café, era la favorita de todos y la mejor opción para las fiestas y los almuerzos en la oficina. Esta pizza se convirtió en un elemento recurrente en las escenas de los empleados de Dunder Mifflin. Pero cuando se confunden con Pizza Café by Alfredo, se generaba una serie de discusiones, caos y hasta un secuestro orquestado por Michael.
Creed, Kevin y Jim comiendo pizza.
4. Osso Buco de la cena de Michael y Jan:
La cena incómoda y desastrosa de Michael Scott y Jan Levinson es un momento de vital importancia en la historia. ¿Pero qué era lo que estaban cenando en tan incomprendida situación? Aunque la cena no se muestra con detalle, sabemos que el platillo estelar es osso buco, pues después del tour de la casa, Pam pregunta por la cena, a lo que Jan le responde que el osso buco tardará al menos tres horas más en cocerse.
Cena en casa de Michel.
5. Brownies de Angela:
Los brownies de Angela Martin, eran un esencial en las fiestas de navidad y reuniones. Los presentan como los mejores brownies que han probado, pues con ellos Angela aprovecha para manipular a Kevin y a otros tantos personajes. A todos nos sorprendieron las habilidades de la rubia en la repostería.
En el apasionante mundo de la televisión gastronómica, René Redzepi, famoso chef del restaurante Noma, protagoniza una nueva serie titulada Omnivore en Apple TV+ que profundiza en la relación entre ingredientes esenciales y la cultura local. Cada episodio se centra en un alimento clave —como el plátano, el chile, el café, el maíz, el cerdo, el arroz, la sal o el atún— para explorar no solo su valor culinario, sino también su historia social, sus implicaciones ecológicas y su papel en las tradiciones locales.
Redzepi viaja a países tan diversos como Dinamarca, Serbia, Tailandia, Japón o Perú para documentar no solo cómo se cocina ese ingrediente, sino cómo su producción afecta a las comunidades, cuáles son los retos medioambientales que enfrenta y cómo la cultura local ha desarrollado rituales gastronómicos alrededor de él. La serie está producida con sensibilidad: habla de sostenibilidad, de conservación, pero también de la belleza simbólica que esos sabores representan para sus pueblos de origen.
Omnivore va más allá de un simple “show de cocina”: es un viaje antropológico que nos recuerda que comer no es solo nutrirnos, sino también honrar las historias y los ecosistemas que dan vida a esos ingredientes. Ver la serie invita a reflexionar sobre nuestra propia dieta y su impacto, no solo como consumidores, sino como ciudadanos de un mundo interconectado.
¿Alguna vez te has preguntado por qué ese croissant de comedia romántica siempre parece recién hecho, humeante y crujiente, aunque nadie lo toque? Bienvenido al mundo del “eat‑acting”, el arte de fingir que se come en cine y televisión. Spoiler: los actores casi nunca mastican de verdad, y el café caliente suele ser agua fría con vapor añadido en postproducción.
En los platós, la comida es más espectáculo que alimento. Panes perfectos, huevos impecables, tartas intactas… todo diseñado para que cada plano luzca perfecto, aunque eso signifique que nadie disfrute el sabor. ¿El motivo? Continuidad y logística. Un bocado real rompe la escena, la comida se enfría, se mancha la ropa y tendrías que repetir la toma una y otra vez. Por eso, los actores mastican, gesticulan y luego esconden o escupen el bocado discretamente.
El atrezzo culinario juega un papel clave. Mucha comida es de plástico, cartón o espuma; la comestible se elige para que no manche, no huela y no haga ruido. La tortilla que parece recién hecha durante horas o la tostada perfecta son obra de diseñadores de alimentos y escenógrafos que saben que lo visual importa más que el sabor. Cada detalle está pensado para que el espectador crea en la ilusión… y funcione.
Así que la próxima vez que veas un desayuno de película, recuerda: no es comida real, es magia. Comer en pantalla es un arte, un pequeño truco detrás de cada escena que hace que el cine nos haga salivar con los ojos mientras disfrutamos del sueño de la perfección culinaria.
El reconocido chef y presentador Alberto Chicote regresa a la parrilla nocturna de laSexta con la tercera temporada de Batalla de restaurantes, que se estrenará el martes 4 de noviembre a las 22:45 horas. El programa, uno de los formatos gastronómicos más exitosos de Atresmedia, promete una edición llena de emoción, tensión y un importante cambio en su mecánica.
En esta nueva entrega, los espectadores volverán a acompañar a Chicote en un recorrido por diferentes rincones de España, descubriendo la riqueza y diversidad de la gastronomía nacional. En cada episodio, cuatro restaurantes de una misma zona o especialidad competirán por convertirse en el mejor restaurante de la región y llevarse a casa un premio de 10.000 euros.
El formato mantiene su esencia: los propios participantes serán los encargados de valorarse entre sí, puntuando aspectos como la decoración, el ambiente, el servicio, la calidad de la comida, la relación calidad-precio y la ejecución de un plato común representativo de la cocina local. Al final de cada entrega, el voto de Alberto Chicote se revelará como el elemento decisivo, capaz de confirmar o alterar completamente el resultado final.
Sin embargo, la gran novedad de esta temporada será la introducción del “tenedor rojo y amarillo”, un nuevo sistema de penalización que promete intensificar la competencia. Chicote será el único con autoridad para usarlo: el tenedor amarillo restará un punto a los concursantes que incumplan normas o muestren mala actitud, mientras que el tenedor rojo implicará una sanción de dos puntos por faltas más graves, como comportamientos irrespetuosos o mala praxis en la cocina.
Esta nueva herramienta refuerza el papel de Chicote no solo como juez y presentador, sino también como árbitro del buen hacer culinario y del compañerismo dentro del programa. Con ello, se busca evitar que el formato se vuelva predecible, aportando más emoción, estrategia y momentos inesperados en cada episodio.
Tras el final de Tesoro o cacharro, conducido por Iñaki López, Atresmedia vuelve a apostar por la fórmula que mejor conecta con el público: competencia, gastronomía y entretenimiento en estado puro. Todo apunta a que esta temporada de Batalla de restaurantes será la más intensa, divertida y explosiva hasta la fecha.
Para muchos de nosotros, el hábito de mirar la televisión, revisar el teléfono o consultar algo en el ordenador mientras comemos es algo habitual. Más del 30% de los menores de 30 años comen y cenan viendo la televisión en España.
Si bien lo hacemos casi de forma inconsciente, las investigaciones en este ámbito han demostrado que tener en una mano un tenedor y en la otra el mando a distancia de la televisión nos perjudica más que nos beneficia. Porque no prestar atención a lo que comemos puede tener repercusiones negativas en nuestra salud y ser contraproducente, como alertan desde el Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de Madrid (CODINMA), según el cual las consecuencias sobre nuestra salud nutricional a distintos niveles son varias.
Los expertos advierten que comer mientras se mira una pantalla puede alterar las señales naturales de saciedad. Al centrar nuestra atención en contenidos como redes sociales o series, dejamos de prestar atención al acto de comer, lo que nos lleva a ingerir más cantidad de alimentos sin darnos cuenta.
Esta falta de conciencia provoca que el cerebro no reciba correctamente la señal de que el estómago está lleno. El hipotálamo, que regula el hambre, no activa el “freno” necesario para detenernos, y como resultado, comemos más rápido, en mayores cantidades y con menos control. Además, al no saborear con atención, disminuye nuestra percepción de los sabores y aromas, lo que empobrece la experiencia alimentaria.
A largo plazo, este hábito puede contribuir al aumento de peso y a una relación menos saludable con la comida. Comer debería ser un momento de conexión con el cuerpo, no una actividad secundaria mientras navegamos por contenidos digitales.
Si quieres tener más información y saber más, puedes encontrarlo aquí: https://www.eldiario.es/consumoclaro/no-buena-idea-comer-ves-television_1_12029114.html
Ver televisión y asistir a funciones de cine es factor para que los adolescentes consuman alimentos de bajo valor nutritivo, según un estudio de investigadoras del Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia (Censia), del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).
El reporte se hizo con 420 estudiantes de bachillerato de la Ciudad de México, donde el 90% indicaron ver televisión en promedio tres horas diarias, mientras el 37% afirmó visitar las salas cinematográficas al menos una vez al mes.
A cargo de Maribel Orozco López, del Censia, de María Guadalupe Ruelas González, del INSP, y de María Tomasa Mendoza Reséndiz, de la ENAH, la investigación refiere que cuando ven televisión, el 85% de los consultados consume principalmente frituras, galletas y refrescos, y seis de cada 10 se ven influidos por lo promocionado en la pantalla.
Para el caso del cine, la totalidad come principalmente palomitas y bebe refrescos. Aquí el 100% del consumo guarda relación con lo que se promociona en el lugar.
Cuando se les cuestionó sobre los promocionales, en su mayoría prefieren aquellos en los cuales sujetos de edades similares a las de ellos son físicamente atractivos y se presentan como héroes populares. Por otra parte, el 70% resaltan la importancia que los mensajes se acompañen de sonidos altos, y el empleo de colores intensos.
Lo anterior da cuenta de las preferencias de adolescentes por alimentos llamados “chatarra”, cuya publicidad en televisión y cines se presenta como el gancho que favorece su consumo. “Es factible que estos medios estimulen el consumo de estos productos, favoreciendo además la prevalencia de sobrepeso y obesidad en México”, indica el reporte.
Por otra parte, el número de casos de obesidad entre personas de 15 a 19 años de edad en el país, es bajo, no más allá de cinco puntos porcentuales del total. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud (SSa), el año pasado se atendieron en hospitales públicos y particulares a 17 mil 393 adolescentes por tal padecimiento, el 4.84% general.
En tanto, al primer bimestre de 2015 aumentó a 5.10% de la totalidad de prestación del servicio médico de ese sector poblacional, pues hubo 2 mil 205 de los 43 mil 223 registros a nivel nacional.
Si bien dichos datos no pueden considerarse alarmantes, significan que a futuro, si no modifican sus hábitos alimenticios, esos adolescentes enfrentarán problemas de salud derivados de la obesidad, como hipertensión, diabetes mellitus tipo II, que pueden a su vez resultar en otros padecimientos mortales, como los cardiacos y del hígado.
De ahí la importancia de consumir alimentación adecuada y realizar ejercicio de manera constante.
Hemos visto ya algunas veces cómo el cine de ciencia ficción ha imaginado formas de alimentación futuristas que, aunque exageradas en su momento, se parecen cada vez más a la realidad actual. Estas películas anticiparon preocupaciones como el cambio climático, la producción alimentaria industrial, la sostenibilidad y la búsqueda de proteínas alternativas.
Algunos ejemplos cinematográficos que tratan estos temas clave son:
Nutrición sin placer
2001: Una odisea del espacio: Aparece comida líquida en envases, sin sabor ni textura, enfocada solo en nutrientes.
Esta película se anticipa el “nutricionismo”: prioriza lo funcional sobre el disfrute de comer.
Agricultura espacial y ecológica
Silent Running: Un último ecologista protege huertos espaciales tras la desaparición de la vida vegetal en la Tierra.
Hoy lo podemos relacionar con huertos urbanos y granjas verticales y la comida ultraprocesada y desigualdad.
Soylent Green: en un mundo superpoblado y contaminado, la mayoría come galletas verdes hechas de humanos (metáfora de la deshumanización alimentaria).
Reflejando preocupaciones actuales sobre la industria alimentaria y la ética. Y también los cambios en lo que se considera saludable.
Sleeper: en el siglo XXII, alimentos antes considerados dañinos se vuelven saludables.
Crítica a los vaivenes en las recomendaciones nutricionales y la despersonalización total de la comida
Brazil y Matrix: platos reducidos a purés sin identidad, pedidos por número.
Se pierde toda conexión con el origen natural del alimento, utilizando la tecnología para cocinar sin esfuerzo.
Regreso al futuro II: Nos muestra como las pizzas que se expanden automáticamente según el número de comensales.
Anticipa la comodidad extrema en la cocina, utilizando proteínas alternativas: insectos
Snowpiercer: barras de proteínas hechas de cucarachas para las clases bajas.
En paralelo, la ONU y empresas reales promueven el consumo de insectos como solución al hambre.
Ganadería genética y ética animal
Okja: Trata de un supercerdo modificado genéticamente para alimentar al mundo con menor impacto ambiental.
Crítica a la ganadería industrial y a la manipulación genética, inspirada en casos reales como los “Enviropigs”.
El cine de ciencia ficción nos muestra cómo ha servido como espejo y advertencia sobre el rumbo de nuestra alimentación. Muchas ideas que parecían exageradas hoy están presentes en debates sobre sostenibilidad, ética, tecnología alimentaria y salud.